Etiqueta: Rob Guillory

  • ‘Chew’ & ‘Chu’: tercer plato y postre

    ‘Chew’ & ‘Chu’: tercer plato y postre

    Creo que, de una forma u otra, es algo que ya hemos afirmado en las dos reseñas anteriores que dedicamos, respectivamente, a los dos primeros integrales de ‘Chew‘ pero, por si acaso, a riesgo de resultar reiterativos, vayamos otra vez y afirmemos que esta serie de 60 números firmada por John Layman y Rob Guillory es una de las más —cuando no la MÁS— originales propuestas que nos haya llegado del otro lado del Atlántico, no ya bajo el sello de Image, que también, sino de cualquiera de los muchos que conforman el panorama yanqui del noveno arte. Una originalidad que pasa por tomarse a cachondeo todo lo que va transcurriendo en las aventuras de Tony Chu y compañía y que, en las páginas de este último volumen con el que Planeta Cómic cierra la espectacular edición que ha hecho de la cabecera al completo, aumenta el dial de lo desopilante hasta niveles que resultan, y me vais a perdonar el epíteto, descojonantes hasta decir basta: muestras de ello hay a patadas a lo largo de las más de 600 páginas que conforman el integral, pero creo que los dos mejores ejemplos de cómo Layman conecta con el absurdo, importándole un pimiento, aparentemente, cualquier otra disquisición son, primero las dobles splash pages en la que vemos como ¡Poyo! se enfrenta a enemigos salidos de una imaginación muy salvaje —lo del caracol con cabeza de cabra, el Scargoat (juego intraducible de palabras que mezcla el francés scargot, caracol, con el goat, cabra, inglés; sólo es la punta de un iceberg descacharrante— y, después, el auténtico desmadre que es la multiplicación por 10 de los poderes asociados a la comida que entran aquí en juego poniendo al límite las habilidades de Chu y su cibopatía.

    Podría parecer, como indicábamos en el párrafo anterior, que todo ese derroche de humor absurdo, que tan bien ha quedado siempre reforzado a nivel gráfico por el sumo desenfado de Guillory y ese trazo suyo tan decididamente caricaturesco, exagerado y alocado, sólo tiene un objeto: el de hacernos reír cuanto más mejor sin importar nada más. Y aunque mucho de eso hay en ‘Chew’, y es incuestionable que es este un cómic llamado al entretenimiento por encima de cualquier otra cosa, queda ahí de fondo la intención de Layman de construir una suerte de drama de tintes shakesperianos con traiciones imperdonables, decisiones imposibles de tomar y un tramo final que, en perfecta resonancia con postulados salidos del más cruento George R.R. Martin, nos obligan a optar por la misma vía que hiciéramos con ‘Juego de tronos‘: no encariñarnos de nadie porque, cuidado, ‘Chew’ se las gasta como él sólo para apuñalar nuestros sentimientos a poco que nos despistemos. No en vano, el tiempo invertido en la lectura de la serie, por mucho que el humor sea la tónica reinante en la misma, o quizás gracias a él, provoca que cojamos mucho cariño a Tony, Amelia, John e incluso a bastardos como Savoy o el irritante jefe de Tony en la FDA, Mike Applebee.

    Todos ellos se ven abocados en este tramo final de la serie a lo que Layman ha ido construyendo, a fuego lento, desde que esas letras gigantescas en llamas envolvieran a nuestro planeta en el primer tercio de la cabecera. Pero antes de eso, antes de ocuparse de lo más relevante de la serie y tomar, como decimos, giros que jamás podríamos esperar, el guionista cierra, de manera contundente y feroz, todo lo relativo al Coleccionista, ese «vampiro» que ha ido haciéndose con más y más poderes de gente con habilidades relacionadas con la comida y que amenaza con la seguridad de toda la especie humana. Resuelto, como decimos, de forma salvaje —y cachondísima, claro—, y entremetiendo antes de llegar al grand finale un especial dedicado a ¡Poyo! y el poco interesante cruce con ‘Revival‘, ‘Chew’ afronta su tramo final dispuesto a conseguir que, al cierre de la colección, nos quede un retrogusto algo peculiar debido a las decisiones por las que opta el guionista de cara a cerrar cinco años de historia. A nosotros nos convence de pleno porque, joder, no es fácil transitar por los derroteros que utiliza Layman y salir tan airoso del empeño, pero eso no quita para que seamos plenamente conscientes de lo mucho que podrá cabrear a los que se lo han pasado bomba con la cabecera el que se vire de manera tan tremebunda hacia lugares que nada tienen que ver con el descacharrante humor que es, sin duda, la piedra angular de ‘Chew’.

