Como quiera que con las reseñas de segundas entregas ya hay parte del trabajo hecho, me puedo permitir el lujo de ir más al grano. Y el grano, en el caso de ‘El corazón de hojalata’ es la genialidad de la idea con la que aquí han sabido dar José Luis Munuera y Beka y cómo, valiéndose de una suerte de universo steampunk, con los Estados Unidos de finales del s.XIX principios del s.XX mezclados con robots, nos han traído hasta el momento dos álbumes que, sin duda, son de lo mejor de la producción del artista murciano. No por el dibujo, porque, seamos francos, Munuera ha llegado ya a un nivel en sus planchas con el que nos tiene ganados por poco que haga —y no es el caso de este álbum, ni mucho menos— y ya estemos hablando de construcción de mundo como de personajes o, incluso, queramos hacer mención a las herramientas narrativas de que el español echa mano, estamos tratando con unas páginas que rozan la perfección, que siempre encuentran lugar para sorprendernos —o maravillarnos— sin necesidad de darse a gestos fáciles a lo splash-page —aunque, si habéis leído ‘Zorglub‘, sabéis que Munuera se las pinta sólo para hacer de esas páginas dobles…o triples…hitos incontestables. De hecho, si hay una cualidad que Munuera trabaja con denuedo en ‘El corazón de hojalata’ es ganarse nuestra admiración desde la sencillez, consiguiendo con este ‘La inspiración‘ hacerse un rápido lugar entre los pliegues de nuestro corazoncito. Y eso, en nuestro diccionario, es sinónimo de grandeza.
Obviamente, no sólo de su dibujo depende anidar en el mismo centro de nuestro ser, y las reflexiones que aquí enhebran él y Beka sobre las inteligencias artificiales son de esas que se unen a los grandes relatos que han tenido a robots como protagonistas —principales o secundarios—, sirviendo de asombroso complemento, si así se quisiera, del discurso de Asimov para con los autómatas. Y es que la simple idea que aquí se pone en juego, la de unos robots que se cuestionan su existencia y quieren ser más, es de una humanidad abrumadora que provoca algo tan simple, o imposible, como la instantánea generación de empatía con los ciclópeos seres mecanizados que son, sin duda, auténticos protagonistas de ambos volúmenes de ‘El corazón de hojalata’. Sólo cabe esperar que Munuera y Beka tengan ideas para unos cuantos álbumes más de esta serie porque, y esto es muy obvio, queremos más, mucho más de ella.
Soy un purista con los idiomas hasta dónde mis conocimientos me lo permiten, claro. Y siempre que es posible, prefiero ver el cine y las series en su lengua original —y aquí me da igual que sea cantonés, swahili o kurdo— o leer en el idioma en que lo que fuera que vaya a leer estuviera escrito. Aquí, desafortunadamente, la amplitud de lo que puedo consumir queda limitada al castellano, obviamente, al inglés, al francés y, en muy menor medida —muy, muy menor— al italiano si le echo esfuerzo, paciencia y la ayuda de la realidad aumentada de Google. Práctica que llevo desde que comencé a leer tebeos cumpliendo semanalmente con la lengua de Shakespeare, y que me ha permitido siempre poder contar en mi tebeoteca con esas «chachi» ediciones USA que, por fin, están llegando a nuestro país, no fue hasta hace tres años que, curso de refresco de francés mediante, comencé a abrir la posibilidad a adquirir álbumes francobelgas directamente en Francia. Una puerta que, de ir poco a poco durante los primeros meses, terminé abriendo de manera virulenta cuando decidí que iba a vender todos los álbumes europeos que tenía en castellano para comprarme sus equivalentes franceses. Sí, estoy tarado, a ver quién de vosotros no lo está de un modo u otro.
Dicho y hecho, después de un año de echar dinero, vender poco a poco la masiva cantidad de volúmenes de que contaba —no sabría deciros un número concreto, pero fueron más de 500 seguro—, e ir incorporando las ediciones «originales», conseguí mi objetivo…o lo que no sabía que era la primera parte de mi objetivo, porque, evidentemente, después vino la segunda: estar pendiente a lo largo del año de las novedades publicadas al otro lado de los Pirineos e ir adquiriendo, a ciegas, lo que fuera que llamara mi atención. De fondo, además, había un motivo para ir haciendo esto. Y ese no era otro que el que hoy toma forma con esta sexta y última entrada de lo Mejor de 2023: poder ofreceros una mirada a material que aún no ha visto la luz en España y que, creo, sería de incorporación imprescindible para aquellos amantes del tebeo francobelga que no controlen el francés si, con el tiempo, terminan apareciendo por aquí.
No son, ni de lejos, todos los álbumes franceses que he comprado y leído a lo largo de los últimos 12 meses, pero creo que los catorce títulos que os traigo a continuación suscitará lo suficiente vuestra curiosidad para que estéis atento por si, en algún momento indeterminado de 2024, aparecen por alguna de las editoriales españolas. Por cierto, huelga decir que, asociado a esta nueva sección, habrá mañana un premio. De cajón, vamos.
Bouncer: Hécatombe
Inesperado. MUY INESPERADO. Vamos, que si me llegan a pedir que adivinara qué serie iba a contar con una continuación durante este 2023, la última que habría dicho es el ‘Bouncer‘ de Jodorowsky y Boucq. Y, sin embargo, aquí la tenemos, con un guionista que a sus ¡¡¡94 años!!! sigue más o menos en plena forma y un dibujante que a sus 68 todavía tiene muchísimo que decir en el noveno arte: ‘Hécatombe‘ es todo lo que hizo a ‘Bouncer’ uno de los puntales ineludibles del western en viñetas y, aunque probablemente sea mucho pedir, no nos importaría que 2024 nos pillara de nuevo con la guardia bajada y otro álbum como este cayera en nuestras manos.
