Ante el despliegue artístico que queda perfectamente expuesto con los nombres que adornan la portada de este ‘The Ambassadors‘, la única reacción posible es un pequeño arranque de histeria fanática seguido de un considerable babear y la pérdida momentánea de cualquier facultad cognitiva. No en vano, lo que Mark Millar es capaz de reunir bajo el paraguas de esta, última cabecera previa a su magnífico ‘Big Game‘ —un evento soberbio, al menos a ojos del que esto suscribe, que sólo suscita la pregunta de cuánto tendremos que esperar para que el escocés continue expandiendo su universo—, es de un calado que pesos pesados como Frank Quitely, Olivier Coipel, Matteo Scalera, Karl Kerschl o, sorpresón mayúsculo, la recuperación de un Travis Charest que, no obstante, no es, como esperábamos, lo que más nos ha gustado de esta suerte de versión «millarizada» de los Vengadores…a escala mundial. Porque, en esencia, lo que aquí postula el guionista utilizando a una multimillonaria en busca de un representante de cada país al que otorgarle acceso a una especie de base de datos de superpoderes —genial, a la par que muy conveniente para el transcurrir de la acción, el que no pueda haber dos de estos superhéroes utilizando el mismo poder a la vez— no es sino una iteración, considerable, sí, pero iteración a fin de cuentas, del grupo de superhéroes por antonomasia del Universo Marvel…que sí, que vale, que la comparación también funciona con la Liga de la Justicia, no os vengáis arriba los recalcitrantes de DC…
La originalidad de Millar en separar de manera radical a su grupo de aquello que lleva décadas viéndose en las páginas de cualquiera de las dos series de las majors por excelencia radica, como decía, en que, ni es un grupo en el estricto sentido de la palabra —al menos no aquí, os instamos a ‘Big Game’— ni cada uno tiene un poder o juego de poderes específicos. Y ese detalle, que podría parecer una chorrada, da muchísimo juego a una serie que, por su propia condición, queda sujeta a un ritmazo soberbio. Esa condición, que hace que cada número sea casi autoconclusivo sino fuera por un pequeño hilo argumental que transcurre casi imperceptible en algunas ocasiones, es la que atañe a la búsqueda de la organización detrás de los Embajadores de los distintos candidatos que aquí se nos presentan. Una búsqueda que cambia de país en cada número y que, por tanto, ofrece una variedad considerable a una lectura que se beneficia sobremanera de ciertas cualidades muy Millar: la portentosa imaginación que el escocés vuelve a demostrar para, cambiando tres cosas y media, conseguir que esto parezca un tebeo de superhéroes como nunca hemos leído ninguno; lo bien que están escritos los diferentes personajes y, aún más, lo curioso y único de esos poderes que todos comparten pero a los que no pueden acceder al mismo tiempo.
La combinación de esos factores con alguna cosilla más que me guardo en el tintero es el trampolín perfecto para que los dibujantes de ‘The Ambassadors’, ese dream team del que hablábamos más arriba al que habría que sumar el que, personalmente, considero único eslabón débil de la cadena —un Matteo Buffagni que, efectivo y con poca personalidad, queda arrasado por lo muy reconocible del resto de compañeros de profesión aquí reunidos—, lo tengan muy fácil a la hora de hacernos gozar de lo lindo con lo que aquí nos regalan. Y si bien es innecesario detenerse en qué es lo que artistas como Coipel, Kerschl, Quitely o Scalera desarrollan aquí —atención al número de Quitely, que abre boca y sirve para que, una vez más, babeemos ante el talento del británico—, sí que creo que no podemos simplemente mencionar a Travis Charest y quedarnos tan anchos. A fin de cuentas, el dibujante lleva años desaparecido del mundo de la viñeta y encontrarlo aquí, aunque no en su mejor forma —eso lo dejamos para las planchas que hizo en Humanoides dentro del cosmos de los Metabarones o, aún más, en lo que en su momento pudo verse en ‘WildC.A.T.S / X-Men’—, ya es óbice para elevar aún más la sensación de estar ante algo único. Quizá no magistral. Pero sí sobresaliente.
¡Ah! ¡Casi se me olvida! ¡¡Queremos más Ambassadors y los queremos cuanto antes!! ¡¡¿¿Oído, Millar??!!
Supongo que los fans de Jeff Lemire estarán de acuerdo conmigo en que es un autor que debe dormir más bien poco, de modo que podemos encontrar una obra nueva suya en nuestras librerías especializadas casi todos los meses. Sus historias, siempre con un punto oscuro, desde sus orígenes a la ya clásica ‘Sweet tooth‘ y llegando a la recientemente aparecida ‘Carretera fantasma‘, asi como pasando por un largo etcétera que incluye por supuesto a los superhéroes, han desembocado en un nuevo universo: Mitos del huerto de los huesos.
‘Diez mil plumas negras’ no es su primera entrega. Con tintes lovecraftianos y un terror de corte extradimensional no hace mucho podíamos disfrutar de ‘El pasadizo‘, una extraña fábula en la que volvía a trabajar con su compañero en ‘Gideon Falls‘, Andrea Sorrentino. Si este título os gustó, esta segunda pieza del puzzle también lo hará, aunque podemos ver desde el primer momento, a pesar de algún pequeño guiño, no es necesaria haberla leído. Está es la historia de Jack y Trish, dos chicas solitarias que se hacen amigas de pequeñas al descubrir comparten gustos literarios y empiezan a compartir aficiones como el rol, que las evaden de un mundo que no las acepta demasiado, pero cuyas vidas cambiarán cuando Jack, tras una discusión, desaparezca misteriosamente. Será la vuelta de Trish años después a la ciudad de su infancia lo que marque un punto de inflexión en el que se alternarán información de pasado y presente, materializándose en extrañas sensaciones y presencias ese sonido de plumas que lleva escuchando desde que era pequeña.
Esta es así una historia cuyo arranque puede hacer pensar en un primer momento en una historia a lo Stephen King (para más inri Trish ha conseguido triunfar como escritora) pero el relato de Lemire recorre su propio camino. Una odisea ambigua, con seres de inquietante aspecto, como esas criaturas pájaro, que se mueve entre dos mundos que adquieren un aire de irrealidad. Y aunque nos movamos en el terreno del horror no se puede negar estamos ante una trama sobre todo perturbadora, apostando por el terror psicológico, aunque entre sus páginas encontramos escenas tan sangrientas como el brutal final de uno de esos secundarios que no son especialmente simpáticos.
