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  • ‘Li´l Abner #6. Tiras diarias y dominicales 1945-1946’. Ancá los Youkum

    ‘Li´l Abner #6. Tiras diarias y dominicales 1945-1946’. Ancá los Youkum

    La ambiciosa edición de ‘Li’l Abner’ por parte de Diábolo Ediciones llega a su sexta entrega recopilando las tiras de prensa y páginas dominicales correspondientes al periodo comprendido entre 1945 y 1946 d. de J.C.

    Por esas fechas ‘Li’l Abner’ de Al Capp se publicaba en periódicos cuya tirada nacional alcanzaba la cifra de treinta y dos millones de ejemplares, el equivalente a un estadio de fútbol si sus asientos estuvieran ocupados por estadios de futbol más pequeñitos y llenos de gente hasta las manillas. Alcanzando con esta hazaña el tercer puesto del muy disputado podio del emporio de las tiras de prensa norteamericana. Venía publicándose desde 1934, los primeros años habían servido a Al Capp para consolidar el microcosmos de la tira, siempre con la pretensión de ser una sátira del hillbilly estadounidense, la variedad de paleto endémica de las zonas agrestes. Había construido Dogpatch, una pequeña aldea montañosa alejada de los tradicionales paisajes bucólicos y totalmente ajena al apogeo de la modernidad del área urbana. Los lugareños, a estas alturas de su andadura, ya están perfectamente definidos y son reconocibles al instante. Las dinámicas entre personajes, los guiños al lector y el aire despreocupado con el que el pequeño de los Yokum afronta cada nuevo imprevisto son las bases de una comedia que es frenética y disparatada en la misma proporción. Por todo lo mencionado, este humilde reseñista temía estar llegando tarde a la fiesta al comenzar la lectura de este clásico nada menos que por su intimidante sexta entrega; no podía estar más equivocado.

    Es frecuente entre lectores de cómics comenzar una serie avanzada ya su numeración, especialmente para lectores de superhéroes, para los que el número uno de la portada no garantiza que sea el comienzo de la historia que se cuenta. En el caso de las tiras de prensa la cosa es bien distinta, los nuevos lectores llegan literalmente a diario (guiño, guiño) y no precisan ningún conocimiento de lo anteriormente publicado para disfrutar plenamente de lo que la historieta les propone; ‘Li’l Abner’ es un excelente exponente de esta filosofía. Sin duda premia al lector fiel con sutiles referencias a historia previas, pero es extraordinariamente acogedora para lectores casuales de toda índole. Los forasteros son bienvenidos en Dogpatch, los habitantes son amigos por conocer, su estupidez es conmovedora y las tramas en las que se ven envueltos ridiculizan a la par que reivindican su idiosincrasia. Al Capp hace que te sientas cómodo desde el minuto uno y para entonces ya habrá conseguido hacerte reír.

    ‘Li’l Abner’ es una tira que se regocija en la ingenuidad de sus personajes, los hace miserables hasta lo rocambolesco, traza una línea difícil entre el humor negro y el absurdo que hace cómplice al lector aparcando el dilema moral resultante. Capp no se limita a hacer comedia con paletos en su hábitat natural o fuera de ella, en sus numerosas visitas a la gran ciudad; se sirve de los contrastes sociales para armar una comedia en un tono inocente que no deja títere con cabeza. Si hacer comedia sobre las condiciones de vida de ignorantes empobrecidos puede parecernos cruel, si retratarlos como conformistas supersticiosos carentes de ambiciones o expectativas se antoja del todo excesivo, entonces espera a leer la visión ultra cínica que nos brinda de la élite económica urbanita de aquellos años: Una colección de empresarios homicidas, millonarios clasistas y trepas sin escrúpulos con los que cualquier criptobro se sentiría identificado.

    La propuesta visual se mueve en la caricatura, en la línea de Eisner sin llegar al virtuosismo del autor de ‘The Spirit’ y con las limitaciones inherentes al formato; con tres o cuatro viñetas por tira. Un estilo que prioriza la figura frente al escenario, expresivo, dinámico y que aún hoy se mantiene fresco.

    Mención aparte merece el peso mediático con el que contó la tira en el momento de publicación original. La aparición eventual de celebridades como Frank Sinatra o Bob Hope entre otros, cuyo apoyo ayudó a promocionar la tira en la vida real. La campaña multimedia nunca antes vista iniciada con la venta de la partitura del tema musical ‘Don´t marry that girl’, con letras del propio Capp y participada por músicos de renombre. Hitos que confirman la transversalidad de Li´l Abner. Se llegó a convocar un concurso a escala nacional con premios de hasta 500 dólares en la que se animaba a los lectores a dar su interpretación de la infame Lena la hiena, personaje que era citado en la tira como poco menos que el horror encarnado y que Capp se negaba a mostrar para evitar herir sensibilidades. Miles de participantes (un millón según la revista ‘Time’) compitieron por captar la fealdad más objetiva y unánime en lo que a rostros se refiere. Con el aliciente de que las ilustraciones recibidas serían valoradas por un jurado igualmente terrorífico compuesto por Salvador Dalí, Sinatra y Boris Karloff.

    La edición que nos trae Diábolo es la única con la que ha contado en nuestro país, obviando algunas páginas que llegaron a ver la luz en la revista ‘El Globo’ o a la chapuza que hizo Eseuve. Cuenta con un formato de 38×29 cm, tapa dura y con las páginas dominicales reproducidas a color. El tamaño es… eh, perfecto, idóneo para deleitarse con la calidad del dibujo, el justo para que un boomer pueda leer los bocadillos sin echar mano de la lupa. El único problema se lo encuentro en el espacio físico que ocupa el tomo, es enorme. Me he visto obligado a instalar una polea para subirlo hasta mi casa a través del balcón, ya que no entraba por la puerta. Una vez dentro de casa he tenido que echar abajo uno de los tabiques para hacerle sitio junto a mi colección de banjos. Bromas aparte, una sesión de lectura equivale a tres series de cincuenta flexiones, lo que aglutina cultura, diversión y deporte en un mismo e irresistible pack, mens sana in corpore sano.

    Una edición de alto valor como la que nos presenta Diábolo tiene su coste, ajustado en términos de calidad precio, pero disuasorio para el mileurista de andar por casa. Diábolo apunta al bolsillo del coleccionista y ofrece una edición a la altura de sus demandas. Lamentablemente esto reduce el público efectivo de una tira popular de gran alcance e impacto. En Fancueva vemos el vaso medio lleno, (aunque no consigamos identificar la sustancia que contiene): animamos a los indecisos a desprenderse del pesado lastre de su guita; la obra lo merece y es más económica y placentera que la suscripción al gimnasio.

