Aún nos estamos relamiendo de gusto gracias al disfrute que nos ha producido la reciente reedición de una saga clásica del Hombre de Acero como es ‘Exilio‘, publicada por ECC Ediciones en dos volúmenes perteneciente a su línea Omnibus. Tampoco podemos olvidarnos de la actual etapa del personaje en la que el guionista Philip Kennedy Johnson está alcanzando un altísimo nivel gracias a lo interesante de su propuesta. ¿A qué viene la mención de estas dos obras? Pues ambas tienen un punto en común en forma de nombre propio: Mongul. Uno de los villanos más poderosos y mejor aprovechados de cuantos pueblan la galería de malvados que hacen la vida imposible al Hijo de Krypton. Desde aquel anual guionizado por Alan Moore e ilustrado por Dave Gibbons (‘Para el hombre que lo tiene todo‘) hasta la etapa post-Crisis, el tirano intergaláctico siempre ha sabido ejercer su papel de maloso a la perfección. Su fama le precede ya sea en el espacio exterior (la mencionada saga del ‘Exilio‘) o en la Tierra donde ha dejado su huella en momentos dolorosamente recordados como la destrucción de Coast City en la mítica ‘La Muerte de Superman‘. La influencia e inspiración de otros personajes del mismo corte, Darkseid y Thanos, es más que evidente puesto que podemos encontrar el nombre de Jim Starlin relacionado con todos ellos de una forma o de otra. Era cuestión de tiempo el que ECC le reconociera el mérito que se merece y nos trajera un volumen como este ‘Superman: Encuentros Cósmicos‘, un tomo recopilatorio constituido por entregas de la serie ‘DC Comics Presents‘ y donde se recogen algunos de los enfrentamientos más sonados entre ambos personajes.
Y sí, desde la editorial no se han podido resistir a incluir el mencionado anual en el que el equipo creativo de Watchmen firman una de las historias definitivas del Superman pre-Crisis. Una cabecera, esta ‘DC Comics Presents’, que funcionaba a modo de Team-Up, por lo que vamos a ver desfilar por sus páginas cantidad de personajes invitados. Supergirl, El Detective Marciano, Starman, La Legión de Superhéroes o El Devorador de Soles, un amplio muestrario de lo mejor de la editorial que iban a protagonizar aventuras de marcado carácter cósmico, quedando patente cual es una de las debilidades personales del maestro Starlin. Aunque importante es la aportación del autor de Detroit no podemos pasar por alto el trabajo de otros grandes en estos relatos, gente que van desde Marv Wolfman o Len Wein hasta Roy Thomas, Paul Levitz, Curt Swan o los ya mencionados Moore y Gibbons. Parece que poco a poco, desde ECC, están empezando a creer que el material clásico de DC tiene su porción de mercado en nuestro país, existe un grupo de aficionados bastante numeroso y fiel que demandaba este tipo de cómic y, por fin, nos está llegando de manera más continuada. Una línea, DC Icons, que ya ha albergado maravillosos títulos de Jack Kirby (‘El Cuarto Mundo’, ‘Kamandi‘, ‘OMAC‘, ‘Demon‘) y sagas míticas de personajes como Flash, Batman o La Legión de Superhéroes. Aún queda mucho camino por delante pero no nos cabe la menor duda que con volúmenes como ‘Encuentros Cósmicos’ este recorrido va a ser mucho más placentero.
Por dónde empezar. Por dónde. ¿Cuál es el momento más adecuado para comenzar a buscar los orígenes de ‘El reloj del juicio final‘? ‘Watchmen‘ está ahí, indudablemente, como siempre ha estado y, tras casi cuatro décadas de historia del cómic estadounidense, siempre seguirá estando. De hecho, es obvio que sin ‘Watchmen’ no habría existido ‘El reloj del juicio final’. Tan obvio, que invertir ahora tiempo y líneas en revisar, una vez más, el clásico de Alan Moore y Dave Gibbons y su persistente influencia a través de las décadas en el tejido del continuo espacio-tiempo del Universo DC —y más allá, porque su determinante relevancia llega muchísimo más allá—, quizás resultaría hasta cierto punto contraproducente dado el calado que, por sí solo, alcanzan las páginas que hoy hemos de analizar.
Así que, aunque sea de forma indirecta, queda claro que si no hemos de remontarnos a 36 años en el pasado, sí hemos de hacerlo un lustro, el que ha transcurrido desde que DC regresará a unos fueros que nunca debió abandonar dejándose llevar por fútiles y poco agraciados experimentos —sí, las siempre presentes Nuevas 52— y, mediante el golpe de autoridad maestro que fue ‘Rebirth‘, recuperara fuerzas, empuje y garra en un período de esplendor que, a día de hoy, todavía no parece conocer falta de resuello. En un especial cuya lectura todavía reverbera en nuestra memoria, cargado de mil emociones diferentes y con instantes como el reencuentro entre Barry Allen y Wally West que tanto nos llegaron a conmover—a ver quién es el que, habiendo crecido con ambos personajes, no dejó escapar una lagrimilla de emoción honda con ese abrazo—, Geoff Johns se reservaba lo mejor del regreso para un final, un FINALAZO, que cogió por sorpresa a todo el puñetero fandom de un extremo a otro del planeta: Batman veía algo brillante en la batcueva, un objeto que no sabía cómo, estaba incrustado en la piedra de su lóbrega morada. Un objeto redondeado y amarillo que todo lector de DC que se precie reconocería a la legua. La chapa smiley del Comediante.