Más que correcto cuento de miedo con una importante carga emocional, ‘Diez mil plumas negras’ nos presenta un relato autoconclusivo pero que no deja sensación de clausura, no sólo por unas últimas viñetas que parecen van a dar pie a algo más grande sino por un desenlace que invita a mucho más, con un ligero aire a episodio de transición. Moviéndose entre el relato de iniciación, el whodonit y la carga sobrenatural este parece una buena tesela de ese mosaico que promete ser este Mitos del huerto de huesos (además a la par también ha aparecido una grapa gratuita con el título de preludio que nos muestra otro fragmento del conjunto en el que aparece una perturbadora presencia roja. Por desgracia no sé ahora mismo si sigue disponible en librerias) cuya próxima entrega ya se ha anunciado para este año bajo el título de ‘The Tenement‘.
Este es un cómic que deja una poderosa sensación de déjá vu. El gran trabajo de Andrea Sorrentino, un autor de toque realista pero que disfruta con un agresivo claroscuro, y que sabe sacar lo mejor de la planificación de las páginas, jugando además con un ligero cambio de estilo entre las páginas dedicadas a la parte feliz de la infancia de nuestros protagonistas y el drama posterior consigue dar fuerza a una historia que fluye pausadamente y que va poco a poco presentando elementos de lo que se adivina una tenebrosa mitología.
Una buena apuesta para los fans de Lemire y del terror que se esconde con paciencia en lo cotidiano, y que, sin ser ese tipo de obra que conquista de inmediato a aquellos que se dirijan por primera vez a la obra de este guionista, sí anima a esperar la siguiente parada en este huerto de huesos, aún cuando la siguiente historia poco tenga que ver con ésta que termina. El pasadizo sigue abierto.
Rodeándose de escritores de renombre dentro del mundillo, y bajo la premisa de intentar siempre superar los umbrales de mal rollo a los que han accedido los números previos de la cabecera, Michael Walsh parece haber encontrado un filón inagotable en ‘The Silver Coin‘ que, a poco que el artista quiera y encuentre compañeros de viaje adecuados, todavía tendrá que dejar un buen puñado de números y relatos escalofriantes a los seguidores de la serie publicada por Image en Estados Unidos y recogida aquí por Panini en cómodos volúmenes. Ya dijimos en su momento, con ocasión de la publicación del primero de los tres que por ahora han visto la luz que, bajo nuestro punto de vista:
(…) la cabecera debería haberse quedado en estos estimulantes cinco números y no haber continuado por derroteros que, insistimos, no llevan a ninguna parte.
Una opinión esta que, con matices —porque todo es susceptible de admitir matices, que nuestras opiniones ni sientan cátedra ni hablan en absolutos—, seguimos manteniendo a la luz de lo que nos ofrecen los cinco relatos aquí reunidos. Sí, su ambientación, atribuible al estilo de dibujo de Walsh, especialmente pródigo cuando a lo pesadillesco hay que recurrir, es brillante y fuente inagotable de sorpresas desde lo malsano. Sí, su variedad no da opción a cansancio porque, con la homogeneidad que aporta el dibujo —algo que es siempre de agradecer sobre todo para los que estamos cansados de los constantes vaivenes en las series de DC o Marvel—, todo descansa en que los guiones no aburran…y no lo hacen, al menos no en su variada personalidad y en la mucha inventiva que se pone en que cada nuevo ejemplar se encuentren formas de hacer que la moneda de marras le joda la existencia al sufridor de turno. Pero…
…donde sí hace algo de mella el aburrimiento es en que, más allá de esa alegre variedad de que hacen gala cada una de las historietas que conforman los diferentes volúmenes de ‘The Silver Coin’, no hay nada que rascar bajo la superficie de la propuesta de Walsh, y nos topamos con pocos atisbos de continuidad —hay aquí un par de números conectados por el mismo personaje—, y exiguos esfuerzos, al menos en lo que a nuestra percepción compete, por construir un universo más grande. Dependerá de cada uno el que esto sirva de barrera que impida aproximarse a la lectura de la cabecera o, por el contrario, como pasaba con la legendaria ‘Twilight Zone‘, que cada «episodio» mole tanto que importe bien poco la falta de ulteriores intenciones.
2023 ha sido un año extraño. Y no por los muchos acontecimientos que han convulsionado nuestro mundo, que también, sino porque, en lo personal, y ciñéndonos a esta pasión que nos une a los que escribimos en esta página y a los que la leéis, los últimos doce meses han comportado cambios en muchos ámbitos, algunos esperados, otros no, que han hecho que, a día de hoy —es 22 de diciembre cuando me siento a escribir estas primeras líneas de nuestro resumen anual— me vea en la tesitura de afirmar de lo singular de 365 días que, entre otras cosas, han visto la aparición de varias editoriales nuevas; la desaparición o reinvención de otras tantas; la súbita e inesperada muerte de uno de los editores con más personalidad del panorama patrio; el temor, soterrado pero aún presente, de que la situación global termine, de una vez por todas, por afectar al mercado del papel impreso; o, ya en lo muy personal, el que este haya sido, finalmente, el año en que he abandonado el mundo de los superhéroes y, más aún, el de la continuidad. Con matices, por supuesto, que siempre tiene que haberlos, pero abandonado a fin de cuentas.
Dichos matices, para el que quiera saberlo, comportan que siga leyendo tebeo de superhéroes, bien por lo que recibimos por parte de ECC y Panini, bien porque aún queda alguna colección de DC y Marvel que se resiste a desaparecer de mi lista de lecturas mensuales. Pero, para qué engañarnos, son las menos cuando antes eran las más y lo que su ausencia ha supuesto es que, por primera vez desde que comenzáramos a hacer estos resúmenes de final de año, la cifra de cómic-books, desorbitada como siempre ha sido, se haya visto reducida tan drásticamente que, por poner un ejemplo muy, pero que MUY llamativo de hacia dónde se dirigen mis hábitos lectores, no me haya leído ni una puñetera grapa en lo que llevamos de diciembre.
