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  • ‘El castillo de las estrellas  vol.IV. Un francés en Marte’, digno hijo de Verne y Burroughs

    ‘El castillo de las estrellas vol.IV. Un francés en Marte’, digno hijo de Verne y Burroughs

    Tres años han pasado desde que, en este mismo espacio, nos asomáramos al segundo álbum de ‘El castillo de las estrellas’. En ese tiempo, la obra de Alex Alice no ha hecho sino ganar incontables enteros en nuestro particular escalafón situándose, a día de hoy, como una de las historias de fantasía y ciencia-ficción favoritas de este redactor. Y eso si nos referimos únicamente al extraordinario trabajo que el artista francés, autor de la maravillosa ‘Siegfried’, está llevando a cabo en unos guiones que, como adelanto en el titular, se hacen grandes en mirar con ojos tiernos a esos dos referentes ineludibles del género que son Julio Verne y Edgar Rice Burroughs; porque si de lo que tuviéramos que volver a departir es acerca del dibujo, de las planchas que hasta ahora conforman los cuatro álbumes de esta saga, y tratáramos de apuntar hacia direcciones no exploradas ni en la primera ni en la segunda reseña que le dedicábamos a la edición en castellano de Norma, entonces habría que sentenciar, sin ninguna dilación, que nos encontramos ante la OBRA MAESTRA del autor y delante de uno de los MEJORES tebeos que han visto la luz en esta década que tocará a su fin dentro de menos de cuatro meses.

    Tan contundente afirmación encuentra fundamento y confirmación, una, otra y otra vez, en las asombrosas, espectaculares, bellísimas, superlativas y majestuosas páginas con las que Alice nos lleva, por fin, a la superficie de Marte. Sin caer en el fácil recurso que hubiera sido acoplar la realidad de la narración a la realidad de lo que sabemos del planeta rojo por la exploración de las sondas que la NASA ha hecho llegar hasta su superficie, el francés imagina desde cero los vastos canales y la abrupta orografía del segundo planeta más pequeño del Sistema Solar, y al hacerlo, acerca su imaginería a la iconografía establecida por Burroughs en las aventuras de John Carter, lo que consigue, sin lugar a dudas, sumar aún más enteros a unas viñetas en las que el uso del color sigue siendo tan fascinante como lo ágil de la narrativa que interpretan en su hilvanado o el diseño de unos personajes que, ya lo dijimos en su momento, retrotraen de manera inmediata a ese enorme, inabarcable referente que es Hayao Miyazaki.

    Pero no creáis que por ser crisol de tan superlativas referencias, es la falta de personalidad o la carencia de sentido de la sorpresa lo que caracteriza en última instancia a ‘El castillo de las estrellas’. Antes bien, la forma en la que Alice va alternando el foco de atención de uno a otro grupo de personajes, la manera en la que introduce nuevas sub-tramas a las que seguirle la pista o el modo en que todos los «actores» encuentran voz propia no hace sino corroborar que estamos ante un tebeo enorme, uno de esos en los que todo encaja como por arte de una magia maravillosa y que, de igual forma que los gigantes sobre los que reposa, estimula sobremanera la imaginación del lector, transportándolo, a bordo de una de esas sugerentes «eternaves» a ese objeto celeste en el que, quién sabe, podría encontrarse parte del futuro de la humanidad. Mientras eso sucede o no, soñemos con los marciales —el término que aquí designa a los habitantes de Marte— y con todo lo que Alex Alice nos ofrece en esta grandísima epopeya, que no es poco.

    El castillo de las estrellas vol.IV. Un francés en Marte

    • Autores: Alex Alice
    • Editorial: Norma
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 64 páginas
    • Precio: 17,10 euros en
  • ‘El tercer testamento. Julius. Volumen 1’, superando con creces al original

    ‘El tercer testamento. Julius. Volumen 1’, superando con creces al original

    Por más que una copia de la edición integral de tamaño «bolsillo» que Glénat publicara en 2009 pueda encontrarse descansando confortablemente en mi tebeoteca, no soy uno de los fervientes admiradores que en su momento alabaron hasta decir basta ‘El tercer testamento’. Es más, cabría aclarar que, considerándola en lo que a guión compete bastante por debajo de lo que Xavier Dorison está realizando hoy por hoy, la única razón por la que el ambicioso relato de corte pseudo-histórico con el que el guionista se hacía eco de las muchas historias que han rodeado siempre a la confección de los textos sagrados figura en mis estanterías tiene nombre y apellidos, los de Alex Alice.

