COMIC SCENE: Las Lecturas de Fancueva
V. Kingdom Come

De la INMENSIDAD en Enrique Breccia

De entre las muchas formas que, a bote pronto, se me ocurren para arrancar esta doble entrada que dedicamos a los dos volúmenes publicados por Dolmen y Nuevo Nueve que, con poca separación, se asoman a la insigne figura de Enrique Breccia, creo que voy a quedarme con traer aquí a colación una breve línea incluida en el prefacio que Norman Fernández escribe para el ‘Tex-Capitán Jack‘ y que cita a Alberto Breccia, el legendario artista uruguayo responsable, entre otras muchas obras imprescindibles, de la no menos legendaria ‘Mort Cinder’, cuando, al referirse a su hijo afirmaba:

El trabajo de Enrique es realmente brillante. El mío es testimonial.

Alberto Breccia

Que un GRANDE del noveno arte como Alberto Breccia afirme eso, por más que en dicha aseveración podamos adivinar cierta «pasión de padre», habla con suma contundencia de las habilidades de un artista, Enrique, que es, y aquí no hay duda posible ni sesgo emocional que valga, uno de los mejores nombres que haya dado el mundo de la viñeta. Así, sin acotaciones geográficas o temporales. Enrique Breccia es, por méritos que cualquiera de los dos volúmenes que aquí os traemos confirman más allá de toda duda razonable, uno de esos dibujantes que hacen grande el medio, que lo posicionan allí donde otros no llegan y que lo engrandecen y engalanan en modos que quedan perfectamente enmarcados en el nivel de estupefacción al que uno accede, atónito, cuando se asoma a sus páginas. Valdrían aquí, como ejemplo de esas páginas, cualquiera de los títulos que, al margen de los dos presentes, han sido tocados por la gracia del argentino, llámense éstos ‘El peregrino de las estrellas‘, ‘El sueñero‘, ‘Avrack‘ o ‘Los centinelas‘. Pero no hace falta que refiramos ninguno de ellos cuando lo que tenemos entre manos se sitúa, y de qué manera, a la cabeza de sus casi seis décadas de producción tebeística.

En términos de relevancia, no ya dentro de su tebeografía, sino enmarcado en la Historia del medio, ‘Alvar Mayor‘ —que Dolmen rescata por fin en una edición a la altura de las circunstancias mediante 3 lujosos volúmenes que, de manera categórica, sirven para cerrar los muchos sinsabores que el recorrido de la legendaria creación de Trillo y Breccia ha conocido en el pasado en nuestra piel de toro, publicada de manera anárquica sin orden ni concierto en ‘CIMOC‘ o reducida hasta el dolo en los volúmenes que la propia Norma lanzaría tiempo después— es, así, sin más, uno de los mejores tebeos de aventuras de cuantos el noveno arte nos ha ofrecido en este siglo y poco de recorrido que lleva a sus espaldas. Considerando la incontable cantidad de viñetas que han hollado el género, sobre todo a este lado del Atlántico, afirmar eso sobre ‘Alvar Mayor’ debe venir suscrito por argumentos mucho más concretos que una mera afirmación. Y los hay, digo si los hay…248 páginas repletos de ellos de arriba a abajo y de izquierda a derecha.

Bien es cierto que, hecha con considerable fruición por lo incesantemente brillante del arte de Breccia, la lectura de este primer volumen de ‘Alvar Mayor’ puede pecar de cierta personalidad monocorde, al menos durante dos terceras parte de su desarrollo. Ello es debido a que, en éstas, Trillo se dedica a establecer una suerte de patrón común, una plantilla que sigue más o menos al pie de la letra de aventura en aventura y en la que no se accede a más elementos que los que enhebran una sencilla concatenación: se produce una injusticia normalmente movida por la codicia que impulsa al secundario de turno y éste recurre a Alvar Mayor y a su acompañante indio para buscar un tesoro que, bajo una constante moraleja, siempre resulta inalcanzable y el motivo que lleva en última instancia la inevitable expedición al fracaso.

Como decimos, esto continua así hasta que, de manera paulatina, Trillo va dejando paso a un par de cuestiones: la presencia cada vez más notable del elemento fantástico y, por supuesto, la inclusión de Lucía de Lerma, una mujer acusada de brujería que, unida a Alvar, supone la piedra angular sobre la que el guionista virará hacia una grandeza que antes, por lo reiterativo, había resultado algo huidiza a la cabecera. A partir de su aparición, ‘Alvar Mayor’ sube considerables enteros sobre la ya considerable altura a la que rayaba —a ver, que una cosa es que el guionista se repita y otra muy diferente es que lo que plantea no nos lo haga pasar de maravilla—, y la aparición, por ejemplo, de Homero —sí, ese Homero— amén de otros elementos, no hace sino servir de anuncio a lo que veremos en posteriores volúmenes de la cabecera.

Ahora bien, resulta algo más que evidente que ya podría Trillo destilar su versión más mediocre en los guiones, que poco importaría dada la insondable hondura con la que Breccia caracteriza las planchas. La maestría del argentino con el uso del blanco y negro —el uso del blanco aquí para construir la selva de fondo es, al margen de brillante, un recurso que creará escuela—; la expresividad de sus personajes, ya la refinada de sus protagonistas, ya la grotesca de sus secundarios; el nivel de detalle al que se da en trasladarnos a la América del siglo XVII; esas planchas completas con las que dar paso a cierta épica al cierre de la práctica totalidad de las historias; la belleza inconmensurable de Lucía…todo en las viñetas de ‘Alvar Mayor’ está puesto donde tiene que estar para instilar una única idea en el lector: que las páginas a las que se asoma son un hecho único, maravilloso e irrepetible.