Definitivamente, son tiempos de cambio, y quizás, porque ya son más de treinta años de inercia los que arrastro a mis espaldas tebeófilas, esa haya sido la mayor fuente generadora de la extrañeza que os comentaba en el primer párrafo. Y es que pasar de casi 800 cómics a poco más de 250 es, a todas luces, una señal muy visible de un cambio radical en el hábito lector que, aún así, me ha permitido, en la parte positiva, no sólo soltar evidente lastre de colecciones y colecciones que no llevaban a nada, sino también el que, aquellas con las que me he quedado o he ido incorporando a la mensualidad, hayan sido apuestas mucho más seguras en cuanto a calidad se refiere.
Antes de pasar cuenta a los títulos que diríamos indispensables de cuanto se ha publicado al otro lado del Atlántico, os avanzamos que este año hay varias novedades en estos resúmenes y en los Premios Fancueva con respecto a años previos. Para empezar, añadimos una nueva categoría a la selección de lo mejor que os encontraréis el próximo sábado y, en el ámbito de los Premios, en la parte negativa, no tendremos ni sorteo de lote, ni premios físicos como en 2022 pero, a cambio, incorporaremos no sólo una si no dos nuevas categorías que ya veréis el próximo domingo 31. Y ahora sí, sin más, pasemos a lo que el cómic U.S.A ha dado de sí tanto en Estados Unidos como aquí, claro, que no nos vamos a olvidar de ciertas novedades en castellano de esas que nos parecen obligadas adquisiciones.
A vicious circle
Aunque aún no ha terminado, probablemente debido a la proverbial lentitud de su dibujante, el gran Lee Bermejo, lo que hemos podido encontrar en los dos números que Boom! ha publicado a lo largo de 2023 de esta miniserie nos ha, como se suele decir, volado la cabeza. Y no sólo por lo que al guión se refiere, sino porque Bermejo, que cada vez que se mete en algo nuevo corona un techo distinto, se ha propuesto que esta ocasión no sea diferente y nos deja planchas, en blanco y negro o en color, que son para que se os desencaje la mandíbula. Y, además, en ese formato Prestige Plus que tanto nos mola. Brutal, queridos lectores, BRUTAL.
Arca
La ciencia ficción ha estado más que de enhorabuena en lo que al cómic respecta este 2023. De hecho, de la selección que os traemos, casi una decena cabrían ser clasificados dentro del género. El caso que nos ocupa es, quizá, el más evidente: una nave que viaja para el cosmos con los últimos supervivientes de la Tierra en busca de un nuevo planeta en el que asentarse. No es original, pero la forma en la que Van Jensen y Jesse Lonergan abordan la muy estamentada sociedad que se ha ido construyendo con el paso de las décadas y el magnífico trabajo del dibujante, que ya nos dejó anonadados con ‘Hedra‘, hacen de esta una lectura magnífica.
No ha sido el único especial del ‘One Bad Day‘ que nos ha gustado, pero este primer número de la apuesta de DC por construir historias para todos los villanos principales de la galería del caballero oscuro a la manera de ‘La broma asesina’ se salda, no sólo como el mejor del proyecto, sino como la mejor historia del hombre murciélago que hemos leído este año. Y aquí no sabríamos a quién hacer mayor responsable del logro, si a un Tom King que brilla con luz propia o a un Mitch Gerads que, sinceramente, «se sale del pellejo».
Ya os lo dijimos allá por febrero, esta pequeña historia con robot protagonista nos encantó por su candor y elevado nivel de «cuquismo» y, claro, no íbamos a dejar la oportunidad de traerla de nuevo a esta selección, ¿verdad?
Poco o nada que añadir a lo que comentábamos de ella hace unos días. Bueno, sí, lo que os decimos siempre en estos casos, que os hagáis con ella, que es una señora lectura.
Immortal Thor
Tras haber dejado profunda huella en el coloso esmeralda con su magnífico trabajo en ‘El inmortal Hulk‘, Al Ewing —que este año ha cerrado, y de qué manera, la espléndida ‘We Only Find Them When They Are Dead‘— traslada concepto al dios del trueno contando para la ocasión con un dibujante que, por ahora, nos está dejando anonadados. Su nombre, Martin Coccolo, su estilo, muy similar al del gran Marco Checchetto…ahí queda eso.
No quisimos incluirla en la selección de 2022 porque sólo había aparecido, si la memoria no me falla, el primer ejemplar de la miniserie y resultaba arriesgado juzgarla por esas 50 primeras páginas. Pero lo que en ellas había no era sino el arranque de un ejemplar trabajo de Lorenzo De Felici que, en solitario, se monta un mundo asombroso en el que el color juega un papel más que fundamental.
Ya decíamos de ella, a finales de septiembre, que era una de las mayores sorpresas que nos habíamos llevado este año, un comentario que avanzaba, sin resquicio para la duda, el que el trabajo de Ram V y Filipe Andrade iba a terminar formando parte de esta selección.
El universo de Black Hammer es asignatura personal pendiente —pero ahí ando, comprando religiosamente los Ómnibus en TPB que Dark Horse está sacando a un precio más asequible que sus Library y con el mismo material— y, aún así, me líe la manta a la cabeza y, sin saber nada de él, acometí la lectura de este, uno de los mejores volúmenes USA que nos hemos «echado encima» este año. Queda aquí la promesa de que, si la fortuna lo quiere, en 2024 comenzaré a dar cuenta del resto de este enorme proyecto que Jeff Lemire lleva años construyendo.
Millarverse
Este año, y ya el anterior también, ha sido el de regreso de Mark Millar a primera plana con títulos que han rescatado la mejor versión del guionista escocés. De entre todos los que se han publicado nos quedamos en especial con dos: ‘Nemesis Reloaded‘, porque sí, porque es una «cafrada» monumental con un dibujo espectacular de Jorge Jiménez y, sobre todo, con ese ‘Big Game‘ que, aunque se desinfla un pelín en su último número por lo evidente que resulta el recurso del que va a echar mano Millar para cerrar tan enorme evento, ha sido una gozada de viaje maximizado, qué duda cabe, por el enorme trabajo de Pepe Larraz.