    ‘Li´l Abner #6. Tiras diarias y dominicales 1945-1946’

    • Autor: Al Capp
    • Editorial: Diábolo Ediciones
    • Formato: 38×29 cm, tapa dura, 248 págs. a color
    • Precio: 64,95 €
  • ‘Mi familia gorila’. Engorilarse es bien

    ‘Mi familia gorila’. Engorilarse es bien

    ‘Mi familia gorila’ sorprende por lo que es y por lo que cuenta. Sin duda su título es poderosamente llamativo y si te has cruzado con él en algún listado de novedades, o bien has tenido oportunidad de ojearlo en alguna librería, habrás pensado que se trataba de un panfleto antimonárquico de mal gusto; nada más lejos de la realidad.

    Por desgracia, es posible que hayas contenido ese primer impulso de llevártelo a casa, de adquirirlo o afanarlo si se tercia, amparándote en esa supuesta imparcialidad política que tanto defiendes y que aquí no viene a cuento. En serio, este manga no trata temas de la Casa Real de ningún país. Superada la confusión inicial, todavía podríamos coincidir en que el título de una obra no supone un reclamo suficiente para su compra, al fin y al cabo debemos poner unos límites a esta bendita curiosidad que nos está llevando a la ruina económica; es perfectamente entendible y disculpable que te rijas por un criterio. Pero solo porque estás leyendo estas líneas, lo que implica que todavía hay esperanzas para ti y para esa colección caprichosa de aleatoriedades a las que supeditas tus lecturas.

    Por lo general, aunque hay criterios para todos los criterios, los que utilizamos a la hora de gastar dinero no se aventuran en lo desconocido, como mucho ensanchan los márgenes de nuestra zona de confort lo justo para reafirmarnos, mientras nos mantiene en la inopia de todo aquello que escapa a nuestro conocimiento; es nuestro algoritmo personal. No es una presencia paternal sobreprotectora o un tirano de creación propia al que hayamos decidido obedecer. Se me asemeja más a un amante infiel al que el orgullo nos impide abandonar. Porque nuestro criterio frecuenta la cama de quienes los grandes grupos editoriales consideran rentables y en consecuencia trascendentes, nuestro criterio se arrodilla ante la opinión profesional y hace un oral a quienes le son presentados como grandes maestros, a la vez que se muestra libidinosamente permisivo con cualquier subproducto de la nostalgia. Nuestro criterio le hace cosas a Batman que ya quisieran nuestras parejas.

    Sin ir más lejos, tu criterio te ha impedido hacerte con un ejemplar de ‘Mi familia gorila’ y ha llenado tus estanterías de imprescindibles que nunca te apetece leer, esto es imperdonable. Pero como digo, estás aquí, así que ya has decidido que si el título no justifica su compra (y no puedes robarlo), habrá que buscar otra razón para hacerte con él. Y aquí estamos.

    ‘Mi familia gorila’ sorprende por lo que es. Siendo prudentes diremos que se trata de una recopilación de historias cortas de terror escritas y dibujadas por Ichiro Lijima, catorce para ser un poco más precisos. Pasemos por alto el hecho de que el autor no te suene ni de oídas, es normal teniendo en cuenta que estas historias vieron la luz originalmente en la revista Manga Black Punch, una publicación de medio pelo dirigida al público adulto del Japón de los años setenta, y su autor lleva décadas retirado del mundillo. La obra de Lijima no ha contado con ediciones Kanzenban, ni Tankobon, ni Budokan; no ha sido recopilada en tomos ni siquiera en Japón; tus amigos japoneses no conocen al tal Lijima, tus amigos japoneses son irrelevantes e inevitablemente imaginarios. Espero que empieces a ser consciente de lo improbable que era ver este material traducido al castellano, fácilmente podría reemplazar al argumento de los milagros termodinámicos.

    Hablemos de la naturaleza perversa de las historias que nos cuenta. El tono oscuro y desasosegante que impregna cada página nos recuerda a Hideshi Ino (‘La serpiente roja’), Shintaro Kago (‘Reproducción por mitosis’) o Junji Ito (‘Uzumaki’), por citar algunos ejemplos también en lo que a temática se refiere. Lijima mantiene el erotismo como una constante en todas las historias presentadas, sus guiones son delirantes e incorporan elementos de ciencia ficción y gore que bien podrían señalarlo como uno de los pioneros del ero guro, pero con los giros y finales inesperados tan característicos de los títulos de la norteamericana EC y la posterior Warren. Historias contenidas en este volumen como pueden ser ‘Planeta mujer’, ‘Un paladar extraordinario’ o ‘El alma regresa’ encajan en la estructura clásica de relato de horror con final inesperado que tanto se popularizó en occidente. Mención aparte al tono misógino general y hasta racista en el caso de la historia que da título al volumen, que más que escandalizar divierte por lo frívolo de su planteamiento y lo ingenuo de su lógica. Y Cito: “¡Los gorilas son superiores a los blancos, a los negros e incluso a los asiáticos!”.

    En lo estrictamente gráfico Lijima es un mangaka poco común, recuerda a Takao Saitô (‘Golgo 13’) en las facciones de sus personajes, su dibujo se percibe clásico, muy trabajado y no por ello menos tosco. Su narración se aleja de lo que encontraríamos en la mayoría de mangas, incluso en la actualidad, muchas viñetas por página y enfoque directo de la acción con poco espacio para los escenarios en los que transcurre. Si no lo hubiera leído en el prólogo final, no me hubiera aventurado a escribirlo aquí, pero es cierto que la influencia de Jack Kirby es palpable.

    En Diábolo lo han visto claro y nos han traído esta sorprendente obra como segunda incursión en el mercado manga, a la que ya precedió ‘La invasión de los hongos del espacio’ de Marina Shirakawa. Un manga atípico en todos los sentidos que se lee de un tirón y que encaja a la perfección con la necesidad de ofrecer un producto diametralmente opuesto a cualquier otro manga del escaparate. Y repito, no trata sobre la Familia Real.

