V. Kingdom Come

‘Gotham City: Año uno’, un King atípico

Si tuviéramos que caracterizar la práctica totalidad de la tebeografía de Tom King hasta la fecha, diríamos que su cualidad más evidente es la forma en la que construye las historias que mejor sirven de exponente a su enorme talento, siempre procurando no ponérselo fácil al lector en lo que éste tenga que ir montando en su cabeza el complejo puzzle de diseminadas piezas que el antiguo agente de la CIA dispone ante nosotros. Sí, hay ejemplos, muy pocos, todo hay que decirlo, en los que esta máxima no se lleva a término —algunos tramos de su estancia en ‘Batman‘ es lo único que ahora mismo se nos viene a la cabeza— pero quedan puestos en ridículo por lo mucho que el autor ha sembrado en hacer de esa falta de estructura tradicional su marca más reconocible. Una marca que encontramos en ‘Héroes en crisis’, en ‘Omega Men‘, en ‘Strange Adventures‘, en ‘Mister Miracle‘, en ‘Supergirl. The Woman of Tomorrow’, en ‘Vision’…pero que, paradójicamente, no hallamos en este ‘Gotham City: Año Uno‘…ni falta que le hace al volumen. Porque, sí, queridos lectores, aunque King juegue aquí a contar las cosas en diferentes tiempos, la forma de hacerlo es bastante más directa que en sus más complejas obras, sintiéndose a la postre que estamos ante uno de los tebeos más «comunes» de King sin que, dado el calado de lo que aquí se narra, eso sea algo que juegue en contra de nuestra percepción final de la historia.

Narrada en off por Slam Bradley, un recurso que ya nos lleva de la mano a los amantes del noir a algunos de los mejores ejemplos que el género ha dado —a nosotros, en particular, se nos venían a la cabeza ‘Perdición‘ o ‘El crepúsculo de los dioses‘ de manera inmediata—, los seis números de que consta esta espléndida miniserie nos llevan a la Gotham de los abuelos de Bruce Wayne, cuando la ciudad era todavía firme competidora de la luz que emanaba de la vecina Metrópolis y no había sucumbido a las sombras que tan bien conocemos por mano de los miles de tebeos y decenas de producciones para la pequeña y gran pantalla que la han explorado. Pero, como os podéis imaginar, si estamos en un relato de cualidades «negras», no es lo que King narra un mero paseo por las luminosas calles y grandes espacios de la ciudad, sino un acercamiento al hecho puntual que hará que Gotham pase de la luz a las tinieblas en las que, años después, Batman se alzará como su muy necesario vigilante y protector: el secuestro de la tía de Bruce, la hermana de Thomas Wayne, la llamada princesa de Gotham por las gentes de a pie de la ciudad.

Recurso muy habitual en el género policíaco —y por ende en el noir— la desaparición de la pequeña dará paso al descubrimiento de toda una suerte de acontecimientos encadenados que, claro está, irán apuntalando ese descenso a los infiernos de Gotham, con los Wayne y Bradley como actores principales de un drama que, siempre huidizo, cuenta con algunos secundarios magníficamente trazados por King, como la aparente femme fatale negra —en lo que es un considerable giro con respecto a los tropos del género— o la madre de Slam, un personaje este que sirve para reescribir, y de qué manera, todo lo que conocíamos, o creíamos conocer sobre un nombre que lleva dando tumbos por DC desde la misma fundación de la editorial —su primera aparición en un cómic fue en el mismísimo número 1 de ‘Detective Comics‘— y que, hasta ahora, había conocido su mejor versión de manos de Ed Brubaker y Darwyn Cooke en la serie de ‘Catwoman‘ de la que ambos se hicieron cargo a principios de siglo.

Muy distinto en no pocos sentidos a aquella magnífica visión del otrora policía metido a detective privado que está de vuelta de todo, el Bradley de King es un superviviente nato que hará lo que sea por llegar al mismo centro de la verdad, caiga quien caiga y tenga que recurrir a las arteras artimañas a las que tenga que recurrir. Lo que ello supone, de cara a la lectura, es que su figura central sea un ente impredecible y que esa misma cualidad impregne, como decíamos, el devenir de un relato que nunca desvela sus cartas de antemano, haciéndonos dudar a cada nuevo inesperado giro de hacia dónde se va a dirigir y estableciéndose, gracias a ello, como una de esas lecturas de la actual DC que ningún seguidor del microcosmos batmaníaco debería dejar pasar.

Y eso sólo en lo referente a King, que aún no hemos hablado de un Phil Hester que, sin duda, cuaja aquí su mejor y más espectacular trabajo: el estilizado trazo del estadounidense, sus composiciones y el uso de las sombras y las luces del artista, que ha sido una de sus cualidades más evidentes a lo largo de su trayectoria, encuentran en estas páginas todo un muestrario de impresionante altura que, de hecho, nos lleva a pensar, referido a lo último, cuán mejor hubiera funcionado su trabajo de haberse optado por restringir la paleta de colores al gris, blanco y negro. Si bien no se hace, ello no resta ni un ápice de efectividad a la apagada gama cromática que aplica un espléndido Jordie Bellaire, que refuerza sobremanera las luces y sombras de la ciudad y se torna como uno de los más importantes actores en la forma en la que se despliega este drama intenso que tan bien lo hace TODO y que tan satisfechos nos ha dejado. Sin lugar a dudas, de lo mejor que se ha escrito de entre las fronteras del universo de Batman. Ahí es nada.

Gotham City: Año uno

  • Autores: Tom King y Phil Hester
  • Editorial: ECC
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 192 páginas
  • Precio: 26 euros
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