Y ahí quedaba, plantada para cuando quisiera recogerla, una semilla asombrosa e inesperada, el germen de a saber qué idea loca que rondaba la imaginación de Johns que, cultivada quizá con cierta dejadez, volvería a aparecer un poco tiempo más tarde en las páginas de ‘Batman’ y ‘The Flash’ en ese pequeño evento llamado ‘La chapa’ cuyo alcance, seamos francos, no supo acallar las voces que clamaban a la editorial algo más ni, por supuesto, saciar la sed de épica que las posibilidades del cruce entre el universo Watchmen y el universo DC podían llegar a ofrecer. Y, entonces, poco más de dos años después de que los lectores nos dejáramos epatar por la aparición de tan simple y efectivo icono popular, DC, Geoff Johns y Gary Frank anunciaban a bombo y platillo, muy a la manera en la que la editorial lo hiciera 30 años antes, que el mes de noviembre de 2017 sería el elegido para que diera comienzo ‘Doomsday Clock’, la maxiserie que resolvería todo el entuerto detrás de la aparición de la chapa, el Rebirth y esa energía azul tan familiar asociada ya por siempre al Doctor Manhattan.
En términos estrictos de publicación, y antes de pasar a analizar de manera más pormenorizada lo que ‘El reloj del juicio final’ supone en el siempre cambiante rostro del Universo DC, los dos años que la editorial tardó en poner en circulación los doce números de la maxiserie fueron una auténtica prueba de aguante para nosotros, sufridos lectores. De todos es conocida la proverbial lentitud de Gary Frank en el tablero, algo irreprochable cuando la calidad de su producto es tan INMACULADA como se puede contemplar en cualquiera de las prodigiosas planchas que conforman este proyecto. Pero de no poder interponer pega a sus formas gráficas a dejar de arrojar una valoración crítica muy negativa con respecto a la aparente incapacidad de DC de haber gestionado mejor a priori la publicación de la serie, hay un trecho considerable que se entiende aún menos si se considera que, completamente independiente de lo que en ese momento estuviera sucediendo en el normal transcurrir de sus colecciones mensuales, ‘El reloj del juicio final’ bien podría haber esperado unos meses más a que Frank hubiera tenido adelantados varios números completos antes de haber visto la luz definitiva.
Esta queja a posteriori, que viene a sumarse a las incontables que a lo largo de los años hemos tenido que proferir los lectores cuando asistimos desesperados a la desaparición de la cadencia de publicación de esta o aquella cabecera, reviste nula relevancia cuando, ahora, con la serie completa y recopilada para la ocasión en el volumen que hoy nos ocupa, puede ser admirada como un ente único e indivisible con todas sus milagrosas cualidades narrativas a disposición del lector más exigente. Un lector que encontrará aquí, en un rascado superficial, un sentido homenaje/continuación a lo que ‘Watchmen’ supuso tres décadas antes para todo aquél lector que la descubriera con la edad correcta —y ahí el rango es amplio, la verdad—, ataviándose tanto Johns como Frank con pieles similares a las de Moore y Gibbons.
Similares, que no iguales, porque la voluntad de guionista y dibujante no se limita a servir de mero homenaje/recordatorio/continuación de lo que las páginas de ‘Watchmen’ establecieron en su momento, sino que reinterpretan las claves de entonces y añaden reflexiones de ahora, filtros de contenido que sólo pueden entenderse desde una perspectiva contemporánea que asuma el papel actual del cómic en la cultura popular y que, cargado de ideas y de una lucidez extrema hacia el zeitgeist de esta era de redes sociales e hipercomunicación, rescate para sí el sabor de otros tiempos aliñado con las especias del ahora. La explosión de tal encuentro de intenciones se plasma en doce números que son, de principio a fin, un dechado constante de valores tebeísticos de alto nivel y, en no pocas ocasiones, por más que nuestros análisis reduccionistas tiendan siempre a saber separar guión de dibujo, resulta IMPOSIBLE dirimir donde acaba la responsabilidad de Geoff Johns y donde empieza la de Gary Frank.
Tan íntimo es el maridaje que se produce entre uno y otro, tal la precisa comunión que se da en sus respectivos lenguajes y tanto el genio que ambos manejan a placer, que afirmar que ‘El reloj del juicio final’ es una OBRA MAESTRA sólo comienza a rayar en la multi-facetada superficie de un caleidoscopio complejo, lleno de infinitos matices que analizan a los superhéroes desde mil ángulos diferentes para, descomponiéndolos en sus moléculas más elementales, volver después a configurarlos en un modelo fascinante y preñado de virtuosismo que legar a futuras generaciones de narradores y lectores. Porque sí, porque hay una férrea voluntad por parte de Johns y de Frank de que esta historia «bigger-than-life» que, como gustaría indicar a algún publicitario avispado, «ha tardado 30 años en hacerse», se arrope del mismo carácter de legado con el que ‘Watchmen’ se atavió en su momento. Los tiempos han cambiado, claro, y la trascendencia de las historias no es la que era hace tres décadas y media, evidente. Pero que quede claro que, al menos a ojos de este veterano redactor, que respira tinta y viñetas todos los días, lo que se consigue con ‘El reloj del juicio final’ forma ya, no sólo parte de la mejor faz de la historia del Universo DC, sino que se alza como una de las mejores lecturas que, salidas de la editorial, han desfilado por mi atónita mirada.
