La referencia obvia es más que evidente: ‘Waterworld‘, aquella cinta dirigida por Kevin Reynolds a mayor gloria de Kevin Costner que le costó algo más que meros desvelos a Universal y que, a día de hoy, casi treinta años después aún divide a la opinión sobre si es una cinta de culto o un sub-producto completamente prescindible. Nosotros, que siempre la hemos tenido en mucha estima, nos inclinamos por supuesto por la primera opción y, claro, no podemos dejar de ver su clarísima huella en el planteamiento de partida que hace Christopher Cantwell para este ‘Namor. Litorales conquistados‘. Hábil, no obstante, el guionista sólo se acerca a la cinta de ciencia-ficción post-apocalípitica en lo que a claro referente de la cultura popular se refiere y, raudo, establece parámetros bien diferentes para lo que se desarrolla en la miniserie. Para empezar, estamos en un mundo anegado por las aguas debido a un ataque Kree. Para continuar, dicho ataque provocó, décadas atrás, que la práctica totalidad de los héroes del Universo Marvel, se fueran al espacio para clamar venganza contra la raza extraterrestre. Y, para terminar, eso es lo que abrió la posibilidad para el florecimiento de Atlantis y para que surgieran dos colonias de humanos, una submarina al amparo de Namor que controla Steve Rogers, y otra terrestre vista con muy malos ojos por los atlantes, Namor incluido, que está bajo la protección de Luke Cage. En este juego a tres bandas, el ambiente está muy caldeado, y la mecha que prenderá la Antorcha Humana original provocará no pocos incendios.
En cierto modo, lo que ‘Litorales conquistados’ plantea —y es algo en lo que se incide con mayor o menor intensidad a lo largo del desarrollo de la historia— es en que esto sea una suerte de «el fin» de los Invasores. Vale, no están Bucky ni Toro, pero la presencia de Namor, el Capitán América y la Antorcha, los tres héroes que lucharon contra el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial, deja muy claro los intereses de Cantwell. Al menos uno de ellos, porque hay más tela que cortar en 120 páginas que reflexionan sobre la convivencia de las diferentes razas de nuestro mundo, sobre la necesidad imperiosa de cuidar de él y, de soslayo, sobre la migración y la obligación de ver a nuestros congéneres como eso, congéneres que si huyen de su país no es por antojo. Todo ello envuelto en el manto de un relato que no renuncia en ningún momento a los tropos Marvel de acción y hostias; que viene dibujado de manera soberbia —no podía ser menos— por un Pasqual Ferry que conjuga a la perfección la naturalidad de sus personajes con la confección de unos escenarios impresionantes —cada vez que la acción se mueve a Atlantis nos quedamos anonadados—; que se lee en un suspiro y que, aunque es bastante predecible —pocos cómics Marvel no lo son hoy en día— deja un espléndido sabor de boca. Vale, no está a la altura del ‘Old Man Logan‘ de Mark Millar pero, dejando comparaciones absurdas al margen, nos quedamos muy satisfechos con esta sólida lectura. ‘Nuff said!!!!
Vistos desde la distancia que da el tiempo, los tres años que, en términos de acontecimientos Marvel, transcurrieron entre 2005 y 2008, no deberían ser más importantes que cualquier terna de años de cuantos ha conocido ya la Casa de las Ideas a lo largo de sus seis décadas de historia. Pero a poco que uno haga memoria o tire de hemeroteca, se hace muy evidente que lo que tuvo lugar en el seno de la editorial en aquél reducido periodo fue de todo menos normal. Y es que, para aquellos que ya confundan este con aquél evento —nada que reprochar ahí, al menos a vosotros, queridos lectores, si hay alguien a quien reprochar dicha confusión es a una política editorial que ha desvirtuado por completo la relevancia de sus grandes gestas anuales—, 2005 supuso el lanzamiento de ‘Dinastía de M‘, 2006 de ‘Civil War‘ y ‘2008’ de ‘Invasión Secreta‘, tres terremotos de 9.0 en la escala Richter que, bajo el auspicio de Brian Michael Bendis, hicieron que todos los ojos del fandom se giraran hacia una editorial que, de repente, estaba en el epicentro del mundo yanqui…de los cómics, claro.
