Tiempo ha que no nos asomábamos a un nuevo título firmado por Bastién Vivès. Los motivos para ello cabría encontrarlos en que, tras haber consumido ferozmente todo lo que nos llegó del autor francés después de descubrirlo con ‘El gusto del cloro‘, habíamos terminado algo hastiados de sus formas, tanto como para necesitar cierto distanciamento de las mismas al que hemos tenido que terminar renunciando por lo muy llamativo de la premisa de partida de este ‘Último fin de semana de enero‘, un título que evoca —al menos en nuestra memoria— al cine de la Nouvelle Vague y que, al tiempo, toma prestados ciertos patrones de Richard Linklater, aquellos con los que el cineasta construyó su trilogía en torno a los personajes encarnados por Ethan Hawke y Julie Delpy que, para esta ocasión, se transmutan en un autor de cómics de viaje en uno de los certámenes que se suceden todos los años en Francia y la esposa de un médico bastante aficionado al mundillo. Entre los dos surgirá algo que, sin que Vivès termine de etiquetarlo, por cómo mueve la acción en torno a ellos, puede asimilarse a una historia de amor…sin ninguna clase de almíbares.
Lejos del azucarado al que el séptimo arte suele someter a los relatos románticos —sí, lo sé, es una generalidad como un piano, espero la sepáis perdonar— Vivès apuesta por un realismo de formas que empapa toda la lectura de principio a fin. Bajo esa cualidad, sus personajes, definidos tanto por los precisos diálogos como por los aún más precisos silencios que abundan en la narración, se sienten tremendamente tridimensionales, una característica esta que no sólo acusan los dos protagonistas, sino todo «actor secundario» que aparece y desaparece del flujo principal de la historia. Una historia que, muy en la línea de lo que Vivès siempre nos ha ofrecido, dimana tanto de lo que se nos traslada de forma directa como de aquello que queda en elipsis entre las calles de las viñetas, exigiendo el francés, como ha hecho en mucho de su producción, un aporte extra por parte del lector para completar esos huecos y aportar al conjunto aún más contenido del que ya ostenta.
Siempre inquieto por las experimentaciones con el color, el tono apesadumbrado y cargado de melancolía que desprende ‘Último fin de semana de enero’ queda subrayado de forma permanente a lo largo de la narración por el uso de unos magníficos grises que, por mucho que queramos, no nos permiten zafarnos de la sensación de tristeza que, aún en los momentos «felices» del relato, inunda toda la experiencia. Unido a ello, el portentoso tratamiento del tiempo que hace Vivès, algo muy común a lo largo de toda su obra, permite que nos deleitemos a placer en cada página, y la calma que transmiten éstas, el lento destilado del romance y lo siempre maleable del trazo del autor, concitan un resultado brillante que coloca a este volumen entre lo mejor que nos ha llegado de su artífice. Considerando lo vasto de su producción y lo muy elevado de algunos de sus títulos, huelga afirmar sobre lo esencial de éste en la tebeografía de Bastién Vivès.
Último fin de semana de enero
- Autores: Bastién Vivès
- Editorial: Diábolo Ediciones
- Encuadernación: Cartoné
- Páginas: 190 páginas
- Precio: 24,95 euros