Para todos los que somos aficionados de corazón y coleccionistas, casi, de profesión, sabemos lo importante que resulta tener esta o aquella serie en su totalidad, nada de huecos que pueda afear el estante donde reposan los bonitos tomos. Si encima se sufre ese mal conocido como “completismo”, te puedes ir despidiendo de estar tranquilo y saciado por muchos tebeos que entren en casa. Da igual donde se busque esa grapa en la que no se contaba nada importante, el caso es que hay que tenerla por todos los medios y si recurrimos al mercado de segunda mano para pagar una fortuna pues se recurre y listos. Los hay que tienen la suerte de manejar el idioma de Shakespeare y echan mano del mercado anglosajón, cuna de ediciones impensables por estos lares y de material con el que aquí solo se sueña. Sin embargo, muy de vez en cuando, nos llevamos alguna que otra sorpresa agradable.
Sorpresas como este volumen titulado ‘Green Lantern Corps: Recarga’, unos relatos que no hay forma de encontrar en los USA pero que aquí, gracias a ECC Ediciones, vamos a poder disfrutar en los estupendos tomos de “Green Lantern Saga”. La cabecera centrada en la patrulla intergaláctica llamada para proteger y mantener la paz en los 3600 sectores en los que podemos dividir el Universo. Sería la llegada de Geoff Johns a la franquicia esmeralda la que pondría otra vez en órbita a unos personajes que gozaban del favor del público pero que tras la destrucción de Coast City por parte de Mongul y el Superman cibernético (amén de un Paralax por aquí, un Crepúsculo Esmeralda por allá y la batería de poder de OA yéndose a hacer gárgaras) no quedaron demasiados miembros del cuerpo como para mantener a flote todo el conglomerado justiciero. Sí, estaban John Sterwart, Kyle Rayner y Guy Gardner, pero el peso era demasiado para tan pocos nombres.
Johns dictó las normas e indicó la dirección a seguir en la nueva serie, una colección que tendría como maestro de ceremonias a todo un Dave Gibbons, dibujante de “Watchmen” pero que en esta ocasión se pondría el mono de guionista (a nadie le debía extrañar ya que su nombre aparecía en muchos relatos de ciencia ficción aparecidos en la revista «2000 AD”). Para esta nueva encarnación del grupo echa mano de los pesos pesados de siempre como son los mencionados Rayner y Gardner o un Kilowog que seguirá siendo el instructor de nuevos reclutas. Pero añade personajes tan interesantes como Isamot Kol y Vath Sarn, habitantes de los planetas rivales Rann y Thanagar, diferencias que deben dejar aparcadas y aprender a remar en la misma dirección. ¿Y qué me dicen de Soronik Natu? Nacida en Korugar, hogar de Sinestro y mostrando pocas ganas o motivación por ser una Lantern. En esta primera entrega se van presentando a todos los personajes y se sientan las bases y tramas que van a ser desarrolladas en el futuro. Ya saben, la responsabilidad de ser un Corp, camaradería más propia del ejército y, sobre todo, un sentimiento de hermandad que hace olvidar cualquier rencilla que existiera entre los miembros. Para terminar de redondear la jugada se escogió como ilustrador a Patrick Gleason, actual superestrella del medio y que aquí, en estos “Green Lanter Corps” empezó a despuntar con una narrativa sobresaliente, el dinamismo de las escenas de acción y sus inconfundibles expresiones faciales. Ingredientes todos ellos que convertirán a esta serie en toda una maravilla que, afortunadamente, vamos a poder disfrutar en nuestro país. ¡Chúpate esa u-ese-a!
Los aficionados y seguidores de la JSA deben vivir en un estado de nerviosismo continuo ya que la cadencia con la que está apareciendo la recuperación de la etapa del grupo más afamada y alabada por la crítica está siendo una auténtica carrera de fondo. Bien es cierto que ECC Ediciones, cuando comenzó su publicación y vio los resultados (algo más fríos de lo esperado) ya dijo que la cosa iría lenta pero segura, que nadie se alarmara si solo aparecía un volumen al año, la meta es llegar a buen puerto. Y ahí andan, con la publicación de este ‘JSA de Geoff Johns Volumen 7’ se empieza a vislumbrar el final del primer volumen o parte (después la colección pasaría a ser renombrada como Justice Society of America), suponemos que la editorial hará un esfuerzo hasta completar todo el material firmado por su guionista estrella en alianza con Alex Ross. Menuda pareja.
Aunque todavía queda un poco para llegar a esa parte, antes debemos centrarnos en los tebeos contenidos en esta séptima entrega, unos comics en los que el grupo de héroes más representativo de La Edad de Oro brilla como nunca lo ha hecho antes. Una formación que siempre tuvo su público, fieles seguidores que exigieron aventuras de estos personajes olvidados y cuyos deseos se hicieron realidad allá por el año 1999, cuando la serie dio el pistoletazo de salida, primero con James Robinson y David Goyer y, después, con un recién llegado Johns que rápidamente presentó sus credenciales. El guionista opta por entregar sagas un poco más cortas de lo normal, un formato que maneja a la perfección y que aquí funcionan bastante bien. Nos vamos a encontrar de todo un poco, desde la presencia de El Espectro, encarnado por Hal Jordan, hasta la visita del grupo al reino de los sueños para buscar a uno de los suyos, Sand. Para terminar de alegrar a los lectores, la JSA tendrá que zambullirse en la corriente temporal para echarle una mano a Hourman que, por irónica que suene, se está quedando sin tiempo.