    Sea como fuere, ya sabemos qué pasa con los finales de las lecturas o series de largo recorrido: que nunca dejan satisfecho al 100% de su audiencia. Ahí están los ejemplos que siempre se ponen al respecto —’Perdidos‘ y ‘Juego de tronos’— para demostrar que jamás llueve a gusto de todos y que la gente se toma las cosas a nivel demasiado personal cuando sus gustos están en juego. Nosotros, que tenemos un talante algo más abierto, os podemos asegurar que los 60 números de ‘Chew’ valen la pena de principio a fin y que, puestos a tratar de imaginar otra conclusión diferente a la que finalmente podemos leer en el tercer integral, ninguna de las que acuden a nuestro pensamiento son, ni de lejos, tan arriesgadas ni satisfactorias como la «oficial»: Layman cierra una serie con contundencia y personalidad, haciendo que esa originalidad que, decíamos al comienzo, siempre caracterizó a su creación, se mantenga, incólume, hasta el final.

    De hecho, ‘Chew’ nos deja las expectativas tan altas que, tan pronto concluimos la lectura del tercer integral, agarramos esa continuación llamada ‘Chu‘ que nadie esperaba y que se centra en una de las hermanas de Tony —por supuesto, con habilidades relacionadas con la comida, en este caso el poder leer la mente y aprender las habilidades de aquél o aquellos con los que este comiendo siempre y cuando lo que ingiera sea exactamente lo mismo— con ganas de encontrarnos, y nos daba igual, más de lo mismo. Lamentablemente, no es así, y los diez números que Planeta recoge en el complemento a la serie original, no dan para mucho más que mero entretenimiento de limitado encanto. Y no lo decimos ya por el dibujo de Dan Boultwood, que es simpático y agradable —tirando más hacia el cartoon que Guillory— pero carece de la fuerza de su predecesor a los lápices; sino porque Layman parece no estar muy implicado en los dos arcos argumentales que constituyen la historia de Saffron, un personaje que, construido en contraposición a Tony Chu, es una criminal que empieza dando pasos titubeantes en el mundillo de la delincuencia para, dando saltos de gigante de un número a otro, terminar siendo toda una mente maestra.

    ¿Que qué nos falta en ‘Chu’ que encontráramos en ‘Chew’? Por lo pronto ese humor a todo trapo que destilaban de manera tan asombrosa la unión de Layman y Guillory. Insistimos, el dibujo de Boultwood no es malo, ni muchísimo menos, pero carece de la suma expresividad con que sí contaba la cabecera original y no marida de manera tan precisa con los guiones de un escritor que trata aquí de separarse tanto de su personalidad anterior, que termina por ofrecernos algo que, sin ser mediocre, sí que es muy acomodaticio. Hay muchos detalles para sustentar dicha afirmación, pero el que más nos molesta de todos es que no haya en ‘Chu’ tiempo para las hilarantes descripciones de los poderes de la gente que se va cruzando en el camino de Saffron. Dicho de otra manera: no encontraréis aquí la típica página de ‘Chew’ en la que se da cuenta de la «ficha personal» del personaje de turno, optando el guionista por que sean los diálogos y situaciones que se nos presentan lo que nos haga descubrir qué diantres es el poder que sea que se saca de la manga. Unido a esto está, además, el que el segundo arco argumental del volumen tire de una somera iteración sobre algo ya aparecido en ‘Chew’, dando la impresión de que fue la insistencia de los fans o la editorial el que Layman decidiera apostar por una continuación que nos deja muy indiferentes.

