Etiqueta: Stephen King

  • ‘Elevación’, emoción

    ‘Elevación’, emoción

    Con más de 2000 artículos a mis espaldas sólo en Fancueva —a los que habría que sumar como 1000 más de incursiones en otros medios—, y con poca capacidad para poder afirmar a ciencia cierta que sea un comentario que nunca haya hecho antes, vayan mis disculpas adelantadas si, en alguna ocasión que alguien recuerde, he hablado de mi voracidad lectora más allá de las ostentosas cifras que, año tras año, sirven para cerrar las diferentes categorías con las que intentamos resumir lo mejor de los 12 meses anteriores. Quizás el ejemplo más ilustrativo sobre lo mucho que la lectura puede llegar a engullirme sea el hecho de que, habiendo recibido por mi Primera Comunión de mano de una tía paterna las obras completas de Julio Verne, sólo necesitara cuatro meses, los que discurrieron de junio a septiembre de aquél muy lejano 1983, para dar puntual cuenta de todo lo que empezaba con ‘La vuelta al mundo en 80 días‘ y terminaba con ‘Los 500 millones de la Begún’. Entre medio quedaban los diez volúmenes de una lujosa edición encuadernada en rojo con estampados dorados que, huelga decir, fue motivo de cuantiosas revisiones con el paso de los años.

    El que desde hace una década me dedique a escribir sobre cómics, y el que reciba mensualmente una considerable cantidad de ellos, sólo ha redundado con el paso de los años en aumentar aún más si cabe la inmensa cantidad de papel que pasa por delante de mis ojos. Una cantidad que la situación extraordinaria de confinamiento que ha provocado la COVID-19 no ha hecho sino acrecentar sobremanera dado que, con mucho más tiempo que el habitual para dedicar a mis aficiones, decidí muy pronto que iba a ser la lectura la mayor beneficiada. Detrás de dicha decisión había un claro objetivo: tratar de ir tachando libros de una lista que ya se antojaba larga en exceso y que sólo hacía añadir mes tras mes algún que otro volumen no proveniente de las editoriales —y, por tanto, relegado a las estanterías a la espera de que la «obligación» de lectura para con lo que nos llega y tenemos que reseñar, diera paso a cierta libertad—. Volúmenes que, curiosamente, no sólo contenían páginas y más páginas de viñetas, sino una nada desdeñable cifra de novelas y ensayos que aguardaban, pacientes, a ser consumidos.

    Llegado tan ansiado momento a eso de la mitad del confinamiento, los últimos cincuenta y tantos días han sido especialmente prolíficos en ir eliminando de la citada lista unos dos títulos por semana, y por mis manos han ido pasando raudos cosas tan variadas como la saga de ‘El archivo‘; las humoradas cargadas de reflexión y sabiduría que enhebra Nando López en ‘Dilo en voz alta y nos reímos todos‘ y ‘En casa me lo sabía‘; un muy sencillo e ilustrativo libro de la imprescindible Usborne —¡cuánto tengo que agradecerle como padre a la editorial!— titulado ‘Política para principiantes‘; la SOBERBIA ‘Patria‘ de Aramburu —de la que hablaremos en breve merced a la espectacular adaptación que ha hecho Toni Fejzula—; un libro de Taschen sobre Stanley Kubrick; el muy IMPRESCINDIBLE ‘Factfulness‘ de Hans Rosling —uno de esos libros que te reamuebla la cabeza y que no podía haber llegado a mis manos en mejor ocasión— y, por supuesto, este ‘Elevación’ que devoré en poco menos de dos horas y que consiguió, para mi sorpresa, arrancarme sentidas lágrimas.

    Aunque en la primera página no apareciera un recuerdo y dedicatoria de King hacia ese grande de la literatura de ciencia-ficción que fue Richard Matheson, es empezar a leer y contemplar la elección del de Maine para con el nombre del personaje principal, y que un torrente de imágenes acuda a nuestra memoria visual. No en vano, que King decida llamarlo Scott Carey, mismo nombre que recibía el protagonista de ‘El increíble hombre menguante‘, no sólo es un guiño hacia Matheson, sino que, en cierto modo, determina un espíritu vertebrador para un relato en el que Scott, en lugar de ir reduciendo de tamaño, va perdiendo peso sin que físicamente se note ningún cambio en su fisionomía. Dicha idea, que King ya desarrollara en ‘Maleficio‘ de manera similar, se lleva aquí por otros derroteros mucho más interesantes por más que el recorrido del volumen sea tremendamente escueto.

    Teniendo en cuenta que las 176 páginas, que ya son limitadas, vienen en formato recortado y con un tamaño de letra e interlineado superiores a lo habitual —dicho de otra forma, de haber venido maquetada de otra manera, ‘Elevación’ habría ocupado la mitad de páginas—, resulta encomiable que King consiga acertar tan de pleno con las sinergías de los personajes; con lo fácil que es empatizar con cualquiera de los cuatro que configuran la línea delantera; con el interés creciente con el que se atiende intrigado a cómo se despliega todo y con la sencillo que es emocionarse, ojos humedecidos mediante, cuando la acción toca a su fin.