    De acuerdo, el trabajo del artista francés que el año pasado se granjeaba un puesto en lo mejor de 2016 gracias a su maravillosa ‘El castillo de las estrellas’ está bastante por debajo de lo que le veríamos después tanto en ésta como en la fantástica ‘Siegfried’, pero decir eso de un autor de la talla de Alice no comporta ningún significado negativo. Antes bien, es como afirmar que ‘La señoritas de Avignon’ de Picasso no está a la altura de ‘El Guernika’ simplemente porque una fue anterior a la otra. No sé si me explico.

    El caso es que no quise que los sinsabores que rodearon a la lectura de ‘El tercer testamento’, y que mucho tenían que ver con lo innecesariamente enrevesado de su trama, fueran impedimento para poder disfrutar de este primer volumen de ‘El tercer testamento. Julius’, y me deshice de todo prejuicio antes de encarar una lectura que, enlazando de forma directa con el epílogo que cerraba su antecesora, cuenta con Alice como principal artífice del guión —Dorison sólo interviene como colaborador en el primero de los dos álbumes aquí recogidos por Yermo— y, tras pocas páginas, deja claro que los complejos vericuetos por los que se movía la obra original son cosa del pasado, centrándose el artista francés a lo largo de las casi doscientas páginas en seguir de cerca a Julius, el general romano que da título al cómic, y al esclavo judío que pondrá patas arriba toda su existencia.

    Haciéndose eco de la misma indudable épica que envolvía a ‘El tercer testamento’ —una cosa no quita la otra, la lectura era enrevesada, sí, pero épica como ella sola—, hay en ‘El tercer testamento. Julius’ una voluntad por parte de Alice de resultar más cercano. Consiguiéndolo en su mayoría gracias a las muchas intrigas que va planteando y a la fortaleza que aporta a la relación entre Julius y el judío, y descansando gran parte de lo espléndido de la lectura en la doble hazaña gráfica que cuajan Robin Recht y Thimotée Montaigne —ambos claramente influidos por el estilo del dibujo del guionista, pero separados lo suficiente del mismo para no ser considerados meros plagiadores— con unas planchas que quitan el hipo; mi única pega, y es una bastante abultada, va en esta ocasión hacia la copia que llegó a mis manos de la edición en castellano, en la que todo un pliego correspondiente al segundo álbum original —el que va de las páginas 129 a 144 de este volumen— desaparece para ser sustituido por dos veces el que ocupa de la 145 a la 160. Una trastada considerando la última viñeta que cierra la citada página 129 pero que, sorprendentemente, no es capaz de empañar las brillantes sensaciones que deja esta fantástica lectura.

    El tercer testamento. Julius. Volumen 1

    • Autores: Alex Alice, Robin Recht y Thimothée Montaigne
    • Editorial: Planeta Cómic
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 184 páginas
    • Precio: 36,10 euros en
  • ‘El castillo de las estrellas 2-1869: La conquista del espacio’, una MARAVILLA

    ‘El castillo de las estrellas 2-1869: La conquista del espacio’, una MARAVILLA

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    Podría parecer intencionado pero lo cierto es que el hecho de que en los dos últimos días haya recurrido una y otra vez —y esta es la tercera— a sacar a colación las entradas que dedicábamos a finales de diciembre del año pasado a recopilar lo mejor de 2015, ha sido fruto de la más que afortunada casualidad, esa que ha concurrido en este último tramo del año en traernos lo nuevo de Richard McGuire, lo último de los chicos de Orgullo y Satisfacción o, en el caso que ahora nos ocupa, la segunda y última entrega del primer ciclo de ‘El castillo de las estrellas’, un álbum que aparecía allá por finales de junio pero que, por diversos avatares, no hemos tenido oportunidad de leer hasta hace pocos días.