    ‘Mi familia gorila’

    • Autor: Ichiro Iijima
    • Editorial: Diábolo Ediciones
    • Formato: Rústica. 15 x 21. 216 páginas B/N.
    • Precio: 19,95 €

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    Mi familia gorila

    • Ichiro Iijima
  • ‘Un puñado de historias de terror’, en modo ‘Creepshow’

    ‘Un puñado de historias de terror’, en modo ‘Creepshow’

    Es de esos recuerdos de la niñez, o temprana adolescencia, que uno no olvida con el paso de los años: acudir un viernes al videoclub, algo que durante mucho tiempo fue preciadísimo ritual, revisar unas estanterías que ya me sabía de memoria y, ¡¡albricias!! dar con un título que se acababa de incorporar y que, por cuestiones de edad o, con mayor recurrencia, porque no había llegado a ninguna de las tres salas de cine que había en mi ciudad natal, no había podido ver. Así fue, bajo es estricto esquema, como un buen día de viernes de hace muchísimos años —más de treinta y cinco y menos de cuarenta— servidor llevo a casa de sus padres una reluciente copia de ‘Creepshow‘, antología de terror que mis progenitores no habrían permitido que fuera a ver al cine pero que, bajo la laxa supervisión con que tenía permitido alquilar VHS —siempre que la calificación fuera la adecuada, claro—, terminó siendo consumida un par de veces en aquél pretérito fin de semana. Y me moló, claro que me moló. De hecho, marcó para siempre mi filia hacia las producciones cinematográficas o televisivas en formato antología.

    Bajo ese prisma, quedaría estrictamente justificado que este ‘Un puñado de historias de terror‘ capturara inmediatamente mi atención en cuanto Diábolo anunció su salida sino fuera porque había un componente de mayor calado en el volumen que hoy nos ocupa: el venir firmado por Santipérez. No en vano, el artista español, uno de los mejores ilustradores con que cuenta nuestra cantera gráfica, ya nos había conquistado, hace algunos años…tantos como 12…con aquél recopilatorio, también publicado por Diábolo, titulado ‘Various Horror Visions‘, en el que se recogían historias publicadas en la revista Cthulhu. Mucho se ha hecho esperar este nuevo volumen, pero nos quedaríamos cortos si sólo afirmáramos que la espera ha valido la pena. Porque, como siempre pasa cuando uno se asoma a las páginas de Santipérez, da igual que vengan en blanco y negro o en color —y aquí hay de las dos—, lo que se encuentra es un Bernie Wrightson hipervitaminado pasado por cierto filtro de Richard Corben. Como podréis suponer, la mezcla de esos dos titanes de la viñeta no puede dar nada que no sea poco menos que imprescindible.

    Haciendo del extremo malrrollismo norma obligada en estas páginas —si la portada no es ya claro indicativo de eso, esperad a ver lo que os aguarda en el interior de estas 96 páginas—, Santipérez nos lleva de la mano por incómodos recovecos de la más puerca humanidad, y diría que ningún ejemplo de los que contiene el volumen sirve de mejor escaparate de esta aseveración que el que lo cierra: bajo el manto de un color espectacular, Santipérez hace su propia versión del Dorian Gray de Oscar Wilde, cambiando hombre por mujer, época victoriana por actual pero dejando mucho de lo demás concentrado en una píldora envenenada que nos deja con las tripas retorcidas. Bueno, más retorcidas aún de lo que ya lo habrán hecho las páginas previas. ¡¡Y qué páginas!! Vamos, que sólo nos queda por apremiaros a que os hagáis con este volumen, que son pocas las ocasiones en que tenemos la oportunidad de disfrutar del arte de Santiago Pérez. De hecho, si queréis más…pasaros por una isla llamada Nabumbu…no os arrepentiréis.

    Un puñado de historias de terror

    • Autores: Santipérez
    • Editorial: Diábolo
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 96 páginas
    • Precio: 21,95 euros
  • ‘Don’t Spit in the Wind’, hijos de un Dios de plástico

    ‘Don’t Spit in the Wind’, hijos de un Dios de plástico

    No hay planeta B. Por mucho que se empeñen los negacionistas del cambio climático no hay un lugar mágico al que mudarse si este planeta se vuelve un bola de barro en la que la vida ya no es posible. Pero en el terreno de la ficción nos sobran planetas y lunas que visitar y colonizar…sólo que en el caso de ‘Don’t spit in the wind (no escupas al viento)nos quedamos en un pesimista punto intermedio en el que la humanidad opta por lo que se podría llamar el planeta A y medio, con una base espacial en órbita a la que mudarse mientras un puñado de valientes, o mejor dicho, de personas que necesitan dinero, permanecen en la antigua patria humana limpiando el que fue el planeta azul.

    Este cómic presenta un complicado futuro apocalíptico. Lejos de épicos escenarios propios del fantástico ‘Don’t spit in the wind’ nos conduce a un mundo que se ha convertido literalmente en un estercolero, pero que como siempre ocurre cuando hay humanos por medio, en algun momento aparece alguien dispuesto a sacarle beneficio. En este caso se trata de los Atomic Bros, una compañía que gestiona los residuos de un planeta que se ha convertido en inhabitable para el ser humano (amén de otros oscuros intereses por supuesto) aunque no para otros seres vivos que empiezan a prosperar. Así mientras unos se enriquecen y otros sueñan simplemente en escapar de allí (siempre hay un huequecito para el amor y la esperanza) algo extraño va a empezar a manifestarse en el planeta, algo que parece enloquecer a los animales que lo pueblan en lo que parece ser el preludio de algo más grande, mientras una extraña secta que adora al dios del plástico y pregona el apocalipsis puro y duro empieza a estar cada vez más desatada.

    ‘Don’t spit in the wind’ no carece de buenos elementos, como ese grupo de pirados pseudoreligiosos que es posible a más de uno le evoquen el universo Mad Max o unos personajes que aún careciendo de profundidad sí brillan en carisma, pero la verdad este volumen nos deja una sensación anecdótica, sin renunciar a cierto espíritu gamberro, que alegra el paladar pero no sacia en absoluto. Cierto que encontraremos un puñado de buenas escenas, pero el lector no puede evitar la sensación de que el resto del desarrollo de la obra es un mero puente circunstancial para dotar a estas de cierto contexto, sin evitar caer un poco en los tópicos.

    Con un dibujo con una intensa paleta de color (optando por los colores planos, eso sí) con un diseño orgánico y una tendencia a la desproporción intencionada que, si bien no conquista al primer vistazo, sí resulta tremendamente adecuado a la hora de presentar las inabarcable montañas de basura y sobre todo esos extraños animales y criaturas que van a ser clave para el relato y auténtica fuente de conflicto en un cómic que se pasa en un suspiro, dejándonos una sensación superficial a pesar de todo el trasfondo crítico que subyace sobre una historia que parte de esa destrucción del medio ambiente que amenaza con hacer la más negra de las distopías una realidad.