Una de las mayores sorpresas inesperadas de este 2023 ha sido este título de Image, publicado ya en castellano por ECC que tiene la osadía de mezclar fantasmas y objetos voladores no identificados y no sólo salir airoso del empeño, sino alzarse como un tebeo de esos que uno está deseando leer a cada nueva entrega. No lo dejéis pasar que, para colmo, es de esos que, amparado en la amplia cancha que le da Image, no se corta un pelo en nivel de violencia gráfica.
Shazam!
Con Mark Waid uno no puede equivocarse. Con Dan Mora, aún menos. Y con la combinación de ambos, que llevan dejándonos páginas y más páginas de auténtico disfrute en ‘Batman. Superman World’s Finest‘, estábamos más que «regalados» para que esta nueva encarnación de ‘Shazam!‘ nos conquistara. Y así ha sido. Divertida y dinámica como ella sola, la cabecera forma parte del muy reducido grupo —tan reducido como el que conforman ella, la citada ‘World’s Finest’, las dos principales de Batman y el ‘Nightwing‘ de Tom Taylor — que, anclado a la continuidad de DC, sigo leyendo aún. Y os puedo asegurar que de esas cinco que hemos nombrado, tres tienen todas las papeletas para terminar abandonando la sala.
Qué podemos decir que no dijéramos en la reseña. Nos encantan los cómics que utilizan la narrativa secuencial para enseñar y que, encima, lo hacen de la manera tan pedagógica, clara y plena de recursos como la que ostenta el trabajo de Dan Nott. Lectura obligada para mayores y adolescentes en edad de saber cómo diantres se mueve el mundo.
The Cull
Ya sabíamos que Mattia De Iulis dibujaba como «le daba la gana», pero lo que nos hemos encontrado en esta propuesta de mundos paralelos publicada por Image y con guión de Kelly Thompson es, sinceramente, más de lo que cabría esperar del italiano. Sólo llevamos cuatro o cinco números, pero lo que en ellos se ha podido leer es alucinante. Esperemos que no decaiga.
Hasta el último momento hemos tenido una dura liza entre este y otros dos títulos como los que pugnaban más fuerte para hacerse con el Premio Fancueva. Y es que el trabajo de CAB, preñado de corazón y dibujado de manera soberbia nos ganó de manera instantánea y ahí sigue, dejando claro que, a día de hoy, lo mejor que llega de USA ya no lleva ni capa ni mallas.
Void Rivals
Robert Kirkman no podía faltar en esta selección. Es más, el que lo hayamos incluido tiene una especial relevancia, no porque hubiera que meter un cómic firmado por él, sino porque el título en cuestión, ciencia-ficción de altos vuelos, forma parte de la apuesta que Skybound ha hecho al conseguir los derechos de los universos de Transformers y G.I.Joe y, al obtenerlos, captar en seguida la atención de un lector, el que esto suscribe, que jamás le había echado cuentas a ninguno de ellos. Relacionada con el primero, del que también ha salido ya la cabecera principal, firmada por Daniel Warren Johnson —que no hemos incluido, aunque tengamos debilidad por el autor de ‘Murder Falcon‘, porque aún no ha tenido suficiente recorrido—, esta ‘Void Rivals‘ es el segundo título de la selección dibujado por Lorenzo De Felici y, al igual que ‘Kroma’, deviene en un trabajo gráfico espectacular apoyado por las siempre MUY estimulantes ideas de Kirkman.
Mark Millar está que echa fuego. No sólo 2023 —bueno, y 2022— ha sido un año en el que no hemos parado de poder asomarnos a nuevos proyectos suyos —incluyendo ese ‘Big Game‘ que tan patidifusos y anonadados nos ha dejado—, es que, para terminar de redondear la jugada, el guionista escocés anunciaba hace nada que mudaba todo su universo a Dark Horse. Un movimiento empresarial que nos ha desencajado la mandíbula a muchos mientras que a otros lo que les ha provocado es ansia y expectación porque la editorial empiece a publicar —y ya ha habido anuncio al respecto— algunos, o todos, de sus títulos en el maravilloso formato Library. Con ‘Wanted‘, ‘Big Game’, ‘The Ambassadors‘ y ‘The Magic Order’ como los primeros que aparecerán en algún momento indeterminado del año que está a puntito de comenzar, sólo caben esperar grandes cosas de la asociación del escritor con una compañía que no sólo se ha sabido mantener a lo largo de los años, incluso contando con las muy dolorosas pérdidas de franquicias como Conan, Alien, Depredador o Star Wars, sino que demuestra, con movimientos como éste, que aún tiene mucho que decir en el panorama yanqui del cómic.
Movimientos empresariales al margen, de entre aquello a lo que hemos podido dar cuenta durante este año que toca a su fin, es este ‘Night Club‘ que Panini presenta en su habitual edición en cartoné —inmensamente mejor que los TPB que hasta ahora han sido norma y único formato en el que Image ha publicado el material de Millar en Estados Unidos— es, sin duda alguna, lo más flojo que ha caído en nuestras manos. A ver, aclaremos, no llega a los niveles de «producto a olvidar» que sigue ostentando, casi en exclusiva en la producción del escocés, ese rollazo que fue ‘Sharkey’ —tan inane es el volumen que ni siquiera lo tengo en mi apartado «Biblioteca Millarverse», y estáis hablando con un competista redomado—, pero lo cierto es que, tanto si la consideramos aislada como si, sobre todo, la comparamos con ‘The Ambassadors’, la última ‘The Magic Order’, ‘King of Spies‘, ‘Nemesis Reloaded‘ o, por supuesto, ‘Big game’, esta incursión de Millar en el mundo de los vampiros, puesta en manos de un Juanan Ramírez tan resultón como funcional, no termina de cuajar, no tanto por la intervención de nuestro compatriota, sino por lo que respecta a un guión que va a lo justo.
Y es que, aunque la imaginería que rodea al singular grupo de vampiros adolescentes protagonistas es cuanto menos curiosa —eso de que sean hispanos y utilicen máscaras a lo «El Santo»— los vericuetos por los que discurre el conjunto, que sólo es el primer volumen de la cabecera —este Millar ya no cierra la puerta a nada—, están demasiado trillados, ya en el género de terror, ya incluso en el cómic de superhéroes en general, y lo único que cabría señalar como interesante es ese grupo de vampiros a los que nuestros jóvenes protagonistas tendrán que enfrentarse; y digo cabría porque, seamos francos, su inclusión está influenciada a la legua por una suerte de mezcla entre ‘Predicador‘ —sin llegar Millar a la mala baba de Ennis ni a la legua— y ‘American Vampire‘. Insisto, no os vais a aburrir con la lectura, que ese término es casi antitético con el nombre de Mark Millar, pero no os hagáis con él pensando que lo que aquí os aguarda es la mejor versión del escritor.