A estas alturas de la colección, Johns sabe muy bien la dirección y el tono que tiene que imprimir a sus tramas, haciendo y deshaciendo a su antojo, captando la atención del respetable como solo él sabe hacer, y eso que todavía no había alcanzado su nivel actual. Sin embargo, el baile de dibujantes que sufría la cabecera no hacía más que resentir el resultado final, una pena si atendemos a los nombres que aportaban su arte, artistas que con un poco de continuidad le hubiesen dado algo más de identidad a la colección. Aún así no podemos quejarnos cuando Don Kramer, Jerry Ordway, Sean Philips, Tom Mandrake o Dave Gibbons son los elegidos para ilustrar los guiones del bueno de Geoff. Si rebuscamos un poco por Internet, la editorial se ha pronunciado sobre el futuro más inmediato de la colección y ha informado que la siguiente entrega será la última, un volumen que, si contiene el resto de material, va a ser un señor tomo (con más de veinte números americanos). Solo nos queda esperar para ver si esto se trata de un error o si lo piensan dos veces antes de hacernos llegar ese supuesto mastodonte. Sea como fuere, no debemos perdernos un final de fiesta magnífico con dos sagas interesantísimas como son JLA/JSA y Black Vengeance. Permanezcan a la escucha.
A veces no hace falta más que una bolsa de plástico para que nos “envenenemos” con alguna obra en concreto. Fíjense que cosa más simple. Eso es lo que me pasó hace años con la obra que hoy nos ocupa, una bolsa de color gris metalizado donde se despachaban los comics en una tienda especializada con la icónica imagen de Mike Mignola en la que se ve al temible Depredador amenazando al Hombre Murciélago. ¿Hace falta algo más para llamar la atención de un adolescente deseoso de ver cruces imposibles? Tuvieron que pasar algunos meses hasta saber de donde procedía ese dibujo (en aquellos días, Internet ni estaba al alcance de todo el mundo) y pronto hizo acto de presencia la primera miniserie guionizada por Dave Gibbons e ilustrada por Andy Kubert en el añorado formato “prestigio”. Después, viendo el filón, vinieron más entregas, algo normal, y ECC Ediciones ha tenido a bien recopilarlas todas en este estupendo volumen de acertado título, ‘Batman contra Depredador’. ¿Alguien se la va a perder?
Tres series en las que el defensor de Gotham se las tendrá que ver con la especie más letal de cuantas pululan por las galaxias más remotas. Si dejamos aparcados cualquier prejuicio que pueda aparecer ante este tipo de crossovers, vamos a disfrutar de uno de los mejores comic “comerciales” de cuantos aparecieron en la década de los noventa. Unas historias que se alejaban un poco de lo que se considera canon, la continuidad la dejaremos para las series regulares y para las incursiones cinematográficas. Y eso que, por muy bizarro (o quizás no) que nos pueda parecer este producto, ya sabemos los derroteros que van a seguir las historias, pocas sorpresas en el intercambio de tortas que van a protagonizar estas dos estrellas mediáticas. El Caballero Oscuro será puesto a prueba y se las verá y deseará hasta tres veces, ya no se enfrenta a ladrones de medio pelo, sino a una amenaza mucho más peligrosa, esto le obligará a emplearse fondo si quiere salir con vida de los distintos envites.
“Batman versus Predator”, “Batman contra Depredador 2: Combate Sangriento” y “Batman contra Depredador 3: Lazos de Sangre”, estas son los tres relatos que nos vamos a encontrar en el interior del volumen. No sé si es nostalgia u otro factor, pero la primera mini es la que más acertada se presenta de las tres, con un guión más elaborado por parte de Gibbons y unas ilustraciones espectaculares de Kubert. Pero que nadie se vaya a pensar que el resto del tomo está en malas manos, para nada. Apunten los nombres de gente tan capaz como Doug Moench, Chuck Dixon, Paul Gulacy y Rodolfo Damaggio, cuatro autores de gran renombre que dejan el pabellón bien alto y dan rienda suelta a escenas más escabrosas y sangrientas que la de la historia que abre el volumen. Una nueva referencia que se suma al catálogo de ECC Ediciones es su vertiente más palomitera, una sección que ya contaba con el también interesante ‘DC Comics/Dark Horse Comics: Aliens” y que no sabemos hasta dónde llegará. Si la lectura es tan entretenida como la de hoy, por mi pueden seguir hasta donde quieran. [Grade — 8.50]
Nos llega un volumen que cuenta con Green Lantern como protagonista absoluto, algo que servirá para callar las bocas de todos aquellos que afirman que ECC Ediciones solo tiene ojitos para su niño mimado, el defensor de Gotham, Batman. Además se trata de un tomo bastante especial ya que no es material especialmente modernos, al contrario, nos vamos a encontrar relatos añejos y algo vetustos que darán más de una alegría a todo aquel que pensaba que nunca vería traducido a la lengua de Cervantes unos tebeos como estos. ‘Green Lantern: Sector 2814’ trasmite a la perfección ese espíritu de los ochenta que tan grande hizo a muchas de la colecciones que vieron la luz en ese periodo, unos días en los que todo era más sencillo y las historias que se podían leer iban, digamos, al grano, sin necesidad de tener que leer otras diez cabeceras para poder entender algo.
