Etiqueta: Salvador Larroca

  • ‘Patrulla-X Extrema: Un nuevo comienzo’, días del presente alterado

    ‘Patrulla-X Extrema: Un nuevo comienzo’, días del presente alterado

    A veces es difícil precisar cuantas son las agrupaciones distintas de los X- Men, la Patrulla X para los lectores más clásicos, que se han paseado por las páginas de algunos de nuestros cómics favoritos, cambiando por el camino de apelativo, uniforme y por supuesto de componentes, en una evolución continua y diversidad que se mantiene hoy en una a ratos inabarcable cantidad de títulos mensuales. Pero aquellos que se engancharon o más bien reengancharon a los cómics mutantes al filo del 2000 sin duda recuerdan con especial cariño a la Patrulla-X Extrema o Xtreme X- Men que llegaron de la mano de uno de los grandes guionistas de la franquicia, Chris Claremont, y un dibujante de la talla de Salvador Larroca.

    Panini nos trae una sorpresa: el regreso de ambos al frente de este título emblemático en el que sería ya su tercer volumen en un recopilatorio de sus cinco primeros números. Su arranque es pura carne de nostalgia: Kitty Pryde, ya lejos de esa niña que conocimos, se enfrenta a un demonio que creía haber dejado muerto y enterrado hace años: Ogun. Creyendo vivir una auténtica pesadilla en la que varios de sus mejores amigos son asesinados a sangre fria por este monstruo con katana, llegado de una de las mejores etapas del personaje, la que vivió junto a Logan en Japón en la que pasó de ser una niña a una auténtica guerrera, ésta demuestra no ser sino un potente ataque psíquico que va a reunir a toda una alineación de lujo. Tormenta, Bishop, Pícara, Gámbito y por supuesto Lobezno y Rachel Summers mediante, acudirán entre otros al rescate de una de las mujeres X más carismáticas, aunque sea sólo para descubrir que deben enfrentarse a nunca amenaza mucho más grande y que incluye a enemigos como la estratega Sanzu o Bruto-bestia (…en fin), una auténtica fuerza de la naturaleza capaz de moler a golpes al más pintado.

    Patrulla-X Extrema: un nuevo comienzo‘ no podría hacer más honor a su nombre. Con una historia que nos remite continuamente al pasado de nuestros héroes, a sus fuerzas y debilidades, mientras asistimos a una auténtica batalla campal que se pierde entre la fuerza de los elementos, de la lluvia y los truenos a la nieve en unas escenas de gran fuerza, esta es una historia que aunque resulte atractiva a los nuevos lectores sin duda está más enfocada a los lectores más veteranos, que van a vivir un reencuentro en toda regla con nuestros héroes, y que nos permite valorar sobre todo cuanto han madurado estos sin perder sus raíces, haciendo hincapié sobre todo en unos lazos que se notan fraguados a lo largo de décadas, aunque en su cronología interna haya pasado poco más de una década.

    Con un Salvador Larroca que sigue demostrando ser uno de los mejores en lo que hace, que exhibe aquí un buen, aunque sutil, rediseño de personajes y elegancia en el trazo, esta es una obra que aunque no deje excesiva huella (pero es algo que quizás no debamos alejar de vista en un futuro) en la continuidad sí constituye un reto emocional para algunos de los personajes más populares de la casa, recordándonos por el camino por qué lo son. Un cómic imprescindible para completistas del universo mutante en una obra lejos de Krakoa de sabor añejo y una buena propuesta para aquellos que se han incorporado como lectores potenciales en los últimos años. Este no es sólo un nuevo comienzo: es un buen comienzo

    Patrulla-X Extrema: Un nuevo comienzo

    • Autores: Chris Claremont y Salva Larroca
    • Editorial: Panini
    • Encuadernación: Rústica
    • Páginas: 120 páginas
    • Precio: 15.50 euros
  • ‘La Patrulla-X 2 & 3’, a Milligan no le gustan los mutantes

    ‘La Patrulla-X 2 & 3’, a Milligan no le gustan los mutantes

    Probablemente es la única ocasión en que vais a leerme una afirmación como esta, así que afinad bien vuestros ojos porque: hete aquí un tebeo de Salva Larroca en el que el dibujante está muy, pero que muy por encima de lo que el guionista despliega. Es más, es que si no fuera por el artista español, otro gallo sería el que ahora mismo estaría aquí piando. No sé si coincidiréis conmigo en que, en su momento, ‘La Patrulla-X‘ tocó fondo cuando Chuck Austen se hizo cargo de ella. Si sois de esos, de los que pensáis que ninguna bajeza fue más honda que lo que el guionista perpetró con los hombres y mujeres X, entonces idos preparando, porque lo que Peter Milligan cuajó en su estancia en la cabecera es de un nefario que asusta: el escritor, que no se caracteriza precisamente por meteduras de pata del calibre que podemos leer aquí, traza a todos los personajes fuera de lugar porque a la historia le viene bien, y todo lo que contienen estos dos Must-Have que hoy reunimos bajo esta reseña se siente como si alguien que no tuviera ni pajolera idea sobre mutantes estuviera escribiendo tebeos de mutantes. Nos resistimos a pensar así porque, diantres, ‘X-Statix‘, pero de verdad os decimos que tienen mucha tela los niveles de bajeza que aquí se llegan a explorar.