    Una propuesta original visualmente, aunque la historia no llega a dar el do de pecho. Cierto que nunca sobran los alegatos con más o menos mala leche que exponen como las malas decisiones globales pueden conducirnos a futuros no deseados pero un título tan poco sutil como ‘Don’t spit in the wind’ no sobresale…aunque tampoco desmerece de la media. Una propuesta llamativa para amantes acérrimos de la distopía…el resto quizás debiera acudir primero a los clásicos.

    Don’t Spit in the Wind

    • Autores: Stefano Cardoselli, Dan Lee
    • Editorial: Diábolo ediciones
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 110 páginas
    • Precio: 19.95 euros
  • ‘Melvin Monster 3’, buenas noches, señor monstruito

    ‘Melvin Monster 3’, buenas noches, señor monstruito

    En los cuentos de hadas siempre ha habido brujas y monstruos pero que estos seres infernales se conviertan en protagonistas de cómics o libros destinados al público infantil puede parecer algo relativamente reciente. Ahi están películas como ‘Hotel Transilvania‘ y sus secuelas, sagas de libros como ‘Ana Kadabra‘ (que no solo de Harry Potter vive el mundo brujeril) y por supuesto ‘Shrek‘, en la que el que se lleva la princesa es el ogro, mientras los aspirantes a príncipe quedan como auténticos villanos. Pero eso por supuesto no es una novedad, y aquí llega el volumen 3 de ‘Melvin Monster‘, último de la saga, un cómic con el que nos remitimos nada menos que a los años 60, para demostrarlo.

    A no muchos les sonará el nombre de su creador, John Stanley. Pero si digo que es también es el autor de ‘La pequeña Lulú‘ y escribió numerosos guiones para series como ‘El pájaro loco‘ o ‘Alvin y las ardillas‘ probablemente la cosa cambie. Stanley era un autor hecho al humor en varios campos, del slapstick a la parodia pasando por el más blanco más orientado a los niños, aunque tal como evoluciona el mundo quizás hoy no habría pasado la criba. ‘Melvin Monster’ es bien reflejo de esta capacidad, presentando Monsterville, una ciudad cuyo nombre no engaña, ya que está poblada por monstruos, y en la que habitan Melvin y sus padres Baddy (al que no le basta solo con ser un monstruo aterrador sino que además es un padre deplorable bastante aficionado a escurrir el bulto) y Mommy (que como su nombre indica no sólo es su mamá, sino también una momia) así como las brujas Pequeña Espanto (cuyo aspecto está lejos de su nombre) o la señora McGargoyle, a la que nuestro héroe lleva por el camino de la amargura con su insistencia de entrar en su escuela, el demonio de la guarda Damon, el cocodrilo antropófago Cleopatra y toda una pléyade de secundarios monstruosos, auténticos tópicos pero no carentes en absoluto de carisma.

    En una suerte de universo al revés en el que lo bueno es malo y viceversa pero en el que un Melvin al que le gustan las flores y hacer volar su cometa (de murciélago, eso sí) mantiene a pesar de todo su inocencia, las aventuras cotidianas se suceden, con actividades como trabajar de canguro, dar una píldora a un monstruo gigante o conseguir deshacer el típico hechizo de convertirse en rana. Todo en un auténtico derroche de humor con un buen equilibrio entre gags físicos, juegos de palabras y surrealismo puro (con escenas tan inclasificables como aquella en la que la madre de Melvin arrea varios escobazos al padre que ha encogido notablemente por un hechizo pero no por confundirlo con un ratón sino por que es sólo en estas circunstancias cuando puede vengarse de él) haciendo de esta una obra completamente disfrutable tanto para niños como para adultos.

    Pero si hay algo que llama la atención desde el primer momento es su dibujo, tan sencillo como espectacular. De trazo ágil y color básico, fruto de su distribución en formato comic book de rápido consumo, su apartado gráfico destaca en el diseño de sus personajes, puro cartoon, amoldándose a esos tópicos tan caros como las mandíbulas prominentes o las narices ganchudas, pero que dosifica con inteligencia.

    ‘Melvin Monster’ es un canto a la sencillez bien entendida. Historias cortas en las que el gag intermedio es tan importante como el broche final, y en las que conquista tanto dibujo como guión, aun dando en más de una ocasión vueltas a un mismo tema, como vemos en las incursiones continuas de nuestro pequeño héroe para conseguir una educación. Tan solo humor y unos monstruos que, más que miedo, dan ganas de llevarse a casa. Un cómic atemporal.

    Melvin Monster 3

    • Autores: John Stanley
    • Editorial: Diábolo
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 120 páginas
    • Precio: 29,95 euros
  • ‘¿De dónde vengo?’, adiós cigüeña, abeja, florecilla…adiós

    ‘¿De dónde vengo?’, adiós cigüeña, abeja, florecilla…adiós

    No es un secreto que los niños vienen sin manual de instrucciones, que ese viaje del bebé a la edad adulta es tan apasionante como difícil, y en ese camino un elemento tan importante como su bienestar físico es hacerles descubrir un mundo más lleno de preguntas que de respuestas. Entre ellas la del millón para muchos es de donde vienen los niños, un misterio para el que el adulto se ha servido en más de una ocasión de unas muletas en forma de tópicos que, a medida avanza el siglo XXI y atendiendo a una infancia que en determinadas materias parecen haber evolucionado más rápidamente que sus ancestros, resultan hasta sonrojantes. Desde ‘te trajo la cigüeña’ a ‘te encontramos debajo de una col’, con alguna frase que hoy roza de sobra lo políticamente incorrecto, pasando por eso de que los niños vienen de París (aquí no cuesta acordarse de ese Ned Flanders que hizo que sus vástagos nacieron en la ciudad de la luz para «no tenerles que mentir»), a esa fase dos en la que las abejitas y las flores eran las reinas de la función las cosas han cambiado mucho. Y libros como ‘¿De dónde vengo?‘, título de la nueva línea infantil Diabolín (de la editorial Diábolo por supuesto) orientada a los más pequeños de la casa, es buen espejo de las nuevas sensibilidades.

    Libro ilustrado, en ese formato que más de uno califica de cuento, pequeño, tapa dura y bonitas guardas ‘¿De dónde vengo?’ es uno de esos volúmenes de atractivo apartado gráfico que enseguida llama la atención de los niños, con unos vivaces dibujos de Aitor Eraña, de un estilo ligeramente más esquemático de a los que nos tiene acostumbrados su autor. Pero sobre todo es un título que no vacila en llamar las cosas por su nombre y presentar dos puntos muy importantes: que uno no debe tener miedo del propio cuerpo (esos granitos del despertar hormonal) y que cualquier hijo, sea el resultado de una noche de pasión, de la magia de un laboratorio o adoptado es fruto del amor, no importa si de una pareja, homo  o heterosexual, o de una única persona que les quiere y ha hecho todo lo posible por formar una familia.