Es una sorpresa pero también podríamos decir que nos lo esperábamos ya que desde hace poco estamos disfrutando de otros pilares de la época como pueden ser “El Escuadrón Suicida” de John Ostrander y el “Batman” de Alan Grant y Norm Breyfogle, auténticas joyitas que nos están dando muy buenos momentos. Este Green Lantern firmado por Len Wein y Dave Gibbons llegaba tras una etapa en la que Hal Jordan era separado de sus obligaciones en La Tierra ya que los Guardianes del Universo pensaron que debido a su origen terrestre, este podía prestar demasiada atención a su planeta y descuidar otros. De esta manera iba saltando de una a otra localización intentando arreglar cualquier problema que se le presentara. Esto cambia en las primeras páginas de este volumen, su destino dependerá de una reunión con los Guardianes, poder volver a reunirse con su amada Carol Ferris está en manos de Jordan.
Muy pronto, Wein, deja bien claro cuáles son sus prioridades en la serie y no duda en alternar momentos que incluyen escenas románticas con “leña” de la que el personal demanda. Dicho y hecho, dejen paso a Jabalina, que sabe muy bien el poder del color amarillo contra los Lanterns, el peligroso Tiburón que deja a nuestro protagonista bastante malparado tras un primer combate. No queda ahí la cosa, también se dejarán ver El Equipo de Demolición o El Depredador, colegas de trabajo como John Stewart que tendrá un papel determinante en la decisión más importante que debe tomar Hal. A los guiones de Wein, todos ellos de gran interés y calidad, se le suma la profesionalidad de uno de los dibujantes más respetados del medio, Dave Gibbons, el que fuera el encargado de ilustrar Watchmen realiza aquí un trabajo soberbio, de una pulcritud y corrección a todos los niveles que se debería tomar muy en consideración a la hora de valorar su carrera en general, no solo por la obra facturada junto a Alan Moore. Desde aquí deseamos que la cosa no se quede en este único volumen, en los Estados Unidos, este Green Lantern Sector 2814 ha gozado de tres entregas, alcanzando los números guionizados por Steve Englehart, otro grande. Esperemos que este tomo funcione lo suficientemente bien como para poder disfrutar en nuestro país de más material de este tipo. [Grade — 8.50]
Uno más que se suma a lista de autores que han dejado su impronta en la serie del mago bocazas por antonomasia. Para todo aquel que sepa cómo funciona esta cabecera, deberá saber que los guionistas se van sucediendo uno detrás de otro, algo que aporta una variedad bastante interesante a la serie puesto que cada una de las etapas son muy distintas unas de otras. Muchos de estos autores (casi todos) son de procedencia británica, un sello de calidad asegurada que ha dado algunos momentos clásicos y míticos dentro de la cabecera, los elementos siempre son los mismos pero la forma de mezclarlos y disponerlos en el tablero cambia de unas manos a otros. Garth Ennis, Jamie Delano, Warren Ellis o Peter Milligan, todos ellos escritores de primer nivel que han “jugado” con John Constantine hasta llevarlo a lo más hondo del arroyo, una práctica habitual y que parece agradar bastante al respetable.
La edición de ECC, dividida por autores, está llegando a su fin tras haber recopilado todo el material disponible, trescientos números, un puñado de especiales y alguna que otra miniserie, una labor titánica y digna de mención ya que el trabajo realizado es de diez. ‘Hellblazer de Andy Diggle’ supone otro paso más en este largo camino, otras veinte entregas más llenas de magia, humo de cigarrillos y chulería made in Constantine. El británico llega con las ideas muy claras, sabiendo lo que quiere contar y cómo lo quiere contar, para ello no duda en tomar prestados algunos elementos y personajes que ya aparecieron al principio de la serie. Su gran historia tendrá una introducción y tres grandes capítulos, un relato que se abre con el bueno de John encadenado a un árbol, con una marea creciente amenazando su integridad física y el socio de un mafioso que lo culpa de la muerte de su hija.
Un punto de partida tan impactante solo puede augurar cosas buenas e interesantes, como así es. Con muy poco, Diggle consigue finiquitar un “lastre” que el personaje llevaba en su espalda durante más de doscientos números: su pasado en Ravenscar. Esto dará paso a unos números en los que no faltarán esos ramalazos punk que tan bien le van a la serie y también conoceremos al enemigo de esta etapa, Lord Calvin Burnham, ministro de asuntos sociales y vivienda, cuya afición al ocultismo le hará chocar con nuestro mago. Si la diversidad en los guiones es toda una seña de identidad de Hellblazer, ¿qué podemos decir sobre los dibujantes que han pasado por sus páginas? Casi la totalidad de los números contenidos en este volumen corren a cargo de Leonardo Manco, un autor cuyo estilo sucio, oscuro y “pesadillesco” que recuerda por momentos a otro grande como es Bill Sienkiewicz le sienta fenomenal a la historia, pero no se queda la cosa ahí, ya que también tenemos a Danijel Zezelj, Giuseppe Camuncoli, Sean Philips y Sean Murphy, lo que supone todo un recital a los lápices con estos autores de primera fila. La inclusión de Diggle en la colección es otro acierto más como queda patente en este tomo (mencionar que hay algún fill-in en el que gente como Jason Aaron, Dave Gibbons y China Miéville le echan una mano), una entrega que nos deja ya a tan solo dos de dar carpetazo a una de las colecciones más míticas que ha dado el sello Vertigo y el comic en general, un tebeo que, viendo su versión más reciente, adquiere más peso en su vertiente clásica. [Grade — 9.00]
Sinónimos casi inmediatos, hablar de imaginación en el mundo de los cómics estadounidenses es hacerlo, sí o sí, del insigne Alan Moore —vale, también habría que hacerlo de otros nombres, pero me limitaré al del barbudo de Northampton si no tenéis inconveniente—: dejando de lado la eterna terna por la que siempre será reconocido, esa que conforman ‘From Hell’, ‘V de Vendetta’ y ‘Watchmen’, no cabe duda de que en la producción del escritor británico hay imaginación a borbotones y que dicha cualidad es la que, cuando no se deja llevar por su incontenible verborrea, mejor caracteriza a sus más grandes obras.
