COMIC SCENE: Las Lecturas de Fancueva
V. Kingdom Come

‘Un mundo feliz’, mil colores tiene la opresión

Las historietas personales, las anécdotas de este redactor que ya roza la cincuentena, son parte habitual y recurrente de mi modo de aproximarme a la reseña de un tebeo a lo largo del primer párrafo. Una costumbre esta que intento que no se convierta en norma y que trato de evitar de forma consciente a no ser que, como es el caso de este volumen que hoy nos ocupa, se me sirva en bandeja de plata. Y es que, aunque quizás pueda resultar oportunista o acaso acuñada para la ocasión, os aseguro que no hace ni dos semanas me encontraba intercambiando impresiones con mi querido suegro —EL interlocutor que hay que tener cuando se quiere mantener una conversación algo más sesuda de lo estándar sobre tebeos o, como era el caso, literatura de ciencia-ficción— tras un agradable almuerzo, cuando fuimos a reflexionar sobre la obra de Aldous Huxley que, con tanto músculo, traslada Fred Fordham a unas viñetas que me han dejado completamente perplejo —más de eso en el resto del texto, sigamos con el chascarrillo inicial—: en esa reflexión larga, en la que apuntábamos, él con más tino que yo porque acababa de revisar de nuevo un volumen que yo sólo leí, por primera y única vez, hace la friolera de más de tres décadas, lo rabiosamente actual de las elucubraciones del literato británico cuando ya se han cumplido noventa años de la publicación de este distópico y hedonista futuro que es el de ‘Un mundo feliz‘.

La conversación llegó a muchas más latitudes, pero me quedo con ese apunte —que también resalta el texto de la contraportada de la edición de Planeta Cómic— y, por supuesto, con lo que llegamos a resaltar de no actual de un texto que peca de misógino en su aproximación a la libertad sexual que critica de manera tan abierta, haciendo a la mujer objeto de escarnio y no tratando de manera igualitaria la situación. Pero, cuidado, no ver ahí lo que claramente es un reflejo de la época y la sociedad de principios del s.XX por más que Huxley reflexionara sobre la misma llevándose el relato al año 2540, es caer en el mismo error de bulto que criticar ‘Friends‘ porque no había más homosexuales o negros o arremeter contra ‘Lo que el viento se llevó‘ por su retrato dulcificado de la esclavitud. Sí, queridos lectores, soy de los que opinan que una buena parte de cómo uno se aproxima a una obra concreta depende de su correcta contextualización histórica y no de su RE-contextualización como parece ser molesta y estúpida costumbre en estos tiempos que nos ha tocado vivir.

Sea como fuere, lo que sí compartíamos mi suegro y yo era la admiración y la fascinación por un texto que, como decíamos, encuentra nueva y espectacular vida en la inmensa traslación que hace de él un Fordham que ya nos había sorprendido, y mucho, con la delicadeza con la que trataba ese clásico inmortal de Harper Lee que es ‘Matar un ruiseñor‘. Sin que haya comparación posible entre una y otra adaptación —no la hay entre uno y otro texto original—, si lo que sorprendía del acercamiento de Fordham al texto de Lee era la forma en la que el artista dotaba a sus páginas de una cualidad de ensoñación muy cercana a la narración de Scout, la protagonista; lo que aquí nos deja muy atónitos es que nunca habríamos imaginado el aciago futuro que Huxley presenta con tanta sorna envuelto en la luminosidad y los vibrantes colores que caracterizan, ya desde la portada, a esta soberbia interpretación de su imaginario. De hecho, cabría tachar hasta de incongruente lo que Fordham hace considerando lo opresivo de una sociedad en la que todo se ha estructurado en torno a la más artificiosa y cruel de las felicidades. Pero es precisamente esa decisión, rubricada por cada ocasión en la que se nos muestran las calles y edificios de esta Tierra que será, la que hace grande el discurso visual de Fordham, convirtiéndola en una versión alegre de ‘Blade Runner‘ que enmascara el miedo y la opresión con un barniz chillón, neones por todas partes y una claridad narrativa rigurosa por bandera.

Aplicada de principio a fin como máxima a seguir, la capacidad expositiva de los hechos de que hace gala el artista inglés se pone de manifiesto en dos términos muy antitéticos: por un lado, cada ocasión en que se prescinde del diálogo —no hay lugar aquí para el texto de apoyo— muestra a un Fordham portentoso, capaz de trasladar ideas y movimiento de manera precisa y sin que haya espacio para la confusión; por el otro, las muchas ocasiones en que la acción se encierra en un espacio determinado y coloca a varios personajes intercambiando diatribas resultan aún más vigorosas en su planificación, llevándonos la «cámara» de uno a otro interlocutor y de éstos a planos que van encuadrándolo todo en diversos ángulos para impedir el aburrimiento del lector en un discurso hilvanado con tal virtuosismo que no podemos sino rendirnos ante la evidencia del portentoso talento de Fordham. Evitando en todo momento la actualización de esos lugares más cuestionables de la novela de los que hablábamos arriba, dejándola tal cual para que sea el lector —inteligente y crítico— el que obtenga sus conclusiones sobre lo que sea que quiera obtenerlas, no nos cabe duda de que estamos ante una de las lecturas del año. Así, sin paños calientes…bueno, con cuatro párrafos de paños calientes, de acuerdo…

Un mundo feliz

  • Autores: Fred Fordham
  • Editorial: Planeta Cómic
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 248 páginas
  • Precio: 30 euros
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Un mundo feliz (novela gráfica)
  • Huxley, Aldous (Author)

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