    Como da un poco igual por dónde cojamos los dos volúmenes, que el resultado es el mismo, vayamos por orden en un breve desgranado de lo que aquí cabe encontrar. Primero, tenemos a los X-Men en modo culebrón del malo en unos números que, prácticamente sin acción, presentan a una nueva fémina mutante que se lanza a los brazos de Gámbito mientras éste se ve tentado por que su amor eterno, Pícara…bueno, ya sabemos lo que pasa con pícara. Hay una revelación, bastante «chunga» y, después de ella, las cosas dan un giro incluso a peor. Cuando termina el arco de cuatro números, ya no estamos preguntando eso de ¿Podría esto ser peor que lo que hizo Austen? Y con esa pregunta en los labios pasamos al arco ‘Reino salvaje’, que al menos tiene la virtud de contar con Reginald Hudlin como guionista de la mitad correspondiente a Pantera Negra, equilibrando en cierto modo lo que Milligan sigue sin conseguir.

    Cerrado un primer volumen que, insistimos, tiene en Salvador Larroca su mejor valor —la idea de hacer al Hombre de Hielo semi-transparente nos parece genial— pasamos a un segundo tomo que refuerza la impresión de que Milligan nunca había leído un cómic de ‘X-Men’ antes de escribir estos X-Men: su forma de caracterizar a los personajes está completamente fuera de lugar; las historias son, a falta de un epíteto menos agresivo, estúpidas; los personajes toman decisiones que se nos antojan, como poco, improbables —¿en serio Gámbito como un jinete de Apocalipsis? ¿EN SERIO?— y en general hay tanto que raya en lo ridículo que no sabemos qué estaría pasando por la cabeza del guionista, ni de los editores de La Casa de las Ideas para permitir que esto fuera publicado. Al menos, y cerramos el párrafo y la reseña como la empezamos, el dibujo de Larroca —y el de Roger Cruz en menor medida— permite que, de así quererlo…y vais a quererlo, creednos…pasemos las páginas disfrutando de esta versión del estilo del español que, con aguadas y colores directos sobre sus lápices y una espectacularidad constante que contrasta de frente con lo inane del guión nos lleva a pensar que, en efecto, podríamos estar ante el mejor trabajo del valenciano. ‘Nuff said!!!!

    La Patrulla-X 2. Arresto domiciliario & La Patrulla-X 3
    La sangre de Apocalipsis

    • Autores: Peter Milligan, Salvador Larroca et al.
    • Editorial: Panini
    • Encuadernación: 2 vols. cartoné
    • Páginas: 184/232 páginas
    • Precio: 20/25 euros
  • ‘El Invencible Iron Man de Fraction y Larroca 1’, escindido

    ‘El Invencible Iron Man de Fraction y Larroca 1’, escindido

    Sé que no son formas de comenzar una reseña, pero prefiero hablar del elefante en la habitación nada más comenzar para así, con el polvo sacudido, poder centrar el discurso sobre esta etapa de ‘El invencible Iron Man‘ que aquí comienza a recopilar Panini en torno a lo que nos interesa. Así que, sin más: Salvador Larroca. No es la primera vez que me veo en la diatriba de tener que hablar del trabajo de nuestro compatriota. Diatriba porque, joder, a sabiendas de lo que cuesta poner en pie una página de un cómic, y considerando que Larroca es uno de los pocos dibujantes actuales —por no decir el único— capaz de dar el callo mensualmente sin faltar cada treinta días a la cita que tenga con la colección de la que se esté ocupando, tener que referirme siempre a él como ese nombre del que huyo cuando lo veo en una portada no es un trago agradable. Pero, lo queramos adornar como lo queramos adornar, es la cruda realidad: nunca me gustó el Larroca de los comienzos, allá por principios-mediados de los noventa; nunca me gustó el Larroca que evolucionó a partir de ahí y que sí supo captar la atención de los muchos lectores que valoraron —y siguen teniendo en mucha estima— su incursión junto a Chris Claremont en los ‘X-treme X-men‘; y no me gusta el Larroca de los últimos tiempos, ese al que nos hemos referido recientemente en cualquiera de las dos reseñas que hemos dedicado a la nueva cabecera de ‘Alien‘ y que, estático e hierático, basa gran parte de su trabajo en las referencias fotográficas.

    Huelga decir que todo lo que hemos podido afirmar sobre él en las reseñas de la citada serie sobre el xenomorfo más famoso en la historia de la cultura popular se aplica aquí punto por punto con la salvedad de que, en términos de diseño de tecnología y en lo que respecta a las muchas encarnaciones de la armadura que Matt Fraction le obligará a dibujar derivadas del muy exigente guión que escribe, este ‘El Invencible Iron Man’ resulta mucho más que correcto. Pero, saliendo de ese ámbito, volvemos a encontrar las mismas trabas que, una y otra vez, provocan nuestro distanciamiento de Larroca, ya sea por la comentada estaticidad de su narrativa, ya por lo hierático de sus personajes o, por supuesto, por la molesta distracción que es encontrarse con Josh Holloway, Nicole Kidman, James Coburn o Danny De Vito como decisiones del particular «casting» que el valenciano lleva a cabo para los protagonistas de la acción —y, cuidado, que tan pronto tienen toda la cara de los citados actores que dejan de tenerla sin ninguna razón aparente.

    Considerando todo lo anterior, y a sabiendas de la suma relevancia que servidor suele dar a la faceta visual de un tebeo —una vez más, no estamos hablando de una novela, esto es un medio visual y, como tal, debería siempre atender a factores de extremo cuidado, no tanto de la historia que se cuenta, que también, sino de cómo se cuenta— supongo que resultará cuanto menos sorprendente que, llegados a este punto, afirme de lo imprescindible que resulta esta cabecera para cualquier amante, no ya del cómic de superhéroes, sino del cómic en general. Y, claro está, si hay que buscar un responsable último —y casi único— de esa necesariedad de leer las 500 páginas que conforman este primer Ómnibus, lo encontramos en el nombre de Fraction, un guionista que ha sabido conjugar trabajos de lo más dispar a lo largo de su trayectoria y que alterna algunos de los mejores tebeos de superhéroes que ha conocido el Universo Marvel de los últimos 20 años con algunas de las series independientes más arriesgadas y francamente «molonas» que nos han llegado por medio, sobre todo, de Image —y estoy pensando, no cabe duda, en ‘Casanova‘ o ‘Sex Criminals‘.