Curiosamente, si de imaginación estamos hablando, es otra terna la que mejor expondría lo mucho que Moore ha sabido trabajar tan noble cualidad humana para plasmarla, con ayuda de notables artistas, en unas viñetas que sólo podrían ser clasificadas como IMPRESCINDIBLES. Y aún de forma más curiosa, dicha terna pertenece a un mismo sello, el America’s Best Comics que el británico parió bajo el auspicio de Jim Lee allá por 1999 y en el que vieron la luz el primer volumen —el mejor, si me lo permitís— de ‘La liga de los caballeros extraordinarios’, la asombrosa, espectacular y superlativa ‘Promethea’ y, por supuesto, las aventuras sin par de ese héroe llamado Tom Strong que ahora ECC rescata en tres integrales de obligada adquisición.
Crisol de multitudinarias referencias —las más obvias empiezan en Superman y Tarzán, y desde ahí se disparan en mil direcciones diferentes— ‘Tom Strong’ es todo un catálogo de imaginación desbordante siempre dispuesto a dejar boquiabierto al lector a cada nuevo batir de página: conforme se va avanzando en la lectura y nuestra memoria vuelve atrás a capítulos ya finalizados, sorprende el descubrirse tratando de encontrar similitudes entre los diferentes números que vayan más allá de la obviedad de venir protagonizados por el mismo corpúsculo de personajes.
Ejercicio fútil que siempre conduce a la misma conclusión —y esta no es otra que el que no hay similitudes— discurrir por las páginas de Tom Strong es inmersionar en un mundo sin límites lleno de posibilidades tan locas como ver a nuestro héroe enfrentándose a dibujos animados, a valkirias nazis, a una versión suya proveniente del otro confín de la galaxia, a una inteligencia artificial almacenada en insectos robots o a la amenaza de Pangea, el continente original. La solidez con la que Moore trata todas esas ideas —y las muchas más que podemos encontrar en las casi cuatrocientas páginas del integral— afirma con contundencia, no ya de lo sobrenatural de su talento, sino del especial cariño con el que el guionista se aproximó a este rendido homenaje al tebeo de aventuras y superhéroes.
Pudiendo afirmarse lo mismo sobre las otras dos series anteriormente citadas —quizás con una intensidad muchísimo mayor sobre ese constante dechado incontenible de virtudes que fue ‘Promethea’— es dar cuenta de las páginas de ‘Tom Strong’ un ejercicio más que obligado para retroceder de forma inconsciente a nuestra infancia y encontrarnos soñando despiertos con aventuras improbables en mundos imposibles. Esa sensación, la de conectar con nuestro niño interno, ese que sigue latente por más que pasen los años, es quizás la más grata de cuantas se derivan de una lectura que, para colmo, está condenadamente bien dibujada.
De acuerdo, lo que Chris Sprouse y el resto de artistas invitados que por aquí se pasean plantean no le llega ni a la suela a lo que J.H.Williams III consiguió para ‘Promethea’, pero sí que se sitúa a una considerable distancia del estilo feista de Kevin O’Neill para ‘La liga de los caballeros extraordinarios’ y la variedad gráfica que práctica el artista «central» —que moldea puntualmente su estilo para adecuarlo a alguna que otra tonalidad del relato— unido a esas incursiones de otros nombres como los de Dave Gibbons, Gary Frank, Gary Gianni, Kyle Baker, Jerry Ordway o Hilary Barta es la guinda que corona un pastel irresistible, uno que se come con ansia, se saborea con fruición y que, una vez terminado, no consigue saciar nuestro apetito por más. Sinónimo, no ya de imaginación, sino de GRANDEZA.
Para todo aquel que esté hasta la coronilla de leer las alabanzas que desde esta humilde página se le lanzan continuamente a Geoff Johns, puede parar de leer esta reseña en este preciso instante ya que las líneas que siguen van de eso precisamente. Y, claro está, hablar de Johns es hacerlo de ECC Ediciones y sus magníficos “rescates” de material imprescindible. Así que seguimos para bingo con una colección que se puede considerar desde hace tiempo un clásico moderno y, por supuesto, tiene el nombre de nuestro guionista favorito en los créditos.
‘Green Lantern de Geoff Johns Volumen 2’ recupera una nueva tanda de números de una de las series más exitosas de los últimos años. En esta nueva entrega se puede apreciar el buen hacer de Johns a la hora de crear universos y enriquecer la mitología de los ya existentes. Además es un tipo al que parece que le gusta rebuscar entre las viejas historias, aquellas que fueron publicadas hace años y que permanecían olvidadas entre muchas otras. ¿Quién podría imaginar que el relato “Tygers” aparecido en el año 1986 significaría la primera piedra de “La Guerra de los Sinestro Corps”?