    Chew Integral vol.3

    • Autores: John Layman y Rob Guillory
    • Editorial: Planeta Cómic
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 640 páginas
    • Precio: 50 euros

    Chu integral

    • Autores: John Layman y Dan Boultwood
    • Editorial: Planeta Cómic
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 256 páginas
    • Precio: 30 euros
  • ‘Chew Integral 2’, subiendo la apuesta

    ‘Chew Integral 2’, subiendo la apuesta

    Por si la extensión de la reseña que dedicamos al primer integral publicado por Planeta Cómic no fuera suficiente indicativo de cuánto nos voló la cabeza todo lo que ‘Chew‘ ofreció durante los dieciséis meses iniciales de su singladura, os recordamos, por extraer una sola idea de aquél texto, que de la cabecera ideada por John Layman y Rob Guillory dijimos, hace tan sólo un par de meses, que:

    (…)estableciéndose como una serie que no tiene parangón en la historia del noveno arte

    ‘Chew. Integral I’, una gozada cojonuda

    Planeta no nos ha hecho esperar mucho para poder continuar disfrutando de este fértil jardín de extrema originalidad que es la historia de Tony Chu y compañía, y en una lectura que se nos ha pasado volando, aún asumiendo que se extiende durante casi seiscientas páginas, tan sólo hemos tenido que invertir un par de sesiones —intensas que te pasas, pero un par a fin de cuentas— en dejarnos «volar la cabeza» de nuevo por lo que los dos autores continuan desarrollando en una historia de la que habría tanto que poder comentar que no sabemos siquiera por dónde empezar a hacerlo: cabría quizás arrancar por la ingente cantidad de tipejos y tipejas con poderes que ‘Chew’ se sigue sacando de la manga, con ideas tan geniales —y por supuesto, absurdas— como un pintor que puede hacer que sus obras tengan sabor, un artista que es capaz de tallar en chocolate las armas más letales o aquel que transforma las tortillas de los tacos mexicanos en estrellas ninja, el granjero capaz de hacer casas con verduras gigantes, ese hombre que es capaz de producir flatulencias letales de más de 14 kilotones de poder…y eso por no hablar de los exóticos nombres que les ponen a cada uno y que, imagino, han tenido que darle más de un quebradero de cabeza a los traductores al castellano, traductores que, por cierto, salen más que airosos de la empresa.

    Podríamos optar también por dejar las habilidades del universo ‘Chew’ a un lado y abundar en lo mucho que Layman sigue explorando la cibopatía del héroe central —y de los varios personajes que hacen gala del mismo poder que Tony Chu pero con sutiles diferencias— o por todo aquello que dedica, a lo largo de este segundo integral, a la hermana melliza del policía protagonista, una agente de la NASA que puede ver el futuro de las personas si les da un mordisco —ya os he dicho que Layman hace de lo absurdo algo cotidiano en la lectura de la serie— y que tanto juego da en torno a esas misteriosas letras en fuego que siguen siendo un enigma a resolver en un volumen que por todo lo que nos avanza sobre las mismas, nos sigue dejando por el camino muchas cuestiones que responder.

    Tendríamos también la opción, por supuesto, de dejar de lado a Layman y comenzar centrando nuestro discurso en el alucinante trabajo de Rob Guillory, en lo dinámico de sus páginas, lo alocado de su estilo, lo genial de sus diseños y el hecho de que no haya idea, por demencial que sea, que se le ocurra a su compañero de fatigas que él no pueda poner en pie. O, por qué no, podríamos hablar de ¡¡P.O.Y.O!! y de su inesperado protagonismo a lo largo de la narración…por no mencionar a esas páginas dobles que nos arrancan carcajadas cada dos por tres.

    Todos esos comienzos podríamos haber elegido y, todos ellos nos habrían llevado, de nuevo, a la misma inexorable conclusión: que es ‘Chew’ una serie que no os podéis perder; que os estaríais haciendo flaco favor si así fuera; que pocas cabeceras os vais a encontrar que ofrezcan tanta variedad y arriesguen tanto en los giros argumentales como esta —¿o es que alguien se esperaba los derroteros por los que discurre la vida privada de Colby?—; que la edición de Planeta es una gozada con todos sus extras añadidos y que, por supuesto, no lo sabéis, pero queréis un peluche de ranollo en vuestra vida. ¿Hace falta que digamos algo más?