Y si bien esa distancia de la que hablábamos al comienzo del párrafo anterior permite valorar con conocimiento de causa todo lo que los tres eventos comportaron para el Universo Marvel, los casi veinte años que ya han transcurrido con respecto al primero de ellos restan mucha efectividad al discurso. Para que lo entendáis con un ejemplo reciente: no es lo mismo hablar ahora de ‘Vengadores: Endgame’ —y eso que sólo han pasado cuatro años desde su estreno…los mismos que ha necesitado el UCM para pasar de indispensable a completamente prescindible— y hacerlo con todos los datos y la perspectiva que da, sobre todo, lo que ha venido después de ellos, que hacerlo en aquél prodigioso instante en que, con lágrimas en los ojos, asistimos perplejos al portentoso despliegue con el que los hermanos Russo coronaron la tercera fase del UCM y cerraron la que, ya no nos cabe duda, será la mejor etapa que haya conocido jamás el cine de superhéroes.
Y es que la terna que Bendis iniciara con ‘Dinastía de M’ —sobre la que no volveremos a hablar, que ya lo hemos hecho recientemente, y por segunda vez en poco tiempo—, que Millar continuara con aquella guerra civil que sacudió los cimientos internos del Universo Marvel y que Bendis cerrara con esa invasión Skrull que tan pésimo traslado ha tenido a la pequeña pantalla, sirvió, entre otras cosas, como muy bien apunta Julián M. Clemente en su extenso texto de prólogo del volumen que hoy nos ocupa, para colocar a nuestro adorado guionista en una posición privilegiada, esa que en su momento se nombró como Arquitecto del Universo Marvel y que quería destacar cómo Bendis, después de unos primeros compases que a nosotros nos siguen pareciendo geniales pero que entendemos como titubeantes y poco respetuosos con la larga continuidad del cosmos de la editorial, por fin tomaba pulso firme a lo que tenía entre manos y callaba boca tras boca; no sólo con los números que correspondían a los eventos per se, si no, como podemos observar en estas más de 700 páginas, a lo que orbitó en torno a cada uno de ellos.
De hecho, este segundo Ómnibus de ‘Los Nuevos Vengadores‘, se abre precisamente con las consecuencias del «No más mutantes» que Bendis ponía en boca de Wanda Maximoff y que eliminaba los poderes del 90% de la población con genes X del mundo, preguntándose el guionista qué pasaba con toda esa energía y dando respuesta a dicha cuestión con un arco argumental dibujado con considerable fuerza por Mike Deodato Jr.. El resultado, no obstante, tiene a nuestro parecer una pequeña falla en eso que siempre suele pasar en los tebeos de superhéroes con el síndrome del «villano más fuerte», ese que a todas luces es invencible y después resulta que era bastante manejable. Quitando eso, un potente arranque para un volumen que, conforme avanza, afianza considerablemente el calado de su propuesta, como bien dejan ver los diversos números en los que Bendis orbita alrededor de los acontecimientos de ‘Civil War’.
Antes de ellos, no obstante, habrá una boda y la ya legendaria introducción de los Illuminati en el Universo Marvel en un número que es todo un dechado de virtudes en concisión narrativa y que recorre varias décadas de historia secreta del grupo formado por Iron Man, Stephen Strange, Xavier, Reed Richards, Rayo Negro y Namor, culminando con lo que llevará a otro apasionante camino de aquellos años, el ‘Planeta Hulk‘ de Greg Pak. Toda vez llegados a los números en torno al enfrentamiento que escindiría en dos el mundo superheróico de la editorial, y centrando su atención en la individualidad en lugar de la agrupación, hay quien dice que lo que Bendis consigue en los números 21 a 25 de la serie y en ese especial titulado ‘La confesión‘ es muchísimo mejor que lo que Millar logra en los ocho ejemplares de que consiste la historia principal. No llegaríamos nosotros a tanto —ya sabéis de nuestra filia por el escocés—, pero es cierto que cada uno de los seis, sobre todo el especial por su calado emocional, está a una alturaalucinante que no encuentra en el primer peldaño, dibujado por un Howard Chaykin que no entiende el tebeo de superhéroes, respuesta directa en términos visuales.
Afortunadamente, sí que la hayamos en Olivier Coipel, Pasqual Ferry, Jim Cheung, Alex Maalev o el que se convertirá en dibujante regular de la cabecera en el camino hacia el tercer evento: Leinil Francis Yu. Arropado en su estilo sucio casi siempre centrado en los personajes —es muy habitual que sus fondos no sean más que una mancha de color degradado— Yu entra en la colección con ‘Revolución’ —arco que introduce a Ronin en el microcosmos de los Vengadores—; se encarga de llevarla hasta el impactante final del número 3 y continua con ‘La confianza’, tramo en el que comienza a construirse, con suma calma y esmero lo que explotará cuando se sepa que el Universo Marvel lleva años infiltrado a gran escala por los Skrulls. Habrá lugar aquí también para el cruce con el arranque de ‘Los Poderosos Vengadores‘ —no hubiera sido mala idea incluir los primeros números de la cabecera dibujada por Frank Cho aquí, la verdad—, para la aparición de Capucha Roja y para más cosas que, bajo la constante de Bendis de ir desarrollando relaciones y personajes de forma indistinta, demuestran sin atisbo de duda la grandeza de una cabecera a la que, cuidado, aún le queda MUCHO que decir. ‘Nuff said!!!!