    Entre medio, y con el marco de Castle Rock de fondo —que, a todo esto, vaya error de enfoque el de la serie de televisión, ¿no?— King revalida, una vez más, y ya es imposible llevar la cuenta de cuántas han sido, que es un maestro en plasmar ideas que atrapan al lector con suma facilidad y lo mantienen completamente entregado hasta la conclusión de la historia. Un logro nada baladí cuando estamos hablando de un autor que, tras casi cinco décadas de oficio, más de sesenta novelas y más de doscientos relatos a sus espaldas, nunca — o casi nunca— defrauda a quienes llevamos pendiente de él desde que nos lo encontráramos, muchos lustros atrás, con alguno de esos libros que tan ojipláticos nos dejaron en nuestra adolescencia. En mi caso fue ‘Los ojos del dragón‘ con doce o trece años…¿y en el vuestro?

    Elevación

    • Autores: Stephen King
    • Editorial: SUMA de LETRAS
    • Encuadernación: Cartoné con sobrecubierta
    • Páginas: 176 páginas
    • Precio: 14,15 euros en
  • ‘Doctor Sueño’, de lo mejor del 2019

    ‘Doctor Sueño’, de lo mejor del 2019

    Artífice de la mejor serie de televisión a la que tuvimos la suerte de asomarnos el año pasado —por si alguien no lo recuerda, estamos hablando de ‘La maldición de Hill House’ (‘The Haunting of Hill House’, 2018)— que Mike Flanagan fuera el elegido para traducir a imágenes ‘Doctor Sueño’, la secuela que Stephen King publicó en 2013 de ‘El resplandor’, su mítica novela de 1977 que sería adaptada por Stanley Kubrick en la no menos mítica película de 1980 protagonizada por Jack Nicholson; no podía ser otra cosa que garante de que lo que íbamos a encontrarnos en la sala de cine se posicionaría muy posiblemente entre lo mejor de este 2019 que, por si no lo he dicho ya en algún momento del pasado reciente, va a terminar cerrándose como uno de los peores años en términos de producciones cinematográficas que servidor recuerda desde hace mucho.

    Es evidente que esa impresión a priori podía darse de bruces con una realidad completamente diferente y que, toda vez vista, ‘Doctor Sueño’ (‘Doctor Sleep’, Mike Flanagan, 2019) nos hubiera parecido un truño de proporciones épicas o, como poco, una muesca más que añadir a todo lo directamente olvidable que nos ha dado este año. Pero, como puede inferirse de forma directa del título de esta entrada, nos encontramos justo ante lo que esperábamos: una cinta de terror de una categoría superlativa que, muy a la manera de los mejores títulos del género de los últimos años —esos que han ido huyendo de la corriente mayoritaria de la que se han hecho eco las «películas de miedo»—, huye de manera consciente de todo lo que, al menos a título personal, más me horripila de tan adorado tipo de películas.

    Así, y aunque hay alguno que, no podía ser de otra manera, está perfectamente justificado, Flanagan —que a parte de dirigir y adaptar la novela también edita…y eso se nota tela—evita como a la peste los golpes de efecto, esos giros bruscos de la cámara que, acompañados de una variación súbita en la intensidad de la música, lo único que pretenden es que el respetable salte en su butaca a la vez que profiere un grito de pavor. Pero eso no es terror. No al menos bajo mi punto de vista. El terror verdadero, ese que no se olvida tan pronto se ha consumido, es el que se construye desde la atmósfera y los personajes, el que se cultiva con esmero desde la sutileza y el que, poco a poco, se va introduciendo debajo de nuestra piel creando una ineludible sensación de extrema incomodidad que, muy probablemente, no termine con la proyección sino que perdure en tanto continuemos pensando lo que nos ha ofrecido la función.

    Ya sabíamos que Flanagan era muy capaz de conseguir dicho logro por lo que habíamos visto, capítulo tras capítulo, en ‘La maldición de Hill House’, pero, claro está, ahí el formato ayudaba aunque sólo fuera por el mero hecho de contar con diez horas para ir construyendo a placer y con una solidez a la que el cine no podría aspirar —al menos sobre el papel, claro— unos personajes tridimensionales y creíbles que no se atuvieran a los más que mascados arquetipos que tanto daño han hecho al cine de género. Pues bien, dejemos claro, y hagámoslo ya, que parte de la hazaña del cineasta en ‘Doctor Sueño’ se fundamenta, y de qué manera, en ser capaz de levantar esa misma solidez de personajes contando con una cuarta parte del metraje que tuvieron los diez capítulos de la serie de Netflix.

    Polarizados en los dos extremos —el bien y el mal— que se encuentran a ambos lados del «resplandor» —esa fuerza de percepción extrasensorial que definía King en la novela original y que Kubrick explicaba en boca de Scatman Crothers en su adaptación—, resulta encomiable que Flanagan dedique casi tanto tiempo a levantar y definir como mandan los cánones a los personajes de unos excepcionales Ewan McGregor y Kyliegh Curran —la joven de trece años es, sin lugar a dudas, el descubrimiento del filme, con esa capacidad que tiene de mostrar madurez, determinación y fragilidad casi sin esfuerzo— y, en el espectro opuesto, a hacer lo propio con la maravillosa Rebecca Ferguson, líder del grupo de antagonistas de la luz que van dando caza a aquellos que la poseen.

