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  • ‘La niña de sus ojos’, vidas cruzadas

    ‘La niña de sus ojos’, vidas cruzadas

    Después de paladear ‘Sally Heathcote. Sufragista’ y ‘La virgen roja’, tenemos entre manos una nueva novela gráfica creada al alimón por el matrimonio Talbot. Esta vez, sin embargo, nos remontamos atrás en el tiempo para leer la que fue su primera colaboración historietística, ‘La niña de sus ojos’. Con esta obra dieron sus primeros pasos en el 9º arte, si bien ya se atisbaban en ella muchas de las características —y algunas de las cualidades— de sus trabajos posteriores. Las coincidencias entre este cómic y los siguientes resultan palpables ya desde antes de abrir este volumen. La primera y más importante de esas coincidencias es que los Talbot construyen en estas páginas la biografía de una mujer destacada por su carácter y personalidad, y por el papel que jugó en el tiempo que le tocó vivir. Es más, en esta ocasión no es solo una, sino dos mujeres las que centran la atención de los autores. La primera de ellas es Lucia Joyce, la hija del célebre escritor irlandés al que muchos consideran padre de la novela moderna. Y la segunda es la propia Mary Talbot, que rememora su infancia y juventud para establecer interesantes paralelismos con la existencia de Lucia.

    La trama nos conduce a distintos escenarios y momentos de la historia reciente, con especial atención al París de los años 20, ciudad en la que se estableció James Joyce con su familia, y en la que terminó de hacer despegar su carrera literaria. Tampoco falta la Inglaterra de posguerra, retratada por los Talbot a partir de los recuerdos de Mary. Los continuos saltos temporales y cambios de localización, conforme pasamos de un personaje al otro, no siempre resultan tan fluidos como cabría esperar, sobre todo en la recta inicial. La estructura del guion de Mary Talbot no es tan sólida como en sus obras posteriores, pero a pesar de ello, la lectura termina por engancharnos en cuanto le dejamos un poco de margen para que se desarrolle, y acabamos por encariñarnos tanto de la joven Mary, como de la sufrida Lucia, que vivió condenada a no cumplir sus sueños por culpa del machismo imperante en su época. Ni siquiera alguien tan avanzado —al menos intelectualmente— como Joyce alcanzó a ver que su hija tenía derecho a sacar adelante su carrera como bailarina, y que merecía las mismas oportunidades que si hubiera nacido varón. Tampoco alcanzó a ver que la frustración por no poder cumplir sus deseos acabaría por provocar una crisis nerviosa en la joven Lucia, que pasó buena parte de su vida en una institución mental. En una medida similar, Mary Talbot también tuvo que luchar por hacer valer sus derechos y su independencia, y la experiencia común de ambos personajes se acaba convirtiendo en un interesante retrato de la lucha cotidiana de las mujeres a lo largo del siglo XX, así como de las vicisitudes de las relaciones entre un padre y su hija.

    Como es habitual en los Talbot, la labor de documentación es completa y rigurosa, tanto en lo que se refiere a la crónica de los datos y hechos biográficos, como a su plasmación gráfica, con especial atención a los escenarios y las vestimentas de los personajes. En ‘La niña de sus ojos’, Mary Talbot no es la única que está aprendiendo todavía a manejar el lenguaje y las posibilidades del cómic. Su marido, Bryan, ya tenía experiencia en ese terreno, y así lo demuestra con un estilo de dibujo rico en detalles y acabado en bitono, con tonalidades azules para la historia de Lucia, y crema para la de Mary. Sin embargo, el acabado gráfico no es tan espectacular como en sus dos novelas gráficas posteriores. Con todo, ‘La niña de sus ojos’ gustará a quienes hayan disfrutado previamente con las historias de Sally Heathcote y Louise Michel, aunque no llegue a su nivel.

    La niña de sus ojos

    • Autores: Mary y Bryan Talbot
    • Editorial: La Cúpula
    • Encuadernación: Rústica con solapas
    • Páginas: 104
    • Precio: 14 euros
  • ‘La virgen roja’, la lucha de toda una vida

    ‘La virgen roja’, la lucha de toda una vida

    lavirgenroja

    El matrimonio Talbot retoma la fórmula que tan buenas críticas les granjeó con su anterior obra, ‘Sally Heathcote. Sufragista’, para contarnos la historia de otra mujer luchadora, valiente, comprometida con los derechos sociales y protagonista de una vida de lo más apasionante. En esta ocasión, Mary y Bryan Talbot dirigen su mirada hacia Francia en el último tercio del siglo XIX, cuando una serie de acontecimientos —la derrota del imperio de Napoleón III a manos de los prusianos, el asedio de la capital francesa, el levantamiento popular que dio lugar a la famosa Comuna de París— convulsionaron la vida de nuestros vecinos galos. Fueron muchos los personajes célebres que participaron de una manera o de otra en estos sucesos, pero los autores han decidido centrar su atención en Louise Michel, ‘La virgen roja’ que da nombre a este volumen.

