COMIC SCENE: Las Lecturas de Fancueva
V. Kingdom Come

‘Aliens: La etapa original 1’, en viñetas, los gritos no son (del todo) iguales

Difuso, muy difuso, pero a la vez vívido por lo que llegaron a impactarme aquellos pocos segundos, perdura en mi recuerdo la primera vez que, fugaz, pude atisbar la que después se convertiría en una de mis películas favoritas de ciencia-ficción de todos los tiempos: contaría con nueve o diez años, y un sábado por la noche, en estas que me iba a la cama pero no e intentaba arañar algunos minutos más a un día que ya estaba más que terminado, asome la cabeza por el salón de casa de mis padres para ver si mis progenitores tenían a bien que me sentara con ellos en el sofá y cayera dormido allí. La tajante voz de mi padre eliminó toda posibilidad a la segunda intentona, pero no pudo impedir que pudiera ver en el televisor a la cabeza de Ian Holm sobre una mesa esputando líquido blanco. Aquellos pocos segundos, que durante unos pocos años más me parecerían eternos, supusieron la precoz entrada al universo imaginado por Dan O’Bannon, Ronald Shusset, Ridley Scott y, por supuesto, H. R. Giger, un universo al que me asomaría, ya con todas las de la ley, en mi paso al instituto, primero (y paradójicamente) con ‘Aliens, el regreso‘ y, después, por fin, con esa mezcla de terror y sci-fi que es ‘Alien, el octavo pasajero‘, un filme que no ha envejecido casi nada desde su estreno en 1979 y que, de forma muy inadvertida, ha terminado generando todo un cosmos derivado que, suponemos, sus responsables iniciales nunca habrían soñado.

Dejando de lado, porque no son asunto de esta reseña, las cuatro cintas iniciales, sus dos lamentables precuelas y los cruces con la otra saga de alienígenas por excelencia del noveno arte, que el xenoformo salido de la perturbada imaginación del artista suizo terminara en la viñeta impresa es algo que hoy lo mismo no os sorprende en absoluto por la permeabilidad que hay del cine al tebeo y del tebeo al cine; pero a finales de los ochenta, los contactos entre ambas disciplinas se limitaban a las novelas gráficas con las que Marvel había adaptado, pocos años antes, los estrenos candentes del momento y poco más. Así que encontrarse, de repente, con la apuesta que hizo Dark Horse por llevar a la página impresa ese futuro en el que una todopoderosa compañía llamada Weyland Yutani quiere hacerse como sea con el arma biológica sin igual que son los extraterrestres con ácido en vez de sangre, y hacerlo además continuando la trama planteada por James Cameron en su portentoso filme fue, no hace falta decirlo, uno de esos instantes afortunados en los que uno dio gracias por ser lector de tebeos. Poco podíamos imaginar que, con el tiempo, aquella primera historia escrita con espléndido pulso por Mark Verheiden y dibujada en un espléndido blanco y negro tramado por Mark A. Nelson sería tan sólo el pistoletazo de salida de un rincón de la tebeosfera que, a día de hoy, cuarenta años más tarde, aún perdura como bien demuestra el ostentoso Omnibus de más de 1000 páginas que, copia del mismo publicado por Marvel al otro lado del Atlántico, nos trae Panini con las nueve primeras miniseries de ‘Aliens‘.

Siempre que abordamos —siempre que abordo— una reseña sobre un volumen que aglutina tan dispar material como el que aquí podemos encontrar —dispar por lo variado de su galería de nombres, no por su temática— intento no caer en lo típico de ir analizando, de forma más o menos somera, más o menos intensa, cada una de las mini-series en él incluido. De hecho, creo que nunca he claudicado en mi perseverante intento por que así sea. Pero, como suele decirse, siempre hay una primera vez para todo y, dados los enormes altibajos de calidad que quedan incluidos en este ‘Aliens: la etapa original 1‘, considero de recibo faltar a mi costumbre y, si no una a una, sí que pararme de forma más específica en, al menos, lo bueno y lo que no lo es tanto de lo que aquí podemos leer.