Tenía que pasar. Era cuestión de tiempo hasta que llegara este momento. Escribir historias que sirvan como precuela a algo que ya había sido publicado tiene el “inconveniente” de no sorprender demasiado en cuanto al final de relato se refiere. Una resolución que el lector ya conoce con antelación como es el caso de la última miniserie protagonizada por Maestro, la contrapartida malvada de Hulk proveniente de un futuro alternativo. Su debut tuvo lugar en la clásica ‘Futuro Imperfecto‘, un relato que nos mostraba un panorama desolador provocado por la tan temida guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Entre la contaminación y la radioactividad aparece la figura de un dictador, Maestro, que no permitirá la más mínima insubordinación entre la gente que hace lo posible por sobrevivir en el apocalíptico entorno. Una historia cerrada que se ha ido ampliando con el paso de los años gracias al carisma y al potencial de los personajes que aparecían allí. Panini recoge en el presente volumen el tercer título de una saga que llega a su fin, una aventura que conecta con la mencionada la noventera Futuro Imperfecto y cuyo título, ‘World War M’, nos da alguna que otra pista de hacia dónde se va a dirigir el guión de Peter David. El viaje ha merecido la pena, muchos han sido los detalles arrojados a lo largo de ‘Sinfonía en Clave de Gamma’, ‘Guerra y Pax’ y el presente volumen que han servido para profundizar en un personaje tan malvado como atractivo para el lector.
Una ampliación al Universo Imperfecto que se iniciaba con los motivos por los que Hulk decide emprender su camino hacia el lado oscuro y como va apartando de su camino a todo aquel rival que ose oponerse a su sed de poder y dominación total. También tendrá su momento de gloria El Panteón, un grupo de personajes secundarios que formaron parte de uno de los momentos más inspirados y recordados de la etapa en la que David capitaneaba la cabecera del coloso esmeralda. Para terminar de redondear la trama no hay nada mejor que añadir otros nombres de relumbrón como el Doctor Muerte, Namor, la Abominación o la Antorcha Humana original. Un guión que combina magistralmente a todos estos personajes, creando alianzas imposibles entre ellos con el único fin de atacar a Maestro y acabar con su hegemonía dictatorial. Un plan que, sobre el papel, parece contar con bastantes aciertos pero que, llevado a la práctica, puede encontrar cierta oposición del objetivo. Para terminar de establecer las conexiones necesarias con Futuro Imperfecto, se incluye la presencia de Rick Jones y su nieta Janis, ambos preparan el plan que el guionista de Maryland nos enseñó allí, y lo dejan todo atado y bien atado. Una confrontación que deja muy buen sabor de boca al aficionado, complementando unas situaciones y personajes que pedían a gritos un rescate como este. Pascual Ferry (de manera casi testimonial), Germán Peralta (en su mayoría) y Sebastian Cabrol (el último número) son los encargados de ilustrar esta última pieza de un puzzle que nos ha hecho vibrar a toro pasado gracias a uno de los títulos más recordados y certeros de los años noventa, dejando constancia del buen hacer de un Peter David que, a pesar del paso de los años y problemas de salud que sufre, sigue siendo el autor que mejor ha sabido tratar a Hulk.
Maestro 3. World War M
Autores: Peter David, Germán Peralta y Pasqual Ferry
Decía el otro día que, algo hastiado de la continuidad y de lo que ella implica, estaba encantado de lo que el Black Label de DC llevaba ofreciendo desde su arranque: historias autoconclusivas completamente independientes de cualquier continuidad que, sí, se disfrutan más cuanto más sabe uno de la historia de sus personajes, pero no necesitan de ello para resultar lecturas completamente satisfactorias. Como Elseworlds disfrazadas con otro nombre, quiero pensar que las historias que DC ha ido publicando en los últimos años bajo el sello se encuentran detrás del los tímidos accesos de Marvel a su línea What If…?, una que fue considerablemente abonada durante muchos años pero que, a estos ojos, nunca llegó a eclosionar anclada, como estaba, por su propia idiosincrasia de «serie regular discreta» y no como un proyecto que contara con el fuerte respaldo de editorial y autores de peso. Sin saber si La Casa de las Ideas tendrá en mente responder en un futuro al Black Label con su propia contrapartida —algo que, sed sinceros, mataríais por leer ¿verdad?—, y con la línea Ultimate como intento fallido de conseguir algo así —fallido porque, llegado el momento, no se supo rematar a tiempo de evitar que se convirtiera en, exacto, otra continuidad— la miniserie de cinco números que Panini recoge en el volumen que hoy os traemos no deja de ser una curiosidad…que ya habíamos leído.
