COMIC SCENE: Las Lecturas de Fancueva
V. Kingdom Come

‘Ultimates de Al Ewing 2. La guerra de la eternidad’, sin Rocafort, esto ya no mola tanto

Ensayado y puesto en práctica durante años, el discurso de defensa del arte secuencial como un medio visual que debía «entrar por los ojos» antes de cualquier otra disquisición, fue uno que me llevó a no pocos encendidos debates con algunos aficionados con los que me cruzaba en tiendas especializadas. Mitigado con el paso del tiempo, la madurez y la doble apertura que servidor llevó a cabo hace ya muchos años —a ponderar sin prejuicios de ningún tipo todo lo que cayera en mis manos y a considerar atractivo lo que antes no lo habría sido—, quedan de él no obstante suficientes rescoldos como para que, de cuando en cuando, y atendiendo a según que rincón del noveno arte, siga afirmando a pie juntillas que, si un cómic no es visualmente llamativo, lo tiene muy difícil para convencerme. Uno de esos rincones que siguen pasando por el tamiz de lo visual es, sin duda alguna, el del tebeo de superhéroes, máxime de un tiempo a esta parte cuando el hastío es la sensación generalizada hacia el tipo de historias que nos llegan de las dos majors yanquis y el rechazo a la continuidad ha sido la determinante para que abandone un 75% de las cabeceras de DC y Marvel que llevaba años leyendo. Un claro ejemplo de ello, obviamente, es este segundo volumen de los Ultimates en versión Al Ewing, un volumen que pierde el enorme valedor de las propuestas de ciencia-ficción cósmica y de enorme escala que había sido en el primero Kenneth Rocafort y que, al hacerlo, queda muy lejos de convencer como lo había hecho su predecesor cuando las manos en las que se ponen son las de un Travel Foreman que nada puede hacer en el pulso ficticio que le echa su compañero de profesión.

Aunque lo intenta, y lo intenta mucho, echando mano de composiciones llamadas a epatar al lector —al que se deje epatar, claro— la rigidez de formas de Foreman, esa pátina de «suciedad» que parece acompañar a sus planchas y lo hierático de sus estilizados personajes, queda lejos de lo vibrante que siempre se nos antoja cualquier página de Rocafort. Una lástima, teniendo en cuenta que la apuesta de Ewing pasa por echar toda la carne en el asador en diez números en los que la escala cósmica que habíamos visto en la primera serie se multiplica por varios enteros, volviendo a echar mano el escritor de ese Galactus convertido en dador de vida —aunque demasiadas vueltas creemos que se le da al devorador de mundos en esta segunda iteración— y añadiendo a la ecuación a cuantas entidades inabarcables pueblan el universo Marvel. Y no sólo eso, es que, llegado el momento, por estas páginas aparecen, SORPRESÓN, tanto la versión del universo 1610 de Reed Richards, como la agrupación original de los Ultimates, esa que concibió Mark Millar y que, supongo, nadie tiene por menos que una de las mejores lecturas de la Casa de las Ideas de lo que llevamos de s.XXI. Lo dicho, con tanta arma de mucho calibre en manos de un Al Ewing muy, pero que muy efectivo, el conjunto queda deslucido por mor de un acabado gráfico que no da la talla. Oportunidades perdidas que las llaman. ‘Nuff said!!!!

Ultimates de Al Ewing 2. La guerra de la eternidad

  • Autores: VVAA
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 248 páginas
  • Precio: 30 euros
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