    Estamos ante una obra que sabe presentar con sencillez más de un punto de vista sin dejar aspectos en el tintero (alguno podría decir que faltan aquellos adultos que optan por no tener hijos pero nunca hay que perder de vista que es un libro enfocado al lector infantil). Con una libertad total a la hora de presentar sus contenidos, sin vacilar cuando trata aspectos quizás más polémicos como los cambios propios de la pubertad y más cuando a ello añade la desnudez de unos personajes prototípicos que no ocultan ni sus sentimientos ni sus cuerpos (algo que quizás descoloque a más de un progenitor, pero que este caso no resulta algo ni invasivo ni gratuito. Y por si algún posible lector se lo está preguntando el apartado explícito de esta obra no va más allá de este punto) este es un libro que se adapta bien al concepto actual de qué es una familia y se convierte en una poderosa herramienta para generar diálogo entre padres e hijos.

    Si bien es una lectura que debería hacerse preferiblemente en grupo y tal vez debería enfocarse al niño que ya ha pasado la etapa de la escuela infantil (el preescolar de toda la vida) ‘¿De dónde vengo?’ es un libro que se presta a leerse más de una vez, disfrutando de sus ilustraciones y en distintas fases del crecimiento. Un volumen divulgativo y necesario que aunque simplifica y adapta la realidad a sus lectores renuncia a esconderse tras animalitos simbólicos ni escenas que se agradecen más en los cuentos de hadas. La sinceridad es una de esas cosas para las que no hay edad.

    ¿De dónde vengo?

    • Autores: Aitor Eraña
    • Editorial: Diábolo Ediciones
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 40 páginas
    • Precio: 11.95 euros
  • ‘Cuqui siempre sale’, donde la elección te lleve

    ‘Cuqui siempre sale’, donde la elección te lleve

    Supongo que más de uno debió pensar que eso de las Escape rooms se nos estaba yendo de las manos cuando empezaron a salir libros con dicho subtítulo e incluso una película homónima que ya va por su segunda entrega…que supongo no será la última. Pero en realidad en el caso de nuestros amigos de papel, salvo el anglicismo correspondiente, esto viene de antiguo, con los populares libros de enigmas y ese aluvión de publicaciones, auténtico objeto de nostalgia, que se popularizó hace unos treinta años, que fueron los libros de Elige tu propia aventura. Toda una serie con títulos tan emblemáticos como ‘Prisioneros de las hormigas‘ o ‘Tu clave es Jonás‘ y que daría lugar a, entre otras, versiones con máquina del tiempo o ambientadas en el universo de Dungeons and dragons, y cuyo calado fue tal que hasta recientemente ha aparecido una colección que retoma su espíritu en los mundos de Lovecraft.

    Mauro Entrialgo siempre ha sido un autor al que le gusta sacar a la palestra referencias a iconos y objetos de la cultura popular de las últimas décadas, de lo que quizás sea el mejor espejo su personaje ‘Drugos el acumulador‘. En este contexto resulta perfectamente lógico que la inspiración de su última obra, ‘Cuqui siempre sale‘, sean justo los libros de Elige tu propia aventura, presentando una serie de historietas cortas de a viñeta por pagina cuyo único punto en común es, aparte de la posibilidad de ir eligiendo nuestra trayectoria y las alusiones al grupo ficticio los Eucariotas, es la aparición en algún momento puntual de Cuqui, una amiga con la que uno se puede ir de cañas y que a veces tiene respuestas para casi todo, pero que en alguna ocasión, como vemos en el episodio del cumpleaños puede resultar hasta un poquito brasas.

    Entre ellas podemos encontrar de todo, desde sucesos sobrenaturales como abducciones alienígenas, demonios de otras dimensiones o luchas con seres de otros mundos a hechos cotidianos como colgar un cuadro o petarlo en Twitter. Pero como volumen heterogéneo que es, en él encontramos ideas más o menos afortunadas, casi resultando mejores las más alocadas (como esa en la que si escogemos que nos ayude un ser no humano en una pelea sin cuartel puede que elegir uno de color rojo con cuernos y rabo no nos dé el apoyo esperado), que además dan para que su autor se pueda dar el gusto de darnos su propia visión de iconos tan queridos como los monstruos de la universal con el del Lago Ness como invitado especial.

    ‘Cuqui siempre sale’ es una propuesta simpática. Se lee y relee (algo más que recomendable para descubrir todos los finales posibles) de manera rápida, dejándonos más de una sonrisa, aunque francamente se olvida a la misma velocidad. Puede que no saque al conjunto todo el partido posible (son historietas de apenas 20 páginas), pero la idea es divertida y a ello sin duda acompaña el dibujo de un Entrialgo que ha sabido ser fiel a su estilo durante toda su carrera y que, reconozcámoslo, se ama o se odia instintivamente.

    Puro pasatiempo, estamos ante una obra imprescindible, aún saliendo de su zona de confort o quizas precisamente por eso, para los fans de su autor, aunque quizás los que se acerquen a su obra por primera vez no se sientan enamorados a primera vista, lejos de esos diálogos mordaces que son la mejor parte de sus cómics. Sin duda ‘Cuqui siempre sale’ en el momento mas inesperado…aunque en este caso no precisamente con la suya.

    Cuqui siempre sale

    • Autores: Mauro Entrialgo
    • Editorial: Astiberri
    • Encuadernación: Rústica
    • Páginas: 100 páginas
    • Precio: 15,95 euros
  • ‘Domingos con Walt & Skeezix 1921-1934’, Historia de un medio

    ‘Domingos con Walt & Skeezix 1921-1934’, Historia de un medio

    Estamos encantados. Más que encantados. Estamos sublimados. Lo hemos dicho en más de una ocasión: hace unos años hubiera sido de todo punto imposible pensar que un volumen como el que hoy nos ocupa pudiera ver la luz en castellano. Y no es que ahora sea posible, es que a golpe de uno tras otro varias veces al año, Diábolo Ediciones hasta está empezando a conseguir que creamos que es fácil publicar tan clásico material como el que en estos enormes álbumes se recoge y eso puede inducir a crear una necesidad que, en el momento en que no sea cubierta, generará ansiedades varias y síndromes de abstinencia imposibles de combatir. Pero calmémonos, no adelantemos acontecimientos y, mientras duren, disfrutemos como se merecen de títulos como ‘Melvin el Monstruo‘, ‘Li’l Abner‘ o esta maravilla que son las páginas dominicales de una de las tiras más LEGENDARIAS del medio secuencial: el ‘Gasoline Alley‘ de Frank King.