CLOVD
Después de dos años desde que el sello Label 619 de Rue de Sèvres publicara el séptimo y ¿último? álbum de ‘Funerailles‘ —y lo ponemos así, entre interrogantes, porque la última página de dicho volumen indicaba claramente «A suivre» (continuará)— hete aquí que Florent Maudoux nos sorprende con el lanzamiento de una nueva cabecera protagonizada, al menos en parte, por Funeral —el mismo personaje central de la anterior serie— y situada varios años después de aquella. El artista francés sigue demostrando que al universo de Freaks’ Squeele le queda todavía muchísimo que contar y nos regala 100 páginas preñadas de una imaginación superlativa que, en lo gráfico, como siempre ha pasado a cada nuevo trabajo suyo, consigue arreglárselas para superar a todo lo que le hemos visto hasta ahora, logrando conectar con una versión suya más limpia y que, si eso era algo posible, se vuelca más en detallar cada viñeta. De verdad, no podéis haceros una idea de la espectacularidad que rezuma de algunas planchas. Y la duda es evidente ¿veremos en castellano publicado esto? ¿Alguien ha dicho Nuevo Nueve?
Frontier
‘PTSD‘ supuso toda una sorpresa y el descubrimiento de un Guillaume Singelin que con este álbum de ciencia-ficción que Grafito publicará en el primer trimestre del año, da todo un golpe de autoridad en la mesa y se posiciona como uno de los autores más a tener en cuenta de cara a lo que sea que nos tenga que traer el próximo año. Ambiciosa y hermosa a partes iguales, la historia de ‘Frontier‘ reposa de manera ostensible en un pequeño reparto que rebosa carisma por los cuatro costados, y el agradable dibujo de Singelin que, a medio camino del manga SD, echa el resto en representar hasta el mínimo detalle del agorero futuro que imagina para la humanidad, nos sorprende una y otra vez, conquistándonos desde la primera página. Haríais muy, pero que MUY BIEN en conseguir una copia en cuanto las gentes de Grafito lo publiquen, que seguro que su edición no le va a la zaga a la magnífica que han hecho en el Label 619 de Rue De Sevres. Además, un dato extra: si no hubiera sido por el que al final se ha llevado el gato al agua, estaríamos hablando de la Mejor BD No Publicada de 2023. Ahí queda eso.
Je Suis Leur Silence
Bueno, la aparición de esta está más que cantada —de hecho, nos apostaríamos lo que fuera a que será Norma la que lo traiga a España—, pero haber tenido la oportunidad de poder dar cuenta de ella antes de que finalizara el año es uno de esos instantes en los que uno se siente afortunado por poder acceder a material en francés. Para esos que lo estáis esperando, y aunque no me guste establecer comparaciones cuando éstas son tan imposibles, os diré que este polar que se desarrolla en Barcelona y hace gala de un humor fresquísimo y aún más desparpajo no llega a las alturas de ‘Carta blanca‘…ni falta que le hace: Jordi Lafebre sabe muy bien lo que se trae entre manos y carga las tintas en una protagonista que es TODO carisma y que es tal hallazgo que por sí sola justificaría la compra de este álbum.
La Bête 2
Desconocemos si Editorial Base sigue publicando tebeos. De no hacerlo, a saber si este segundo y MAGNÍFICO último álbum del Marsupilami de Zidrou y Frank Pé verá la luz en España, pero esperemos que, si no son ellos, otra editorial pueda pujar para hacerse con los derechos y traeros 208 páginas que son pura maravilla y más corazón. A ver, que no es de extrañar, no ya porque Zidrou esté implicado, sino porque el primer volumen ya atesoraba esas cualidades y este no hace más que continuar insistiendo en los mismos valores que su predecesor, configurando una dupla de una belleza visual sin par que llega, directa, a lo más hondo de nuestro ser.
Le Coeur en Braille
Sabéis, supongo, que soy un romántico empedernido y que me encanta, ya lo dije ayer en la selección de lo mejor de cine, la comedia romántica. Así que cualquier ocasión en que el género se cruza por delante en viñetas hay que aprovecharla, y este ‘El corazón en braille’ prometía…y cumple sus promesas. El avance de su trama no tiene siempre el ritmo correcto porque se nos antoja que esta adaptación de la novela homónima de Pascal Ruter habría necesitado de más páginas para respirar mejor, pero se le perdona por el carisma que despiertan Victor y Marie-Jose, los dos adolescentes protagonistas y el calor que desprende, no ya su preciosa historia de amor, sino el dibujo de Anne-lise Nalin. Un tebeo precioso de esos que se hacen rápido un lugar en el corazón.
Les Cités Obscures: Le Retour du Capitaine Nemo
Otra sorpresa mayúscula del estilo de la que nos llevábamos con ‘Bouncer: Hécatombe‘ es la que nos han dado François Schuiten y Benoît Peeters con este álbum enmarcado en el siempre fascinante universo de Las Ciudades Oscuras. Por si el pertenecer a un rincón tan imprescindible de la BD francobelga no fuera suficiente, lo que Schuiten y Peeters se marcan aquí se arropa de ese carácter gracias a su premisa de partida: servir a la par de corolario y continuación apócrifa de las aventuras del Capitán Nemo, logrando el guionista conectar con su Verne interior para hacer de la parte escrita de esta relato ilustrado —porque no es cómic, sino texto a la izquierda e ilustración a toda página a la derecha salvo por las últimas páginas— todo un regreso a lo mejor que el literato francés era capaz de ofrecer. Si a eso le unimos unos dibujos de Peeters que quitan el hipo, lo que tenemos es un álbum de esos que ni hay que pensárselo antes de incorporarlo raudos a la tebeoteca.
Les Coeurs de Ferraille 2. L’Inspiration
No vais que tener que esperar mucho para poder deleitaros con lo que Beka y Jose Luis Munuera han vuelto a conseguir con el segundo volumen de ‘El corazón de hojalata‘ porque, si habéis visto las novedades que nos esperan en enero, ya sabréis que Nuevo Nueve lo publica en pocas semanas. Todo lo que dijimos del primer volumen se aplica a este segundo. Y ahí lo vamos a dejar por ahora, que ya hablaremos a placer de él cuando nos llegue en castellano. Por el momento, que quede clara una idea: queremos más de este maravilloso universo, y lo queremos ya.