    Chew Integral 2

    • Autores: John Layman y Rob Guillory
    • Editorial: Planeta Cómic
    • Encuadernación:Cartoné
    • Páginas: 576 páginas
    • Precio: 50 euros
  • ‘Chew. Integral I’, una gozada cojonuda

    ‘Chew. Integral I’, una gozada cojonuda

    Aún sometido a la persistente insistencia de mi gran amigo Jose, que no pasaba mes que enunciara una somera iteración sobre la base de «¿Por qué cojones no has leído ‘Chew‘ todavía?», lo cierto es que he de confesar que, aunque le di un par de oportunidades cuando arrancó y una más cuando la cabecera de Image iba por la mitad de su trayectoria, había algo que no terminaba de cuadrarme en la serie creada por John Layman y Rob Guillory y que me echaba a empellones de continuarla. Y no ha sido hasta ahora, una vez dada cuenta de este primer integral de los tres que publicará Planeta recogiendo la totalidad de la loca propuesta de los artistas estadounidenses, que he podido identificar lo qué diantres fuera me impedía disfrutar de pleno de esta soberbia gozada que son las aventuras del Agente Federal Chu….y, si os ha pasado por la cabeza, sí, estáis en lo cierto, era mi propia y supina estupidez. Es más, es que después de haber leído con considerable fruición estás casi 600 páginas, la ansiedad por saber cómo continua la historia fue claro indicativo de que bien me habría ido haciéndole caso mucho antes a mi viejo colega.

    Pero, como reza el refrán, «nunca es tarde si la dicha es buena», y la dicha que mana de las páginas de ‘Chew’ no es que sea buena, es que coge al apelativo y lo adereza de tantos y tantos sabores para el disfrute que uno no puede más que terminar rindiéndose a la evidencia de estar ante una de las propuestas más arriesgadas y bizarras —en el significado anglosajón del término, que os recuerdo que en castellano bizarro es valiente, no extraño como en inglés— que se han visto en el vasto panorama yanqui del noveno arte en los últimos…no sé…¿20 años? ¿Que estoy exagerando? Para nada. De hecho, si pensáis eso es que no os habéis asomado a lo que Layman propone en una cabecera que parte de un par de premisas básicas.

    La primera, que el mundo en el que se desarrolla ‘Chew’ es uno poblado de gentes con poderes la mar de extraños como la cibopatía que caracteriza a nuestro particular héroe, un poder que le permite obtener una impresión psíquica de aquello que ingiere. En otras palabras, que puede ver de qué está hecho lo que come, cuál es su origen, qué químicos le han añadido y, si hablamos de cadáveres, cuáles fueron las experiencias del difunto. Y, claro, con tales habilidades, Tony Chu, que se alimenta únicamente de remolacha, no puede dedicarse a otra cosa que a resolver los crímenes más surrealistas que os podáis imaginar.

    La segunda no es que junto a él, Layman imagine a toda una cohorte de secundarios de lo más variopinto que incluyen desde vampiros —también cibópatas— a pollos biónicos o críticas culinarias capaces de transmitir con sus vívidos textos la experiencia misma de estar comiendo —para bien y, claro está, para mal—. No, la segunda es que en el mundo de ‘Chew’, y después de una pandemia que acabó con mucha, pero mucha gente, en Estados Unidos se haya prohibido el consumo del pollo y el mercado negro en torno a él sea motor silente de un entramado que, agarraos, también incluye a un sustitutivo del ave que ríete tú de Heura o cualquier opción vegana elaborada a partir de proteína de soja de cuantas cabe encontrar hoy en día en nuestros supermercados.

    Y es que ese sustituto que está llamado a hacer algo más que revolucionar el mercado no es sino una semilla de origen extraterrestre dispuesta a conquistar nuestro planeta. Vamos, algo así como la Audrey de ‘La pequeña tienda de los horrores‘ cruzada con las semillas de ‘La invasión de los ladrones de cuerpos‘ en un cóctel que no se corta ni un pelo para incluir toda idea loca —pero LOCA DE VERDAD— que se le pasa por la cabeza a un guionista que parece adherirse con firmeza a la máxima del «todo vale» para hacer de cada número de la colección un auténtico viaje por mil y un recursos argumentales diferentes trufados, del primero al último, de un humor que es descacharrante, hilarante, desopilante y que, al menos al que esto suscribe, consigue arrancar carcajadas cada dos por tres.