Cuando lees cualquier cómic de Ed Brubaker y Sean Phillips, siempre deberías esperar —y a cualquiera de las muchas reseñas que le hemos dedicado al dúo me remito— algo cercano a una obra maestra del medio…cuando no, directamente, una obra maestra, y pocas veces, por no decir ninguna, saldrás decepcionado. Bajo ese paraguas, os mentiría si os dijera que mis expectativas estaban por debajo de lo elevadísimo y, aún así, este volumen, el quinto y por ahora último de las andanzas de Ethan Reckless, se las ha apañado para superarlas. Por muchas razones, pero una principal: el que, con muchísimo más vigor que en cualquiera de las otras cuatro ocasiones en que Brubaker ha explorado al personaje, se ahonda sobremanera en los sentimientos de su peculiar héroe. Si estáis familiarizados con el desfacedor de entuertos —que diría Cervantes— que es Ethan, sabréis de sobra que es un hombre al que Brubaker describe como muy desconectado de sus emociones y, como él mismo afirma, «me siento casi vacío». Es por ello que impacta con más fuerza el que aquí veamos qué pasa cuando no se siente así en el viaje al que el guionista lo somete cuando se enamora de Rachel, protagonista femenina que se presenta por primera vez en estas páginas. Unas páginas que, recordemos, transcurren al mismo tiempo que las de ‘Un fantasma de ti’, centradas como ya vimos en lo que le pasa a Anna en Los Ángeles mientras Ethan, como averiguamos aquí, está en San Francisco.
El viaje de Ethan en el paulatino enamoramiento hacia Rachel está tratado con gran sensibilidad por Brubaker y, como la totalidad de la historia…y lo que hasta ahora hemos leído de ‘Reckless‘, deja con un sabor agridulce, no por la calidad del producto —creo que ya hemos sido muy claros al respecto de la misma—, sino porque la manera en que el guionista se aproxima a este noir es bajo la premisa general de que los finales tienen que ser consecuentes con los personajes y eso implica, forzosamente, no meter con calzador en ningún momento el «final feliz». En ese esfuerzo del guionista por cuidar que la evolución de sus creaciones sea lógica, resulta encomiable que, al sacar a Ethan de su zona de confort y situarlo ante algo tan nuevo como el amor, asistamos a inesperados arranques de furia hacia aquellos que abusaron de Rachel en su adolescencia, que, por cierto, no lo hemos dicho, es el motor principal de la historia y lo que hace de ella un personaje con muchas capas que huye de la unidimensionalidad —creo que Brubaker jamás ha escrito a un personaje unidimensional, pero bueno—. La colisión de tan potentes figuras hace que de las páginas de este ‘Sígueme en mi caída‘ dimanen sensaciones de enorme intensidad que, a poco que nos dejemos, calaran hondo en nuestro ánimo.
En la consecución de ese calado también trabajan los largos soliloquios puestos en boca de Ethan —marca de la casa de la manera en que Brubaker ve el noir; el ritmo de la historia, pausado al principio y en constante aceleración sin que casi nos percatemos de ello; la forma en la que el escritor trata un asunto tan peliagudo como el abuso de menores, siempre respetuoso y serio con tan execrable lacra y siempre desde una distancia que denota que no quiere manipularnos a los lectores; ese final, que salta quince años y tanto abunda en las tonalidades melancólicas del relato o, por supuesto, creo innecesario tener que decirlo, el dibujo de Sean Phillips y el magnífico color que aplica el hijo del dibujante. Bien es cierto que, con cinco volúmenes publicados en dos años, este ‘Sígueme en mi caída’ es el que más denota la rapidez con la que Phillips ha tenido que trabajar, pero eso no quita para su habilidad para jugar con las sombras siga siendo una de esas cualidades que aumenta sobremanera las tonalidades con las que Brubaker juega, y la facilidad con la que sus personajes se expresan, unido, como decíamos, a lo mucho que añade el expresivo colorido de Jacob Phillips sirven, una y otra vez, para añadir aún más matices al impacto emocional de cada escena.
Nuestro único lamento, entre tanta genialidad, es la decisión de Brubaker y Phillips de hollar otros terrenos y explorar nuevas opciones antes de volver a Reckless. Por ahora, dicha decisión se ha saldado con un volumen bastante irregular y muy por debajo de lo que uno espera de ellos titulado ‘Night Fever‘ y el anuncio, para el próximo mes de diciembre, de otro llamado ‘Where the body was‘ que, esperemos, nos dé mayores alegrías y nos aleje del deseo de que Ethan Reckles vuelva, y lo haga a la de YA.
Es tan poco lo que me llamaba la atención este ‘Odio este sitio‘, que cuando comenzó a publicarse en Estados Unidos el pasado 2022, ni siquiera piqué con el primer número de la cabecera…y eso que os está hablando un lector que, al menos con Image, siempre claudica con el arranque de cualquiera de los muchos proyectos que la editorial pone en pie cada año a sabiendas de que un considerable porcentaje de los mismos terminará resonando fuerte con mis filias comiqueras. A la luz de lo que ofrece ahora ECC con el primer volumen de la cabecera, que recoge los cinco primeros números de la misma, no puedo decir que me arrepienta haber tomado la decisión de no darle una oportunidad, pero sí que, probablemente, será la última vez que me deje llevar por vanos prejuicios a la hora de valorar que una colección no merece, por lo menos, mi atención durante los 10-15′ que puede llevar dar cuenta de 24 páginas. Porque, huelga decirlo, ‘Odio este sitio’ mola una barbaridad con esa mezcla tan particular que hace de géneros, con una historia que, sin cortarse un pelo en ningún momento en cuanto a nivel de brutalidad y casquería, comienza en el robo para, inmediatamente, virar de manera brusca hacia el terror con monstruos acojonantes, fantasmas y sus cazadores, luces en el cielo y una pareja de lesbianas protagonista que grita, ante todo, inconformismo y riesgo por parte de la pareja de autores que firma este curioso y espléndido conglomerado.