Les Guerres de Lucas
Hete aquí una lectura que encierra una curiosa paradoja: todo —o casi todo— lo que Laurent Hopman y Renaud Roche cuentan en estas ‘Las guerras de Lucas‘ es de eso que cualquier aficionado a Star Wars sabe de sobra, así que cabría pensar que el potencial lector es aquél que quiera saber algo más sobre cómo se gestó la primera parte de la saga galáctica; más, al mismo tiempo, el hecho de ser un cómic que gira en torno al arranque de la que para muchos, entre los que me incluyo, es un referente inequívoco, no ya de sus filias cinematográficas sino de su misma existencia, lo convierte en compra obligada. Lo dicho, tan paradójico como genial, porque lo que aquí consiguen los autores, combinando mil y una referencias de mil y un sitios es un tebeo entretenido con un ritmo magnífico que se lee con enorme interés y en el que sorprende, por lo engañosamente sencillo, el dibujo de Roche, brillante de principio a fin. La fuerza, sin duda, ha acompañado a los franceses en su viaje a esa galaxia muy, muy lejana.
Loire
Étienne Davodeau tiene una forma muy personal y única de marcar a fuego sus creaciones. Y no me refiero ya a la obviedad de lo reconocible de su dibujo sino a la fuerte personalidad que detentan sus historias, que hacen gala siempre de una naturalidad asombrosa y cuentan, igualmente siempre, con personajes de los que podrías encontrarte a la vuelta de la esquina en situaciones que no tienen porque ser extraordinarias pero lo parecen cuando él las cuenta. Bajo ese prisma es como encontramos ‘Loire‘, una suerte de iteración sobre ‘Los amigos de Peter’ de Kenneth Branagh que se hace irresistible en la forma en que define a su protagonista principal y a los cuatro o cinco que se suman a una experiencia llamada, quizá no a cambiar sus vidas, pero sí a hondas reflexiones existenciales. No es ‘Lulú desnuda‘ ni ‘Los ignorantes‘, pero nos ha encantado su joie de vivre.
Madeleine, Résistante 2
La primera entrega ya formó parte de la selección de lo mejor de 2022, y estábamos deseando echarle el guante a la continuación. Tanto, que no hemos sido capaces de esperar a que la publicara Ponent Mon y nos hemos hecho con el volumen del sello Aire Libre de Dupuis. Una continuación que no defrauda, que hace gala de los mismos valores que ostentaba la primera, que nos hace partícipes a través de su protagonista femenina de episodios de la resistencia francesa de esos que sólo llegarás a conocer si lees estas memorias puestas en viñetas y que cuenta con un dibujo de Dominique Bertail que es una auténtica gozada. Lo peor, no obstante, ese a suivre del final…bueno, o quizás es lo mejor. Sí, sin duda es lo mejor, queremos más de Madeleine y sus recuerdos durante la Segunda Guerra Mundial.
Mecanique Celeste 2. La Source
Menuda fue la sorpresa que, hace tres años, nos llevamos con la ‘Mecánica celeste‘ de Merwan Chaban. Tanto, que pese a lo que muchos decían con respecto a su raquítico guión, no tuvimos problema alguno en colocarla en la selección de lo mejor de 2020. Más, cerrada como quedaba la historia de Aster, poco podíamos imaginar que su autor fuera a continuarla con un álbum que carga mucho más las tintas en el guión, como si el artista hubiera dado oído a los que hablaron en contra de la primera entrega y hubiera hecho un «agarradme el cubata». El resultado, algo inferior al primer volumen, es no obstante tan enérgico y asombrosamente bello como él. Y eso nos basta para incluirlo aquí. ¡Ah! Y lo tendréis disponible de mano de Nuevo Nueve en el primer semestre del año.
Musée
Como espacio museístico, creo que la transformación de antigua estación de ferrocarril a contenedor de arte hace del museo de Orsay uno de los más interesantes que he tenido la oportunidad de visitar. Y eso mismo tiene que haberle parecido a nuestro admirado Christophe Chaboute, que dedica su nuevo trabajo a dar alas a una curiosa idea: ¿Qué pasa cuando un museo se cierra y las obras de arte se quedan solas para poder hablar de cómo les ha ido el día? Tan intrigante premisa de partida da para un álbum en el que el autor combina sus habituales y siempre elocuentes silencios con páginas en las que, sorpresa, da paso a diálogos, algo que le hemos visto pocas veces y que aquí funciona a la perfección por lo mucho que permite explorar, de una parte, y desde la acidez, a aquellos que visitamos las salas de un museo y, de la otra, echándole gran imaginación, a aquello que departen estatuas y cuadros del Orsay, habiendo lugar aquí desde la risa —una de las estatuas intentando averiguar cómo diantres funcionan los aseos y para qué sirve el papel higiénico— a la reflexión o la melancolía. Todo ello envuelto, por supuesto, en el magnífico control de las luces y las sombras del que siempre hace gala el artista francés.
Notre Dame de Paris
Georges Bess nos dejó anonadados en 2021 con la dupla formada por sus adaptaciones de ‘Drácula‘ y ‘Frankenstein‘. Tanto, que hizo doblete en nuestros Premios, reconociendo desde aquí a la dupla de álbumes como mejores BD de dicho año y al artista como el mejor dibujante de BD. Sin saber si la tendencia que había comenzado con las aproximaciones a las obras de Bram Stoker y Mary Shelley encontraría algún tipo de continuación, la sorpresa ha sido monumental cuando este año nos hemos topado con la traslación de la inmortal obra de Victor Hugo a viñetas. Bueno, a viñetas, a unas páginas que son un dechado narrativo que mezcla diversas estructuras y que en la enorme edición de Glénat, igual que la de los dos álbumes anteriores, nos deja extasiados a lo largo de sus 200 páginas. Habría repetido doblete. Sí, lo habría hecho, pero algo se interpuso…
Desde que nos lo cruzáramos por primera vez, hace ya unos cuantos años, cuando dimos cuenta por primera vez de aquellos maravillosos álbumes que, junto a Morvan y Yann, le llevaran a ser el responsable de continuar con el legado de Franquin, Tome y Janry a bordo de las aventuras de Spirou y Fantasio, siempre hemos estado en perpetua admiración de cuanto José Luis Munuera ha desarrollado en este mundo del arte secuencial que tan de cabeza nos trae siempre. Después de aquellas aventuras, que publicara Planeta y que esperamos como agua de mayo de mano de ese integra que no parece llegar, Munuera nos deleitaría con ‘El juego de la luna‘ o con ‘Fraternity’ antes de despuntar, como autor completo, con la diversión a raudales y la aventura a manos llenas que fue ‘Los Campbell‘, una saga pirata plagada de humor «a lo Astérix», llena de ideas magníficas y de personajes carismáticos que demostraba, fuera de toda duda, que el murciano era capaz de cargar sobre sus hombros con la tarea de sacar adelante un proyecto en solitario.