    El planteamiento de Fraction para con Iron Man pasa por este primer volumen a través de dos tramos muy bien diferenciados: un primero en el que Tony y su armadura tendrán que hacer frente a la amenaza del hijo de Obadiah Stane —en un claro ejemplo de cómo permea el UCM hacia las viñetas y viceversa— y que discurre ante nuestra mirada raudo como el viento, cargado de energía y preso de un ritmo endiablado; y un segundo que se prolonga a lo largo de un año y que, de todas todas, deja a ‘Las cinco pesadillas’ —el título elegido para el primer arco argumental— a la altura del betún: con un Norman Osborn que trata de manera denodada e implacable de quitar de la ecuación a Tony, Maria Hill y Pepper Pots por los medios que sea necesario, lo que escribe Fraction en ese año de la colección es de tamaño calado que no os extrañe si os pasa como al que esto suscribe y no podéis apartar la vista de lo que va sucediendo hasta haber dado completa cuenta de ello. Siempre he contado a Matt Fraction como uno de esos escritores al que pocas veces le ha fallado el pulso, pero creedme cuando os digo que el superlativo thriller de espionaje que se saca de la chistera el guionista podría establecer una conversación de tú a tú con ‘El soldado de invierno‘ de Ed Brubaker y quedarse tan pancho. Dimanando esa grandeza, no sólo de las más llamativas ideas sino del tratamiento de personajes y de cómo maneja Fraction a Tony a través de su lado más vulnerable, no podemos sino insistir en que os acerquéis de inmediato a este ‘El Invencible Iron Man de Fraction y Larroca’…si no es uno de los dos mejores títulos de Iron Man que hayáis leído en vuestras vidas…que baje Stan Lee y os aclare un par de cosillas. ‘Nuff said!!!!

    El Invencible Iron Man de Fraction y Larroca 1

    • Autores: Matt Fraction y Salvador Larroca
    • Editorial: Panini
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 504 páginas
    • Precio: 55 euros
  • ‘Alien. Reanimación’, arquetípica postal con xenomorfo de fondo

    ‘Alien. Reanimación’, arquetípica postal con xenomorfo de fondo

    Ya dijimos, cuando hablamos de ella a finales del año pasado, que esta nueva encarnación que habían tomado en Marvel los xenomorfos que Ridley Scott introdujera al imaginario colectivo allá por 1979, había sido una «lectura pasable con algún instante afortunado y un final bastante previsible que deja, quizá no sin ganas de más, pero sí con la incógnita de si lo que venga a continuación superará o no lo aquí narrado». Pues bien, sin más dilación, despejemos dicha incógnita: no, no lo supera; de hecho, este ‘Alien. Reanimación’ se queda, si cabe, por debajo de lo que Philip Kennedy Johnson había puesto en pie enAlien. Linajes‘, y termina por apartar de nuestro foco de interés de una cabecera que no hace nada por la franquicia debido a su insistencia en iterar, de forma muy somera, sobre las mismas fórmulas ya vistas en cualquiera de sus instancias pasadas, ya sea en la gran pantalla como en lo mucho que, en viñetas, ha sido publicado desde los años 80.

    De hecho, la premisa de la que parte el guionista para ‘Reanimación’ suena, y mucho, a la que Vincent Ward preparó para ‘Alien 3‘ pero, en la vorágine de decisiones que se tomaron —algunas malas, otras peores que eso— en el descalabro que fue la cinta firmada por David Fincher, se descartó como demasiado arriesgada: en lugar de una estación espacial hecha de madera y poblada por monjes, que era lo que Ward postulaba para su magnífica excentricidad, Kennedy Johnson apuesta por una colonia de gente muy religiosa que se ve amenazada por la presencia de los xenomorfos. ¿Añade ese detalle algo a la trama? Podéis apostar que no. Es más, es que en esa persistencia por utilizar ideas de la tercera entrega de la saga, se echa también mano de que los alien cambien su fisionomía dependiendo del mamífero en el que se gesten. Lo cuestionable de las decisiones tomadas desde el guión se aplican al dibujo, responsabilidad de nuevo de un Salvador Larroca que, echando mano otra vez de demasiadas referencias fotográficas, insiste en una práctica que hace sus personajes demasiado hieráticos como para empatizar con ellos y que provoca que el apelativo que más nos acuda a la memoria para calificar su trabajo sea el de estático. El ‘Alien’ de Marvel no funciona, menos mal que, cuando pasemos a dar cuenta de lo que ya hemos podido leer con Depredador de protagonista, la cosa cambiará bastante. Pero, para saber por qué, aún tendréis que esperar un poco.

    Alien. Reanimación

    • Autores: Philip Kennedy Johnson, Salvador Larroca
    • Editorial: Panini
    • Encuadernación:Cartoné
    • Páginas: 176 páginas
    • Precio: 23 euros
  • ‘Alien. Linajes’, nueva vida para los xenomorfos

    ‘Alien. Linajes’, nueva vida para los xenomorfos

    Si bien no tengo reparo alguno en admitir que la apuesta inicial de Dark Horse por trasladar el universo que Ridley Scott comenzara a modelar en 1979 en la gran pantalla, se saldaba con, al menos, un par de historias soberbias y una continuación de ‘Aliens‘ mucho más digna que la que pudimos ver de manos de David Fincher en 1992, he de confesar asimismo que, en su versión impresa, los tebeos que nos llevan a ese futuro lejano en el que la humanidad se ve amenazada por los xenomorfos diseñados por H.R.Giger nunca ha sido santo de mi devoción. No os equivoquéis, no es por un purismo mal entendido incapaz de aceptar algo más allá de los 24 fotogramas por segundo con los que el cineasta británico primero, y James Cameron, después, levantaban dos de las mejores cintas de ciencia-ficción de la historia del cine. Mis inconvenientes tienen mucho más que ver con el hecho de que, de todas las historias impresas a las que he tenido acceso a lo largo de las últimas tres décadas, ninguna ha hecho mella en mi determinación de considerar que, fuera del cine, Alien no tiene nada nuevo que ofrecer. Y por más que lo que Philip Kennedy Johnson levanta aquí sea muy digno, os adelanto ya que lo que el guionista consigue no logra «bajarme del burro».