    Louise Michel fue una apasionada activista durante esa época. Sin miedo al castigo ni a las consecuencias, expuso y defendió sus ideas ante todo aquel que se prestara (o no) a escucharla, y luchó, con la palabra o con las armas, por conseguir una sociedad más igualitaria donde las mujeres tuvieran los mismos derechos y consideraciones que los hombres, donde la educación fuera laica y estuviera al alcance de todos, donde los poderosos no pudieran oprimir a los débiles, y donde la riqueza se compartiera y no fuera un motivo de diferenciación entre las personas. Ideas que muchos otros han compartido en nuestra historia reciente, pero con las que pocos han sido tan consecuentes como ella, tal y como descubrimos en los diversos episodios que conforman este relato. La acción arranca coincidiendo con la muerte de Louise, a principios de 1905, cuando la también defensora de los derechos de las mujeres Charlotte Gilman llega a París y descubre las peripecias vitales de la Virgen Roja de labios de la hija de una mujer que la acompañó en muchas de ellas. A lo largo de estas páginas presenciaremos la entrada en París de los prusianos, la creación de la Comuna de París, la deportación de Louise a Nueva Caledonia y su posterior regreso a la capital francesa.

    Al igual que ocurrió en su anterior cómic, la labor de documentación de los autores es digna de elogio. Su rigor queda reflejado no solo en su manera de plasmar estos acontecimientos, sino también en la redacción de los diálogos, en la concreción y la claridad con que exponen las ideas de Louise Michel, y en la recreación de los escenarios, los símbolos y las vestimentas. En ese sentido, la labor del matrimonio es impecable, y basta con hojear por encima las páginas de este volumen para darse cuenta de la calidad gráfica que alcanzan en cada una de ellas. Sin embargo, en el lado negativo, tengo la sensación de que no he llegado a conocer a fondo a la protagonista. Al menos, en lo que se refiere a su faceta más íntima y personal. A lo largo de la obra la oímos exponer toda clase de proclamas, arengar a sus conciudadanos y defender en todo momento a los más débiles. Pero ¿acaso no tuvo nunca ninguna duda? ¿No cayó en contradicciones? ¿Jamás se vio superada por las circunstancias? ¿Qué se le pasó por la mente en los momentos más difíciles? Aunque fuera una mujer excepcional, me cuesta creer que no tuviera esos momentos de flaqueza, y creo que todos esos matices hubieran ayudado mucho a darle un carácter más humano al personaje. También habría sido interesante ahondar un poco más en su infancia, en los años en los que se fue forjando su carácter y que aquí apenas se tratan de puntillas. En ese sentido, me pareció mucho más completo e interesante el retrato que Peter Bagge hizo de la activista Margaret Sanger en ‘La mujer rebelde’. Es posible que se tomara más licencias que los Talbot a la hora de contar su historia, pero gracias a eso le aportó un toque más personal y satisfactorio a su obra.

    Sea como sea, ‘La virgen roja’ sigue siendo un retrato excepcional de este periodo convulso que marcó la historia reciente de Francia. Un ejemplo notable de cómic histórico que además reivindica unos derechos y valores que, aun a día de hoy, no están asegurados en todos los rincones de este mundo que nos ha tocado vivir.

    La virgen roja

    • Autores: Mary M. Talbot y Bryan Talbot
    • Editorial: La Cúpula
    • Encuadernación: Rústica con solapas
    • Páginas: 148
    • Precio: 18,90 euros
  • ‘Sally Heathcote. Sufragista’, lección de humanidad

    ‘Sally Heathcote. Sufragista’, lección de humanidad

    Sally Heathcote portada

    Que estemos en el año 2015 y que la mujer siga teniendo que luchar por equiparar ciertos derechos con el hombre es uno de esos puntos oscuros que, en ocasiones, me hace tener muy poca fe en la condición humana. A fin de cuentas, en una sociedad que ha conseguido tanto en términos generales, y tanto en lo que se refiere a que se establezca de una maldita vez la igualdad de géneros, que la mujer sea todavía considerada en según que aspectos de menor valía que el hombre es algo que me indigna profundamente tanto como varón como, sobre todo, marido y padre de una niña que, espero, pueda luchar en el futuro profesional y personal de igual a igual con sus congéneres masculinos.