    Un humor que, si atendéis a la portada o echáis un vistazo a las viñetas que hemos incluido más arriba, encuentra en Rob Guillory el perfecto acomodo: el estilo desenfadado, caricaturizado y MUY exagerado —y desproporcionado— del artista de Louisiana es el idóneo para dar rienda suelta al aparato que construye Layman, y la combinación de lo que uno y otro pone en pie determina el que ‘Chew’ raye a la altura que lo hace, estableciéndose como una serie que no tiene parangón en la historia del noveno arte. ¿Exagerando de nuevo? Si pensáis eso se plantean dos opciones. Una, que hayáis leído ‘Chew’ y no os haya dicho nada. Daos tiempo y volved a ella en unos años. Dos, que no os llame la atención y hayáis decidido pasar de ella. Haceos un favor, dejad prejuicio a un lado y dadle la oportunidad a un cómic que sólo tiene un objetivo en mente: que paséis el rato más divertido de vuestras vidas mientras asistís, intrigados, a una historia a la que es COMPLETAMENTE IMPOSIBLE anticiparse.

    Chew. Integral I

    • Autores: John Layman y Rob Guillory
    • Editorial: Planeta Cómic
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 576 páginas
    • Precio: 50 euros
  • ‘Chew Vol.10: Morcilla de Sangre’, sabor a venganza

    ‘Chew Vol.10: Morcilla de Sangre’, sabor a venganza

    Chew
    Es una pena que una serie tan divertida, original y trepidante como esta no alcance el reconocimiento que se merece, sobre todo después de haber leído ya un buen trecho de todo lo que piensa exponer durante los sesenta números que, supuestamente, durará. Admitámoslo, un tebeo protagonizado por un detective que resuelve casos al recibir información una vez que ha ingerido “algo” que esté directamente relacionado con el misterio en cuestión es, cuando menos, curioso. Pero una cosa no quita la otra y las aventuras de Tony Chu es de lo mejor que podemos leer en el actual panorama comiquero.

    Alcanzamos en nuestro país la décima entrega con este ‘Chew Vol.10: Morcilla de Sangre’ y los seguidores de la serie pueden estar tranquilos ya que este nuevo volumen sigue en la línea de los anteriores, con todos sus ingredientes: chistes y chascarrillos a porrillo, continuas referencias culinarias y nuevas amenazas como son los “creosacaros” y los “gelasesinos”. Ahí es nada. A poco que le echemos un ligero vistazo a algunas de las páginas de Chew, nos podemos hacer una idea de las verdaderas intenciones de los autores: divertir y entretener al precio que sea.

    Las cosas no pintan demasiado bien para nuestros policías favoritos ya que tras los acontecimientos narrados en la anterior entrega, la mayoría de ellos terminaron un poco perjudicados en el hospital. Pero lo bueno está por llegar, la venganza está próxima y que nadie crea que todos estos actos van a quedar impunes. Chu ya se ha puesto manos a la obra y tan pronto encuentre a Poyo las respuestas se irán sucediendo a velocidad vertiginosa. Pero no será tarea fácil dar con él, sobre todo, teniendo en cuenta cómo finalizó el anterior tomo de la serie. Todo indica a un leve cambio de tono en la aventura, la conclusión está cerca y el ambiente se ha ido ensombreciendo poco a poco.

    John Layman ha demostrado desde el primer número de la colección que es un tipo bastante inteligente, dejando caer en cada número pequeñas pistas y misterios (en un equilibrio perfecto) que no han hecho otra cosa más que enriquecer la narración. Ahora que todo apunta a un final apoteósico, todos esos detalles adquieren importancia y se van resolviendo con muchísimo acierto. Y no podemos dejar atrás a su fiel escudero, un Rob Guillory que, con un estilo tan personal como fresco, ha conseguido imprimir a la colección una identidad propia y característica. Todo esto bastante comprensible si tenemos en cuenta que Chew se publica allá en los Estados Unidos por Image Comics, una de las pocas editoriales que parece estar dispuesta en arriesgar bastante en sus propuestas. Otras no pueden decir lo mismo.
    [Grade — 8,50]

    Chew Vol.10: Morcilla de Sangre

    • Autores: John Layman y Rob Guillory
    • Editorial: Planeta Comic
    • Encuadernación: Rústica
    • Páginas: 128
    • Precio: 15,95 euros
  • ‘Chew Vol.9: Palitos de Pollo’, rico, rico y con carcajadas

    ‘Chew Vol.9: Palitos de Pollo’, rico, rico y con carcajadas

    chew
    Parece que el ritmo de publicación de una de las series más apetitosas de todo el panorama comiquero actual se ha visto acelerado en los últimos meses gracias a la buena planificación editorial de Planeta Comic. Como ya hemos dichos desde esta página multitud de veces, una de las editoriales que mayor crecimiento, en cuanto a calidad y fondo de catálogo, ha experimentado recientemente ha sido Image, aquel sello que casi acaba con la industria allá por los noventa, se encuentra actualmente viviendo su mejor momento.