    Ahora bien, más que en lo que a él corresponde, de lo que hablaremos en un instante, es sobre lo que a Salvador Larroca compete donde servidor encuentra mayores dificultades para disfrutar de esta nueva vida que Marvel ha querido inyectar a la franquicia después de que los derechos sobre la misma revertieran en Disney tras la adquisición de 20th Century Fox: es un secreto a voces que, de la hornada de artistas que dieron el salto al mercado editorial yanqui durante los noventa, Larroca siempre ha sido mi piedra en el zapato. Nadie le niega su asombrosa capacidad para poder hacerse cargo de una serie mensual sin despeinarse, pero la evolución de su estilo, desde unos comienzos que ya no me convencían hacia su actual yo, tremendamente hierático y tan apoyado en referencias fotográficas, ha terminado por hacerme rechazar de pleno cualquier proyecto en el que se implique, por muy atractiva que la idea pueda parecerme. Sé que es algo completamente personal y, probablemente, no compartido por muchos de vosotros, pero la antipatía que despiertan en mi las viñetas del valenciano conforma una barrera que, hasta ahora, se mantiene infranqueable.

    Bajo esta tesitura, podréis comprender que, aunque Kennedy Johnson hubiera destilado oro en su guión, servidor no estaría en disposición, por mucho que tirara de mi versión más objetiva, de valorar en su justa medida este ‘Alien. Linajes‘. Desafortunadamente, no es el caso y el trabajo del guionista de ‘El último dios’ se ajusta a lo que uno espera encontrar en una historia con el xenomorfo de por medio, echando mano el escritor de una incursión en una estación espacial en órbita en la que se está experimentando con las peligrosas criaturas y utilizando, como uno de los personajes principales de la acción, al manido Bishop. El resultado, una lectura pasable con algún instante afortunado y un final bastante previsible que deja, quizá no sin ganas de más, pero sí con la incógnita de si lo que venga a continuación superará o no lo aquí narrado. Por si acaso, no vaya a ser que nos perdamos un tebeo fundamental, aquí estaremos para contároslo.

    Alien. Linajes

    • Autores: Philip Kennedy Johnson y Salvador Larroca
    • Editorial: Panini Comics
    • Encuadernación:Cartoné
    • Páginas: 160 páginas
    • Precio: 22 euros
  • ‘Monsters Unleashed’, divertimento de fácil consumo

    ‘Monsters Unleashed’, divertimento de fácil consumo

    En todo grupo de amigos «frikis» hay temas recurrentes de conversación, discusiones que tienden a volver para nunca acabar y reflexiones que forman parte de lo que nos une y siempre están ahí para recurrir a ellas y reforzar el vínculo que lleva años construyéndose. De entre todas las que podría ahora mismo apuntar con mi «pandilla» de Sevilla, en la que está incluido nuestro compañero Mario, la que mejor viene al caso es aquella que sacamos a colación siempre que una película nos ha vendido algo que al final sólo era humo. Dicha reflexión viene a decir, más o menos, que ojalá muchos directores hicieran gala de la honestidad que detentó Guillermo del Toro cuando filmó ‘Pacific Rim’. Porque ¿qué prometía ‘Pacific Rim’? Robots gigantes dándose hostias como panes con monstruos gigantes. ¿Y qué nos dio ‘Pacific Rim’? Pues ni más ni menos que robots gigantes dándose hostias como panes con monstruos gigantes.

    Así las cosas, es obvio preguntarse ¿qué espera uno cuando se va a adentrar en la lectura de ‘Monsters Unleashed‘? Pues superhéroes del universo Marvel dándose hostias como panes con monstruos gigantes. Y, ya que estamos, cabría reiterar ¿qué encuentra uno cuando se ha adentrado en ‘Monsters Unleashed’? Superhéroes del universo Marvel dándose hostias como panes con monstruos gigantes mientras otros monstruos gigantes del universo Marvel vienen a echarles un cable. Sin trampa ni cartón. Eso es lo que Cullen Bunn y los cinco artistas elegidos para esta miniserie ponen en pie en una historia de acción non-stop que, llegado el momento, debería haber cesado en su empeño de meter páginas de diálogos explicativos y haberse centrado en aquello a lo que realmente ha llegado el lector: a ofrecer combates imposibles entre personajes imposibles.

    No me malinterpretéis, los hay, y a patadas, pero toda la cuestión que rodea a Kai, un niño imbuido de poderes por las nieblas terrígenas de los Inhumanos que es capaz de convocar criaturas fantásticas con tan sólo dibujarlas, llega a cansar un poco porque, vale, se admite que sea el motor de la intriga, pero llega un momento que cansa. Eso sí, no tanto como para arruinar el entretenimiento que supone ver a Leinil Francis Yu, Salva Larroca, Adam Kubert, Steve McNiven y Greg Land pasárselo bomba dibujando bichos de lo más estrafalario. ‘Monsters Unleashed’ es la perfecta definición de proyecto Marvel que no lleva a ninguna parte y que sólo se entiende desde la concepción de puro divertimento de la faceta más comercial de La Casa de las Ideas. Y, a ver, ni tan mal ¿eh? ‘Nuff said!!!!!!

