Dolmen nos regala una joya de la historia y la historieta. Incluso diría de la nostalgia, porque aunque no pertenece a mi época por edad, sí que pudimos disfrutar en España de un pellizco de mandrágora (pun intended!) de mano de la Editorial Bruguera y sus “Pocket de Ases”. Aunque fuera una edición pulp bastante criminal, para las mentes jóvenes e inquietas el Mandrake de Bruguera nos mostraba un personaje que tenía todos los triunfos en la mano para ser una leyenda.
Para quienes no lo conozcan, Mandrake es un mago que emplea el ilusionismo, la hipnosis y, bueno, la magia, para combatir el crimen y correr aventuras. Creado en 1934 fue sin duda uno de los primeros superhéroes, aunque nunca fue considerado como tal, quizá por su fijación con la temática del ilusionismo o por la carencia de identidad secreta. Su creador, Lee Falk, lo trajo al mundo en 1934, y también es el responsable de ‘The Phantom’, en 1936, que sí es considerado el primer superhéroe de la historia.
El mago es presentado como un fucker de su época. Un tipo que siempre va con smoking y chistera, el pelo bien engominado y bigote fino, con su capa roja y su varita. Presencia no le falta. Y de hecho podríamos decir que ha inspirado a decenas de otros personajes (incluídos Zatana y Sargón) y yo no pondría la mano en el fuego por los creadores del Doctor Extraño, que si no leyeron mucho Mandrake, seguramente lo recibieron por ósmosis.
Mandrake tiene un amigo o *ejem* “esclavo negro gigante”, Lothar (o Lotario en la edición de Bruguera *facepalm*), rey sin trono de una tribu africana, que posee una gran fuerza y poderes sobrehumanos. Juntos frustran planes de villanos y salvan doncellas, como Narda (sí, ese es su nombre), la princesa del reino europeo Cockaigne (no, de verdad que no me lo invento) que es el principal interés romántico de un mago caracterizado como un caballero británico afectado, con bigote untado en pomada.
Evidentemente, para el prisma moderno, Mandrake es un despropósito de tópicos y barbaridades que, lejos de hacernos apartar la mirada, nos llena de curiosidad y fascinación. Las historias son simples, infantiles y cándidas, pero nos muestran una óptica y cultura que hemos dejado atrás, y el cómic que Dolmen nos presenta es una auténtica gozada en cuanto a calidad y presentación.
En su habitual línea dentro de la colección Sin Fronteras, el cómic está encuadernado en tapa dura con portadas de vinilo y reserva UVI, en blanco y negro con papel satinado, respetando el formato original de tira periodística. Se nos advierte en el prólogo que hay algunas tiras que no han podido ser recuperadas a mejor calidad, teniendo en cuenta que el periodo que cubre este ejemplar va de 1936 a 1937, es algo comprensible y la diferencia es apreciable en algunas tiras, pero sin llegar a ser molesto.
No es un cómic para cualquiera, desde luego. Estamos ante una obra de valor histórico, cuyo estilo narrativo es diametralmente opuesto al que estamos acostumbrados. Sabiendo eso, yo he disfrutado enormemente e incluso me he llegado a partir de risa en algunos momentos al ver las escenas estrambóticas que salieron de la mente de Lee Falk, aunque quizá no fuera ese su objetivo. El cómic incluso llega a tener escenas que, vistas con la mente corrompida de un ser perverso, pueden tener segundas lecturas… Oh, mirad, no. No es culpa mía. Se lo estaba leyendo a mi hija y en un momento una niña mimada le grita: “Estrangúleme otra vez, señor Mandrake”. Porque le iba lo duro a la chica. Sinceramente, las risas casi despiertan a su madre.
‘Mandrake, el mago. 1936-1937’
- Autores: Lee Falk y Phil Davis
- Editorial: Dolmen
- Formato:28X21. Tapa dura. 192 págs. B/N
- Precio: 31,90 €