Una saga que fue ideada para que no tuviera una extensión demasiado larga pero que una vez que empezó a echar a andar, los aficionados quedaron encantados, así que se decidió “prorrogarla” un poco más convirtiéndose en una de las epopeyas cósmicas más espectaculares que se han podido leer un comic. La historia serviría para traer de vuelta a Sinestro, antiguo miembro del Cuerpo de Green Lanterns y enemigo declarado de los Guardianes de OA. Encima viene acompañado por su propio ejército de malosos armados con anillos de color amarillo, basando su poder en el miedo.
Y no piensen que estamos ante una batallita sin importancia. Para nada. Las escenas de combate que vamos a poder presenciar nos dejarán sin aliento, plagadas de acción, intriga y muchas bajas. Aquí no escatima en muertes, perfectamente justificadas y añadiendo un dramatismo sin parangón. Para que se hagan una ligera idea de las proporciones que se alcanza en algunos momentos, personajes como Superman Prime, los Manhunters o el mismísimo Antimonitor. Y lo mejor de todo es lo bien planificado y plasmado que queda todo, nada de cosas extrañas que no se entiendan, Johns es un tipo que se sabe la lección al dedillo.
Algunos de los relatos incluidos en el grueso volumen cuentan con firmas invitadas tan ilustres como las de Alan Moore o el siempre notable Peter J. Tomasi, complementos perfectos para los guiones de Johns. Y para que todo vaya en la misma línea de espectacularidad y calidad, podremos disfrutar sobremanera de los lápices de Daniel Acuña, Ethan Van Sciver, Dave Gibbons, Ángel Unzueta y, sobre todo, de Ivan Reis. Muy difícil resultaría explicar con palabras el trabajo que el brasileño desarrolla en estas páginas, pura poesía visual. Una segunda entrega que eleva el nivel, aun más, de lo que ya habíamos podido disfrutar anteriormente. Y todavía queda alguna que otra maravilla por llegar. [Grade — 10.00]
El comic que hoy se deja ver por esta página es uno de esos tebeos que quedó en la memoria de este reseñador por una casualidad del destino. Algo tan sencillo como el hecho de que una tienda especializada de mi ciudad, usara una de las portadas de esta miniserie para adornar sus bolsas. Esa ilustración donde se veía a la pareja de héroes flanqueando la batseñal me perseguirá mientras tenga uso de razón, una portada tan icónica como magistralmente realizada. Solo hay que atender a los autores implicados en este ‘Superman/Batman: Los Mejores del Mundo’, una dupla de genios que se juntaron en un momento de gracia para firmar un trabajo enorme.
Corrían otros tiempos y el poder ver juntos a los dos personajes más importantes de DC en una misma aventura era motivo para celebrarlo con una serie como esta. Tres prestigios como tres soles (que pena que un formato tan entrañable como este se haya ido perdiendo con el paso del tiempo) en los que los particulares universos de ambos héroes eran protagonistas a partes iguales: Batmna-Superman, Joker-Lex Luthor, Alfred-Jimmy Olsen, Gordon-Lois Lane, Gotham-Metropolis. Este Gibbons es un tipo listo y se sabe a la perfección las reglas del juego como perro viejo que es.
Las tramas que va tejiendo el guionista siguen un esquema clásico, recordando a los míticos crossovers que la editorial publicaba de vez en cuando, como algo especial y puntual (cosa que ahora ocurre cada mes en seis o siete series). Un relato tan sencillo como efectivo y divertido: tanto Luthor como el Joker hacen un pacto en el que cada uno tendrá que atacar a la némesis del otro. El homenaje a los comics clásicos es tan fiel y conseguido que las versiones que nos vamos a encontrar aquí de cada uno de los villanos se aleja bastante a las que hemos podido ver más recientemente, sí, hay maldad y mala baba por todos sitios, pero nada de sordidez ni siniestra oscuridad.
El guión funciona a la perfección pero el dibujo de Rude es para quitarse el sombrero, un trabajo sobresaliente que capta a la perfección el clasicismo de unos personajes icónicos, con una narración sin fisuras y unas estructuras de páginas que nos hacen preguntarnos, ¿por qué el bueno de Steve no tiene la consideración de dios de los lápices? Uno de esos misterios que nunca podremos aclarar del todo. El volumen publicado por ECC Ediciones recoger la miniserie original en un estupendo tomo en tapa dura que, si no quieres formar parte de mi lista negra, deberías adquirir cuanto antes. Gibbons y Rude. Batman y Superman. No hay que hay que añadir nada más. [Grade — 9.50]
Siempre que una idea es buena y obtiene buenos resultados, lo más normal, es que tenga continuación, sobre todo, si estamos hablando del mundo del comic. Buscar nuevas fórmulas hasta dar con la próxima gallina de los huevos de oro se ha convertido en la obsesión de los editores modernos. Ocurrió en DC con ese curioso experimento llamado ‘Batman Black & White’, una iniciativa que ha alcanzado su cuarto volumen recientemente, aunque el que ahora nos llega, es su segunda entrega en un estupendo recopilatorio publicado por ECC Ediciones.