    La explicación que se da sobre los miembros de «El nudo verdadero» —nombre que reciben en el libro, en la cinta nunca se les atribuye ninguna denominación— es de esas que excitan sobremanera la imaginación del espectador hasta tal punto de desear poder ver un filme dedicado a ellos en exclusiva que explorara la fértil historia que se adivina en las pocas líneas de diálogo que, enunciadas por Ferguson, dibujan una riqueza suma y un trasfondo tanto o más atractivo que el que ostentan Danny Torrance y Abra Stone. Más lo que se hace evidente tanto en uno como en otros es el extremo mimo que se ha puesto en que todos ellos no atiendan a modelos preestablecidos que aburran al espectador, sino a patrones en los que valga la pena invertir dos horas y media de metraje cocinadas a fuego muy lento.

    Valor añadido de la producción que habla mucho sobre lo que Flanagan consigue, el ritmo pausado y calmo de ‘Doctor Sueño’ es, en gran parte, responsable de esa capacidad de la cinta de lograr meterse debajo de la piel del espectador y mantenerlo en tensión durante casi cada uno de sus 151 minutos: rara avis en un momento en el que la norma es que a las películas les falte tiempo para arrojarte las cosas a la cara, que la media hora inicial de este magnífico producto se invierta en perfilar a base de trazos superpuestos al Danny que fue y al Dan que es el personaje de McGregor, utilizando para ello secuencia tras secuencia de meros diálogos es toda una declaración de principios que deja muy claro cuáles son las intenciones del cineasta y guionista para con esta adaptación.

    A partir de ahí, y siempre bajo esa premisa de no apresurar nada, la cinta equilibra a la perfección todo aquello que va ofreciendo sea del palo que sea, dejando para el final un tercer acto que, tachado de fan service hacia el filme de Kubrick por mucho «entendido», se siente de manera inequívoca como aquello que era necesario que ocurriera para cerrar de manera satisfactoria la historia de la familia Torrance, esa que a algunos lleva acompañándonos casi cuarenta años y que, gracias a lo que aquí nos encontramos, trasciende si cabe lo legendario de la adaptación de Kubrick para conformar un todo que, desde ya, es uno de los mayores referentes del cine de terror de todos los tiempos.

  • ‘En la hierba alta’, jugando en los campos del Sr. King

    ‘En la hierba alta’, jugando en los campos del Sr. King

    Segundo estreno que, junto con ‘El Camino: Una película de Breaking Bad’ (‘ El Camino: A Breaking Bad Movie’, Vince Gilligan, 2019), nos llegaba el pasado viernes a través de Netflix —hubo un tercero ese mismo día, ‘Fractura’ (‘Fractured’, Brad Anderson, 2019), un correcto thriller con un espléndido Sam Worthington y giro final de los que te dejan desencajado—, ‘En la hierba alta’ (‘In the Tall Grass’, Vincenzo Natali, 2019) venía precedida por dos hechos que la colocaban rauda en mi personal punto de mira: el ser una adaptación del relato homónimo firmado por Stephen King y su vástago, el insigne Joe Hill y, aún más, venir firmada por Vincenzo Natali, el cineasta que hace veinte años nos dejó boquiabiertos con ‘Cube’ (id, 1997) a todos los que acudimos a verla al cine.

    Vale que su trayectoria posterior no estuviera, al menos en lo que a la gran pantalla se refiere, a la altura de lo que marcó su ópera prima y que este redactor no guarde ningún recuerdo —ni grato ni ingrato— de ‘Cypher’ (id, 2002) o ‘Splice: Experimento mortal’ (‘Splice’, 2006), pero eso no quita para que, en su momento, cuando acudí al cine a ver cualquiera de las dos anteriores, lo hiciera cargado de la misma expectación con la que me senté el sábado noche en mi sofá antes de adentrarme en ese campo que, por otra parte, tanto recuerda, en algunos instantes de la narración, a aquél que King describía en 1977 en el relato ‘Los chicos del maíz’; sí, la que después sería llevada al cine con Linda Hamilton como protagonista en 1984.

    Desarrollándose de forma exclusiva entre las opresivas y agobiantes hierbas altas que dan título al relato, la adaptación que hace Natali del mismo sirve al cineasta para recuperar, aunque el escenario no tenga relación alguna con aquel en el que se desarrollaba ‘Cube’, el ambiente de confusión y desesperación que trasladaba el estilizado y tecnificado cubo del que hasta siete personajes diferentes trataban de escapar. Con uno menos y en un entorno igual de laberíntico, Natali se hace grande en las imaginativas formas en que, moviéndose por las gigantesca vegetación, saca partido de ellas para, primero, lograr algo fundamental en toda narración: que el público no se aburra. Manteniendo la tensión en casi cada minuto de los 100 minutos de duración, la colocación de la cámara en toda suerte de ángulos —atención a los planos cenitales, asombrosos— y el ajustado trabajo del reparto, con un excelso Patrick Wilson a la cabeza, hacen de ‘En la hierba alta’ una producción bastante mejor que lo que muchos están obcecados en ver.