Una virtud esta que, desde entonces, le hemos visto cultivar con los tres álbumes dedicados a ‘Zorglub‘, con ese ‘Bartleby, el escribiente‘ que le servía el pasado año para encontrarse entre los nominados al Premio Fancueva al Mejor Dibujante Español y que, en lo que respecta a este 2022, encuentra de nuevo acomodo en la impresionante adaptación de una de las dos obras por excelencia de Charles Dickens que el lorqueño se ha sacado de la chistera. Una adaptación que despertaba no pocas dudas en el que esto suscribe por cuanto, ¿qué más se podía decir sobre la que, probablemente, haya sido la obra más trasladada a otro medio del inmortal literato inglés?, y que, tras una lectura de una sentada, intensa y sobrecogedora como ella sola, despeja cualquier duda acerca de la capacidad de Munuera para atreverse a reinterpretar al relato sobre Ebenezer Scrooge y la Navidad en la que lo visitarán tres fantasmas.
La decisión que toma Munuera para apartarse de manera más o menos radical de cuantas versiones hemos podido ver y leer de ‘Cuento de Navidad’ es de esas que habrá hecho arquear más de una ceja entre los que hayan tenido ya la fortuna de acercarse a este volumen: Scrooge ya no es un viejo ávaro y codicioso completamente deshumanizado que descubrirá, a través de los fantasmas del pasado, presente y futuro, que no hay mejor forma de terminar sus días que compartiendo la dicha de su riqueza con los que menos tienen. No. Para Munuera, Scrooge es una mujer que piensa que cualquier sensibilería es una «paparrucha», que vive su existencia aislada de todos, que gasta un mal carácter de aúpa y que, cuidado, ha llegado a donde está por ella misma y no piensa ceder ni un ápice del terreno avanzado por mucho que la visiten los fantasmas que sean.
Al convertir a Scrooge en Lady Scrooge y aportarle la inmensa cantidad de matices que confiere al personaje, no sólo por el hecho de ser mujer, sino por ser la mujer empoderada y determinada que es, Munuera convierte de un plumazo al relato de Dickens en uno que resuena en muchos más de los valores que le otorgaba el autor de ‘Oliver Twist’ a su creación, universalizando aún más si cabe su mensaje y actualizándolo en términos que sólo podemos calificar de geniales. Sin querer destripar mucho a los que queráis acercaros a ella —y QUERÉIS acercaros a ella, de eso no os quepa duda— sólo deciros que, por más que creáis que sabéis por qué derroteros va a discurrir este ‘Cuento de Navidad’, Munuera os tiene reservada alguna que otra sorpresa. Y no en la forma en la que lo hacían los fantasmas que atacaban a Bill Murray por voluntad de Richard Donner, sino de una manera mucho más sutil y, a la par, de muchísimo más calado emocional.
Un calado que, junto a Beka —la pareja de guionistas que descubriéramos, también de manos de Nuevo Nueve, con ‘Champignac‘—, y en una historia completamente original, aún llega más hondo con el primer volumen —esperemos que el primero de un buen puñado— de ‘El corazón de hojalata’. De acuerdo, hay mucho de lo que aquí plantean los tres autores que resuena muy cerca de mis filias por las constantes referencias que la historia hace a la adaptación de Jean-Paul Rappeneau del ‘Cyrano de Bergeraç’ de Edmond Rostand, una cinta maravillosa y portentosa con el mejor Gerard Depardieu que servidor haya visto en la gran pantalla que, aquí, es utilizada como intencionado apoyo para enmarcar una fábula futurista protagonizada por dos jóvenes en la búsqueda de un robot.
De carácter fabulado y con una hermosa moraleja de fondo, ‘El corazón de hojalata’ es una lectura intensa que, una vez se ha comenzado, es imposible abandonar. Responsable directo de ello, de la misma forma que lo es en ‘Cuento de Navidad’, es el arte de un Munuera que se alza, DESCOMUNAL, a hombros del guión con el que tiene que trabajar, ya sea este el de Dickens, ya el de Beka. Moviéndose en el álbum que publica Nuevo Nueve en una línea algo más «común» —todo lo común que puede ser algo salido del inconmensurable talento del español— que la que se observa en el volumen editado por Astiberri, es éste último confirmación superlativa de lo que el año pasado ya vimos en la adaptación de la obra de Melville, volviendo a insistir el artista en composiciones y juegos de luces que llegan incluso a superar la inabarcable maestría que observábamos en las páginas de ‘Bartleby’.
No queda duda, ante el despliegue de talento que José Luis Munuera lleva a cabo en los dos volúmenes que hemos tenido la dicha de poder leer en este tramo final del año, que estamos ante uno de los nombres fundamentales para entender el tebeo español actual. Ya sólo nos resta aguardar impacientes a la próxima genialidad que quiera regalarnos y esperar que, en la inminente votación al Mejor Dibujante que os propondremos en breve, Munuera encuentre más apoyo de aquél con el que ya contó en 2021. ¡Todo depende de vosotros!
Por lo que he podido leer por ahí —y entiéndase tan vaga indicación precisamente como, eso, por algunos lugares de la red— ‘Bartleby, el escribiente‘ está generando actitudes algo polarizadas que, sin llegar a tachar al trabajo de Munuera de infecto o magistral, sí que cuestionan, no tanto el trabajo gráfico de un artista que da aquí, en mi humilde opinión, un do de pecho de categoría inabarcable, sino la elección por parte del murciano de un relato tan poco agradecido para su traslación a viñetas como el que Herman Melville publicaba a mediados del s.XIX, un cuento que es considerado como una de las mejores obras del artífice de ‘Moby Dick‘ pero que, más allá de ciertas connotaciones que podrían ser de perfecta aplicación a la sociedad de hoy, tan diferente de la de hace centuria y media, deja muy poco poso en el lector.