Esa misma idea, multiplicada por un factor que no nos atreveríamos a aventurar, es la que domina, incluso con mayor intensidad, la lectura del Texone que, por primera vez en nuestro país, Nuevo Nueve nos ofrece al tamaño que aquéllos merecen en una curiosa coincidencia temporal con la edición de Dolmen de ‘Alvar Mayor’. Para los que no sepáis a lo que nos referimos, si antes hablábamos del maltrato que había sufrido la cabecera de aventuras en sus diversas apariciones en el mercado español, no podemos hacer menos a la hora de lamentar las decisiones editoriales que, en el pasado, tomaban Planeta DeAgostini y, aún más, Aleta, al publicar las aventuras «especiales» de ‘Tex’ —denominadas Texones por su mayor extensión y singularidad— en un formato que iba de lo reducido de la primera a lo MUY reducido de la segunda, algo especialmente desagradable cuando uno tenía que dar cuenta de las páginas de José Ortiz o Víctor de la Fuente en un formato ridículo mutilado. Más, como decimos, hemos de celebrar que Ricardo Esteban haya decidido poner freno a esa costumbre y haya elegido, para hacerlo, esta obra de arte que es, a lo largo de casi 240 páginas, ‘Tex-Capitán Jack’.

Si hay algo que denotan las viñetas de Breccia en esta emocionante aventura de Tex Willer ideada por Tito Faraci —apunte muy «friki» para los más recalcitrantes aficionados al tebeo del lugar, entre los que me incluyo, claro: Faraci es el co-autor de ‘Jungle Town’, una «novela gráfica» a lo Disney publicada in illo tempore por Planeta DeAgostini en la que colaboraba con Giorgio Cavazzano, del que somos fans incondicionales— son los años que han pasado desde ‘Alvar Mayor’ y el acceso a un grado de perfección y de belleza aún mayores que detentan los dibujos de Breccia. Y aunque ahora pasaremos a detallar algunos elementos que nos parecen muy representativos de esto que estamos afirmando, deteneos un instante a contemplar la página que hemos incluido arriba; fijaos, no ya en la planificación —simple pero tremendamente efectiva, con esas tres viñetas verticales acentuando la tensión del instante—, sino en el grado de detalle con el que se trabaja la masa del cielo, la roca de la que cuelga uno de los dos personajes o, por supuesto, esa viñeta que sólo muestra las manos agarradas de ambos y que tantísimo logra transmitir. Y ahora, como decíamos, multiplicad el efecto de asombro y maravilla que os han provocado las cinco viñetas de arriba por esas casi 240 páginas que comentaba antes y podréis imaginar, con cierta claridad, lo que os aguarda en ‘Tex-Capitán Jack’.

De hecho, haced caso omiso de lo anterior: nada, absolutamente nada, os puede preparar para lo que os vais a encontrar en este volumen…al menos en lo que al dibujo se refiere, claro, que la historia que teje Faraci, tremendamente efectiva, es de esas que queda completamente eclipsada por la enormidad de la componente visual del volumen. Una componente que, además, tiene una doble vertiente asombrosa en lo que Breccia compone sobre el tapiz del papel en blanco: aquella que podemos ver en la página superior y en las páginas «normales», esas que narran el devenir de los acontecimientos en tiempo presente, y aquellas, las menos, en las que el relato se dedica a mirar a un par de episodios del pasado que sirven de refuerzo de las motivaciones de Tex para seguir adelante en este enfrentamiento contra una tribu nativoamericana y su líder —el capitán Jack que da título al Texone—. Completamente diferentes en su ejecución, las planchas de flashbacks se caracterizan por el borde irregular de sus viñetas y por carecer por entero de manchas de negro, consiguiéndose los efectos de sombra con un trabajado entramado de mil y una trazos que dan un aire tan singular como hermoso al resultado.

Estemos hablando de las que estemos hablando, no hay lugar a dudas acerca de algo que, consciente a mitad de la lectura, habla con contundencia de aquello que esta comporta: siempre con las prisas como compañeras de viaje en este periplo diario de asomarnos a cuantas más viñetas, mejor, me encontré aquí haciendo un ejercicio consciente de ralentización del ritmo para dejar que todo lo que plantea Breccia hiciera toda la mella que pudiera en mi bagaje. Resultado de ello, no cabe duda, es haber llegado a degustar, como hace tiempo que no me permitía, unas viñetas sublimes que, sin son grandes en los personajes que por ellas se pasean, no se quedan atrás en la configuración de los paisajes por los que se pasean —increíble con qué realismo y mimo se manifiestan los «lava beds»—, quedando claro en última instancia que, a poco que queráis plantear la pregunta, es probable que la respuesta sea un rotundo SÍ, estamos ante el mejor trabajo de Alberto Breccia. Ahí es nada.

Alvar Mayor vol.1

  • Autores: Carlos Trillo y Enrique Breccia
  • Editorial: Dolmen
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 248 páginas
  • Precio: 34,90 euros
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  • Autores: Tito Faracci y Enrique Breccia
  • Editorial: Nuevo Nueve
  • Encuadernación: Cartoné
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  • Precio: 30 euros
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  • Breccia, Enrique (Author)

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