Si la memoria no me falla, lo que Chip Zdarsky necesita cinco números para desarrollar —y medio rematar, que se deja abierta una molesta puerta a una posible continuación— ya lo habíamos visto, in illo tempore, en el número 4 de la serie regular de ‘What If…?’. Un número que, con ‘¿Y si el simbionte hubiera poseido a Spider-man?‘ por título, planteaba precisamente lo que el dibujante y guionista se pregunta aquí: qué hubiera pasado si Peter sucumbiera a la seducción del traje negro que se trajo de las ‘Secret Wars’. Dilatada a lo largo de cinco números que se antojan excesivos, la respuesta que el guionista nos ofrece, sin ser insatisfactoria, queda lejos de estar a la altura, no ya de sus ‘Daredevil‘ o ‘Stillwater‘, sino de la considerable grandeza que, con el arácnido por protagonista, capturaba en ‘Life Story‘ y en esa continuación que citábamos como parte de lo mejor de 2020 en USA. Así las cosas, y aunque siempre es excitante ver cómo los What If…? se apartan de la historia «regular», lo mejor de estos cinco números, salvo puntuales ideas de Zdarsky, son las páginas de un Pasqual Ferry que, aunque esté en horas bajas —nuestro artista lleva aquejando problemas de salud desde hace un par de años y eso, se nota, aunque no mucho, en sus planchas— sigue dando muestras de genio, contándose entre las mejores de ellas las que conforman el tercer número, con la versión oscura del arácnido enfrentándose a los Seis Siniestros en 24 páginas que no tienen desperdicio. Por lo demás, como decimos, para los muy Marvel Zombies.‘Nuff said!!!!
Echándose a un lado momentáneamente —volvería, como veremos más abajo, para dar cierre a su creación—, fue toda una sorpresa en su momento el que Alan Moore dejara en manos de otros compañeros de profesión el narrar las aventuras de Tom Strong durante la decena de números que transcurrieron entre el 26 y el 35, permitiendo así que voces ajenas enriquecieran, si es que tal cosa era posible, el manantial incontenible de imaginación que hasta entonces había sido la serie gracias a su trabajo y el de Chris Sprouse. ¿Consiguieron los invitados estar a la altura de tan hercúlea tarea? Sí. Con matices, pero sí. ¿Que qué matices son esos? Pasemos a ponderarlos de manera sucinta, que tampoco es cuestión de realizar ahora un análisis exhaustivo número a número y página a página.
Digamos que, siempre que nos encontramos ante la tesitura de valorar una obra global, y más cuando viene firmada por guionistas de la talla de Mark Schultz, Brian K. Vaughan, Ed Brubaker, Joe Casey o el mísmisimo Michael Moorcock, es muy normal tender a dejarse llevar por filias previas, volcando la atención sobremanera sobre aquellos que ya conocemos y que incluso admiramos y dejando de lado lo que otros nombres menos conocidos puedan ofrecer. Así que, por invertir esa tónica, olvidémonos por un momento de los artistas citados al principio del párrafo y centremos nuestra atención en Steve Aylett, Steve Moore y Paul Hogan, firmantes de las historias que correspondieron a los números 27, 34 y 35 de la numeración original: con el relato menos interesante en manos del segundo —algo a lo que no ayuda el pobre trabajo de Paul Gulacy a los lápices—, la fantástica intervención de Aylett junto a Shawn McManus en un ejemplar que bien podría haber firmado el de Northampton, y el que Hogan cierre lo que comenzó en el número 24, hacen de sus incursiones en la colección hitos de más que sólida relevancia.