Dichas connotaciones, que hablan de las posibles consecuencias de la pasividad llevada al extremo, resuenan con cierta fuerza en una sociedad que, en según que extremos, ha dejado de buscar la excelencia para acomodarse en la mediocridad más flagrante y de la comodidad a la pasividad que planteaba Melville en su relato hay sólo un par de pasos mal dados, de ahí que, hasta cierto punto, hay quien pueda encontrar en estas 80 páginas y en la elección de Munuera del texto original la clara intención de servir de acicate de conciencias dormidas y de elevarse como altavoz de una parte de nuestra sociedad que pasa de puntillas por su existencia como si nada de lo que sucede a su alrededor tuviera algo que ver con ella.
Si uno no es capaz, o no quiere ver eso que apuntamos en el párrafo anterior, y se queda sólo en la superficie de lo que ‘Bartleby, el escribiente’ propone, aún podrá dejarse extasiar por unas planchas de Munuera que, con toda honestidad, me parecen las más sobrecogedoramente bellas que le haya visto al artífice de ‘Los Campbell‘: sin perder en ningún momento su personalísimo estilo a la hora de concretar a los variopintos personajes que conforman el reducido elenco de la narración, Munuera tira de colores apagados y tonalidades poco agraciadas para reforzar la sensación de apatía y opresiva monotonía que hace presa en el Bartleby protagonista. Ello, que en otro artista menos hábil habría jugado en detrimento de la calidad final del producto, abre en manos del español todo un infinito mundo de delicadas veladuras y de portentosos juegos de luces, y es todo un gustazo, una vez se ha dado cuenta de la historia, volver a pasear la mirada por las páginas, dejándonos llevar por el mero hecho pictórico, y aprehenderse de la belleza y poética que aquéllas exudan.
En la espléndida recuperación de títulos que Dolmen lleva haciendo con la colección Fuera Borda, ahora le ha tocado el turno a una que, personalmente, llevaba bastante tiempo esperando por lo completista que suelo tender a ser cuando se trata de alguno de mis artistas favoritos. Y, claro está, José Luis Munuera lo es desde hace mucho, tanto como el que ha transcurrido de la aparición de los dos primeros álbumes de ‘Los Potamoks’ en la edición que de ellos hiciera la difunta versión española de Glénat. Los 18 años que han transcurrido hasta este momento han dado de sí para muchos Munueras diferentes, unos más acertados —o más cercanos a mis filias— como ‘El juego de la luna‘, su doble incursión en el universo de ‘Spirou’ —la lejana en la serie matriz, la cercana de ‘Zorglub‘— o la espléndida ‘Los Campbell‘; otros menos acertados —o menos cercanos a mis filias— como ‘Fraternity‘ o ‘Sortilegios‘ —aunque en estos dos el motivo de mi «rechazo» tuvo que ver casi de manera exclusiva con el guión.
Pero en todo lo que a lo largo de los años había ido apareciendo, faltaba el hueco que debía venir a llenar este ‘Merlín‘ que ahora nos trae la editorial mallorquina. Un trabajo que muestra en el dibujo a un Munuera a medio camino entre sus primeros pasos y su estilo asentado y que, con guiones de Joan Sfar, nos acerca a las imposibles aventuras de un mago infante, un cerdo parlanchín y un troll con dos neuronas mal contadas en el contexto de una Inglaterra imaginada y fantástica en la que hay lugar para todo tipo de anacronías, sobre todo en unos diálogos descacharrantes que recuerdan, en cierto modo, a la cinta que Disney produjo allá por principios de los sesenta y que, por el tratamiento que daba al mentor de Arturo, parece encontrarse en la base de lo que Sfar pone aquí en juego.
A caballo entre el cómic decididamente infantil y el de tonalidades algo más adultas —muchos de los diálogos e ideas que se cruzan por las páginas no se entienden sino es bajo la óptica y el bagaje de un adulto—, ‘Merlín’ es un híbrido extraño que encuentra su mejor valedor, no cabe duda, en el magnífico trabajo de Munuera: de acuerdo, como decía antes el artista que encontramos aquí todavía está explorando las vías en las que asentar su estilo, pero ya se puede apreciar mucho de lo que hace a una página de las que vemos aquí «una página Munuera», con la característica caricaturización a la que somete a sus personajes como mejor seña de identidad del murciano. Huelga decir que su presencia es justificante más que sobrado para acercarse a este volumen que, como viene siendo habitual en la colección, se completa con un nutrido epílogo de extras que no hacen sino enriquecer la experiencia de la lectura, dejándonos asomarnos a los bastidores de la elaboración de un tebeo loco y divertido a manos llenas.
Diversión y entretenimiento a tope parecen ser las únicas máximas que José Luis Munuera se ha impuesto a la hora de trazar el recorrido que ‘Zorglub‘, este genial spin-off de ‘Spirou y Fantasio‘, lleva hasta la fecha con tres álbumes en los que el humor, las constantes coñas, las innumerables bromas y guiños y la acción trepidante han sido más que un denominador común una seña de identidad, no ya de la cabecera —que también— sino de la personalidad que el español suele imprimir a sus trabajos, y sólo habría que asomarse a la espléndida ‘Los Campbell‘ para apercibirse de lo que estoy diciendo: salvando las distancias en cuanto a temática, claro está, mucho de lo que viéramos en la serie de piratas que publicara Dibbuks sigue presente en esta propuesta que, suponemos, tiene que estar encandilando a las cabezas pensantes de Dupuis cuando continúan dando carta blanca a nuestro compatriota para hace y deshacer a placer con el hilarante y descerebrado villano creado por Franquin hace ya más de sesenta años.