    No están todas las que fueron publicadas entre 1921 y 1934, pero eso poco importa por dos razones fundamentales. La primera es que ya el hecho de poder contar con este volumen en castellano es un regalo caído del cielo. La segunda es que, dada su idiosincrasia autoconclusiva y sin solución de continuidad más allá del crecimiento de Skeezix a lo largo de las mismas, poco importa que lo que aquí se nos presente no sean todas y cada una de las más de setecientas que conformaron aquellos primeros 15 años de vida de la creación de Frank King si lo que se nos presenta detenta una calidad que traspasa el tiempo y el espacio y demuestra que historias que rayan el siglo de antigüedad continuan atesorando todo el encanto que las hizo convertirse en primer lugar en leyenda viva del noveno arte.

    De la misma manera que hace unas semanas no quisimos entrar en muchos detalles con respecto a Al Capp ni a las circunstancias que vieron nacer a ‘Li’l Abner’, no incurriremos en estas líneas en aportar datos y más datos sobre la biografía de Frank King o el por qué ‘Gasoline Alley’ se convirtió, por derecho y con bastante rapidez, en una de las más famosas tiras cómicas de todos los tiempos. Lo dijimos entonces y lo volvemos a repetir ahora: dejamos a quiénes tengan la fortuna de hacerse con este volumen el dar buena cuenta de las numerosas páginas iniciales en las que eruditos sobre el artista estadounidense y su obra arrojan considerable luz sobre cualquier dato que quiera saberse acerca de él, sus influencias, algo de contextualización sobre el Chicago Tribune y las razones por las que esta, la segunda tira diaria más longeva de la historia del medio —todavía en publicación en la actualidad—, fue algo más que un simple entretenimiento mientras Frank King la controló durante sus cuarenta primeros años de existencia.

    La edición de Diábolo, cuidada al máximo como ya ha pasado con los volúmenes de gran tamaño que ha publicado anteriormente, permite asomarnos con todo lujo de detalles al amor de King por la naturaleza; a sus hondas reflexiones sobre la vida —puestas en boca de Walt, ese inadvertido padre que, para el bebé que Skeezix comienza siendo, será el personaje de ‘Gasoline Alley’—; a la clara influencia que, sobre sus formas, ejerció Winsor McCay en general y el ‘Little Nemo’ de McCay en particular; a las muchas herramientas que, siempre ceñidas a una estructura bastante monolítica de doce viñetas —tres horizontales, cuatro verticales—, King ponía en juego en sus pequeños relatos; a la manera en que, cuando así lo quería, utilizaba la página como un ente único en el que la acción se atomizaba, estableciéndose así, por ejemplo, como claro referente de lo que Chris Ware hará muchas décadas después —y Diábolo ha incluido varias de esas planchas para nuestro deleite—; al cómo esta es una de las pocas tiras en las que sus personajes evolucionan, creciendo Skeezix a ojos vista desde el bebé que es abandonado en la puerta de Walt de la primera página aquí incluida hasta el adolescente en ciernes que es en las últimas que conforman la lectura…

    Y así podríamos seguir, casi ad eternam, con unas planchas que son un auténtico disfrute de principio a fin. Es verdad que el tiempo ha hecho que algunas de ellas queden muy ancladas en un momento y un lugar determinados, pero otras, las más, acceden decididas a ese espectro de universalidad que siempre acompaña a lo que llamamos clásico. Y las páginas dominicales de ‘Gasoline Alley’ —muy buena la decisión de titularlas ‘Domingos con Walt & Skeezix‘, ya que esto es lo que realmente fueron, una reunión semanal con dos miembros más de las familias de las generaciones de lectores estadounidenses de comienzos del s.XX— son, sin duda alguna, CLÁSICAS. No las dejéis escapar.

    Domingos con Walt & Skeezix 1921-1934

    • Autores: Frank King
    • Editorial: Diáblo Ediciones
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 120 páginas
    • Precio: 39,95 euros
  • ‘Tales from the Crypt 3’, ¿aún quedan formas de aterrorizar al lector? Parece que sí

    ‘Tales from the Crypt 3’, ¿aún quedan formas de aterrorizar al lector? Parece que sí

    Diábolo sigue gestionando con gran precisión la publicación de las distintas colecciones pertenecientes a la ‘Biblioteca de Terror de los Años 50‘ y a las distintas cabeceras de EC Comics. No cabe duda que la iniciativa ha sido todo un éxito entre los aficionados que demandaban una edición que hiciera justicia a un material que bien lo merecía. Suponemos que para no indigestar a los pobres compradores y, de paso, mirar un poco por los sufridos bolsillos, están acertando de pleno al intercalar entregas de una y otra línea, permitiéndonos asimilar y degustar al ritmo adecuado unos tebeos tan ansiados como disfrutables. Parece que fue ayer cuando anunciaron en su cuenta de Twitter la posibilidad de comenzar con la publicación de los Archivos EC, un coqueteo que terminó haciéndose realidad y va viento en popa y a toda vela. Nos llega a nuestras manos este ‘Tales From The Crypt Volumen 3‘, una nueva entrega de la cabecera más mediática de cuantas aparecieron en su día y a la que tan solo le quedan un par de tomos más. Un avance que no solo se nota al mirar con orgullo la balda de nuestra estantería donde reposa tan magna colección, sino también en el contenido de esos volúmenes. 

    Aunque la temática y estructura sigue permaneciendo inalterable, los autores implicados en la elaboración de los relatos fueron percatándose que había que dar un paso adelante en cuanto a aterrorizar al respetable por lo que poco a poco se fue dejando de lado los guiones en los que un mal comportamiento por parte del hombre se veía castigado por avatares del destino, por lo que asesinatos por amor (y desamor) o tomar ventaja en el trabajo aprovechándose de ideas ajenas fueron perdiendo peso en unas tramas que abrazaron definitivamente argumentos mucho más explícitos. No cabe duda que todo marchaba mejor que bien y eso se nota a la hora de hacer historias de marcado carácter cómico como La Kalamidad de Kamen, una parodia de la misma revista en la que autores como Bill Gaines y Al Feldstein aparecen retratados como los nuevos Guardianes de la Cripta (en este caso, cubil). Fíjense si se vinieron arriba los creadores que hasta se permitieron el lujo de contar el origen de La Vieja Bruja en un relato delicioso titulado ¡Baja cuna!. Hay para todos los gustos, desde tiernos infantes a débiles octogenarios, hombre y mujeres, presente y pasado, la diversidad es tan rica que es prácticamente caer en el aburrimiento. Hasta monstruos que recuerdan al Moderno Prometeo como el protagonista de ¡Espejito, espejito! donde viviremos en primera persona lo que ve esta criatura a través de sus ojos. 