Afirmado lo anterior, pasemos, ahora sí, a someter a juicio crítico a lo que Schultz, Vaughan, Brubaker, Casey y Moorcock son capaces de concretar en una lectura que, siguiendo ese orden, casi tendría una distribución en forma de campana de Gauss. Y me explico: la historia del creador de la inconclusa ‘Xenozoic Tales’ es correcta, y se beneficia sobremanera del dibujo de Pasqual Ferry; si lo que hemos de valorar es la aportación de Vaughan, subimos varios enteros en la escala, y la conjunción de su relato sobre Pneuman —el inseparable robot del héroe protagonista— con la solidez de los lápices de Peter Snejbjerg eleva el listón considerablemente. Pero no hay rasero lo suficientemente alto que Brubaker no pueda superar, y la historia de realidades y ficciones que cuaja el artífice de ‘Criminal’ y ‘Fatale’ encuentra en Duncan Fegredo poderoso valedor y se alza como instante más álgido del volumen publicado por ECC. A partir de ahí, la gráfica comienza de nuevo a descender, con Casey ofreciendo una particular versión de ‘Viaje Alucinante’ visualizada por Ben Oliver y el creador de Elric de Melniboné dejándonos una historia de piratas algo sosa, la verdad.
Llegamos así al número 36, último de la cabecera y regreso de un Alan Moore que, más que cerrar tramas inexistentes —’Tom Strong’ no se caracterizó nunca por su continuidad y, de hecho, su mayor atractivo reside en la variedad de historias autoconclusivas que ofreció—, dedica sus esfuerzos a ofrecer una semblanza de despedida en la que se incluyan al resto de personajes de la línea America’s Best Comics, cobrando singular relevancia en el desarrollo de las páginas la intervención de Promethea, esa otra cabecera de obligada lectura para aquellos que quieran saber el enorme alcance y asombrosa belleza que pueden llegar a atesorar unas páginas de tebeo. Alegre y optimista, como lo fue toda su singladura, la despedida de Tom Strong nos privó de una de las colecciones más imaginativas jamás escritas en formato aviñetado pero, al tiempo, nos legó una de las colecciones más imaginativas jamás escritas en formato aviñetado. Y eso es algo que nunca podremos agradecerle suficientemente al señor Alan Moore.
Pase lo que pase, mantener el status quo. Que parezca que todo puede cambiar de forma radical para que, en realidad, todo siga igual.
De un tiempo a esta parte —en realidad, desde mucho tiempo a esta parte— esa es la máxima que de forma han seguido los universos de DC y Marvel. Temerosos de que si algunas de las drásticas decisiones editoriales que suelen acompañar a los macroeventos anuales se hacen permanentes ello suponga la pérdida masiva de lectores, ni una ni otra major arriesga lo más mínimo, y sólo es cuestión de tiempo que la última muerte de turno o el último acontecimiento chocante queden corregidos. Pasó con Superman y Batman en los noventa; pasó con el Capitán América hace pocos años; pasó con las Nuevas 52; pasó con Thor —más de eso, a continuación— y pasará con Lobezno, que no os quepa duda, siempre y cuando no sean ciertos los rumores que apuntan a que, ya que no posee los derechos cinematográficos, la máquina de hacer billetes verdes que es Disney estaría dispuesta a prescindir de los títulos de mutantes en su propuesta mensual.
Responsables de ello somos en parte unos lectores que preferimos seguir leyendo aventuras mediocres del personaje de siempre —sustituyase dicha expresión por el nombre que les apetezca— en lugar de aventurarnos en las mil y una propuestas que, fuera de los dos mastodontes editoriales, trufan el panorama yanqui en casas como Image o Valiant que arriesgan mes a mes con giros que, de ser tomados, son en un muy alto porcentaje definitivos —y no os digo nada del cómic europeo y de los derroteros por los que siempre se ha movido, dejándose llevar muy poco por maniobras como resurrecciones, por aquello de que estamos hablando de tebeo U.S.A—.
Sea como fuere, y tras esta pequeña digresión, hoy es el turno de ocuparnos en Fancueva de un par de volúmenes que conectan de forma directa con ‘Miedo encarnado’ el evento anual Marvel de 2011 que fue anunciado a bombo y platillo por La Casa de las Ideas como aquél que removería los cimientos de cierto dios asgardiano y que se cerró con el aparente deceso de Thor mientras luchaba contra la Serpiente, el mal liberado por la hija de Cráneo Rojo que es primera amenaza considerable a la que se tienen que enfrentar los héroes del universo marvelita tras el regreso a la luz que supone la ‘Edad Heróica’, casi recién comenzada meses antes.
Como suele pasar con los crossovers de la editorial, numerosos son los títulos que terminan viéndose «afectados» por la historia central. Y si he entrecomillado «afectados» es debido a que, como se ha visto en incontables ocasiones, el afán vendedor de la compañía es el que se encuentra detrás de colocar la cabecera del evento sobre la de un título en concreto, para así medio garantizar que el cómic en cuestión es adquirido irremisiblemente por el Marvel zombie de turno…y dejo ya la crítica a la política editorial, prometido.