Manteniendo su vigencia desde entonces gracias a las puntuales reapariciones en los diversos álbumes que los diferentes equipos creativos que han pasado por ‘Spirou y Fantasio’ han tenido a bien incluir —la última, en el número 52 de la longeva colección, firmado por Yoann y Vehlmann—, esta nueva encarnación en solitario del archienemigo de nuestros héroes está sirviendo a Munuera para explorar muchas más facetas que las que suelen mostrarse en la serie central, humanizando a este tipejo con ínfulas de conquistador mundial que, seamos francos, si nunca ha llegado a conseguir completar sus planes es porque es un desastre con patas que termina saboteándose a sí mismo cualquier posibilidad de triunfo. Algo de eso hay aquí cuando, en su afán por alcanzar nuevas cotas criminales, Zorglub inventa la manera de copiarse a sí mismo y, atendiendo a la petición de un mafioso ruso admirador de Elvis, trata de hacerse con el ADN del Rey para clonarlo.
Pero, como se desprende en la portada —y por el título del álbum— en ese crear copias suyas, Zorglub genera una que atiende a su lado femenino y nace así una Lady Z que, esperemos, siga dando el mismo juego que aquí se saca de la chistera un Munuera que, en lo que a dibujo y narrativa se refiere, sigue superando cotas anteriores en una suerte de perpetuo proceso de auto-superación: dinámico a más no poder, el trabajo del murciano sirve una y otra vez a un propósito único, el de dejarnos con la boca cuanto más abierta, mejor. Y no lo digo ya por el nuevo desplegable cuádruple que se ha convertido en una de las señas de identidad más espectaculares de ‘Zorglub’, sino por la imaginería que en estas páginas se nos ofrece, asentando todo lo que habíamos visto hasta ahora en los dos volúmenes previos y dejando claro que, si así lo quisieran los mandamases de la poderosa editorial francesa, no habría mejor artista que él para hacerse cargo al completo de ‘Spirou y Fantasio’ y devolver a la serie a un nivel —el que tenía cuando él ya estuvo a bordo de la misma— que hoy por hoy está bastante deslucido.
Ya dejamos claro, cuando nos ocupamos del primer volumen de ‘Zorglub’ hará cosa de casi un año —y si no os quedó claro, volved a leer la reseña, no me seáis vagos— que la vuelta de José Luis Munuera a un universo, el de Spirou, en el que había dejado pretérita e imborrable huella, era tan a celebrar como soberbio terminaba siendo el trabajo que el murciano concretaba en un álbum desopilante que, sin exagerar, «podría ser considerado, casi sin dudarlo, como su mejor trabajo hasta la fecha «.
Y bajo esa misma premisa, con casi los mismos argumentos y repitiendo similares apreciaciones es como tendríamos que referirnos a ‘Zorglub. El aprendiz de malo‘, segundo álbum de una serie que ya tiene vida propia muy, pero que muy alejada de la matriz de la que surgió y que, en esta ocasión, sirve a Munuera para sacarse de la chistera a Zodrick, un jovenzuelo imberbe, gafotas y de 10 años que, queriendo ser malo, y pretendiendo aprender de su adorado Zorglub, va a hacérselas pasar canutas a un mentor a la fuerza que es imaginado por el artista español aún más torpe que lo que ya lo viéramos en la aventura predecesora.
La combinación entre el niño, que es un genio de mucho cuidado, el tontaina redomado que es Zorglub y esa hija biónica llamada Zandra que ya conociéramos hace doce meses, da lugar a situaciones descacharrantes, a momentos en los que es imposible contener la risa y a «secuencias» que parecen pensadas por el Munuera guionista para dar rienda suelta a que el Munuera dibujante pueda lucirse a placer…¡¡y vaya si lo hace!!: volviendo a repetir un desplegable cuádruple de esos puestos ahí para que los lectores babeemos a placer, las planchas de este ‘El aprendiz de malo’ demuestran que el lorqueño está en un momento inigualable de su trayectoria. Un momento que esperemos no acabe y continúe ofreciéndonos a sus seguidores lecturas tan frescas y chispeantes como la que edita Dibbuks con su usual calidad.
Era algo que ya apuntábamos hace más de un año cuando, en febrero de 2017, comentábamos en las líneas dedicadas al cuarto álbum de ‘Los Campbell’; que, tal y cómo dejaba José Luis Munuera planteado el trasunto, todo parecía indicar que las muy divertidas y alocadas aventuras de esta singular familia de piratas tocarían a su fin con la quinta entrega. Dieciocho meses después, y sin tener confirmación oficial de si así será, si estas 64 páginas ponen fin a la saga que nos ha tenido tan entretenidos y que ha hecho olvidar los sinsabores de ‘Sortilegios’, hay varios detalles de ‘Las tres maldiciones’ que parecen apuntar a que, efectivamente, este volumen publicado por Dibbuks es la despedida del artista murciano de tan genial microcosmos.
El primero nos lo encontramos nada más abrir, empezar a leer, y comprobar como Munuera echa mano del socorrido recurso de mover la acción a varios años en el futuro para después desarrollar el grueso de la historia a modo de inmenso flashback. Apuntando esos primeros compases la tremebunda sorpresa que, acontecida en el grueso de la narración, chilla de manera más evidente acerca del talante de conclusión de estas 64 páginas, es la última viñeta, y en el único bocadillo de texto que en ella aparece, donde servidor quiere ver de manera más taxativa el deseo del artista de pasar página y volcar esfuerzos, probablemente, en sucesivas entregas de esa ‘Hija de Z’ de la que hablábamos por aquí allá por marzo.
Ese «La vida sigue. La vida sigue…» —tranquilos, no os estoy desvelando nada al transcribir de forma textual el citado bocadillo— con el que Munuera da puntada última a una saga que arriesga, y mucho, en las páginas que conforman este ¿álbum final?, parece ser toda una declaración de intenciones de un dibujante y guionista que sigue dando un do de pecho en unas planchas soberbias a las que, como siempre hasta ahora, sientan de maravilla el superlativo trabajo de Sedyas en los colores. Sea como sea, volvamos a ver o no los colores piratas de los Campbell, quedan ahí un quinteto de volúmenes que son ejemplo asombroso de la mejor versión de sí mismo que José Luis Munuera es capaz de dar. Y eso, queridos lectores, ya es motivo más que suficiente para asomarse a una historia que ya quisieran haber tenido disponible para adaptarla los responsables de ‘Piratas del Caribe’. Hoist the colors!!!!