    Cada vez son más los autores que deciden trasladarse hacia Image con proyectos interesantísimos bajo el brazo, huyendo de las ataduras que Marvel y DC imponen a sus trabajadores. Tal es así que echando un ligero vistazo al catálogo mensual Previews nos damos cuenta del estatus de editorial “grande” que ha alcanzado, guionistas y dibujantes de primer orden llenan los anuncios de futuras publicaciones. Pero ante la avalancha de nuevas cabeceras siempre hay algunas veteranas como este Chew.

    La serie de John Layman y Rob Guillory se ha convertido en una de las más queridas por los aficionados, gracias a su peculiar mezcla de humor, intriga y todo tipo de chaladuras que se le ocurra al guionista. Ya saben, cuando el protagonista principal es un agente federal que tiene la habilidad de conseguir impresiones psíquicas de todo lo que come (todo, todo), es algo que da mucho juego a la hora de presentar situaciones, digamos, poco vistas en un comic.

    Los autores ya han anunciado que la entrega 60 cerrará las aventuras de Tony Chu, algo que siempre ayuda a la hora de captar nuevos lectores. En este nuevo tomo, ‘Chew Vol.9: Palitos de Pollo’, asistiremos a un nuevo capítulo en la vida de Chu, que cada vez parece más y más complicada. Mientras sus obligaciones lo hacen desplazarse por los rincones más recónditos del planeta, su gente de confianza parece decidida a atrapar al asesino de Toni, la hermana gemela de Tony. Una trama que cada vez está más interesante y que, como pueden deducir por el número que aparece en la portada, está cercana a finalizar. De lo mejor que se puede leer ahora mismo.
    [Grade — 8.50]

    Chew Vol.9: Palitos de Pollo

    • Autores: Rob Gillory y John Layman
    • Editorial: Planeta Comic
    • Encuadernación: Rústica
    • Páginas: 160
    • Precio: 16,95 euros
  • ‘Chew vol.8: Recetas Familiares’, gran pitanza en el Restaurante Layman

    ‘Chew vol.8: Recetas Familiares’, gran pitanza en el Restaurante Layman

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    Mucho ha cambiado los gustos de los aficionados al comic en los últimos años y gran culpa de ello la tienen las nuevas editoriales que han ido poblando su catalogo de nuevas y originales propuestas. Uno de los sellos que ha conseguido plantar cara a las dos grandes, Marvel y DC, ha sido Image que mes tras mes copa las estanterías de las librerías con algunos de los mejores tebeos que se pueden leer. Poco importa el género al que pertenezcan estos comics ya que desde el terror a la ciencia ficción pasando por el humor o el noir, Image, todo lo que hace lo hace bien.

    Chew es una de esas colecciones que poco a poco ha juntado a una legión de fans bastante considerable y fiel a la alocada historia de Tony Chu. John Layman y Rob Guillory se sacaron de la manga una serie cargada de humor absurdo y multitud de chistes a cada cual más divertido. Con un argumento que te atrapa desde la primera página, toda la acción gira en torno al mencionado Chu, un agente perteneciente a la Administración de Comida y Droga que resuelve los casos a base de recibir impresiones psíquicas de todo lo que se pueda comer.

    Esta premisa generará toda clase de situaciones disparatadas en las que nuestro protagonista tendrá que hincarle el diente a algunos de los manjares más desagradables que se le ocurran a una persona. Pero claro, no solo Chu será la estrella del tebeo, ya que Layman lo rodea de un elenco de secundarios que hace de esta aventura una experiencia aun más cómica y delirante. Humor y suspense es lo que vamos a encontrar en esta octava entrega de la serie, Recetas Familiares, donde todas las piezas del puzle se van juntando para preparar un acontecimiento importante.