    Monsters Unleashed

    • Autores: VVAA
    • Editorial: Panini Comics
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 192 páginas
    • Precio: 24 euros
  • ‘Lobezno. Blanco, negro y sangre’, variado cóctel

    ‘Lobezno. Blanco, negro y sangre’, variado cóctel

    Mucho más cultivado en DC que en Marvel, el mundo de las historias autoconclusivas ha encontrado de un tiempo a esta parte su mejor exponente en el Black Label de la editorial de Batman y Superman. Mientras, La Casa de las Ideas sigue más preocupada por seguir cultivando una continuidad que ya es inabarcable que en hacer accesible a sus personajes a nuevos lectores mediante relatos cerrados, y sólo aquí y allá nos ofrece a los lectores —los de siempre, los nuevos— «remansos de paz» en la forma de cabeceras como esta ‘Lobezno. Blanco, negro y sangre‘, colección inaugural de una idea que ya ha encontrado ramificaciones, no sólo en Marvel, sino en la distinguida competencia, y que basa su efectividad en algo que el Black Label ha entendido a la perfección desde el principio: aludir a los más veteranos del lugar con historias cargadas de tonalidades adultas —y mucha violencia, claro— ignorando cualquier atisbo de continuidad más allá de la constante introducción de personajes de los que han ido poblando el microcosmos mutante desde hace décadas. A esta premisa se suma, alejándolo de la personalidad que caracteriza a la apuesta de Black Label, el que, en lugar de miniseries de un arco argumental definido, lo que aquí tengamos sean relatos cortos y equipos creativos de lo más variopinto y que, para aportar personalidad a la idea, todo se imprima en los tres colores que dan nombre a la cabecera: blanco, negro y rojo sangre.

    Aprovechando el talante único de la primera miniserie que Marvel dedicaba a esta línea que a saber cuánto le dura, Panini ha querido tirar la casa por la ventana y nos ofrece los cuatro números que la conformaron en su salida mensual en un lujoso Treasury que calca la edición que le han dedicado al proyecto allende el Atlántico. Un formato que se antoja tremendamente idóneo a todas luces cuando, entre los dibujantes que podemos encontrar en ‘Lobezno. Blanco, negro y sangre’ tenemos a nombres como Adam Kubert —no sería un tomo de Lobezno sin que el artista que mejor ha sabido entender al personaje dejara su improntaDeclan Shalvey, Joshua Cassara —que está haciendo…o estaba haciendo, que tengo muy perdidos de vista a los mutantes más allá de los ‘X-Men‘ de Gerry Duggan…un trabajo espectacular en ‘X-Force—, Chris Bachalo o nuestros Jesús Saiz o Jorge Fornés —lo siento mucho pero Larroca nunca ha sido santo de mi devoción—: al no haber más color que las manchas de sangre que el mutante canadiense va dejando por el camino, y al contar con un formato mucho más grande que el cómic-book, el trazo de dichos artistas —y por ende, claro está, el del resto de nombres que aquí se conjuganexplota con toda su fuerza en unas páginas que, por momentos, resultan ACOJONANTES.

    Ahora bien, donde el dibujo es de caerse de espaldas aquí y allá, los guiones no pasan de lo eficaz. Tampoco es que necesitemos mucho más cuando a lo que aquí hemos venido es a vibrar de lo lindo y a ver cuántas más salvajadas, mejor, pero hubiera sido de agradecer un pelín más de esfuerzo en términos generales para no hacer de la lectura un hecho que, a la postre, termina siendo un poco reiterativo. Hay quien podría pensar que, al estar contando con un personaje tan trillado como Lobezno, no podemos pretender que se encuentren muchos recovecos para la innovación. Y si bien no le faltaría razón, sólo haría falta girar un poco la mirada y dirigirla hacia el anteriormente citado Black Label para apercibirse de los hermosos frutos derivados de la libertad creativa que DC está dando a quienes en él entran. Sí, estamos especulando y no sabemos a ciencia cierta si La Casa de las Ideas habrá dado carta blanca a Donny Cates, Fabian Nicieza, Kelly Thompson, Ed Brisson, Saladin Ahmed, Chris Claremont, Gerry Duggan o Matthew Rosenberg; pero me inclino a pensar que así es dado que, por mucho que la brutalidad sea la norma en estas páginas, el detalle de que los tacos aparezcan como en ‘Astérix‘ es bastante representativo y, aún más que, nos pongamos como nos pongamos, estemos hablando de Disney…y de todos es sabido el férreo control que la compañía ejerce sobre todo lo que sale de ella. Sea como sea, no obstante, una lectura bastante molona en un formato que lo mola todo. ‘Nuff said!!!!!!!

    Lobezno. Blanco, negro y sangre

    • Autores: VVAA
    • Editorial: Panini
    • Encuadernación: Rústica
    • Páginas: 136 páginas
    • Precio: 19,95 euros
  • Los héroes volvían a casa: Capitán América y 4F

    Los héroes volvían a casa: Capitán América y 4F

    Entrelazados en nuestros recuerdos de manera íntima y muchas veces mutados por acción de los mismos en entes invidisibles, hay tebeos en los que no podemos pensar sin que a la memoria acudan raudas las circunstancias que envolvieron aquella primera lectura que capturó nuestra atención y que, en considerables ocasiones, se ha mantenido como única con tal de no mancillar la agradable impresión que entonces dejaron en nuestros pretéritos «yo».

