He de confesar que, al contrario que mi compañero Mario, nunca he sentido especial devoción por las Tortugas Ninja: como, probablemente, todo hijo de mi generación, las conocí, no por los cómics originales, o por la serie de animación de televisión de 1987, sino por la adaptación que la New Line llevó a cabo en 1990 y que trasladó la creación de Kevin Eastman y Peter Laird a la gran pantalla en imagen real. Me entretuvo. Lo justo. Es lo más que puedo decir de una cinta que me pilló, creo, con la edad equivocada —tenía ya uno sus quince añitos y lo que le molaba encontrarse en la gran pantalla, en el año de ‘Ghost‘ y ‘Pretty Woman‘, eran otras cosas. Aún así, llevado por a saber qué razón —ahora que lo pienso, creo que fue para llevar a mi primo pequeño— acudí un año más tarde a ver la segunda entrega de la saga que, con el muy atractivo título de ‘El secreto de los mocos verdes‘…en fin, dejémoslo en que he tenido expectoraciones más creativas que el esperpento que tuve la ocasión de sufrir durante hora y media. Y ahí, a la salida de aquella cinta, se acabó mi corta, intensa e infructífera relación con las Tortugas Ninja: jamás he leído ni una página de sus tebeos, de sus numerosísimos tebeos, que en Estados Unidos los cuatro quelonios son toda una institución y, aunque me llamó la atención por lo mucho que su animación se hacía eco del efecto ‘Spiderman: Un nuevo universo‘, tampoco tuve suficientes arrojo como para pasar por taquilla y sentarme a ver ‘Caos mutante‘.
Ante esta desoladora perspectiva, la pregunta es evidente ¿qué hago reseñando ‘Bodycount‘? Pues eso mismo me cuestionaba conforme iba leyendo un título que recordaba haber hojeado así de pasada cuando fue publicado originalmente allá por mediados de los noventa. De hecho, indagando un poquito por la red de redes, he encontrado que esta miniserie de cuatro números fue inicialmente titulada ‘Casey Jones y Raphael‘ y que su número uno apareció en 1994 bajo el sello de Mirage Studios —la compañía fundada por Eastman y Laird una década antes— para, después, sin que se sepa muy bien por qué, resurgir, dos años más tarde, bajo la insignia de Image, en la que se editarían del 2 al 4. Curiosidades que rodean a una miniserie que, hoy por hoy, según parece, es muy conocida en el mundillo de las tortugas Ninja por ser una de las historias más burras y sangrientas que se han publicado con los reptiles de protagonistas. Pero, claro, cuando uno cuenta con Simon Bisley en el dibujo, no pretenderá que aparezcan unicornios en las páginas ¿no? —bueno, a lo mejor sí, si los unicornios llevan cadenas, empalan a la peña con sus cuernos y van puestos de droga hasta las crines.
Sea como sea, y con un guión de Eastman que sabe a quién tiene de compañero de viaje y qué tiene que escribir para que el artista inglés dé rienda suelta a toda su verborrea visual, lo que menos importa de ‘Bodycount’ es lo que se cuenta, sino como se nos cuenta. Y, ahí, el dibujante de ‘Lobo‘ se sale. Da igual que algunas páginas no tengan sentido. Da igual que todo quede envuelto en un sentido de coña perpetua que reste «credibilidad» —si es que hay alguna que restar— al conjunto. Da igual que, una vez leído, tu cerebro lo procese y digiera con rauda presteza. Lo que cuenta es que mientras te estás leyendo estas 112 páginas, olvidas el mundanal ruido —porque ya suficiente ruido (visual) hay en el tebeo— y desconectas toda sinapsis neuronal crítica para dejarte llevar por la salvajada que asalta tus sentidos. Y ya sabéis, porque lo he dicho en más de una ocasión, que tan necesario es asomarse a tebeos sesudos y de calado como hacerlo a estos sin sentidos que son puro divertimento.
Bodycount
- Autores: Kevin Eastman y Simon Bisley
- Editorial: ECC Ediciones
- Encuadernación: Cartoné
- Páginas: 112 páginas
- Precio: 19.50 euros