En el caso que nos ocupa, dicho impacto está cogido con pinzas en el volumen décimo quinto de ‘Los Nuevos Vengadores’, que arranca con cinco números en los que Bendis alterna pasado y presente para contarnos una aventura de un grupo de Vengadores muy especial al tiempo que se acerca como sólo el sabe hacerlo al enfrentamiento entre la agrupación formada por Luke Cage, Jessica Jones, Pájaro Burlón, el Doctor Extraño, Spiderman, Puño de Hierro, la Cosa, Lobezno y la Capitana Marvel con la villana Superia.
Con Mike Deodato ocupándose con su habitual efectividad de las viñetas del presente, es la presencia de Howard Chaykin en un tebeo de superhéroes la que más cuesta asimilar por cuanto su estilo, forjado en incontables series independientes no se ajusta a las necesidades del género y queda, como decirlo, «fuera de lugar». Trascendidos dichos números, Bendis —que siempre parece algo incómodo cuando el evento de turno incide en sus planes para con una de las series bajo su batuta— los tres restantes se centran en aproximarse a dos de los instantes más espectaculares de la serie central de ‘Miedo encarnado’ desde el punto de vista de personajes como Daredevil, Ardilla o Bobbi Morse, contándose las páginas dedicadas al primero como las mejores que ofrece todo el volumen.
Cambiando el foco de atención y centrándonos en Thor, la tangencialidad con la que la cabecera guionizada por Matt Fraction alude a ‘Miedo encarnado’ —tan sólo un número a modo de epílogo fuera de la serie alude al destino del dios del trueno— es tan sorprendente como el giro que el escritor imprime al discurrir de la colección, sacándose de la manga que, mientras que el auténtico Thor lucha por volver a la vida camino de las fauces del Demogorge, el devorador de Dioses muertos, alguien se las ha apañado para hacer creer a todos los que conocieron al rubiales que en realidad nunca existió y que en su lugar el puesto de deidad atronadora siempre fue de un tal Tanarus. En las eficaces manos de Fraction, la historia se descubre como un entretenimiento pleno que, conjugándose con el arte de nuestros Pasqual Ferry y Pepe Larraz —a cada cual mejor, la verdad—, se pasa en un suspiro tanto en su primer arco argumental, el correspondiente a Tanarus, como en ese segundo dedicado a los Mares, unas criaturas capaces de convertir las peores pesadillas en un sueño del que resulta imposible escapar.
Algo así como lo que muchos llevamos reviviendo cada vez que leemos un tebeo de supetipos en mallas…¿no? XD
Thor 7. Thanarus
Autores: Matt Fraction, Adam Kubert, Pasqual Ferry y Pepe Larraz
Editorial: Panini
Encuadernación: Cartoné
Páginas: 264páginas
Precio: 22,75 euros en
Los Nuevos Vengadores 15. Miedo Encarnado
Autores: Brian Michael Bendis, Mike Deodato Jr. & Howard Chaykin
Ya que mis comentarios acerca de lo que me pareció la adaptación que Gavin Hood estrenó allá por el mes de noviembre sobre ‘El juego de Ender’ fueron vertidos en Blogdecine (y si a alguno quiere leer la crítica completa, que se pase por aquí), me vais a permitir que «pierda» al menos un párrafo en resumir de forma más o menos concisa las muy gratas impresiones que me causó un filme bastante fiel con el material original que rescataba para sí algo del espíritu y la forma de hacer cine de los años ochenta.
Un espíritu que los que crecimos en aquella década siempre añoraremos y que de cuando en cuando se deja ver en producciones recientes como la injustamente infravalorada ‘John Carter’ o esta ‘El juego de Ender’, ya sea por el tono serio y nada aniñado de la producción (algo más o menos impensable en el cine destinado a adolescentes de hoy en día), ya por la firme voluntad de Hood de concretar un filme que no insulte a la inteligencia del espectador ni, por supuesto, se lo de todo bien mascadito. Unido a ello, y derivado de la novela, el perfecto equilibrio entre ciencia-ficción y la componente dramática de la trama, unas interpretaciones más que correctas de la totalidad del elenco y un clímax asombroso son reclamos más que suficientes para que no desdeñéis rescatar a la cinta en formato doméstico si es que no llegasteis a verla en los cines.