La premisa de partida de estos relatos es bastante simple: historias cortas en blanco y negro firmadas por algunos de los mejores guionistas y dibujantes del medio. Quizás sea mucho más interesante la anécdota que dio pie a estas miniseries. Cuentan las leyendas que en una cena de ilustradores post-convención de comics, saltó la típica pregunta de “¿Qué comic te llevarías a una isla desierta?” Inesperadamente se coló en el ranking la revista Creepy, publicación donde nombres importantes del comic se divertían firmando terroríficas páginas plagadas de monstruos de todo tipo. Uno de los asistentes a esa comida, Mark Chiarello, decidió tirarse a la piscina años más tarde, cuando fue nombrado editor deDC.
Pese a las reticencias de algunos mandamases que no veían con buenos ojos este producto, Chiarello siguió adelante con su idea y, obviamente, fue todo un éxito. ¿Cómo no podía funcionar algo así? Para empezar contaba con el personaje franquicia de la casa, algo que asegura unos buenos números de venta y, segundo, ¿alguien se puede resistir a un listado de autores como el que sigue?: Alan Grant, Brian Azzarello, Chris Claremont, Dave Gibbons, Harlan Ellison, John Acurdi, John Byrne, Paul Pope, Paul Dini, Paul Levitz, Steven T. Seagle, Walter Simonson, Warren Ellis, Alex Ross, Daniel Torres, Eduardo Risso, Enrique Breccia, Gene Ha, Gene Colan, Jim Lee, John Buscema, Jordi Bernet, José Luis García López, Steve Rude o Tim Sale, entre muchos otros.
Por mucho renombre que tengan la mayoría de los autores mencionados arriba, la misión no iba a ser nada fácil ya que las normas eran bien sencillas para todos: no más de ocho páginas por relato. El resultado final es una veintena de historias a cada cual más grande. Hay de todo, la variedad de nombres así lo exigía, habrá algunas que gusten más que otras, pero la calidad de cada una de ellas es innegable. Tal y como se ha apuntado, Batman Black & White va ya por su cuarto volumen y desde aquí nos preguntamos, ¿habrá un quinto? Al próximo almuerzo de empresa les remito. [Grade — 8.50]
Es, sin lugar a dudas, uno de los mejores dibujantes de superhéroes que ha dado la historia del cómic. Y no lo digo llevado por el hecho de que sea español y me pueda el patriotismo. Antes bien, la afirmación referida a José Luis García López viene derivada del hecho más que contrastado a través de las páginas que el artista de origen gallego ha cuajado para Superman, Batman, Deadman u otras latitudes menos conocidas del universo DC como las que se cubrieron en ‘Atari Force’, ‘Twilight’, ‘Cinder y Ashe’ o en la continuación de ‘Road to Perdition’. En todas ellas, el virtuosismo y elegancia del trazo, la suma exquisitez de las composiciones y la asombrosa narrativa de nuestro compatriota han quedado puestas en valor en unas formas que son las que respaldan la aseveración con la que arrancaba el presente párrafo.
Dicha afirmación —que pretende ser todo lo categórica que servidor puede llegar a expresar— se refrendan en los tres prestigios que ECC recoge en este IMPRESCINDIBLE volumen que es ‘Superman | Otros Mundos’. En él, la maestría de García López sobre el tablero se pone al servicio de Dave Gibbons y Steve Vance en una terna de historias ambientadas en esos Elseworlds con los que DC aireó durante un buen puñado de años sus particulares «¿Y si?» dando luz a un corpúsculo de historias de sus personajes más significativos entre las que, curiosamente, cabría señalar las que mejor han sabido entender tanto al Hombre de Acero en esos superlativos ‘Identidad Secreta’ y ‘Red Son’, como a la JLA en los también excelsos ‘El Clavo’ y ‘Kingdom Come’.
Ciñendo el discurso a lo que aquí encontramos, y dejando claro de partida que NADA se le puede achacar al espectacular trabajo que García López hace en cualquiera de las páginas que componen el tomo —da igual por dónde lo abramos, lo que vamos a encontrarnos es asombroso—, queda valorar lo que Gibbons y Vance logran con esos: ¿Y si Superman hubiera llegado a la Inglaterra de la Edad Media? ¿Y si Superman fuera una estrella del baloncesto? e ¿Y si Superman no fuera un superhéroe, sino un hombre común con un tatuaje en el pecho?. Si bien todos son la mar de entretenidos, los resultados son variables y van en descenso en el mismo orden en el que podemos encontrarlos en el volumen —el mismo en el que fueron publicados—.
Así, si ‘Superman: Kal’ es la mejor historia, y Gibbons hace un espléndido trabajo reimaginando a Kal-El en una época de magia y haciendo que su aparición quede insertada en la mitología Artúrica, el ‘Realworlds’ es el más irregular por algo que, quizás, no es del todo atribuible a Vance: la idea de esos Realworlds en los que se situaba a los iconos de DC en el mundo real. En medio queda ‘Superman Inc.’, que parte de una premisa interesante para después perderse en ideas muy previsibles que llevan al personaje por derroteros más que conocidos. Aún así, aún contando con el progresivo descenso de interés que suscitan las historias, que éstas vengan firmadas al dibujo por quien vienen y que sean —como decía antes— tan entretenidas, es justificación más que sobrada para, si todavía no lo habéis hecho, acercaros a éstas páginas mayestáticas.
Superman | Otros Mundos
Autores: Dave Gibbons, Steve Vance y José Luís García López