    Cierto es que, si se conoce la obra de King, los tropos que maneja el discurrir de la acción no son muy originales, y al margen de los campos interminables y traicioneros y de los seres que lo habitan, esa enorme piedra primaria que sirve de elemento pivotante a lo largo del metraje resuena a otros puntos de la iconografía del escritor de Maine. Pero el que en cierto modo se coquetee también con H.P.Lovecraft —incluso me atrevería a decir que hay cierta referencia consciente a ‘En la boca del miedo’ (‘In the Mouth of Madness’, John Carpenter, 1994)— y que Natali consiga, sin necesidad de recurrir al golpe de efecto —alguno hay, pero es tan sucinto y sutil que pasa desapercibido—, crear una atmósfera terrorífica tan lograda como la que aquí encontramos, hacen del acercamiento a esta propuesta de Netflix un ejercicio tan agradable como lo fue, hace un par de años, el que la plataforma nos propuso con ‘El juego de Gerald’ (‘Gerald’s Game’, Mike Flanagan, 2017), otra adaptación de Stephen King que, sumada a la que hoy os traemos, y como ha sucedido con tantas otras suyas, no pasará a la historia del séptimo arte pero sí queda, al menos, como una sólida muestra de cómo traducir el imaginario del literato estadounidense a imágenes en movimiento. Y eso, viendo algunas de las atrocidades que se han hecho con su obra, ya es muchísimo.

  • ‘Cementerio de animales’, mucho larala y poco lerele

    ‘Cementerio de animales’, mucho larala y poco lerele

    Perdida en el recuerdo entre tantas otras cintas de terror mediocres que he ido consumiendo a lo largo de las tres últimas décadas, sólo un par de detalles quedaban en la memoria de la adaptación de ‘Cementerio de animales’ que llevó a cabo Mary Lambert en 1989: la participación de Fred Gwyne —el legendario Fred Monster de ‘La familia Monster’— y el mal rollo que daba el niño de la familia Creed al que daba vida Miko Hughes. Más allá de eso, no recordaba casi nada de un filme que sólo había visto el año de su estreno y que no había tenido a bien revisar en los treinta que han transcurrido desde entonces.

    Derivando tal desinterés el que no considerara a la cinta un buen ejemplo del género digno de ser rememorado más que en alguna lista de las muchas y muy variadas traslaciones que los textos de Stephen King han conocido a lo largo de los lustros, era la misma sensación de poco interés la que me llevaba el viernes pasado a acercarme al cine a ver qué tenía que ofrecer una nueva mirada sobre el relato que el maestro del terror escribiera en 1983, esta vez en manos de dos cineastas y con el protagonismo de John Lithgow como integrante más llamativo en lo que a reparto se refiere.

    De hecho, es el veterano actor lo único salvable de una función tremendamente descompensada que invierte dos terceras partes de su metraje en una excesiva exposición de personajes y de construcción de atmósfera para, después, acelerarse en su clímax y acumular en el mismo sustos y más sustos que, haciéndose fuertes en trillados arquetipos, manidos clichés y abundantes golpes de efecto, nada ofrece al espectador que sea digno de mención.

    En ese discurrir por la prolongadísima presentación del matrimonio Creed, sus hijos y su vecino, ‘Cementerio de animales’ (‘Pet Sematary’,Kevin Kölsch, Dennis Widmyer, 2019) ya deja entrever que no son las ganas de innovar las que controlan las decisiones de los responsables de la producción, ya de unos realizadores que se limitan a poner la cámara allí donde es esperable que esté situada, ya de un guionista que sólo ejerce pequeños e insignificantes cambios a lo largo de la proyección y deja las mayores alteraciones sobre lo que King planteaba en su texto para unos cinco últimos minutos en los que ya todo da igual y poco importan los vanos intentos por epatar de una película que, atención, no lograba arrancar ni un grito del público adolescente que acudía en masa a la misma función que servidor.

    De acuerdo, que los quinceañeros no griten no tiene por qué ser indicativo de nada, pero resulta muy curioso que el público más claramente objetivo de este tipo de productos no se inmutara lo más mínimo ante los evidentes envites visuales o los aún más obvios golpes musicales a los que Christopher Young rinde pleitesía durante la práctica totalidad de su score. Así las cosas, nada es lo que ofrece ‘Cementerio de animales’, ni a los espectadores casuales ni, por supuesto, a los amantes del género que tenemos que seguir sufriendo este tipo de filmes que insisten una y otra vez en los recursos más machacados del terror sin darse cuenta de que son títulos como ‘Hereditary’ (id, Ari Aster, 2018) o ‘Nosotros’ (‘Us’, Jordan Peele, 2019) los que marcan tendencia e indagan nuevas fronteras para meternos el miedo en el cuerpo.