    Espero sepáis disculpar esta pequeña digresión, pero a la luz que arrojan las brillantísimas páginas de ‘Sally Heathcote. Sufragista’, es de recibo pensar que toda la disquisición anterior debería formar parte de ese pasado de hace un siglo en el que se desarrollan los acontecimientos que Mary M. Talbot y Kate Charlesworth (con la ayuda del marido de la primera, el siempre interesante Bryan Talbot) ponen en juego en una obra tanto o más apasionada que apasionante, trazando las dos mujeres un recorrido asombroso por la historia de la National Women’s Social and Political Union, una liga de mujeres que luchó por el sufragio universal en el Reino Unido durante la segunda década del s.XX y que con su simiente plantó los lentos movimientos que a lo largo de buena parte de la pasada centuria se encaminaron a ampliar los derechos del género femenino.

    Una historia que podría haber sido contada de mil y una maneras siguiendo a una o varias de las mil y una protagonistas (anónimas o no) de dicha pugna pero que Talbot y Charlesworth deciden poner en boca de una de las más bellas heroínas que se han visto en papel aviñetado. A la Sally Heathcoat que protagoniza esta novela gráfica la comenzamos conociendo cuando, ya anciana, yace en la cama de una residencia de ancianos alimentada por los sueños y los ecos de la persona que fue antaño. Allí, junto a fotos y demás recuerdos de su pasado, da comienzo un viaje que nos lleva al Dublín de 1912 y que comenzará a partir de ahí a dar saltos hacia atrás y adelante en el tiempo para ofrecer tanto un recorrido vital de la ficticia protagonista como un ejemplar repaso a lo más granado de lo que aquellas «guerreras» féminas consiguieron con su incesante encaramiento ante los poderes fácticos.

    Sally Heathcote interior

    Conjugando ambos mundos —que interactúan de forma plena y constante sin que exista una clara línea que los separe— el ritmo imparable al que se somete el relato y la ingente cantidad de personajes que van desfilando ante nuestros ojos convierten a ‘Sally Heathcote. Sufragista’ en todo un tratado de buen hacer comiquero. En lo que a Talbot se refiere, por ser capaz de coser con tan aparente facilidad tantos puntos cardinales diferentes de tan convulso momento histórico y agruparlos dándoles una cohesión y una personalidad tan inequívocamente tebeística como la que destilan las 226 páginas de la novela gráfica. Una novela que, aún con la gracilidad con la que se lee, no pone las cosas fáciles al que a ella se acerca, retándonos a volcar los cinco sentidos en esta evocadora y por momentos terrible historia de vidas cruzadas y voluntades de acero.

    Resulta terrible, a este último respecto, descubrir por mano del verbo de Talbot y el trazo de Charlesworth la forma en la que la mayoría de la sociedad de la época trataba a estas mujeres luchadoras tildándolas de toda clase de «cualidades» y cómo, en sus constantes entradas y salidas en prisión, eran tratadas cuando decidían declararse en huelga de hambre, siendo obligadas a comer mediante métodos que podrían ser considerados dignos de la Inquisición y que, plasmados con rigor y dureza en las viñetas de la dibujante británica, deberían ser capaces de erizar el vello al más pintado.

    Tan sobresaliente como la labor de su guionista, el trabajo de la artista para las páginas del libro es de una solidez espléndida que, puntualizada por los ribetes que aporta la ayuda de Bryan Talbot (queremos suponer, ya que poca o ninguna información hemos encontrado al respecto, que alguna responsabilidad gráfica habrá recaído en el marido de la guionista…¿acaso esas acertadísimas salpicaduras de color que tan bien sientan al potente blanco y negro?), terminan de configurar una lectura que como muy bien indica una de las acotaciones recogidas en las guardas de la edición de La Cúpula «es uno de esos libros maravillosos a los que sabes que volverás una y otra vez con los años». Amén.

    Sally Heathcote. Sufragista

    • Autores: Mary M. Talbot, Kate Charlesworth y Bryan Talbot
    • Editorial: La Cúpula
    • Encuadernación: Rústica con solapas
    • Páginas: 226 páginas
    • Precio: 22,90 euros