No sé si lo habréis visto. Y si es que no, aquí estamos nosotros para que, para empezar, pinchéis en este enlace y os dejéis asombrar por lo que Dibbuks tiene preparado para este 2018 en lo que a Spirou se refiere. Impresionante, ¿verdad? Está claro que hacerse con los derechos de publicación en castellano del legendario personaje de Dupuis es de los mejores movimientos que la editorial comandada por Ricardo Esteban ha hecho desde que comenzara su andadura, y a la vista de lo que los chicos de la casa madrileña nos reservan para los próximos meses, no cabe más que aplaudir desaforadamente el que, tras tantos años de sequía y de ediciones que no estaban a la altura de las circunstancias, las aventuras de Spirou estén contando con volúmenes tan asombrosos como los integrales o, por qué no, como este que nos ocupa hoy.
Cuestión obvia si de Dibbuks se trata, la calidad y el cuidado que ponen desde la editorial en que todos sus productos sean dignos de tener en las manos y, por supuesto, de figurar en nuestra tebeoteca, es algo que queda puesto de relieve ya por el cromado plateado del canto y el logotipo de este primer álbum de ‘Zorglub’, ya por el papel de alto gramaje en el que se imprime una historia que, si ha de ser celebrada por cuanto es la primera vez que la legendaria némesis de Spirou cuenta con proyecto en solitario, aún más por ser el regreso de José Luis Munuera a un universo en el que ya dejó profunda huella cuando se hizo cargo de la serie regular en los álbumes 47 al 50 publicados originalmente por Dupuis entre 2004 y 2008.
Aliado con Jean Morvan a los guiones, ya entonces dejó claro Munuera que el testigo de la sucesión al frente del personaje, que cinco años antes habían dejado en el aire los enormes Tomé y Janry, no podía haber encontrado mejor heredero que el artista murciano: con un estilo propio que ya habíamos podido disfrutar en ‘Los Potamoks’ y que, desde entonces, se había depurado sobremanera, el trazo de Munuera se adaptaba a la perfección a lo que los lectores de Spirou siempre tenemos como claro referente de las aventuras del personaje —y no hace falta que diga que me refiero a Franquin, ¿verdad?—, ofreciendo todo un recital de buen hacer que dejaba el pabellón muy alto para quien viniera después.
Desde entonces, los que disfrutamos sobremanera con su incursión en el universo del más famoso botones del tebeo europeo, soñábamos con que el español volviera a hollar en tan fértiles terrenos, pero lo que ni nuestros más fantásticas ensoñaciones podían imaginar es que el regreso de Munuera, en lugar de producirse en las páginas de la cabecera regular toda vez Yoann y Vehlmann la abandonaran, o en alguno de esos álbumes especiales con historias autoconclusivas que tan buenos ratos de lectura nos está dejando, fuera a tener sitio en un spin-off con ese villano de pacotilla que siempre ve como sus planes son impedidos por la acción de Spirou y sus inseparables Fantasio y Spip.
Firmando como autor completo —algo que demuestra la suma confianza que los responsables de Dupuis tienen en el lorqueño—, no debería extrañar a nadie ver a Munuera haciéndose cargo de unos guiones cuando sabemos, y sabemos de sobra, que escribir historias es algo tan suyo como dibujarlas. Y no hay mejor prueba de ello que ‘Los Campbell’, la serie de piratería de la que ya hemos hablado por aquí en las cuatro ocasiones que nos ha brindado Dibbuks y que se establece, al menos en ciertos parámetros, como perfecto punto de partida para lo que la historia de ‘Zorglub’ ofrece si a lo que nos referimos es a un humor fresquísimo y a un ritmo de acontecimientos constante e in crescendo: no contento con poder hincarle el diente de manera aislada a tan suculento personaje, Munuera se saca de la chistera de prestidigitador a una hija que, si los hados quieren, debería terminar cruzando sus caminos con los de Spirou.
Y es que el potencial que alberga Zandra, y lo que de ella se revela en estas magníficas 64 páginas, es más que probable que de para muchas y muy memorables historias en el futuro. Y si ese futuro está dibujado por Munuera, tanto mejor, porque lo que aquí le vemos al artista podría ser considerado, casi sin dudarlo, como su mejor trabajo hasta la fecha: con el imprescindible color de Sedyas auxiliándolo en alcanzar sin despeinarse una calificación de sobresaliente, el trazo dinámico y caricaturesco tan característico del dibujante entra en perfecta y constante sincronía con el discurrir de la acción, permitiéndose Munuera el gustazo de un desplegable central ¡¡cuádruple!! con el que babear a placer.
Ante el genial alarde que aquí hemos de contemplar, sólo restan añadir dos afirmaciones: ¡¡que AVIV BULGROZ!! y, mucho más aún, que ¡¡¡AVIV AREUNUM!!!
Considerando que es una serie a la que, desde que apareciera su primer volumen allá por mediados de 2014, ya le hemos dedicado tres entradas, cabría pensar que nada nos queda por decir —al menos nada novedoso— sobre ‘Los Campbell’, la cabecera de aventuras piratas llena de humor y acción que ha tenido ocupado a Jose Luis Munuera junto con ‘Sortilegios’ durante los cuatro últimos años. Cabría pensarlo, sí, pero eso sería si ante nosotros no tuviéramos al talento incomparable del artista lorqueño y estuviéramos hablando de otra creación que no fuera una que a cada nueva entrega ha sido capaz de subir por lo menos un escalón con respecto a la anterior para continuar enganchando a los lectores que a ella se acerquen. Es más, si de esos escalones hemos de hablar, ninguno como el que podemos encontrar en las páginas de este ‘El oro de San Brandamo’, un álbum magnífico que, lamentablemente, a la luz de lo que se lee en su última página, es preludio del que parece será la conclusión de las andanzas de la familia Campbell.