  • ‘It’, cuenta conmigo

    ‘It’, cuenta conmigo

    Es probable que la primera pregunta que uno se haga antes de acudir a ver la nueva versión de ‘It’ (id, Andy Muschietti, 2017) que New Line estrenaba el pasado viernes en nuestras salas —sobre todo si sois de los que visteis la versión televisiva de tres horas a principios de los noventa— es hasta qué punto vale la pena gastarse los euros en la misma historia y cuánto se separa ésta de lo que pudimos ver hace veintisiete años de la mano de Tommy Lee Wallace con Tim Curry como el temible payaso Pennywise. La respuesta no es de fácil concreción, pero para avanzarla antes de entrar en materia, dejemosla en que vale la pena —y bastante— desembolsar el coste de la entrada y que, al contrario de lo que hacía la miniserie, el filme centra en exclusiva su atención en la primera parte de la novela de Stephen King, dejando la otra mitad para una segunda parte en la que, debido al éxito ya cosechado por ésta, ya se ha comenzado a trabajar para su más que probable estreno en 2019.

    Olvidándose pues de mostrar nada de lo concerniente a la versión adulta del «Club de los Perdedores», y cambiando la ambientación de finales de los años 50 por la más cercana de finales de los ochenta, ‘It’ es, en este último sentido, todo un homenaje al cine de hace tres décadas, ese que nunca nos cansaremos de reivindicar como el que mejor supo entender a toda una generación de cinéfilos en formación y que ha sabido envejecer con muchísima más autoridad que mucho del que nos llegó en los diez años posteriores. De hecho, de forma más que obvia dadas las evidentes conexiones que el libro original guarda para con él, la primera referencia que ‘It’ resuelve durante sus dos horas y cuarto de metraje es hacia ‘Cuenta conmigo’ (‘Stand By Me’, Rob Reiner, 1986) y la forma en la que ambas producciones versan sobre el difícil tránsito de la adolescencia hacia la edad adulta a través de asuntos como el despertar sexual, la toma de conciencia de la muerte o el enorme poder de la amistad incondicional.

    Dando su larga duración para un análisis mucho mejor hilvanado de tales cuestiones que el que se hacía en la miniserie de 1990, ‘It’ reposa una considerable parte de su enorme eficacia en la elección de un reparto juvenil que se descubre como una de las mejores fortalezas de la producción. Compuesto por cinco completos desconocidos, uno de los chavales de la excelente ‘Stranger Things’ (id, 2016) y el familiar rostro que es Jaden Lieberher para aquellos que seguimos ‘Masters of Sex’ (id, 2013-2016), es precisamente en lo anónimo de casi todos, en la sinergia que se crea entre ellos y en la frescura que ambos factores aportan donde ‘It’ encuentra sólidas bazas para ganarse las simpatías del respetable desde el primer minuto de proyección.

    De entre todos ellos, acaso sea Sophia Lillis la que más impresiona por la soberbia forma en la que da vida a la única fémina del «Club», una Beverly que se aleja de la imagen mojigata que de ella daba la miniserie de los noventa y que, aguerrida y muy liberada, es epicentro del terremoto hormonal que sacudirá a los seis restantes integrantes del grupo. El verismo que acompaña a la natural belleza de la joven de mirada azul intenso se hace muy palpable en múltiples instantes, pero quizá nunca con tanta intensidad como la que observamos en las escuetas escenas que comparte con su ficticio progenitor o aquella calcada del libro en la que un manantial de sangre —metáfora nada sutil de la llegada de su menstruación— salpica todo el cuarto de baño de su hogar.

    En que dicha secuencia golpee con fuerza al espectador como otras muchas a lo largo del metraje tiene mucho que ver la más que efectiva labor de Andy Muschietti tras el objetivo. Quizás el trabajo del cineasta argentino no sea un dechado de imaginación constante y peque, en el enfrentamiento final entre los chavales y Pennywise, de cierto talante confuso; pero la forma en la que el director huye de forma consciente de los típicos golpes de efecto asociados al cine de género que tanto daño han hecho al terror en tiempos recientes y que, en lugar de ellos, opte por la construcción de una atmósfera tangible y malsana acorde con la idea original de la novela de King es motivo de numerosos instantes para recordar de una proyección cargada de ellos.

    Sin querer citar aquí a ninguno de ellos por lo que supondría revelar información de esa que es mejor descubrir por uno mismo, baste añadir que la más que efusiva recomendación de no perderse la cinta en la gran pantalla encuentra otros apoyos en la considerable ventaja con la que ésta juega con respecto a la de los noventa merced a sus muy concisos trucajes digitales, la espléndida caracterización de Pennywise que lleva a cabo Bill Skarsgård haciendo que nos olvidemos de la muy recordada que en su momento concretó Curry y, en última instancia, las muchas ganas de saber qué forma tomará una segunda parte que ya esperamos con abundante expectación.

  • ‘La torre oscura’, a toda leche

    ‘La torre oscura’, a toda leche

    Lo sé. Soy consciente. Es de una desvergüenza sin par. Pero espero sepáis perdonármelo. Cuando escribo estas líneas estoy a un día de mi única semana de vacaciones de este verano que casi toca a su fin y tengo la cabeza en otras cosas. Disculpas adelantadas.