    La tarea de escribir el guión de todas estas escalofriantes narraciones recae sobre una misma persona, el mencionado Feldstein, que en esta ocasión demuestra tener una capacidad innata para encontrar (o imaginar) situaciones en las que desarrollar algún tipo de acontecimiento macabro. El nivel gráfico también es digno de mencionar y alabar gracias al tremendo trabajo realizado por los habituales de la casa: Jack Davis, Joe Orlando, Jack Kamen, Graham Ingles, Al Williamson, George Evans y Fred Peters. Podemos decir de todos ellos lo mismo que comentábamos un poco más arriba acerca de los guiones, la frescura que demuestran a la hora de presentar monstruosas criaturas y escenas de lo más sangrientas no cae en la repetición ni en el reciclado de ideas, todo nos parece novedoso y de una originalidad mayúscula. Estamos frente a un material que gasta ya setenta años y, por mucho que nos pueda sorprender, su lectura no puede ser más adictiva, demostrando que el tiempo ha tratado de maravilla a estos Cuentos

    Tales from the Crypt 3

    • Autores: VVAA
    • Editorial: Diábolo
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 225 páginas
    • Precio: 34,95 euros
  • ‘Li’l Abner de Al Capp. 1934-1936’, radiografía de la personalidad yanqui

    ‘Li’l Abner de Al Capp. 1934-1936’, radiografía de la personalidad yanqui

    Durante la totalidad de los más de treinta años que este redactor lleva tomándose esto de los cómics como la afición a la que más tiempo y dinero ha dedicado, el coleccionismo aplicado a las viñetas ha ido mutando poco a poco, pasando por varios estadios bien diferentes hasta llegar al actual que, si del pasado tuviéramos que aprender, es más que probable que no sea el último escalón que uno suba antes de, en algún momento del futuro, decidir que, ya sí, aquello que resuena en mis filias lectoras ha alcanzado, por fin, la estabilidad plena. Uno de esos escalones que dejé atrás, afortunadamente, hace años, era el que, bajo un ansia acaparadora algo preocupante, había empezado queriendo tener hasta la última línea salida de las manos de Alan Davis para, más tarde, extender dicha práctica a la insalubre pretensión de hacerse con hasta el último bosquejo del dibujante que fuera que me embelesaba.

    Uno de esos artistas que condicionó mis compras tebeísticas durante bastante tiempo y que, cuidado, sigue siendo de mis dibujantes favoritos de todos los tiempos, fue Frank Frazetta, el legendario ilustrador, creador de icónicas imágenes de Conan y un artista con una producción enorme que, en un momento dado de su vagar profesional, aterrizó en las páginas de ‘Li’l Abner‘. Quisieron los hados que el descubrimiento de Frazetta —o, más bien, el ser consciente de que su nombre era el que estaba detrás de obras que me llevaban fascinando desde pequeño…como el póster de ‘Tygra, hielo y fuego‘—, fuera casi coincidente en el tiempo con el momento en que Dark Horse lanzaba, hace ya veinte años, los cuatro volúmenes en que fueron recopiladas las tiras del personaje creado por Al Capp a las que puso talento el artista de Brooklyn…volúmenes que, en ese afán completista, fueron convenientemente adquiridos, leídos de pasada, almacenados en una de las estanterías de mi estudio y, años más tarde, en una de las incontables cribas que servidor ha hecho de su tebeoteca, puestos a la venta para terminar yendo a parar sólo Dios sabe dónde.

    Como poco tangencial, la impresión que aquellas páginas dejaron en mi memoria tebeística fue la de haber tenido delante una radiografía de la idiosincrasia yanqui, pasada por todos los filtros que uno quisiera —el del humor primero, claro, pero también los concernientes a la parcial visión de su autor sobre lo que significa ser estadounidense—, y la de haber servido de vehículo para asentar aún más mi admiración hacia las formas de Frazetta, por mucho que, a la luz de las páginas que nos ofrece Diábolo en este enorme —ENORME— primer volumen de las tiras de prensa de ‘Li’l Abner’ —diarias en blanco y negro y dominicales en color—, lo que el creador del Death Dealer llevaba a cabo en este, uno de los pilares del rincón diario de las viñetas estadounidenses durante cuarenta y tres años, no fuera más que acoplar su estilo a las directrices de Al Capp, sin lugar a dudas una de las tres figuras más relevantes del medio durante buena parte del siglo XX y un artista que, controvertido como pocos —dejamos a quien tenga la fortuna de hacerse con este enorme libro el dar buena cuenta de la exhaustiva mirada biográfica que se lleva a cabo en las muchas páginas previas al cómic en sí—, marcó profunda huella en el hacer de muchos coetáneos….y muchos de los nombres que le seguirían en el medio, pudiéndose rastrear la influencia de sus formas a todo lo largo y ancho del noveno arte…en Estados Unidos, claro está.

    Dejando pues de lado cualquier apreciación, positiva o negativa, ya hacia los claros de la personalidad de Capp como de los varios oscuros en los que el autor incurriría a lo largo de su vida, dos son las cuestiones que hemos de dirimir en las líneas que nos quedan. Una, de qué diantres va ‘Li’l Abner’. Dos, si vale la pena el considerable desembolso que suponen las casi 300 páginas del libro publicado por Diábolo. Contestaremos primero a la última con un SÍ, matizado, cuidado, por dos aspectos. El primero es que, si sois coleccionistas, «picar» con este primer volumen de ‘Li’l Abner’ es condenarnos a desembolsar la insigne cantidad de más 1.300€ si la editorial española cumple con publicar los 22 volúmenes que harían falta para abarcar las cuatro décadas y tres años que comentábamos en el párrafo anterior —eso considerando, claro, que mantuvieran el precio a lo largo de los años. Una onerosa cifra a la que, suponemos, habría que sumar otra aún más significativa: si suponemos que se publican dos volúmenes al año, estaríamos hablando de más de una década hasta que Diábolo complete esta titánica tarea. Si la cadencia es menor, haced las cuentas de cuánto tardaréis en completar la serie y, por supuesto, si ésta es merecedora de tan considerable acopio de paciencia —y espacio, que son de esos libros que, por su tamaño, no caben en cualquier estantería modular— por vuestra parte.