    En el caso de las dos cabeceras que hoy nos ocupan, dichos recuerdos nos llevan a la Sevilla del segundo lustro de los noventa, a un estudiante de arquitectura, a sus paseos diarios hacia el centro de la ciudad para recoger a la que entonces era su novia —y hoy es su esposa— y a cómo dichos paseos le llevaban día tras día, de manera inexorable, a entrar una y otra vez en la desaparecida «versión» de Elektra cómics que, sita en la calle Zaragoza de la capital hispalense, se convertiría en pocas semanas en un auténtico lugar de peregrinaje y casi culto para un veinteañero que, viniendo de «provincias» nunca había conocido tiendas especializadas como aquella.

    De hecho, es de recibo agradecerle a Elektra el que formara parte fundamental en la formación del lector que hoy soy, sobre todo en lo que respecta a un mundillo yanqui que, conocido de forma muy limitada sólo a través de Fórum y Zinco, despertó a las grapas y tomos originales venidos desde ultramar en virtud de la gran cantidad de material que las dos encargadas de la tienda siempre pedían al margen de los abultados encargos que los clientes hacían sobre el Previews. Fue, de hecho, trasteando entre las muchas grapas que llegaban semanalmente, cómo descubrí primero, todo el trasunto del ‘Heroes Reborn‘ y, más tarde, cómo arribé poco a poco a las costas de lo que supusieron las diversas series de ‘Heroes Return‘. Series que, salvo la enorme ‘Vengadores, no había vuelto a revisar en las más de dos décadas que han transcurrido desde su publicación original y que ahora, gracias a Panini, tenemos disponibles en unos volúmenes formato Omnibus destinados a hacer las delicias de los lectores más talludos del lugar.

    Mark Waid y Ron Garney ya habían dejado su impronta en el vengador original. Tanto es así, y tan abrupta había sido la interrupción de su estancia a bordo del héroe de la Segunda Guerra Mundial que, como ya dijéramos en su momento, Marvel tuvo a bien volver a contar con ellos a bordo de las aventuras del Capi toda vez este regreso de la dimensión burbuja creada por Franklin Richards tras el evento Onslaught. Pero algo se perdió por el camino: el enorme brillo y desmandado lustre que los artistas habían imprimido a aquellos números que, aún hoy, siguen siendo paradigma de cómo manejar al personaje, quedaba ajado en una nueva etapa al frente del mismo que no terminaba de cuajar número tras número. Había genio, sí, y un muy buen hacer tanto de Garney como de un Andy Kubert que, en pleno estado de gracia, dejaría muchas planchas para el recuerdo —fijaos si no en la que corona estas líneas—, pero la toma de decisiones en lo que al argumento concierne no estuvo llamada a la solidez de instantes predecesores y las ideas de Waid tocaron fondo con la inclusión de un villano que no «pegaba ni con cola» en las páginas del Capi.

    Con especial ilusión y mucha más algarabía recibía mi yo de entonces la decisión de Marvel de contar con Alan Davis como el dibujante que reiniciara las aventuras de ‘Los Cuatro Fantásticos‘ en su camino de regreso a la normalidad: el británico era, por aquél entonces —y esto es algo que creo haber dicho a lo largo de los años con considerable ahínco— mi dibujante de cómics favorito, y cualquier cosa en la que aterrizara era objeto inmediato de mi más fervorosa atención hasta el punto de comprar grapas sueltas en las que sus lápices se limitaban a la portada. Tal pasión convirtió rápidamente a los tres primeros números de esta nueva etapa de la Primera Familia en objeto de constantes revisiones, aupados como estaban sobre los espléndidos hombros de un Scott Lobdell en perfecta forma. Pero, ay, al contrario de lo que pasaría en ‘Capitán América‘ —un sólo comandante, un par de dibujantes—, ‘Los Cuatro Fantásticos’, cambiaría muy pronto, no sólo a Davis por un funcional Salvador Larroca, si no a la frescura de Lobdell por lo anquilosado de Chris Claremont en un error que devino de bulto conforme el otrora genial guionista comenzó a hacer de las suyas.

    Revisada hoy, la estancia de Claremont al frente de las vidas de Reed, Sue, Ben y Johnny es de las más confusas y poco agradecidas que han conocido los personajes, y ni el efectivo trabajo de nuestro compatriota —que por aquél entonces ya demostraba ser de los pocos capaces de aguantar un ritmo de producción mensual, lograba —o logra— vencer la desidia que provoca un argumento enrevesado como pocos…menos mal que poco después llegarían Waid y Mike Wieringo y devolverían a los héroes al lugar que se merecían.

    Como sensación general, recalando en los lugares comunes que ambos tebeos dejan en el lector maduro de hoy, he de confesar que tanto ‘Capitán América. Servir y proteger‘ como ‘Los Cuatro Fantásticos. Vive les fantastiques!‘ no han envejecido necesariamente bien: no hay duda en que el triplete formado por Waid, Garney y Kubert gana la mano de manera ostensible con su trabajo en las enérgicas aventuras de Steve Roger a lo que plantean los cuatro artistas implicados en las de los «imaginautas» —por rescatar el término que acuñará Waid en su estancia a bordo de la familia Richards/Storm—; pero ninguna de las dos acumula suficiente ímpetu como para asentarse en el recuerdo más allá de aquellos instantes fugaces de curiosidad que despertaron en nuestras células grises aquellas grapas encontradas en los cajones de Elektra…‘Nuff said!!!