    AUTOPLAGIO ON

    Debo comenzar esta entrada dedicada a ‘La torre oscura’ (‘The Dark Tower’, Nikolaj Arcel, 2017) haciendo una confesión que quizás resulte chocante dada mi extrema filia hacia la ciencia-ficción y la fantasía: NO HE LEÍDO NUNCA NADA de ‘La torre oscura’. Cómo estáis viendo. Las causas para tamaña afrenta al seminal título de Stephen King son de índole diversa, atienden a cuestiones como lo arduo de acercarse a los ocho libros que la conforman o el hecho más personal de que alguna somera aproximación al primero de ellos se saldara con frustrantes sensaciones, pero al final son excusas que se alzan incapaces de justificar de forma plena tan amplio agujero en mi bagaje como lector.

    Un agujero que, siguiendo con la honestidad, no tengo intención de tapar, al menos no en un futuro reciente, pero que no me impedía acercarme el pasado viernes al cine con enorme curiosidad para averiguar si los palos críticos y el zurriagazo que se ha metido la adaptación de las novelas de King en la taquilla —de su muy escueto presupuesto de 60 millones sólo se han recuperado en la taquilla estadounidense (la que cuenta para determinar el éxito o fracaso de una cinta) unos 38— eran merecidos o si, como ya ha pasado este verano con ‘Rey Arturo: La leyenda de Excalibur’ (‘King Arthur: Legend of the Sword’, Guy Ritchie, 2017), no había tanta verdad en las voces que se han dedicado a arremeter de forma inmisericorde contra ella y el público se ha dejado llevar, una vez más, por actitudes ajenas.

    AUTOPLAGIO OFF

    Si hace un par de días decíamos de la adaptación de ‘Valerian’ que el filme de Luc Besson se quedaba a caballo entre las críticas merecidas y las alabanzas también ganadas, no podemos apoyarnos en los mismos argumentos cuando de ‘La torre oscura’ tenemos que hablar puesto que, por más que sus noventa minutos se pasen en un suspiro y no de tiempo ni a meter la «a» de aburrimiento cuando ya están desfilando los créditos finales, la cinta está llena de agujeros, de personajes a medio describir y la que es su mayor virtud, su imparable ritmo, es a la vez su peor defecto, el que se intuya la vastedad que se ha quedado por definir —hay quien hace la comparación de imaginar qué hubiera pasado con cierta trilogía de Tolkien si Peter Jackson la hubiera condensado en 90 minutos— importando muy poco que se hayan leído o no las ocho novelas que conforman el universo imaginado por el de Maine.

    Tanto es así, que el guión de Akiva Goldsman deposita mucho trabajo en el espectador para llenar los incontables huecos que se van diseminando aquí y allá, haciendo sólo interesante un universo que podríamos haber descrito como apasionante y que habría dado de sí para, al menos, una terna de películas. Que en los tiempos que vivimos, en los que cualquier productora de andar por casa se monta una franquicia sin pensárselo dos veces, Sony haya renunciado a dicha posibilidad metiendo tijera de forma indiscriminada a los textos de King es un indicativo tremendamente elocuente de la poca confianza que tenían en el filme, un respaldo que también pudo notarse en lo tardío de los trailers o en el anodino enfoque que se les dio a los mismos.

    Es pues el que está sentado en la butaca viendo como desfilan por delante suya personajes casi unidimensionales —y aquí lo del Walter de Matthew McConaughey es de risa— que toman decisiones que en pocos instantes encuentran un fundamento sólido, sobre el que se hace descansar la responsabilidad de abrazar en mayor o menor grado la notoria indefinición del conjunto y, reduciéndolo aún más, tomárselo como una cinta de fantasía de poco calado en el que, como en muchas otras del género, un niño se alía con las fuerzas del bien para derrotar a las fuerzas del mal.

    Con Idris Elba como muy convincente defensor de las primeras, y Tom Taylor haciendo lo que puede —que no es mucho— en la piel del chaval, es la dirección de Nikolaj Arcel constante motivo de desencuentro entre respetable y proyección: cuando la cinta se dedica a vagar de aquí para allá sin mucho que exponer, el cineasta danés se muestra correcto pero nunca brillante; un calificativo del que se aleja aún más cuando el metraje nos ofrece sus secuencias de acción y lo que vemos en pantalla transita entre lo insulso y lo caótico; pareja ésta de epítetos que se ajusta con bastante precisión a la totalidad de la cinta y que hacen que noticias como éstas nos hagan exclamar un sonoro WTF???!!!.

  • ‘It’ y ‘Valerian’ presentan sus nuevos trailers

    ‘It’ y ‘Valerian’ presentan sus nuevos trailers

    Aparecidos ayer, os traemos hoy los dos avances más recientes de sendas adaptaciones que esperamos con cierta expectación. El que encabeza la entrada es el de ‘Valerian’, la ambiciosa traslación que Luc Besson ha llevado a cabo sobre las viñetas de Pierre Christin y Jean-Claude Mézières, aquellas que en su momento inspiraron a George Lucas para ‘Star Wars’. Lo único que por ahora me chirría es la presencia de Cara Delevingne, a la que no termino de ver como Laureline. Los resultados, el 21 de Julio.