El guión de Kyle Stars no le hace ascos, como podréis suponer, a nada que se le ponga por delante y, por si el cajón de sastre que monta no fuera lo suficientemente atractivo con lo que hemos apuntado en el párrafo anterior, el guionista carga las tintas en una construcción de personajes que se antoja magnífica, y no sólo de esa pareja de mujeres que son tan diferentes y distinguibles, sino de un elenco de secundarios entre los que destacan, por méritos propios, tanto el descomunal cazafantasmas que intentará ayudar a las protagonistas a deshacerse de aquello que infecta la granja que una de ellas acaba de heredar —acaso el más alocado y mejor personaje del conjunto— como el despiadado criminal que no se detendrá ante nada ni nadie para recuperar el dinero obtenido en un asalto a un furgón armado. La dinámica que se genera entre los tres primeros, y lo que se organiza alrededor del cuarto consigue que, en un momento dado, sintamos que los monstruos y criaturas ultraterrenales estén ahí de la misma manera que Robert Kirkman situaba a los zombis de ‘The Walking Dead‘, esto es, como meros catalizadores de toda la mierda que los humanos siempre tendemos a generar a nuestro alrededor, en muchas ocasiones sin necesidad de que un agente externo venga a removerla.
Para dar aún más rienda suelta al nivel de violencia sin filtros que gastan las páginas de ‘Odio este sitio’, Starks cuenta con un aliado desconocido pero que, maldita sea, nos parece de excepción atendiendo a la intensidad con la que se vuelca en hacer que, cada vez que el guión así lo busca con alguno de sus muchos giros hacia lo desagradable, se nos retuerzan las tripas por la traducción visual que hace el artista gráfico de cada idea que se encuentra por el camino. Maridaje pues tan inesperado como genial, lo que Starks y Topilin nos dejan con estas primeras cinco grapas es todo un dechado de virtudes que, además, nos deja con el alma en vilo por los dos apuntes hacia el potencial futuro que nos encontraremos en el segundo volumen. No os vamos a decir que os estaréis haciendo un favor si os la pilláis, pero pillárosla, por lo que más queráis.
En las últimas grapas que se han publicado en Estados Unidos pertenecientes al Millarverse —sabemos que es Millarworld, pero nos gusta más el primer término que lo calificó— se ha incluido, acaso para los neófitos en el ya muy abultado universo del escritor escocés, una «guía de lectura» que indica el orden en que han de leerse las muchas colecciones que ya forman parte del enorme proyecto que el guionista lleva trabajando desde hace dos décadas —las que han transcurrido desde que apareciera ‘Wanted‘, que se incorporaría a toro pasado al cosmos de los proyectos del artista. Y en dicha guía, llama la atención, y la llama mucho, que la miniserie original de ‘Némesis‘, firmada por Mark Millar y Steve McNiven y publicada en 2010, cuando el Millarverse estaba en pañales, no aparezca por ninguna parte en favor, qué duda cabe, de esta reinvención del personaje que supone ‘Nemesis Reloaded‘. Así las cosas, la pregunta que uno se hace es obvia: ¿ha dejado ‘Nemesis’ de tener validez ahora que Millar le ha dado una segunda vuelta al personaje? Para nada. Antes bien, debería importarnos muy poco que este volumen que hoy os traemos sea el que se considere «canon» del bestial y anárquico antihéroe —bueno, quizás a la vista de lo que aquí podemos leer habría que calificarlo como villano de pies a cabeza, pero dejaremos esa decisión a vuesas mercedes— cuando lo que Millar y McNiven pusieron en pie hace trece años es una burrada del mismo calado de diversión que la que ahora cuajan guionista y nuestro Jorge Jiménez.
De hecho, sólo dos son las diferencias que separan a una y otra. La obvia, por supuesto, es el cambio de McNiven por Jiménez. Y no es porque sea español —o andaluz para más señas—, pero creo que hemos salido ganando en este sentido aún asumiendo, como debemos asumir, que el McNiven de aquellos tiempos era el bueno, el que se curraba las páginas, el que estaba llamado a revolucionar el medio con su muy cinematográfica narrativa y que ya había dejado buena muestra de lo que era capaz con su trabajo en la ‘Civil War‘ de Marvel tan sólo cuatro años antes. Pero por todo recurso que el estadounidense era capaz de registrar en sus páginas, su estilo rígido, que nunca se llevó bien con el dinamismo que pretendía aplicar a sus viñetas, era un maridaje imposible del que no hay ni rastro en la fuerza con la que Jiménez nos abofetea desde sus planchas. Estaría feo decir que no es ninguna sorpresa que así sea porque el nivel al que nos tiene acostumbrados el granadino —y sólo hay que asomarse a sus trabajos en la ‘Liga de la Justicia‘ de Scott Snyder o el ‘Batman‘ de Chip Zdarsky para aprehenderse de él— pero es una realidad como un puño: sabemos de sobra que cuando tenemos entre las manos un cómic firmado por él, las expresiones de asombro están aseguradas. ¡Y menudo el volumen que adquieren aquí!
Desde la escala más menuda hasta los grandes gestos de splashs de una o dos páginas, lo que Jiménez pone en pie aquí justifica de sobra su actual posición de mega-estrella en el panorama del cómic estadounidense. Dinámico como el sólo y con una fuerza que nos hace temer por nuestra integridad física cuando el protagonista se lía a mamporros o tiros con sus inadvertidas víctimas, si hay algo que se nota a la legua en las 152 páginas que conforman ‘Nemesis Reloaded’ es que el español se lo ha pasado bomba dando forma a las salvajes ocurrencias de un Millar más desatado que de costumbre. Y eso, refiriéndonos al artífice de ‘Kick-Ass‘ es, como sabréis los que igual que nosotros seguís de manera impenitente al autor, mucho decir.