    La investigación del asesinato de su hermana, los grupos sectarios que se oponen al consumo de pollos, El Coleccionista y el misterioso Savoy, elementos todos ellos que se cruzarán en un futuro muy cercano y pondrá patas arriba la vida de Chu y sus compañeros de correrías. Y ahí estará Guillori para mostrárnoslo con su peculiar estilo pictórico, una mezcla perfecta entre caricatura y fealdad que le viene que ni pintado al tono guasón de la colección. Ganadora de incontables premios, Chew, es un soplo de aire fresco para todo aquel que se quiera alejar de las manidas aventuras superheroicas y quiera probar nuevos y atrevidos manjares.
    [Grade — 9.00]

    Chew vol.8: Recetas Familiares

    • Autores: John Layman y Rob Guillory
    • Editorial: Planeta Comic
    • Encuadernación: Rústica
    • Páginas: 120
    • Precio: 15,95 euros
  • ‘Chew #1: Al gusto del consumidor’, divertido cómic a tener en cuenta

    ‘Chew #1: Al gusto del consumidor’, divertido cómic a tener en cuenta

    Chew Al gusto del consumidor John Layman Rob Guillory

    Bienvenido a la FDA… Agente Chu

    –Savoy

    Cuando hace unos meses Jaime dio sus primeras impresiones sobre ‘Chew‘, me pareció que tenía una premisa muy interesante. Así que cuando el mes pasado Planeta de Agostini publicó el primer tomo de la serie, no me lo pensé dos veces y me hice con él, y creo que es de las mejores nuevas series que he tenido el gusto de leer.

    Chew: Al gusto del consumidor‘ reúne los cinco primeros números de ‘Chew’, un cómic creado por John Layman, guionista que hasta ahora había pasado algo desapercibido, encargándose de títulos no muy boyantes, de hecho yo lo «descubrí» en ‘Escuadrón Centinela O*N*E’ (dibujado por Lopresti y Rapmund) y Rob Guillory, a quien nos lo podremos encontrar en la aclamada ‘Popgun’.

    Nos encontramos en EEUU una nación en la que, a raíz de la gripe aviar (que mató a 23 millones de americanos), se ha vetado el uso y consumo de pollo. Como podréis imaginar la prohibición de pollo ha traído mucha cola, de ahí que la FDA (Food and Drug Administration) se haya convertido en el órgano policial más importante de Estados Unidos. Y aquí es donde entra Tony Chu, un cibópata, es decir, una persona que posee la habilidad de captar sensaciones psíquicas de los alimentos.
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  • ‘Chew’, el cómic del detective gourmet, tendrá una serie de TV [SDCCI 2010]

    ‘Chew’, el cómic del detective gourmet, tendrá una serie de TV [SDCCI 2010]

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    Image está de enhorabuena respecto a las adaptaciones televisivas de sus series, ya que además de la esperada versión de ‘The Walking Dead’ prevista para octubre, se acaba de confirmar que ‘Chew’ también llegará a la pequeña pantalla. ‘Chew’ es un cómic creado por el guionista John Layman y el dibujante Rob Guillory. Nos cuenta la historia de un detective de homicidios que tiene la capacidad de recibir impresiones físicas de los alimentos que ingiere.

    Así pues, los crímenes en los que se ve envuelto, además de estrambóticos e intrigantes, siempre suelen terminar con el prota llevándose algo a la boca (y no empecemos a pensar mal). Planeta acaba de publicar el primer tomo recopilatorio de la serie en España, y en EE.UU. ya ha cosechado un éxito bastante notable. Aun así, me llama bastante la atención que con apenas 12 números publicados se hayan decidido ya a darle una serie en la tele. Eso sí, no pasa de detalle curioso porque la verdad es que ‘Chew’ es un cómic excelente, divertido y original, así que puede dar pie a una adaptación de calidad.

    Stephen Hopkins ha sido designado como director y productor ejecutivo de la serie. En su curriculum encontramos películas como ‘Predator 2’ y ‘The Reaping’, así como la dirección de algunos episodios de series como ’24’ y ‘Californication’. En estos momentos están buscando un guionista para el proyecto, y espero que a lo largo de la Comic-Con conozcamos nuevos detalles sobre esta producción.

    Vía | Deadline
    En Zona Fandom | ‘Chew’, el detective gourmet