‘Patrulla-X: Cisma’, un evento con poco ángel

Antes de que su talento eclosionara, y de qué manera, en las páginas de cierta deidad nórdica, el guionista Jason Aaron paseo palmito por diferentes rincones del Universo Marvel, forjando sus habilidades narrativas en fraguas de la más diversa índole. Una de ellas, casi tránsito obligado para los que quieran labrarse una carrera dentro de La Casa de las Ideas fueron, cómo no, los mutantes, esos que ahora están conociendo una nueva edad de oro merced a la grandiosa gestión que ha hecho de ellos y de su microcosmos el enorme Jonathan Hickman pero que, hasta la llegada del guionista, llevaban transitando por diferentes yermos creativos desde hacía ya cierto tiempo. Y aunque nos gustaría poder afirmar que este ‘Patrulla-X: Cisma‘ es un oasis en el que refrescarnos dentro de la constante nadería que fueron los mutantes durante buena parte de la década que transcurrió entre el abandono de Bendis de la franquicia y la llegada de Hickman, no estamos en condición de poder hacerlo dado lo insulso y poco atractivo del evento que cose aquí el escritor de Alabama.

Excusa monumental para, en cierto modo, tener en el seno del mundo mutante lo que había supuesto ‘Civil War‘ para el universo Marvel, y ver cómo sus dos cabezas más representativas, Cíclope y Lobezno, se daban de hostias en un número dibujado por Alan Davis con su habitual solvencia, ‘Cisma’ huele un poco a rancio nada más arranca, y esa intervención de Cíclope ante Naciones Unidas, pidiendo lo de siempre —lo que siempre ha pedido Charles Xavier para el homo superior, queremos decir — como detonante de lo que está por venir, la intervención de Quentin Quire, el asalto de los centinelas, el protagonismo de esa joven mutante que será eje de ruptura entre los dos viejos compañeros…todo parece dispuesto para, no hacer avanzar, sino empujar a empellones la trama hacia el citado instante que en el de las gafas carmesí y el de las garras de adamantium tengan que medir fuerzas en las tierras de Utopía, la isla en la bahía de San Francisco con soberanía mutante.

Paradoja monumental de ‘Cisma’ es, además, que este sea uno de esos volúmenes que se haga fuerte en la ironía de contar con cinco artistas de probada y sobrada calidad y que, no obstante, nos termine pareciendo que, a nivel artístico, deja mucho que desear. Lo hace en coherencia, claro, porque no ayuda que de Carlos Pacheco saltemos a Frank Cho, de este a Daniel Acuña, de Acuña a Alan Davis y del británico al pequeño de los Kubert. Pero también lo hace, y eso es algo que nos molesta, en que, quizá por la propia idiosincrasia del proyecto, el nivel de implicación de cualquiera de ellos en lo que terminan plasmando sobre el papel sea, como mucho, limitado. Lo vemos, para empezar, en un Pacheco que depende sobremanera de las tintas y que no convence salvo instantes puntuales como la afortunada splash con Cíclope y Lobezno batiéndose en encarnizada liza con los centinelas y, sobre todo, en un Adam Kubert que se esfuerza porque no podamos borrar la impresión de que ha puesto su nombre y su tiempo para cobrar el cheque y a otra cosa.

No diremos aquello de «¡vaya oportunidad perdida!» porque, sinceramente, por más que Panini lo haya incluido dentro de su línea Must-Have, somos de la opinión de que ‘Cisma’ es una de las instancias más olvidables de cuantas vivieron los mutantes antes de ‘Dinastía de X/ Potencias de X’, pero es de recibo pensar que seremos de los únicos y que, a vosotros que leéis esto, amantes de las viñetas de los hombres y las mujeres X, seguro que os parece un episodio de lo más afortunado dentro de las más de seis décadas de historia que ya acumulan tras de sí los personajes creados por Stan Lee y Jack Kirby…¿o acaso sois de nuestro mismo parecer? ‘Nuff said!!!!!

X-Men: Cisma

  • Autores: VVAA
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 184 páginas
  • Precio: 18 euros

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