Porque si Jiménez se lo pasa bomba es consecuencia directa de que Millar se esa segunda diferencia que separa a una serie de otra: completamente desabrido y sin límites que le vengan impuestos desde cualquier ámbito editorial, que para eso es su propio jefe y hace lo que le viene en gana, el guionista convierte este ‘Nemesis Reloaded’ en un festival constante de violencia por doquier, tanto física como verbal, claro, arremetiendo contra todo lo que se le pone por delante a través del blanco impoluto de su personaje central y no arredrándose, tan pronto como el primer número, en que éste mate de manera indiscriminada a agentes de la ley o «inocentes» ciudadanos de a pie. De hecho, tras el shock que provocan las primeras 24 páginas, Millar no hace sino subir constantemente la apuesta, y da la sensación de que en el «reloaded» del título hay toda una voluntad por coger las ideas burras de la primera versión y elevarlas a la enésima potencia. No contento con eso, y para aquellos que llevamos tiempo deseando que algo como el ‘Big Event‘ pasara en el universo del guionista, el último número es toda una recta final de preparación para la miniserie que ahora mismo se está publicando en Estados Unidos y que, con dibujo del enorme Pepe Larraz, no está dejando boquiabiertos, no ya a cada entrega, sino a cada página.
No decimos más porque a poco que se nos vaya la lengua os destrozamos sorpresas que vale la pena descubrir por uno mismo pero os dejamos con una reflexión bastante contundente: no hay otro universo en el mundo del tebeo como el que Mark Millar ha construido en los últimos veinte años y no hay mejor momento que el actual para estar disfrutando de aquello a lo que estos últimos cuatro lustros han conducido. De genio, joder, de GENIO.
Joshua Williamson es uno de esos nombres que divide al fandom —y a la crítica, claro. Están los que detestan su manera de abordar las historias cuando, según esgrimen algunos, parten de premisas muy interesantes que se encarga sistemáticamente de arruinar por la forma en la que escribe los diálogos y (mal) trata a los personajes. Y están los que, como servidor, aún admitiendo que no siempre da en el clavo —más, decidme, ¿quién lo hace? —, no tienen tapujos a la hora de admitir que es un escritor que me encanta y que incluso en sus trabajos más «alimenticios», siempre hay algo que rascar que lo separa de la media. Ahora bien, no estamos aquí para sacarle las «vergüenzas» al escritor sino para alabar lo mejor que ha dado de sí en este mundillo. Y si de lo mejor hay que hablar, es inevitable nombrar a ‘Birthright‘, no como parte de aquellos títulos suyos que consideramos imprescindibles —ahí entrarían también su estancia en ‘The Flash‘ (que, sí, que sabemos que es muy poco apreciada, pero nos da exactamente igual), su breve paso por ‘Robin‘…del actual Superman no podemos hablar porque, ya sabéis, continuidad y alergias… —sino como el trabajo más sólido que hasta la fecha nos ha presentado un autor que, en su unión aquí con el magnífico arte de Andrei Bressan, dejaba una historia de fantasía heróica que nos parece magnífica.
Con estos mimbres, es obvio pensar que teníamos muchísimas expectativas hacia la posibilidad de que ambos autores unieran talento de nuevo bajo una misma cabecera, algo que terminaba pasando el pasado 2022 con este ‘Dark Ride‘ cuyo primer volumen publica ahora ECC Ediciones. Una serie que hace muchas cosas bien, como pasaremos a ver a continuación pero que, a nuestro entender, ya gana una primera mano por alejarse de los planteamientos de fantasía de ‘Birthright’ y apostar por el terror que se esconde en las tétricas y truculentas atracciones del parque temático que sirve de telón de fondo a la trama. Aunque quizás, más que hablar de telón de fondo, habría aquí que apuntar a Devil Land como un personaje más, con sus singularidades y sus matices, en el sanguinolento Grand Guignol que, con pocos reparos, han ido construyendo los autores desde el primer número, en el que se nos presenta al citado parque, a los dos hermanos herederos del mismo, al misterioso padre que fundó tan terrorífico y exitoso lugar y a Owen Seasons, un joven que sufrirá en sus carnes lo que se esconde tras el cartón piedra y el metal.
Tanto es así, que será su hermana Summer la que realmente lleve la voz cantante a partir del segundo ejemplar de una cabecera que, como pasara con ‘Birthright’, no tiene ninguna prisa por apresurar el revelado de sus sorpresas, tomándose Williamson su tiempo para que todo lo que va aconteciendo se meta por debajo de nuestra piel y nos la ponga «de gallina». Bajo esa sosegada voluntad —que, cuidado, no quiere implicar que haya algún número en el que no pase nada, al contrario, siempre sucede algo que nos deja con ganas de muchísimo más— Williamson carga las tintas en el curioso cuadrado que conforman Arthur Dante, el patriarca, Samhain y Halloween Dante, los futuros herederos del parque y adultos mimados que han crecido teniéndolo todo, y la citada Summer, que no cesará en su empeño de saber qué le pasó a su hermano en las salas del Devil’s Due, la atracción más inquietante de cuantas cuenta el parque.
Sorpresa que va, sorpresa que viene y que mantiene nuestra indefectible atención a lo largo de la lectura, lo que no resulta nada sorprendente es que Bressan consiga estar, de nuevo, no a la altura de las circunstancias, sino muy por encima de éstas: el brasileño es un artista de lo más hábil y polivalente, jugando en las mismas ligas tanto en caracterización de personajes como en diseño de escenarios o en una narrativa precisa que sabe de qué recursos echar mano para hacer más efectivo el discurso del tebeo. Todo eso, unido al espectacular color de Adriano Lucas conforma, a nuestro entender, el cóctel perfecto para que nos hayamos subido a la montaña rusa que es ‘Dark Ride’ desde su primera entrega y ahí sigamos, pendientes mes a mes de lo que la colección quiera ofrecernos.
La mejor manera de describir a Trigger Keaton, a la vez protagonista y MacGuffin de ‘Los seis ayudantes de Trigger Keaton‘ es diciendo de él que es una «versión capulla de Chuck Norris»: es una estrella de acción, experto en artes marciales, horrible con todo el mundo, violento, borracho, peligroso y aún así hace suficiente dinero con sus películas como para seguir trabajando. Y a lo largo de esos años de trabajo, Trigger ha tenido varios ayudantes —aunque la verdad es que el término sidekick que se utiliza en inglés comporta más connotaciones que el de mero ayudante— en sus a menudo canceladas series de televisión. Seis, como reza el título. Y un buen día, el cuerpo de Trigger es encontrado sin vida. Se determina que es un suicidio, pero su último «ayudante» no se lo cree y, después de la lectura del testamento, comienza una investigación que une a los seis ayudantes en una misión común: descubrir quién asesinó a Trigger Keaton.