    El segundo, que podéis encontrar más abajo, corresponde a la escalofriante nueva versión cinematográfica de ‘It’, la afamada novela de Stephen King que ya fuera llevada a la pequeña pantalla en 1990 con Tim Curry como el payaso Pennywise. Para trasladar el texto del maestro del terror a 24 fotogramas por segundo se ha optado por Andrés Muschietti, que ya intentó meternos miedo en el cuerpo —con irregulares resultados— en esa tontería con Jessica Chastain y Nikolaj Koster-Waldau llamada ‘Mamá’. Lo cierto es que el avance emite muy buenas y terroríficas vibraciones. Esperemos que así sea y que no nos encontremos ante otra decepción del género de terror. Y sí, el gafotas que se ve es el protagonista de ‘Stranger Things’…¿casualidad? No lo creo. Saldremos de dudas el 8 de Septiembre.

  • ‘Locke and Key vol.5: Mecanismos de relojería’, el final está próximo

    ‘Locke and Key vol.5: Mecanismos de relojería’, el final está próximo

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    Lock and Key‘ es una de esas series que empiezan poco a poco, sin hacer ruido, y cuando te quieres dar cuenta, todo el mundo habla de ella para bien. Quien no haya tenido la suerte de acercarse a la colección ideada por Joe Hill y Gabriel Rodríguez debería remediarlo cuanto antes y mejor del tirón, así, los cinco volúmenes publicados hasta la fecha, uno detrás del otro, para poder disfrutar de la maestría de Hill a la hora de dosificar el misterio y el terror que se esconden tras las páginas del relato.

    Con una historia tan sencilla como eficaz, los autores nos sumergen en una trama protagonizada por tres hermanos que sufren una desgracia familiar y que provocará el que tengan que vivir en una nueva casa plagada de llaves que proporcionan increíbles habilidades al que las porta. Lo que en un principio no debería dar para mucho más se va convirtiendo en un intrincado relato lleno de giros inesperados y personajes que no aparentan ser lo que realmente son, donde las traiciones están a la orden del día y el ansia de poder será el verdadero protagonista.

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    Hill, hijo del genio de la literatura de terror Stephen King, decidió no adoptar el apellido de su progenitor, algo que le podría haber abierto más de una puerta en una industria tan dura como ésta, y labrarse así un nombre sin necesidad de empujones que pudieran proporcionar los lazos familiares. Para el que haya podido catar algunas de sus obras como ‘Fantasmas‘, ‘Cuernos‘ o ‘El traje del muerto‘ sabrá que la valía del autor está más que contrastada y se ha convertido en un escritor a seguir con cada nueva publicación.

    Esta quinta entrega, Mecanismos de relojería, se sale un poco de la norma y se centra en mostrarnos qué ocurrió en La Casa de las llaves en el pasado aportando un poco más a las relaciones que existió entre algunos de los personajes años atrás. Algunas de las incógnitas que nos han tenido en vilo contarán con una clarificadora explicación y veremos cómo cada pieza encaja a la perfección en su lugar y gracias a la maestría de Hill, lo hará con una facilidad y lógica casi insultante.

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    Rodríguez por su parte también ha conseguido sorprender a los aficionados gracias a la evolución que ha experimentado su estilo a lo largo de los sucesivos tomos. Si bien su estilo agradable y detallista no dejaba indiferente a nadie cuando la serie daba sus primeros pasos, actualmente firma algunas de las páginas más espectaculares que se pueden ver en la industria, facturando algunas ilustraciones de esas que necesitan ser analizadas sin prisa y observándolas un buen rato con la boca abierta.

    Penúltima parada antes del colofón final que tendrá por nombre Alpha y Omega y que da sus últimos coletazos en Estados Unidos. Tan solo esperar que Panini no se haga de rogar mucho tiempo para su publicación ya que la reserva de uñas está parpadeando y las ganas por saber cómo termina toda la historia son tremendas. Pieza fundamental en el comic actual.

    Locke and Key vol.5: Mecanismos de relojería

    9Misteriosa
    • Autores: Joe Hill y Gabriel Rodríguez
    • Editorial: Panini
    • Encuadernación: Rústica
    • Páginas: 168
    • Precio: 16,95 euros
  • ‘Under the Dome’, primeras imágenes de la serie basada en el libro de Stephen King

    Es probablemente una de las adaptaciones televisivas que más expectación ha creado, sobre todo entre los fans de ese maestro que es Stephen King. Y es que prácticamente desde que se publicó es el tiempo en que se lleva gestando la adaptación de ‘La cúpula’ (‘Under the dome’), una de las últimas novelas del escritor de Nueva Inglaterra.

    En ‘Under the dome‘, desarrollada para televisión por Brian K. Vaughan (‘Lost’, ‘Saga’…), nos cuentan la historia de un pequeño pueblo de Maine que se ve aislada del resto del mundo por un campo de fuerza (una cúpula tal y como la llaman). La serie será estrenada el 24 de junio por CBS tras haber sido concebida inicialmente para Showtime, la cadena de cable premium del mismo grupo y constará de 13 episodios, por lo menos de momento.

