2013-2023. 10 AÑOS FANCUEVANDO
I. Daredevil: Born Again

‘Los muertos vivientes’ somos nosotros

Los Muertos VivientesCreo que estaré permanentemente en deuda con mi compañero P. Roberto J. por darme el empujón definitivo con sus recomendaciones y aventurarme a comprar (algo complicado en tiempos de crisis) los dos primeros números de ‘Los Muertos Vivientes’. Ahora me insulto a mi mismo por no haberme atrevido antes a empezar esta desgarrante colección.

Y es que creo que caí en la trampa de las primeras apariencias, trampa preparada para cualquier ser humano y en la que solemos caer con facilidad. No soy muy fan del género zombie, sí, lo siento, parece ser requisito indispensable para todo friki es que guste de esta clase de historias sea en el formato que sea. Pero personalmente, los despellejados comecerebros nunca han sido de mi agrado salvo en la saga Resident Evil.

Pero calificar a ‘Los muertos vivientes’ como una historia de zombies es un grave error, de ahí la trampa mencionada antes, y es que los zombis aquí simplemente son un detonante para que prenda la auténtica trama latente y universal para todo buen relato que se jacte de serlo, el ser humano y su relación con el resto de sus semejantes.

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Los exterminadores: una vida bicha, un cómic que no hay por dónde coger

Los exterminadores, una vida bicha (planeta)Dejémoslo claro: Los Exterminadores es una basura de serie. No sé muy bien qué puede pasar por la cabeza de su autor, Simon Oliver, para decidir que esto sería un buen cómic (o una buena serie de televisión, que es como estaba concebido el guión en un primer momento), pero parece más una idea divertida (sin más) que es imposible desarrollar que una sólida base.

Esto es como las películas que nada más verlas piensas: «si hubiera sido un corto, lo habría aguantado mejor». Porque Los exterminadores nace de un planteamiento extravagante (contar una historia sobre exterminadores de plagas) que pronto se aboca al vacío más absurdo.

Ni desarrollo de personajes ni historias con gancho ni tan siquiera una mezcla de referencias que, de puro extraña, acabe resultando en un refrito apetecible. Ya puestos a hacer cosas absurdas, es mejor llevarlas al límite y mezclar una especie de Canción triste de Hill Street (versión exterminadores de cucarachas) con Cuando ruge la marabunta se me antoja el momento perfecto para hacer el cómic más bizarro posible.

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