Las expectativas eran, como poco, considerablemente altas —iba a decir desmesuradas, pero con la edad uno ha ido aprendiendo a domarlas para no llevarse decepciones innecesarias—. A fin de cuentas, estamos hablando de Geoff Johns y Shazam, un combinado que durante las Nuevas 52 nos dio una de las mayores alegrías de aquellos cinco irregulares años en los que DC pretendió dar un vuelco total a su cosmos. Es más, no nos duele en prenda afirmar que aquellas páginas del otrora héroe de la Fawcett que sirvieron de complemento a la Liga de la Justicia —también escrita por Johns—, no sólo fueron lo mejor que nos dejaron las historias post-Flashpoint, sino que sin lugar a dudas, al hablar de ellas, lo hacemos de lo mejor que han conocido Billy Batson y su alter ego del rayo en el pecho. Así, sin más. Y, claro, ante tales mimbres, el regreso del guionista al personaje, aunque fuera sin Gary Frank —que tenía su 50% de responsabilidad en hacer a aquellas aventuras tan grandes—, prometía al aficionado, al menos sobre el papel, diversión y entretenimiento asegurados. Y los hay, no nos malinterpretéis, pero la sensación final es más de un «meh» enorme que otra cosa.
Lo es porque, cuando uno da cuenta de las más de 300 páginas de que consta ‘¡Shazam! y las siete tierras mágicas‘, tiene la clara percepción de haber leído uno de esos volúmenes que tan pronto se ha terminado, se ha olvidado —de hecho, no ha pasado mucho desde que lo finalizara y ya hay detalles que están envueltos en una cierta nebulosa en mi memoria—. Lo es, también, porque aunque es mucha la variedad que Johns mete en la trama, echando mano de recursos obvios del microcosmos del personaje como Sivana o Mr. Mind y aportando nuevas ideas como las tierras mágicas a las que viajan todos los miembros de la familia Marvel, todo el conjunto parece un intento a la desesperada por conectar con la magia que, sin pretenderlo, terminaba teniendo la historia predecesora. Además, y esto es algo que deviene en una molestia bastante acusada en ocasiones, Johns abusa de diálogos que no llevan a ninguna parte, lastrando el avance de la acción hasta límites que casi fuerzan a realizar una lectura diagonal de las páginas para agilizar el tiempo.
Y lo es, finalmente, porque ni Dale Eaglesham ni Scott Kolins, encargados del dibujo, están a la altura de las circunstancias…o, al menos, a la altura de las circunstancias que marcó Frank: la plasticidad de Eaglesham es, sin duda, la más adecuada de entre los dos artistas, sobre todo si se contrapone a la marcada personalidad de Kolins , pero la alternancia de sus trazos, no ya de un número a otro sino en un mismo ejemplar, juega muy en contra de aportar cohesión a estas páginas. Añadido a esto, a Eaglesham se le va de las manos en considerables ocasiones la expresividad de los personajes, no dando en el clavo en lo que éstos deben transmitir. Entre uno y otro, por tanto, queda este ‘¡Shazam! y las siete tierras mágicas’ como un pequeño Frankenstein que, a nuestro humilde juicio, no funciona. Tanto es así, que con tan sólo dos números publicados, lo que Mark Waid y Dan Mora están haciendo ahora mismo con el personaje ya nos ha ganado el corazón allí donde lo que aquí revisamos ni siquiera nos corteja en condiciones.
¡Shazam! y las siete tierras mágicas
- Autores: Geoff Johns y Dale Eaglesham
- Editorial: ECC Ediciones
- Encuadernación: Cartoné
- Páginas: 344 páginas
- Precio: 36.50 euros




