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‘Yaga, la chica serpiente’, el origen del mito

A la espera de que en algún punto indeterminado de este 2023 Spaceman Project esté en disposición de poder publicar el primero de los dos álbumes que conformarán ‘Antes de que el polvo se asiente‘ y los mecenas del proyecto recibamos tan esperado tebeo, la editorial ha calmado nuestras ansias con una segunda edición aumentada de la primera obra que sirvió para unir los talentos de Antoine Ozanam al guión y Pedro Rodríguez al dibujo, una ‘Yaga, la chica serpiente‘ que, con nueva portada y páginas de bocetos y de storyboards, permite a los que no lo hicieran en su momento asomarse al SUPERLATIVO trabajo de nuestro artista en una obra que, si bien funciona en términos desiguales en lo que a guión se refiere, es todo un dechado de virtudes constante si a lo que nos referimos es al dibujo de Rodríguez: la delicadeza que éste demuestra en su trazo y la sublime sutileza con la que aporta color a las planchas no dejan sino entrever el sumo esmero con el que el artista de ‘Historias para no dormir‘ ponía en viñetas, hace tres años, el libreto de Ozanam.

Éste, que gira en torno a dos jóvenes rusas que son acogidas por una anciana «bruja», queda considerablemente escindido en dos mitades descompensadas —la primera más larga que la segunda— que no parecen de la misma naranja: si las 50-60 primeras páginas están cocinadas a fuego lento y permiten al relato respirar con comodidad, acercándonos unos personajes tridimensionales con los que resulta fácil y rápido empatizar —sobre todo con Svletana, la protagonista—; el tramo final de la acción, un clímax dramático de tintes trágicos hacia el que todo parece abocarse de manera inexorable, se nos antoja rápido, casi desbocado en su ejecución, como si, de repente, el escritor se hubiera dado cuenta de que tenía que dar cierre a la historia y que le faltaba espacio para hacerlo. Esas últimas planchas quedan, pues, marcadas a fuego por una sensación de apresuramiento que juega en contra de la percepción con la que el lector cierra un volumen que hasta entonces, como decimos, ha sido casi impecable.

Sin el casi, directamente impecable es, no obstante, lo que Pedro Rodríguez ejecuta a lo largo de la narración: cuando allá por 2010 nos asomamos a aquellos siete relatos que conformaron sus ‘Historias para no dormir’, pudimos atestiguar que el talento narrativo de Rodríguez iba más allá de lo que su bisoñez podría haber indicado; una década más tarde, y no muchos proyectos después, la evolución del artista, no tanto en un estilo que es profundamente identificable como en las herramientas que lo ponen en funcionamiento sobre la página impresa, hemos de rendirnos ante la evidencia de que Pedro Rodríguez es uno de los mejores dibujantes con que cuenta el panorama español actual. Lástima que no se prodigue en exceso y que, por lo que podríamos inferir del tiempo que ha pasado desde la aparición primera de esta ‘Yaga, la chica serpiente’, la lentitud —derivada del perfeccionismo, o así lo queremos creer— sea la cualidad que mejor define su labor ante el tablero. Pero si el resultado son planchas de la suma belleza plástica de este álbum ¿realmente importa?.

Yaga, la chica serpiente

  • Autores: Antoine Ozanam y Pedro Rodríguez
  • Editorial: Spaceman Project
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 96 páginas
  • Precio: 20 euros

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