Mientras aguardamos con una mezcla de impaciencia y desgana dicho final —impaciencia por saber qué pasara con tan geniales personajes, desgana por el mero hecho de que, cuando llegue, si es que es verdad que es el final, quizás no haya más Campbell en el futuro del artista español— quede claro que, ya en dibujo y en el magnífico color de Sedyas, ya en el guión, el cuarto álbum de ‘Los Campbell’ es una de esas lecturas que, de agradecidas, se pasan en un suspiro: imprimiendo un giro más a una historia cuyo cierre, como dejaba entrever, se antoja como poco apasionante, es en los desternillantes diálogos y en esa constante sensación de estar ante un hijo espiritual de ‘Astérix’ donde el trabajo de Munuera sigue triunfando en lo que a su faceta de guionista corresponde. Harina de otro costal es, como siempre, lo que el murciano es capaz de resolver en unas planchas asombrosas a las que hay que asomarse de forma indefectible. De no hacerlo, estaréis dejando atrás la posibilidad de adentraros en las páginas de unas aventuras como pocas ha habido en los últimos tiempos en el mundo del noveno arte. Palabra de bucanero.
Lo afirmamos en la entrada que dedicamos, allá por julio de 2014, a su primer volumen. Volvimos a hacerlo, con más intensidad si cabe, en la que destinamos a comentar lo que la segunda entrega daba de sí hace poco más de un año. Y ahora, con el tercer álbum en las manos, no podemos dejar de reiterar, para empezar, que con’Los Campbell’, esta historia de piratas llena de humor y fantásticas aventuras, José Luis Munuera ha tocado techo…al menos en lo que respecta al amplio recorrido por el que le hemos visto transitar hasta el momento, claro está. Porque, si algo dejan claro las páginas en constante avance y mejora de ‘Los Campbell’, es que la personalidad inquieta y siempre a la búsqueda de algo más del artista murciano todavía tendrá mucho que ofrecernos tras esta cima que ha encumbrado.
Una cima que, como también hemos dicho en las dos ocasiones que hemos hablado de ella, recuerda mucho al humor ágil, dicharachero y directo que Goscynny y Uderzo gastaban en los mejores álbumes de Astérix y que, combinado con la estructura capitular y anárquica que Munuera lleva trabajando desde ‘Inferno’, provoca que la lectura de cualquiera de los tres volúmenes aparecidos hasta la fecha se haga de forma tan sumamente veloz, que la sensación de haber consumido algo que deja con ganas de muchísimo más va a la par de la de habernos acercado a una genialidad de esas que nos alegran nuestra existencia de comiqueros.
Y si muy responsable de dichas sensaciones es un guión que continua alternando las aventuras en tiempo presente de la familia Campbell con el paulatino descubrimiento de cómo se forjó la fama de su patriarca en un pasado que se antoja apasionante a cada nueva aparición, qué decir —que no hayamos dicho ya— del acabado gráfico que Munuera destila en las planchas de un álbum fantástico en lo que a dibujo respecta. Y sí, podría volcarme ahora en volver a describir un estilo que grita su nombre a distancia y que el español ha sabido pulir hasta los extremos que podemos ver aquí; pero no lo haré. En su lugar, os invito a que seáis vosotros los que descubráis cuanta grandeza encierran las 56 páginas de cualquiera de los tres tomos de ‘Los Campbell’ y os adentréis en un micro-cosmos soberbio en el que, esperemos, Munuera tenga a bien seguir navegando durante mucho tiempo.
Ya lo dijimos con motivo del primer álbum editado por Dib-buks allá por mediados del año pasado: lo que José Luis Munuera ponía en juego con ‘Los Campbell 1. Inferno’ no sólo corroboraba —como si hiciera falta hacerlo— que el murciano es uno de esos autores que nunca defraudan, sino que esta espléndida incursión del artista en los terrenos de las aventuras piratas se saldaba con unos resultados brillantes que en no pocos momentos recordaban a las de Astérix y Obélix, haciendo gala las páginas del volumen de un sentido del humor y la acción muy similar al que Goscinny y Uderzo plasmaron en su inolvidable y legendaria creación. Holgaba decir entonces que, a la luz de lo que se nos narraba en las 56 páginas, nos quedábamos con ganas de muchísimo más, de saber cómo se iría desarrollando el misterio que envuelve a los dos hermanos Campbell y qué sucedería con los miembros de tan peculiar familia.
Afortunadamente, la editorial no nos ha hecho esperar en exceso y, algo más de medio año después podemos acercarnos a una continuación que sirve de confirmación plena de todas aquellas sensaciones que dejaban las páginas de su predecesora. En ‘Los Campbell 2. El terrible pirata Morgan’, Munuera continua con la estructura en pequeños episodios y con la rítmica alternancia temporal, prestando en esta ocasión más atención al pasado de los personajes que a un presente que no avanza en exceso o que, cuando lo hace, no comporta mayor relevancia. Ahora bien, que nadie se lleve a engaño, el hecho de que el álbum vuelque sus esfuerzos en asentar las bases que definen a los «actores» de esta historia de bucaneros no hace sino reforzar la clara impresión de que Munuera sabe muy bien lo que se trae entre manos en su faceta de guionista, planteando con semillas breves lo que es seguro que dará espléndidos frutos. Quizás la acción peca de previsible en ciertos momentos, pero dadas las abundantes referencias del género, es un mal menor completamente perdonable.
Para lo que no hay que esperar —no había que hacerlo ya en la anterior entrega— es para poder admirar las planchas que el artista español continua regalándonos en ‘El terrible pirata Morgan’: con ese estilo inconfundible de figuras estilizadas y caricaturizadas que ha ido puliendo hasta perfeccionar en grado sumo, una narrativa clara que sabe como manejar a la perfección el ritmo y un tratamiento cromático excelente aportado por Sedyas, que las páginas de ‘Los Campbell’ son de lo mejor que ha salido del lápiz de Munuera es algo constatable con tan sólo echar un rápido vistazo a cualquiera de las que conforman una lectura entretenida a rabiar que intriga y provoca la carcajada con la misma facilidad y que —como me suele gustar decir— deja con ganas de muchísimo más.
P.D: Por cierto, no sé si será casualidad o un velado homenaje, pero el título de este álbum es clavado —si exceptuamos el nombre— a una de las líneas de diálogo de Fezzik en la magistral ‘La princesa prometida’. Si es así, gracias José Luis :)