    Revelada nuestra opinión con respecto a si es ‘Li’l Abner’ un material que merezca la pena tener en la tebeoteca, hora es ya de centrarnos en responder a la cuestión de aquello en torno a lo que gira la legendaria tira de prensa. Una tira que irá evolucionando considerablemente durante las décadas que aparezca en los rotativos de Estados Unidos, incorporando personajes —el más llamativo de todos, no cabe duda, el famoso Shmoo— y adaptándose, en la medida que Capp quiera, a los muy diferentes tiempos por los que su país vaya transitando desde la época del arranque, posterior al crack del 29 y a poca distancia del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, hasta esos años 70 marcados a fuego por la guerra de Vietnam: navegando por todos ellos tendremos a ese paleto tierno e inocente que es Li’l Abner, un hillbillie de manual salido de la «América profunda» que, nada más comenzar el libro, veremos transplantado a la jungla neoyorquina en un recurso utilizado hasta la saciedad en tiempos posteriores a uno y otro lado del Atlántico —¿o es que nadie recuerda a Alfredo Landa buscándose la vida en Alemania?— e inmerso en mil y una situaciones en las que la presencia de las féminas en general, y de una fémina en particular, resultará constante, convirtiéndose el inevitable enlace entre el protagonista y Daisy Mae Yokum en un acontecimiento de repercusión mediática sin par en la vida estadounidense…y no es para menos, que la rubia voluptuosa y descalza tardó la friolera de dieciocho años en derretir el corazoncito de Abner.

    A nosotros tardarán mucho menos en ganarnos la pareja protagonista, los padres del primero, y toda la extensa cohorte de secundarios que, año tras año, irá completando una galería de inolvidables personajes que encuentran en las redondeces visuales de Capp el mejor escaparate para conseguir conquistarnos tras breves páginas: de resonancias «eisnerianas», el punto de partida del artista se sitúa ya en una posición de considerable solidez comparado, si así quisiéramos hacerlo, con los comienzos de un Will Eisner que, tanto en las historias previas al arranque de ‘The Spirit‘, como en todo el tramo inicial de su legendario personaje, sufrirá una evolución mucho más ostentosa que la que veremos, y aún así la veremos, en Capp y en su muy temprano dominio de la caracterización de personajes, de la expresividad de los mismos y del tempo de los gags. Habría mucho que decir con respecto a éstos y en relación a lo muy, pero que muy divertida que es ‘Li’l Abner’. Bien es cierto que en la traducción al castellano se pierden muchos de los chistes inherentes a la forma en la que Capp hacía hablar a sus protagonistas con modismos propios del inglés más «castizo», pero tenemos que alabar la magnífica traducción que han hecho las gentes de Diábolo, conservando en la medida de lo posible la jocosa personalidad de las inflexiones en el lenguaje de los Abner, los Yokum y toda la buena…y mala gente de Dogpatch, que de todo hubo en ‘Li’l Abner’.

    Li’l Abner de Al Capp. 1934-1936

    • Autores: Al Capp
    • Editorial: Diábolo
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 280 páginas
    • Precio: 59,95 euros
  • ‘Biblioteca Cómics de Terror de los Años 50: Voodoo’, el inagotable maná del horror

    ‘Biblioteca Cómics de Terror de los Años 50: Voodoo’, el inagotable maná del horror

    Si echamos la vista atrás, hace ya la tira de años, y recordamos aquel momento en el que nos llegaban unos tomitos de reducido tamaño en blanco y negro que recogían la totalidad de los comics publicados por la editorial EC, poco podíamos imaginarnos por entonces que en el año 2023 íbamos a poder disfrutar de todos esos relatos en una edición definitiva, inmensa y tan perfecta que más parece estar viviendo un sueño que una realidad. Sin embargo, unos pellizcos debidamente dados, nos advierten que todo eso está pasando gracias a la incontestable labor de Diábolo Ediciones, una editorial que parece decidida a dejar huella a base de viñetas clásicas. Pero hoy no estamos aquí para hablar acerca de los tebeos arriba mencionados, no. Hoy le toca el turno a otra línea igualmente interesante, unos volúmenes que siguen el mismo camino que los de EC Comics y que ni siquiera estos han conseguido eclipsar su propuesta, firmemente consolidada en un mercado cada vez más competitivo. No estamos refiriéndonos a un recién llegado puesto que este ‘Biblioteca Cómics de Terror de los Años 50: Voodoo’ supone la novena entrega de una colección que no para de darnos alegrías con cada nuevo tomo que ve la luz. Una publicación que reúne entregas temáticas en las que se agrupan relatos en los que la acción se centra en criaturas que van desde zombies a fantasmas pasando por momias o criaturas del pantano. Incluso han tenido a bien hacer alguna que otra entrega monográfica de algún autor concreto como Lou Cameron o Dick Briefer

    La referencia de la que hoy hablamos va a centrar el foco de atención en la revista ‘Voodoo‘, una cabecera publicada por la editorial Farrell (propiedad de Robert Farrell) y que alcanzó los diecinueve números. Diábolo, de momento, recupera los seis primeros en los que, poco a poco, se va decidiendo y dilucidando el rumbo que quiere tomar el magazine. ¿El motivo? El señor Farrell quiso aprovechar el tirón de las antologías de terror que tan buenos resultados estaban dando en los días previos al Comic Code pero se encontró con un problema: no tenía material con el que rellenar las páginas de su revista. Tuvo que echar mano de historias cortas aparecidas previamente en otras publicaciones como ‘Fox´s Rulah‘ o ‘Seven Seas Comics‘. Esto, que en un principio, podría considerarse como algo negativo se torna rápidamente en uno de los mayores aciertos puesto que la diversidad y originalidad del material incluido hace que la lectura no caiga en el tedio ni una sola vez. Relatos que muestran el terror en todas sus variedades posibles, guiones que van desde la típica venganza o el suspense más cardiaco hasta apariciones de licántropos o las consabidas moralejas finales que nos advierten de no ser demasiado avariciosos o curiosos.  Y funciona. La lectura de esta novena entrega resulta mucho más amena que en otras ocasiones en las que hay que dosificar el consumo de las historias para que no terminen indigestando. Destaca el buen hacer del colectivo The Iger Shop en el que la figura de Jerry Iger, antiguo colega de Will Eisner, se encarga de firmar un buen puñado de páginas. Hasta aquí, todo perfecto. Toca esperar para ver qué tal le sentó a ‘Voodoola influencia de la tan temida censura impuesta por el maléfico Comic Code. 

    Biblioteca Cómics de Terror de los Años 50: Voodoo

    • Autores: VVAA
    • Editorial: Diábolo Ediciones
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 200 páginas
    • Precio: 34,95 euros