No me digáis que la premisa de partida no es ya suficiente justificación como para darle una oportunidad al volumen.
Pero es que lo que Kyle Stars consigue con el resto del guión incide en aumentar la envergadura del conjunto hasta que no haya otra que rendirse ante una enorme evidencia: que es este un tebeo que tiene de TODO. La historia que enhebra el artífice de ‘Odio este sitio‘ fluye con tremenda lógica, y emoción, y corazón, y humor, y drama…joder, que ya lo hemos dicho pero lo repetimos…¡que tiene de todo!. Los personajes no son monigotes arquetípicos, sino que cuentan con un trabajado trasfondo y una historia personal, y cada parte del relato tiene sentido y se revela de tal forma que no se siente en ningún momento forzada. Nada pasa «porque sí». Además, rareza en según qué latitudes de hoy en día en el noveno arte, cada uno de los sidekicks se define a la perfección y es perfectamente distinguible de los demás, y el conjunto se nos antoja como el de un sexteto de personas bastante tridimensionales que se ven en la tesitura de trabajar juntas muy a su pesar.
En ello también ayuda sobremanera el dibujo tan sumamente personal de Chris Schweizer. No diremos que es excelente, pero sí que encaja de forma excelente con lo que el guión de Stars requiere: lo que el artista pone en juego es detallado y cartoon a la par, y en su trazo parecen darse cita todos los nombres que alguna vez han pasado por la revista ‘MAD‘, desde Mort Drucker hasta Sergio Aragonés. Quizá utilizar la referencia de la legendaria revista de humor estadounidense sea algo obscura para ojos españoles, pero os podemos asegurar que si alguna vez habéis puesto los ojos en alguna de sus páginas, entenderéis qué estamos diciendo.
Añadid al cóctel el que ‘Los seis ayudantes de Trigger Keaton’ sea una de esas lecturas que nos tiene expectantes hasta el final y que no se puede anticipar; que está plagada de pistas falsas para lograrlo pero que incluso éstas cobran sentido con la resolución; que hace que los sidekicks evolucionen y que esta parte de su viaje personal sea tan perfecta como la que se nos muestra como siguiente…no sé si los que hayáis ya leído este tebeo coincidiréis conmigo o no, pero las vibraciones a años 80 que desprenden estas páginas nos han dejado muy, pero que muy sorprendidos y no podemos sino compartir con vosotros el que, de tenerlo como opción, os hagáis con el tomo publicado por ECC.
Lorenzo de Felici ya nos había convencido, y de qué manera, de ser poseedor de un talento considerable como narrador en las páginas de los treinta y seis números en los que acabó extendiéndose el ‘Oblivion Song‘ de Robert Kirkman, conquistándonos sin remedio con ese estilo que tan bien sabe fusionar los mecanismos propios del cómic yanqui con un trazo que es claramente europeo —y en el que servidor quiere ver una clarísima influencia de nuestro adorado Frederik Peeters. Bajo esa perspectiva de completa admiración hacia las formas del artista italiano, el anuncio de que éste pasaba a convertirse en autor completo en su siguiente proyecto, este ‘Kroma‘ que ha publicado ECC, nos pillaba tan desprevenidos como ligeramente escépticos de que las lecciones aprendidas de sus proyectos previos fueran suficientes para abordar guión, dibujo, tinta y color —lo de completo se queda corto, tendríamos que haber echado mano de «renacentista» como poco— y hacerlo en términos que resultaran, al menos, satisfactorios. ‘Kroma’ es, afortunadamente, mucho más que un mero tebeo satisfactorio, y aunque la idea que aquí desarrolla De Felici nos deje con ganas de seguir visitando este genial microcosmos que el autor idea, es bien evidente que el viaje que ya nos ofrece aquí es genial hasta decir basta.
La idea base de ‘Kroma’ es tan simple como efectiva: un mundo en el que el color se ha prohibido por completo por asociarlo a feroces criaturas que devoran todo lo que no sea blanco y negro. Visual ¿eh?. De hecho, es innecesario decir, y aún así lo diremos, que esta es una de esas premisas que sólo podría haber funcionado como lo hace bien en el cómic en el que ha nacido, bien en un formato cinematográfico. Afortunados de que hayan sido las viñetas las que hayan recogido primero tan fantástica premisa, lo que la Ciudad Pálida, sus amedrentados habitantes y la aguerrida Kroma protagonista dan de sí en esta miniserie de cuatro números «largos» —de unas cincuenta páginas cada uno— es de una solidez a prueba de bombas. Lo es desde el dibujo, claro, ninguna sorpresa aguardará aquí a quiénes ya sabíamos de las formas de De Felici por su anterior incursión en las viñetas y, aún así, no son pocos los ases debajo de la manga que se guarda el artista en unas planchas que en no pocas ocasiones quitan el hipo por su extraordinaria belleza plástica. Lo es desde el color, fundamental por necesidades de la historia y magnífico en su concreción. Pero lo es, y ahí está la sorpresa, en un guión que sabe cómo manejar las herramientas a su alcance para resultar efectivo, imaginativo, intrigante y, en última instancia, dejar la clara impresión de haber leído una historia que se mueve entre la fina línea que separa lo muy notable de lo directamente sobresaliente.
A vista de pájaro, contemplando lo que queda más presente en el recuerdo tras la lectura de ‘Kroma’, se hace muy evidente que De Felici ha aprendido muchas y muy variadas lecciones de Kirkman. Lecciones que van desde la propia idea de partida de la cabecera —un mundo de clara personalidad post-apocalíptica que nos remite de forma inmediata a ‘The Walking Dead‘—, pasando por la forma de tratar los personajes hasta la manera en que se trabajan los golpes de efecto, los giros inesperados o los cliffhangers de cierre de número. Pero De Felici no se contenta con quedarse en ser un sosias de Kirkman, y hay aquí muestras más que suficientes de lo mucho y muy lejos que el italiano es capaz de volar por su cuenta. Sólo nos resta desear que este ‘Kroma’ que tenemos entre las manos, termine convirtiéndose con el tiempo en el primer volumen de un universo al que podamos volver. No pasará nada si no es así, que lo que aquí se nos cuenta está perfectamente hilvanado y cerrado, pero por soñar despiertos que no falte ¿no?.