Y quizás el visionado de esta cinta sea el mayor problema que se le plantea a la lectura del segundo volumen de ‘El juego de Ender. Escuela de Mando’ que Panini publicaba más o menos coincidiendo con el estreno en salas de la producción cinematográfica: si, como fue el caso, uno lee lo planteado por Christopher Yost y ejecutado a las mil maravillas por Pasqual Ferry después de haber asistido al impresionante despliegue final de la película, se quedará algo frío; no en vano, la secuencia clave de la cinta, la del combate final de Ender, es de una espectacularidad que un cómic, por mucho que quiera, nunca podrá llegar a alcanzar, y la inevitable comparación, termina desluciendo el ejemplar trabajo de los artistas aquí implicados.
Así que lo mejor que se puede hacer para disfrutar de forma plena de ambos formatos es leer primero la precisa adaptación que Yost hace aquí del relato de Orson Scott Card y dejarse llevar por el arte de un Ferry que consigue dotar de verosimilitud a las complicadas escenas de entrenamiento de Ender y sus compañeros sin perder de vista la claridad narrativa de la que siempre ha hecho gala. Una vez hecho esto, mi recomendación clara es que se acerquen a la cinta de Hood, aprecien los sutiles cambios que ésta efectúa sobre la base del relato original y confirmen que, ya en cómic, ya en cine, la fuerza inherente a la novela publicada en los años ochenta no ha perdido ni un ápice de efectividad.
Con el inminente estreno de su esperada adaptación cinematográfica marcado en el calendario como una de las citas ineludibles con el cine de lo que queda de año, era muy previsible que Panini no dejaría pasar la oportunidad de comenzar a publicar las miniseries de cinco números que Marvel lleva lanzando desde 2008 sobre ‘El juego de Ender’. Unas miniseries que hasta ahora alcanzan once títulos diferentes, en los que podemos encontrar tanto adaptaciones directas del material escrito por Orson Scott Card como nuevas incursiones en el universo de Ender orientadas a complementar lo imaginado por el literato estadounidense.
Clásico moderno de la ciencia-ficción (y el libro favorito de nuestro Miguel Michán) tengo que admitir que por un motivo o por otro, nunca me he acercado a ‘El juego de Ender’, así que vayan mis disculpas por adelantado para aquellos que sí lo hayan hecho y consideren que la adaptación efectuada por Christopher Yost y Pasqual Ferry no está a la altura de lo que el libro describe.
Sin base pues con la que compararla, considero que la historia ideada por Card, adaptada a las necesidades del noveno arte por Yost y traducida al arte secuencial por Ferry es de una calidad incuestionable: el relato de Andrew «Ender» Wiggin, un chaval de seis años que entra a formar parte de una escuela destinada a convertirlo en un fiero y cruel guerrero de cara a enfrentarlo con la raza de los insectores, funciona a la perfección en una miniserie que sólo se ocupa de la primera parte del libro (la segunda parte se cubrirá en ‘Escuela de mando’) y que nos muestra el durísimo entrenamiento al que son sometidos los niños arrancados de forma tan temprana de sus hogares.
Fiel reflejo del mundo adulto que los rodea, el microuniverso creado en la escuela es caldo de cultivo para cruentas enemistades y un grado de competitividad que haría orinarse encima a cualquier hombre hecho y derecho, un paralelismo que, a mi entender, se establece como una de las grandes virtudes de la historia y sobre el que Yost hace bastante hincapié.
En lo que al arte de Ferry respecta, volvemos a encontrarnos aquí con el mismo tipo de dibujo que el artista español lleva practicando desde que le diera tan espléndidos resultados con ‘Adam Strange: Planet Heist’ allá por 2004: con su personalísimo trazo y su diáfana narrativa, Ferry sigue dando lecciones a aquellos dibujantes mainstream que creen que un cómic no son más que una sucesión de viñetas intercaladas con «espectaculares» splash-pages, demostrando el barcelonés que la inclusión de las mismas (a fin de cuentas esto es un tebeo americano, y tiene que haberlas por narices) puede, y debe, estar plenamente justificada.
Huelga decir que, sin saber cómo termina la historia de Ender, la espera hasta el próximo mes de octubre (cuando Panini publicará el segundo volumen de la serie) va a ser muy larga…
El juego de Ender: Escuela de batalla
8BRILLANTE
Autores: Orson Scott Card, Christopher Yost y Pasqual Ferry
Los que llevamos siguiendo su obra desde Antes de ‘Sebastián Gorza‘ sabemos que Pasqual Ferry es, como suele decirse en términos coloquiales, «culo de mal asiento». La gran variedad de estilos, géneros y formulaciones narrativas que el artista español ha ido desarrollando a lo largo de los años queda bien patente ya en ‘Octubre‘ (imprescindible volumen editado por Astiberri) ya en cualquiera de las muchas y magníficas incursiones que el dibujante ha hecho en el cómic yanqui (entre las que destacaría el ‘Adam Strange‘ y los números del ‘Thor‘ de Fraction).
