Soy plenamente consciente de que no voy a afirmar nada que no se haya dicho ya en mil foros diferentes a lo ancho y largo de la red de redes. No obstante, allá va: hay incuestionable magnificencia en el ‘Nightwing‘ de Tom Taylor, y un 70% de ella se debe a lo maravilloso, increíble y soberbio del trabajo que, a nivel gráfico, ejecuta nuestro Bruno Redondo. Desde la primera página. Hasta la última. En cada viñeta. En cada rincón donde la vista quiera dirigirse. TODO lo que hace Redondo en estas primeras 160 páginas de la cabecera, y en las muchas que vendrán después, es de un sobresaliente…qué digo sobresaliente…de un talante mayestático; tanto, que empequeñece cualquier disquisición que se quisiera interponer ante otros aspectos de la cabecera. Pero, es más, es que, por mucho que quisiéramos interponer pegas a lo que ‘Nightwing’ ofrece, salvo ese inútil e inevitable cruce con el ‘Fear State‘ que veremos en el segundo volumen de la serie, no hay nada que poder criticar en relación a lo que Taylor propone en esta mirada a un héroe que, en sus manos, usa estas páginas como trampolín definitivo para zafarse de la alargada sombra de Batman y convertirse en una razón de peso a la altura de las que siempre tenemos a mano para seguir leyendo de manera impenitente las dos cabeceras del caballero oscuro.
Y es que Tom Taylor tiene su propio super poder. El poder de escribir a personajes llenos de corazón e historias que equilibran a la perfección golpes emocionales con puñetazos de humor. Para conseguir la hazaña de la que hablábamos en el párrafo anterior —porque, seamos francos, es una hazaña considerable robar el foco al hombre murciélago—, Taylor propone darnos a los lectores lo que supone, y supone bien, que queremos: un regreso a los mimbres básicos del personaje, con Nightwing combatiendo el crimen en Bludhaven, adornado con toda clase de sorpresas que añaden muchísimo interés y sabor a ese sustrato esencial. Considerando que este primer volumen de la serie es una suerte de introducción a la estancia de Taylor en el personaje, su foco está más centrado en el establecimiento de los mimbres que en el hilo global y, aún así, el escritor se las apaña para que todo tenga un halo de coherencia soberbio, incluyendo los cameos e inevitables referencias al resto del Universo DC o la presentación de un posible nuevo aliado…y un villano que se las hará pasar canutas a Dick Grayson.
Todo ello, preso de ese ritmo endiablado y de esa forma tan espléndida de escribir diálogos a la que Taylor nos tiene acostumbrados —no sé vosotros, pero ahora que ya ha terminado en Estados Unidos, no puedo sino guardar incontables palabras de elogio para todo lo que ha terminado ocupando el ‘DCsos‘— y puntualizado, volviendo a la persona con la que empezamos, por una narrativa visual que es un prodigio continuado: Redondo hace alquimia con el guión de Taylor y destila oro en cada página, ya sea con la sensibilidad y elegancia con la que sus personajes se expresan, ya la épica de meridiana claridad de sus secuencias de acción ya en la gracilidad con la que todo se mueve, imbuido el conjunto de un sentido de inevitabilidad que provoca la clara impresión en el lector de que esa, y sólo esa composición de viñetas, en ese orden y distribución sobre el área de impresión, es la que mejor sirve a las intenciones de la historia.
Y, cuidado, como quiera que esta será quizás la única vez que hablemos de ‘Nightwing’, permitidnos adelantarnos un poco y, saltándonos primero el siguiente volumen —que, suponemos, contendrá el citado crossover con ‘Fear State’—, quedarnos ojipláticos ante ese ejemplar 87 de la numeración original, que ECC ya publicó en formato unitario en un desplegable que sólo refuerza la impresión de que si hablamos de Bruno Redondo —bueno, y de Taylor, que suponemos que algo de idea suya habría ahí— no podemos sino hacerlo en términos de GENIO del noveno arte. Pero, cuidado, que los árboles no os impidan ver el bosque: sí, lo de esas páginas —que, recopiladas, pierden un poco su sentido— es una puñetera maravilla, pero trascendido su grandioso gesto, seguimos encontrando en las de los números que continuan con la saga de Bludhaven motivos para estar enamorados del inmenso corazón que ambos autores imprimen a la cabecera; uno que se siente desde los compases iniciales y que sigue estando presente mientras el artista español permanece en la serie.
Por cierto, un último apunte antes de finalizar: no supera a lo del desplegable porque, en fin, el golpe en la mesa que supusieron esas planchas es un hito que se las ve de frente con quien se le ponga por delante, pero lo que Taylor y Redondo ofrecen —tras una larga ausencia del dibujante de la cabecera— en el número 105 USA, narrado por completo desde el punto de vista de Nightwing como si de un FPS se tratara, es de esos instantes que justifican por sí solos el que, después de tantos años, sigamos aquí, al pie del cañón, más entregados que nunca a este medio que es el arte secuencial. Por momentos como el que leíamos hace pocas semanas en esas páginas, valen la pena todos los sinsabores que otras latitudes del cómic de superhéroes insisten en ofrecernos. Así que, de todo corazón, GRACIAS a Tom Taylor y GRACIAS a Bruno Redondo.
Nightwing vol.1: Saltar a la luz
- Autores: Tom Taylor y Bruno Redondo
- Editorial: ECC Ediciones
- Encuadernación: Cartoné
- Páginas: 160 páginas
- Precio: 23 euros