LO BUENO

Aliens: Female War by Mark Verheiden and Sam Kieth

Y como no está en mi ánimo arrancar siendo especialmente cruento con la parte más inane de estas viñetas, asomémonos primero a aquello que afirmaría sin recelo, es lo mejor de esta lectura hasta tal punto que justificaría por si sólo la adquisición de este Omnibus. Supongo, por lo que ya me conoceréis los que a diario os asomáis a mis diatribas escritas, que no os sorprenderá si os digo que eso que valida el resto del material recopilado en el presente volumen son las tres primeras miniseries: la de seis números originalmente publicada bajo el título de ‘Aliens‘, la de cuatro que, con el poco atractivo nombre de ‘Aliens (volumen 2)‘, aparecería un año más tarde, y aquella que cerraría arco argumental y que, aparecida en 1990, tenía como título el contundente ‘Guerra contra la Tierra‘.

El punto de partida de la primera, esa que decía antes que escribía con muchísimo tino Verheiden, sitúa la acción diez años después de la trama ideada por James Cameron para su ‘Aliens’, recuperando para la ocasión a Hicks y a Newt y dejándose el hábil guionista en el tintero, al menos por el momento, a Ellen T. Ripley, la última superviviente de la Nostromo. Sin querer entrar en las entrañas de la trama porque habría mucho en lo que excavar, dejémoslo en que Verheiden se las apaña para poner en viñetas lo que muchos habíamos soñado terminara pasando en la gran pantalla, la llegada de los xenomorfos a nuestro planeta y el conflicto a escala global que ésta planteará. La contundencia que supone ese golpe encima de la mesa no sirve, no obstante, para impedir que algunos detalles de la trama, como la conexión telepática de Newt con uno de los extraterrestres —del tipo que hasta entonces conocíamos como el Space Jockey, el que pilotaba la nave que encuentran en el LV-426—, se nos antojen como pequeñas violaciones de la suspensión de credulidad —todo lo que ésta puede ser violentada en una historia de ciencia-ficción como esta, claro—; pero funcionan tan bien en el conjunto que, al final, uno termina por hacer caso omiso a las voces que le piden que las utilice como afilada arma para diseccionar e invalidar los esfuerzos de Verheiden.

Unos esfuerzos que, más contenidos que el espacio que le dan los seis números iniciales, se redoblan primero en el volumen 2 y, después, en ‘Guerra contra la Tierra’, sendas instancias muy afortunadas que no dan respiro al lector y que, por supuesto, siguen basando gran parte de su efectividad en tirar de los personajes cinematográficos y en conseguir algo que, honestamente, siempre hemos pensado que no lograron ni ‘Alien 3‘ ni, por supuesto, ese horror que fue ‘Alien: Resurrection‘, cerrar de forma digna la historia de una Ripley que se hace rogar pero que, cuando por fin aparece, consigue que saltemos de alegría en nuestro lugar habitual de lectura. Y todo ello adornado, en el terreno gráfico, primero por un Mark A. Nelson que, con su estilo, consigue refrendar las buenas sensaciones derivadas del guión y, después, por un Den Beauvais asombroso en sus páginas pintadas —de lejos, las mejores de todo el volumen— o por un primerizo Sam Kieth que todavía tenía que pulir algo lo personal de su trazo pero que, cuando quiere, da muestras de auténtica genialidad.