Considerando pues dichos antecedentes, el hecho de que Ferry consiga sorprender como lo hace con ‘Mr. Bulb‘ no es más que una nueva muestra de las inmensas capacidades del artista para reiventarse cuando ya creíamos que lo habíamos visto todo. Vaya por delante que lo que podemos encontrar en el volumen editado por Planeta no es un cómic, al menos no en el sentido estricto de la palabra. Como bien explica el propio Ferry en su introducción, este singular personaje surgió de la compulsión de volver a dibujar porque sí y ha terminado convirtiéndose en «una nueva manera de expresarme con fluidez, de hablar conmigo mismo».
La grandeza de ‘Mr.Bulb’ reside en que, en ese soliloquio que el artista afirma mantener cuando se pone a dibujar en sus Moleskine, Ferry entronca, de manera sutil y a través de unas ilustraciones fascinantes, con toda la corriente actual de pensamiento que se rebela, una y otra vez, contra el establishment. Al hacerlo, por medio de unas elocuentes frases que acompañan a esa bombilla andante que es el protagonista, Ferry termina hablando al lector de unos sueños y esperanzas que, de alguna manera, son los de muchos en estos tiempos de crisis y nos deja en el ínterin, con francas reflexiones llamadas a levantarnos el ánimo y hacer que nos cueste un poquito menos «tirar p’alante».
A pesar de la cantidad de amenazas diferentes con las que ha tenido que lidiar Superman, su campo de acción es la gran ciudad, la luz del día, con la única excepción del vasto y gélido espacio exterior. Así pues, ¿cómo es que termina deambulando por las calles de uno de los barrios más pobres y peligrosos de Washington D.C.? ¿No parece más bien un trabajo para Batman? Pues sí, de hecho, el propio cruzado enmascarado se ofrece para cumplir con esta misión; pero Clark no accede. Lo que aquí se cuenta le toca muy de cerca, y sólo él puede ser el encargado de resolver el problema.
‘Superman: Corazones perdidos’ comienza con una misteriosa carta que llega al despacho de Lana Lang. El remitente es una joven llamada Traci Thirteen, que le pide ayuda para encontrar a su padre desaparecido. Traci vive en un barrio sin ley que la policía prefiere pasar por alto, en el que no hay hueco para la esperanza. Lana acepta el encargo, pero también desaparece, devorada por las fauces de estos bajos fondos. Por petición de su marido, Peter Ross, Clark saldrá en su busca y se encontrará con las caras más oscuras del ser humano.
Nada más poner los pies en el barrio, Superman se verá rodeado de miseria, desesperanza, rabia y miedo. Sensaciones muy humanas que rigen las vidas de los personajes que viven allí, impidiéndoles salir del agujero en el que se han sumergido con los años. También conocerá a Traci, y con ella a unas misteriosas criaturas llamadas «Rompecorazones», que no son sino una alegoría del pesar que aflige los corazones de los habitantes de la zona. No por ello resultan menos peligrosas, y ni siquiera Superman será capaz de escapar de sus garras. (más…)
Desde hoy y hasta el próximo 16 de agosto, se celebrará en A Coruña la 12ª edición de su salón del cómic, llamado Viñetas desde O Atlántico. A diferencia de otros salones de nuestro país, las exposiciones y actividades que lo conforman estarán repartidas por diferentes lugares de la ciudad, lo cual permitirá a los asistentes hacer un poco de turismo por sus hermosas calles a la vez que disfrutan de esta feria dedicada al 9º arte.
Antes de repasar las diferentes localizaciones de Viñetas desde O Atlántico, vale la pena repasar la lista de autores invitados a esta edición. Para empezar, cuentan con dos autores gallegos, Emma Ríos y Alex Cal, ambos con una interesante proyección internacional. La primera tuvo la oportunidad de participar en el proyecto Lingua Cómica de Kyoto, lo cual le permitió exponer sus obras en el Museo del Manga de esta ciudad japonesa, así como realizar una historia en colaboración con la artista malaya Hwei-Lin Lim. Emma también ha trabajado para Marvel, con quienes ha dibujado un número de ‘Runaways’ y prepara actualmente otro proyecto en compañía del guionista Mark Waid. Por su parte, Alex Cal también ha dado sus pasos en el mercado americano, primero con la miniserie ‘North Wind’ para Boom! Studios y posteriormente con el primer número de ‘Amazig Spiderman Family’ para Marvel. En estos momentos, está trabajando en las series ‘The Stand-In’ y ‘G.I.Joe’. (más…)