COMIC SCENE: Las Lecturas de Fancueva
V. Kingdom Come

‘Salitre’, Cádiz, escenario inigualable

No lo vamos a negar, teníamos enormes expectativas con respecto a ‘Salitre‘ nacidas de dos vientres bien diferentes. Por un lado, correspondían de manera estricta a Jorge González, un dibujante que siempre nos ha fascinado desde que lo descubriéramos con ‘Fueye‘ hace ya tres lustros y que, con un estilo siempre mutable y siempre reconocible, ha ido regalándonos auténticas joyitas a lo largo de estos quince últimos años; de hecho, fue él y sólo él el que nos impulsó a respaldar la campaña de financiación que promovió Spaceman Project hace un par de años. Por el otro, y esto era algo muy personal, esperar con cierta anticipación esta obra respondía a mi origen gaditano y a lo mucho que, por familia política, me une con la Tacita de Plata, con su cultura, sus gentes, sus calles, sus playas y todo lo que hace de Cádiz capital tan hermoso lugar para pasear y dejarse llevar. Dos madres, un único resultado, el volumen que ya tenemos en nuestras manos y que, bajo tanta expectación, termina resultando un toro de complicado rejoneo porque, al término de su lectura, y aún habiendo quedado claro cuál es el foco principal de la historia que hilvana José Luis Vidal —del que ahora hablaremos, descuidad— no es tan evidente qué han querido contarnos sus dos responsables.

‘Salitre’ gira en torno a una familia y establece su discurso en dos tiempos bien diferentes: el Cádiz de la primera mitad del s.XX, en concreto, el de los años que transcurren desde 1914 hasta la explosión del polvorín de la armada de agosto de 1947 y, en segunda instancia, el Cádiz de varias décadas después —intuimos, aunque nunca se diga, que el de los años ochenta/noventa, pero esto no es más que una suposición basada en detalles como la inexistencia de teléfonos móviles, o el modelo de televisión que se ve en un par de viñetas—. Entre uno y otro, el guión de Vidal nos presenta a dos hermanos separados por la férrea personalidad de un padre dictatorial que tiene el futuro de sus hijos planeado de antemano pero no cuenta con que uno de ellos, el pequeño, pretende volar por su cuenta. El abismo que eso abrirá entre los protagonistas es uno que se verá marcado a fuego por las llamas del estallido que hará temblar la ciudad, tiñéndola de rojo sangre.

Hasta ahí, hasta ese acontecimiento tan truculento, ‘Salitre’ discurre asumiendo ciertos parámetros de «normalidad» narrativa y trazando con meridiana claridad al personaje de Agustín, el hermano pequeño, y las dificultades que se irá encontrando en su vida por haber rechazado las comodidades que le ofrecía su adinerada cuna. Hasta cabría afirmar que en este primero de tres actos en que se estructura la obra, y que ocupa la mitad de sus poco más de doscientas páginas, Jorge González asume, siempre bajo sus personales y muy recurrentes instantes de ilustraciones y dibujos que no narran sino trasladan y sugieren, cierta personalidad más estandarizada que la que, a partir de Viento de levante, comienza a desplegar.

Con ese primer parón, nombrado como uno de los dos vientos predominantes, no sólo en la Bahía de Cádiz sino en casi toda la costa de la provincia —el otro, por si os pica la curiosidad, es el de poniente—, ‘Salitre’ comienza una deriva que, como indicábamos antes, no sabemos muy bien hacia dónde quiere dirigirse. El segundo acto comienza poniéndonos en situación a través de las memorias de quién sufrió en primera fila los acontecimientos que cierran el primer bloque de la lectura, más, a partir de ahí, todo comienza a fragmentarse por mucho que Vidal mantenga el foco en la familia de los hijos y nietos de Agustín: apuntando a muchas y muy diferentes direcciones, no nos queda claro si la intención de guionista y dibujante es ofrecernos un mero fresco de la vida en Cádiz hace treinta-cuarenta años o, si, por el contrario, su aproximación tiene ulteriores intenciones.

Si las hay, están tan escondidas que no somos capaces de verlas y, en esa personalidad huidiza, ‘Salitre’ termina perdiendo nuestro interés. Y ya no sólo a nivel argumental, sino también en términos gráficos con un González que abunda en instantes sujetos a la interpretación del lector que, en no pocas ocasiones, se queda patidifuso ante la imposibilidad de dar significado a lo que tiene delante y, bajo ese halo de perplejidad, continua leyendo cada vez con más desgana hasta que llega un final que no se siente como tal y que, creemos, echa por tierra los muchos desvelos por levantar algo espléndido que habíamos vislumbrado en la primera mitad. Al menos nos queda el consuelo de poder asomarnos a Cádiz desde la mirada de un artista que, si somos estrictos, siempre es una absoluta gozada encontrar en la página impresa.

Salitre

  • Autores:José Luis Vidal y Jorge González
  • Editorial: Spaceman Project
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 216 páginas
  • Precio: 35 euros

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