Más allá de lo que esas primeras cuatrocientas páginas suponen —página arriba, página abajo— soy de la opinión que lo único que realmente vale la pena de este primer Omnibus de ‘Aliens’ es la miniserie de dos números ‘Newt’s Dream‘ —sí, lo sé, monotemático que soy por querer que los cómics de ‘Aliens’ sigan orbitando en torno a las películas—, un intento muy bien traído en tan sólo cuarenta y ocho páginas de ofrecer un punto de vista diferente a los acontecimientos narrados en ‘Aliens, el regreso’ tomando la primera persona de Rebecca (Newt) para acercarnos a todo lo que transcurre en la cinta de 1986 y manteniendo dicha idea a lo largo de la totalidad del discurso narrativo, con los consiguientes saltos en la acción que ocurren cuando la niña no forma parte de lo que se puede ver en celuloide.

LO NO TAN BUENO

Slings & Arrows

Saliendo de lo que indicamos arriba, comienza en este primer ómnibus de ‘Aliens’ a abrirse un abismo que, dependiendo de dónde recalemos, es de menor o mayor profundidad. En la zona de ínfimo calado encontraríamos tanto a ‘Aliens: Nido‘, con un Kelley Jones muy potente y una premisa de partida —un androide con forma de xenomorfo ideado para ser introducido en un nido de los letales bichos— que Jerry Prosser no termina de explotar, centrándose en exceso en el científico que idea al ser mecánico; como a algunas ideas de ‘Aliens: genocidio‘, sobre todo ese arranque tan bien ilustrado por Damon Willis, por el invento de los aliens rojos y por el hecho de que fue la primera serie que, aunque con cierta torpeza en muchos frentes, se salió de lo que hasta entonces había sido norma en este rincón del cosmos y no incluyó a los personajes de las películas, sacándose de la chistera, por cierto, una droga extraída de los huevos de alien que, después, sería utilizada en otros proyectos publicados por Dark Horse.

A partir de ahí, no obstante, pasamos de tener los tobillos sumergidos a estar con el agua a altura del torso: ‘Alien 3‘ no es más que la enésima intentona por parte del mundo del tebeo de aprovechar uno de los estrenos cinematográficos del año —de 1992, para más señas— y ni su guión aporta nada a lo que ya podíamos ver en la gran pantalla de mano de ese monstruo de Frankenstein que, por mil y un avatares, terminó siendo el filme de David Fincher, ni su dibujo es una maravilla lo suficientemente portentosa como para justificar su existencia. Al menos, sólo se extiende durante tres números y no los diez que necesitaron hasta cuatro guionistas —Chris Warner, Kelley Puckett, Paul Guinan y Dan Jolley— para contar ‘Aliens: marines coloniales‘, una historia sosa como ella sola que podía haber ocupado fácilmente la mitad de espacio, que perdía la oportunidad de haber hecho algo digno con los marines que tanto juego habían dado en ‘Aliens, el regreso’ y que, dibujada por otras tantas manos y publicada en un año en el que Dark Horse se volvió loca con la franquicia —hasta 15 series o números unitarios llegarían a ver la luz de manera coetánea con ella— demostraba que lo bueno, si multiplicado por 15, termina hartando hasta al más pintado.

Lo que queda, de lo incluido en este ómnibus, es una rareza de esas que te lees una vez en tu vida y punto: el ‘Aliens: tribus‘ de Steve Bissette y Dave Dorman. Relato ilustrado que cuenta con 44 páginas de texto y 24 de portentosos dibujos de Dorman, lo que el guionista cuenta no se separa mucho de los cánones de la mitología reinterpretada por Cameron y, debido a ello, se queda en un tierra de nadie de la que, afortunadamente, escapa por varios cuerpos la valoración global de este contundente tomo. Insistimos, si sois de aquellos que gozaron y siguen gozando con lo que Ridley Scott y James Cameron plantearon en una de las sagas por antonomasia de la ciencia-ficción contemporánea, pasar por caja con este ómnibus es algo casi obligado. Porque en el espacio nadie puede oír tus gritos, pero en el salón de tu casa, sí, y eso mola.

Aliens: La etapa original 1

  • Autores: VVAA
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación: Cartoné
  • Páginas: 1024 páginas
  • Precio: 70 euros
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