    Heroes Return. Capitán América

    • Autores: Mark Waid, Ron Garney y Andy Kubert
    • Editorial: Panini
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 328 páginas
    • Precio: 30,40 euros en

    Heroes Return. Los Cuatro Fantásticos

    • Autores: Scott Lobdell, Chris Claremont, Alan Davis y Salvador Larroca
    • Editorial: Panini
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 512 páginas
    • Precio: 42,75 euros en
  • ‘Los Vengadores de Jonathan Hickman 5. Adaptarse o morir’, portentosa imaginación

    ‘Los Vengadores de Jonathan Hickman 5. Adaptarse o morir’, portentosa imaginación

    Trascendido ‘Infinito’, ese evento del que hablábamos allá por julio y que, en términos de trascendencia posterior, ya dijimos que era de esas citas anuales de Marvel que uno podía obviar, Jonathan Hickman sigue construyendo lo que fue cocinando a fuego lento desde el principio de ambas colecciones de los Vengadores y, camino hacia las ya inminentes ‘Secret Wars’, demuestra con el material incluido aquí por Panini en este quinto Marvel Now! Deluxe dedicado a ambas cabeceras que si hay una cualidad que prima sobre otras muchas de las que cabría aducir al hablar de su estancia al frente de la formación de superhéroes, esa es sin lugar a dudas la gargantuesca imaginación del guionista y su capacidad para alzarse como una voz única y asombrosa en el tejido de la ciencia-ficción en el noveno arte.

    Porque, no sé si ya lo habíamos dicho en alguna otra ocasión, el desarrollo de las líneas argumentales paralelas que Hickman llevó a cabo con ‘Vengadores’ y ‘Nuevos Vengadores’, con esas incursiones de otros universos en el nuestro, la necesidad de los Illuminati de plantear drásticas medidas para evitar la destrucción de la Tierra —nuestra Tierra— o todo el trasunto en Marte con el que arrancó la acción en el número uno de ‘Vengadores’ es, página tras página, un tratado sublime de cómo escribir ciencia-ficción de altura que sepa entender, al mismo tiempo, la manera precisa de cubrir las necesidades propias de un tebeo de superhéroes al uso, con sus batallas campales y su testosterona por las nubes. Del perfecto maridaje entre ambas vertientes de la narración, nacen números como los que aquí se dedican a homenajear a aquellos cruces entre DC y Marvel que tanto abundaron en los ochenta y noventa —y que hoy, por la idiosincrasia de las multimillonarias empresas que gobiernan los destinos de ambas editoriales, serían poco menos que impensables—, sacándose de la manga el escritor a un grupo que es descarada copia de la Liga de la Justicia pero ingeniándoselas para que no podamos evitar alucinar con la forma en la que lo inserta en la acción.

    Quizás el considerable baile de dibujantes y los muy diversos estilos que cada uno traen a las dos series no sea el mejor respaldo al esfuerzo que lleva a cabo Hickman y, a excepción hecha del limitado puñado de páginas que firma Esad Ribic, ni la confusa narrativa de Simone Bianchi, ni lo limitado de Rags Morales o lo estático de nuestro ubicuo Salvador Larroca consiguen aupar a ‘Adaptarse o morir’ a lo que el volumen habría dado de sí en manos de un único artista —y sí, estoy pensando en Jerome Opeña, ¿alguna objeción?—, pero, a la postre, nada puede arruinar en exceso una lectura que se hace con interés en perpetuo crescendo por mera voluntad de una febril imaginación que, este año, ha llegado a cotas de una altura impensable con cierta dupla mutante llamada a redefinir ese rincón del universo Marvel de una forma que servidor jamás podría haber esperado. ‘Nuff said!!!!

    Los Vengadores de Jonathan Hickman 5. Adaptarse o morir

    • Autores: Jonathan Hickman y VVAA
    • Editorial: Planeta Cómic
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 264 páginas
    • Precio: 24,70 euros en
  • ‘Star Wars de Jason Aaron – Omnibus 2’, este tomo, variado y épico es

    ‘Star Wars de Jason Aaron – Omnibus 2’, este tomo, variado y épico es

    Fue publicarla, entrar a revisarla por última vez —cosa que hago siempre—, releer el último párrafo de la misma y darme cuenta de que aquello por lo que me quejaba, la ausencia de extras en un volumen de tal grosor, no era sino un pequeño defecto de forma por el hecho de que los dos Ómnibus en los que Planeta ha recogido la etapa de Jason Aaron al frente de ‘Star Wars’ provenían —y no sé cómo no caí en la cuenta antes, dada la extrema inclinación de Marvel a publicarlos en los últimos tiempos— del único volumen de más de mil páginas aparecido al otro lado del Atlántico. Inmanejables como ellos solos —si no habéis tenido alguno en las manos, por mis estanterías están pesos pesados como el ‘Big Damn Sin City’, el ‘Ex Machina’ o el ‘New X-Men’ y creedme cuando os digo que no son lecturas de las que uno se llevaría a la cama…a no ser que quisiera morir aplastado a poco que se le cayeran los párpados, claro— y aunque sus numerosos extras se hayan reservado para este segundo volumen, he de aplaudir la decisión de la editorial española de dividirlos por cuanto, en dicho proceso, en lugar de tener un mamotreto que pone en peligro nuestra integridad física, tenemos dos manejables tomos que poder leer con la tranquilidad de que no intentarán atentar contra nuestras vidas.

    Bromas al margen, decíamos en la reseña que dedicamos al primero que la mejor virtud que ostentaban las páginas del ‘Star Wars’ de Jason Aaron era:

    (…) la frescura y el preciso entendimiento que tiene el escritor de un universo con el que todos los que somos de la misma generación crecimos y vibramos cuando éramos unos enanos

    Y eso es algo que si quedaba más que demostrado en los 25 primeros ejemplares de la cabecera —los que recogía el primer ómnibus—, aquí se pone muchísimo más de manifiesto por la asombrosa variedad y lo fecundo de las ideas que el escritor pone sobre la mesa. Siendo muy sucinto en lo que respecto a ellas se puede avanzar, que en estas más de 500 páginas haya lugar para colocar a Yoda de inesperado alumno; para sacarse de la manga a una reina que se alimenta con la fuerza vital de sus súbditos —y que considera la energía Jedi como la más sublime—; para que R2 monte una misión de rescate por su cuenta de un C3PO que está preso en un destructor imperial o para que Sana y Aphra, las dos mejores secundarias que George Lucas jamás inventó, traigan de cabeza a los dos vértices masculinos del triángulo clásico definido por el cineasta en la trilogía original.

