De tal palo, tal astilla, es la frase hecha que mejor se ajusta a que Joe Hill haya heredado de su padre, el gran Stephen King, la extrema habilidad para construir relatos en los que se destila terror, sí, pero construido a través de personajes inolvidables y de situaciones que atrapan nada más arrancar con la lectura. Sin duda alguna, el mejor exponente de esa habilidad es la inconmensurable ‘Locke & Key‘, una serie por la que por aquí bebemos los vientos y que establecía, de manera temprana, un listón considerablemente alto —tan alto que diríamos imbatible sin dudarlo— para lo que fuera que Hill pudiera regalarnos a continuación. Y esa continuación, al margen de los varios satélites que le han ido saliendo a su mayor creación hasta la fecha, tomaba la forma del sello Joe Hill Comics dentro del esquema editorial de DC. Un sello destinado a propuestas de terror algo más adultas —vamos, otra iteración sobre el esquema de Vertigo como ya lo es el Black Label…que por nosotros genial, ¿eh?, que ya sabéis que nos encanta el Black Label— y que arrancaba, precisamente, con la primera parte de este ‘Una nevera llena de cabezas’, la divertidísima y muy burra ‘Un cesto lleno de cabezas’.
Llegados a su directa secuela, lo primero que hay que hacer notar es que Joe Hill pone aquí sólo el nombre dejando las tareas de la escritura en manos de un tal Rio Youers y que el estimulante dibujo de Leomacs se cambia por el de Tom Fowler. El resultado. Pues como reza el titular, a la altura de su predecesora. Bien es cierto que el componente de novedad y sorpresa bajo el que se amparaba la primera miniserie ya no está aquí tan presente —fijaos que no decimos que haya desaparecido, que ya es mucho para una secuela— compensando esa «pérdida» con un nivel de burradas constantes que supera con mucho a lo que viéramos en el volumen original. Tanto es así, y tan en sintonía queda lo que Youers ejecuta con esta continuación, que no podemos sino recomendar a quiénes gozaron con la primera parte que se hagan de manera inmediata con esta y acometan la lectura de ambas una detrás de la otra. No sólo porque el rato que van a pasar sea de esos que hacen que uno se alegre sobremanera de cultivar esta afición, sino porque hay bastantes referencias en lo que aquí leemos a lo que tuvo lugar en la primera parte, y mejor tener ésta fresquita en la memoria que no sepultada bajo una espesa capa de neblina.
Y si Youers consigue conectar con la misma idiosincrasia que caracterizaba el trabajo de Joe Hill para los seis números en que se desarrollaba ‘Un cesto lleno de cabezas’, otro tanto se puede afirmar de un Tom Fowler que no hace que echemos en falta a Leomacs en ningún momento: su trazo algo desgarbado pero siempre pendiente de hasta el último detalle le sienta como anillo al dedo a una narración en la que precisamente es el detalle de hasta la última víscera de cuantas víctimas se cobran los objetos mágicos que forman parte de la trama lo que hace de esta continuación un vehículo tan digno para el entretenimiento descabellado y descerebrado. Forman pues la dupla de las dos mitades de este relato un todo con el que pasárselo teta, con el que dejarse llevar por las salvajadas que se nos muestran de manera tan explícita —atención especial merece el partido que se le saca a un escualo en esta secuela— y con el que aislarse del mundanal ruido durante uno de esos ratos de lectura que no dejan poso reflexivo…ni falta que le hace.
Una nevera llena de cabezas
- Autores: Rio Youers y Tom Fowler
- Editorial: Planeta Cómic
- Encuadernación: Cartoné
- Páginas: 168 páginas
- Precio: 20,95 euros