  • La trilogía cinematográfica y la serie de televisión de ‘La Torre Oscura’ resucitan de entre los muertos

    La trilogía cinematográfica y la serie de televisión de ‘La Torre Oscura’ resucitan de entre los muertos

    Stephen King Dark Tower

    Buenas (o malas) noticias para los fans de ‘La Torre Oscura’ de Stephen King. Cuando todo parecía indicar que el ambicioso proyecto del director Ron Howard (‘Una mente maravillosa’, ‘Apolo 13’, ‘El código Da Vinci’) y el productor Brian Grazer (‘24’, ‘Plan oculto’, ‘Cowboys & Aliens’) había quedado finalmente en el olvido después de que Universal decidiese cancelarlo por su elevado presupuesto, las últimas noticias apuntan a que proyecto podría resucitar de entre los muertos.

    “Hemos encontrado el modo de recortar 45 millones del presupuesto sin cambiar la escala y dándole un buen final. En el borrador de 140 millones, el final no era ni por asomo tan satisfactorio. Ahora, tenemos 45 o 50 millones fueras del camino y un final realmente satisfactorio. Se va a hacer.”

    Según estas declaraciones de Grazer a The Playlist durante la promoción de ‘Tower Heist’, el proyecto vuelve a conseguir impulso recortando un tercio el presupuesto y, según entendemos, encontrando un punto más satisfactorio por el que cortar la primera entrega de la adaptación de estas siete novelas. ¿Seguirá siendo Javier Bardem el actor protagonista?

    Vía | ScreenRant

  • ‘The Stand’ de Stephen King podría ser dirigida finalmente por Ben Affleck

    ‘The Stand’ de Stephen King podría ser dirigida finalmente por Ben Affleck

    Stephen King The Stand Ben Affleck

    Parece que las negociaciones de Warner Bros con el director David Yates (‘Harry Potter y las Reliquias de la Muerte’) para que se encargase de la adaptación de ‘The Stand’ (Apocalipsis) no terminaron llegando a buen puerto y es que las últimas noticias apuntan a que será Ben Affleck quien finalmente lleve a la gran pantalla esta fantástica novela de Stephen King.

    No soy lo que se dice un admirador de Affleck en su faceta como actor, pero hay que reconocer que cuando se pone detrás de las cámaras su trabajo es irreprochable. Títulos como ‘The Town’ o ‘Gone Baby Gone’ (Adiós pequeña, adiós) dan fe de ello y si se trata de guiones tampoco le podemos poner peros a ‘El indomable Will Hunting’, escrita junto a su amigo Matt Damon.

    Affleck declinó dirigir ‘The Man of Steel’ (ahora en manos de Zack Snyder) pero ‘The Stand’ es un proyecto más difícil de rechazar. De momento se desconoce si la adaptación se materializará en la forma de una única película o si por el contrario apostará como todos esperamos por una franquicia de mayor recorrido con al menos dos o tres entregas.

    Vía | Screenrant

  • ‘The Stand’ de Stephen King, el nuevo proyecto del director de ‘Harry Potter y las Reliquias de la Muerte’

    ‘The Stand’ de Stephen King, el nuevo proyecto del director de ‘Harry Potter y las Reliquias de la Muerte’

    Harry Potter

    “Harry Potter trata acerca de enfrentarse a los temores, encontrar la fuerza interior y hacer lo correcto frente a la adversidad. Twilight trata acerca de lo importante que es tener un novio.” – Stephen King

    Una de las franquicias más exitosas de la historia del cine llega a su fin hoy con el estreno de ‘Harry Potter y las Reliquias de la Muerte Parte 2’ y su director (y el de las tres anteriores), David Yates, parece que está buscando un nuevo libro que adaptar a la gran pantalla para Warner Bros; ni más ni menos que ‘The Stand’ (La danza de la muerte), la novela post-apocalíptica de Stephen King.

    Según Vulture, el director se encuentra en conversaciones con el estudio, quienes ya anunciaron a principios de año su intención de producir tres películas con esta novela de terror y suspense en la que el maestro del terror ya proponía alla por 1978 la destrucción total de nuestra sociedad a manos de un virus letal y la violencia generalizada causada por el pánico de la población. El director está volviendo a leerse la novela y parece que tiene dos semanas para tomar una decisión.

    Llevar ‘The Stand’ al cine ha sido durante años una espina clavada para Warner Brothers, quienes intentaron desarrollar el proyecto durante toda una década allá por los años 80. La idea original era que George A. Romero dirigiese y adaptase la novela de King pero su longitud complicó las cosas. El autor sugirió que se llevase a la televisión pero las cadenas no tenían por aquel entonces demasiado interés en mostrar el fin del mundo en prime time y no fue hasta 1994 cuando se estreno al fin una descafeinada miniserie de 6 horas protagonizada por Gary Sinise (‘Apollo 13’, ‘La milla verde’, ‘Forrest Gump’) suavizada por el propio King para la audiencia de la ABC.

    Vía | Ms. Snarker Regrets y Collider (¡Gracias a Kote Pacheco por el enlace!)
    En Zona Fandom | Primer vistazo de The Stand: Captain Trips de Stephen King