    En lo personal —siempre en lo personal—también comenté en la anterior reseña que era Stuart Immonen el artista que más me apasionaba de la formación de dibujantes inicial. Lo que no comenté fue que de los nombres que aparecían en dicha formación era nuestro Salva Larroca el que menos se acercaba a mis filias: sin poder restarle mérito a esa habilidad que lo equipara con Mark Bagley a la hora de ser de los pocos dibujantes capaces de responder incansables a la cita mensual que exige el ritmo de publicación normal de una serie yanqui cualquiera, nunca —y ese nunca se remonta a más de dos décadas atrás en el tiempo— me ha terminado de convencer la estaticidad de su narrativa o, de un tiempo a esta parte, lo muchísimo que sus viñetas se apoyan en la referencia fotográfica.

    Esto último, descarado en las páginas de ‘Star Wars’, termina no obstante convirtiéndose en la mejor decisión posible por parte de Larroca por cuanto, aunque chirría considerablemente en comparación con aquellos personajes que no cuentan con contrapartida de carne y hueso, consigue que nuestra implicación con unos personajes que no son meras caricaturas sino los mismísimos Mark Hamill, Harrison Ford y Carrie Fisher hechos lápiz y tinta, aumente considerablemente. Eso no quita, cuidado, para que su estilo se me siga antojando estático, pero es algo que aquí estoy dispuesto a perdonar por la espléndida elección que hace de las expresiones de la terna de actores. Completada su amplia incursión en la serie con aportaciones tan espléndidas como la de Marco Checchetto, no puedo sino volver a reiterar mi recomendación, ahora que el ‘Episodio IX’ ya está entre nosotros, de acercarse a esta galaxia, muy, muy lejana y completar los huecos de la trilogía original con estas muy apasionantes aventuras. May the force be with you.

    Star Wars de Jason Aaron – Omnibus 2

    • Autores: Jason Aaron y VVAA
    • Editorial: Planeta Cómic
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 520 páginas
    • Precio: 57 euros en
  • ‘Stan Lee visita el universo Marvel’, in memoriam

    ‘Stan Lee visita el universo Marvel’, in memoriam

    Que la influencia de Stan Lee en el noveno arte es casi inconmesurable es una obviedad del mismo calibre que el hecho de que, sin su presencia, hoy en día no tendríamos Universo Marvel tal y como lo conocemos. Responsable de la creación de más de ¿300 personajes? pocos autores —probablemente ninguno— podían presumir de haber levantado la práctica totalidad de una editorial y menos aún ser el directo responsable de todo un panteón de superhéroes que, bajo la tutela de Disney, ha llegado a poner una producción cinematográfica en lo más alto de la recaudación de taquilla de la historia. Pero el Stan Lee que conocíamos por sus entrevistas, sus apariciones en películas o sus cameos en la totalidad de las cintas que integran la Saga del Infinito que se cerraba con ‘Vengadores: Endgame’ no parecía estar emborrachado de éxito, sino más bien agradecido de haber tenido la suerte de estar en el sitio adecuado en el momento adecuado y con los dones precisos.

    Celebrando un año desde que nos dejara el pasado noviembre de 2018 a sus longevos 96 abriles, Panini recoge ahora en un volumen Deluxe los cuatro números que, entre 2006 y 2007 sirvieron a Marvel para rendir homenaje a su máximo impulsor y que, bajo el nombre de ‘Stan Lee Meets…’ nos mostraban el imposible encuentro de «The Man» con cinco de sus creaciones; a saber, Spider-Man, Doctor Extraño, La Cosa, Doctor Muerte y Estela Plateada. Cada número de los cinco, completamente independientes entre sí, se aviene a una estructura similar: una historia escrita por el propio Stan Lee en el que su versión dibujada se encuentra en las situaciones más hilarantes con sus creaciones —y aquí me quedo con lo descacharrante del número dedicado a Stephen Strange o lo igualmente desopilante de las conversaciones existenciales que mantiene con Norrin Radd—; una página doble de corte claramente cómico; una historia que cuenta con Lee como protagonista principal o secundario firmada por otros guionistas de renombre como Joss Whedon, Brian Michael Bendis, Jeph Loeb o Paul Jenkins y un número clásico de la colección que corresponde elegido, queremos entenderlo así, por su relación con algo de lo que se contaba en el relato principal.

    Lectura dicharachera que, en su alternancia, tiene su mayor virtud, ‘Stan Lee visita el universo Marvel’ es uno de esos volúmenes que, por su simpatía y variedad son capaces de ganarse hasta al lector menos proclive a hincarle el diente a un cómic de La Casa de las Ideas. Y si geniales son los pequeños relatos que escribe Lee —y dibujan nombres como Olivier Coipel, Alan Davis o Mike Wieringo— igualmente espléndidos son los que complementan a éstos, teniendo especial relevancia por lo especialmente bien escrito que está y por todo lo que transmite, el que firman Paul Jenkins y Mark Buckingham, todo un sentido homenaje a un hombre que, desde con su trabajo, supo prender la llama de la imaginación de incontables generaciones de autores que llegaron al mundo del arte secuencial después que él. Donde quiera que se encuentre, Sr. Lee, ¡¡¡EXCELSIOR!!!.

    Stan Lee visita el universo Marvel

    • Autores: VVAA
    • Editorial: Panini
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 240 páginas
    • Precio: 28,50 euros en