    También parece intencionado, pero no lo es ni mucho menos —de hecho, ha sido fruto de una casualidad sólo descubierta al buscar la entrada del álbum precedente para enlazarla—, que el titular que he utilizado para esta reseña sea exactamente el mismo del que echaba mano hace cosa de un año y medio, cuando dedicaba estas mismas líneas a cubrir la magnífica primera parte de la obra que consagra a Alex Alice, por si ‘Siegfried’ no lo había hecho ya con suficiente contundencia, como uno de los artistas más espectaculares del mercado francobelga; ese en el que, según parece, el autor francés es una superestrella en virtud del breve pero intenso recorrido que, desde ‘El tercer testamento’, le ha llevado a través de la citada adaptación de la ópera Wagneriana a esta ucronía en la que, como ya apuntábamos casi quince meses atrás, tan notoria es la influencia del mundo Ghibli en general y de Hayao Miyazaki en particular.

    Una influencia que entonces y ahora se dejaba notar sobremanera en las dos vertientes fundamentales que confluyen en la concreción de cualquier cómic: de una parte, el guión, de la otra, el dibujo. Centrando nuestra atención en el primero, he de admitir que si ya las casi setenta páginas que conformaban el álbum precedente eran un dechado de imaginación mezclada con extrema elocuencia con ciertos visos de realidad que incidían en ciertos instantes en aportar un sesgo de plausibilidad —por más que admitamos de partida la imposibilidad de lo que allí acaecía— a la propuesta de Alice, todo esfuerzo de la anterior entrega queda puesto en el más bello de los ridículos cuando se le compara con el espectacular tono épico que adquieren aquí las aventuras de Séraphin, Hans y Sophie a bordo de la eternave, el navío con el que los protagonistas se disponen a surcar el espacio —el éter, como aquí se define— sin saber que lo que les espera, y lo que nos espera, claro, es mucho más de lo que podríamos haber imaginado.

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    Sin querer desvelar detalles de la trama que empañarían la experiencia de acercarse a esta superlativa lectura, si comentaré que llegado el ecuador de la lectura, Alice consigue que este redactor vuelva a calzarse la piel de su yo de ocho años, ese que se bebió las páginas de la colección completa de las novelas de Julio Verne —la otra influencia más evidente y fundamental a la hora de trazar lo que aquí podemos ir descubriendo— en tan sólo un año después de que una de sus tías paternas tuviera a bien regalársela por su comunión, y cuya imaginación voló una y otra vez de mano de la pluma de un literato que se sentiría muy orgulloso si pudiera contemplar cómo su compatriota ha sabido recoger y destilar lo mejor de sus enseñanzas en casi 140 páginas llenas de viñetas para las que, seamos francos, el tesauro de epítetos se queda corto, muy corto.

    Porque, claro, de poco valdrían los esfuerzos imaginativos de Alice en lo que al hilvanado del relato se refiere si como mayestático respaldo del mismo ‘El castillo de las estrellas’ no hubiera contado con las que, sin lugar a dudas, son sus más bellas y sublimes páginas hasta el momento. Y cabría puntualizar hasta el momento porque, después de haber asistido a la evolución que el artista ha ido sufriendo desde que lo conociéramos con ‘El tercer testamento’, no tenemos asomo de duda alguna acerca de lo mucho que seguirá sorprendiéndonos en el futuro con nuevos registros gráficos llamados a dejarnos, como ya han conseguido algunas planchas de las que conforman este segundo álbum, con la mandíbula por los suelos.

    De nuevo, no puedo ser muy específico acerca de cuáles son aquellas ante las que es imposible no caer rendido, esas que provocan abandonar el ritmo normal de la lectura para dejarse embobar por la fuerza de sus composiciones, el arrebatador uso de la acuarela y la épica que destila el conjunto. Y si no puedo serlo es debido a que, obviamente, son las que inciden de forma directa en poner en pie la vertiente más espectacular de lo que ‘El castillo de las estrellas’ tiene que ofrecernos. Baste afirmar, como esperable conclusión, que lo que aquí encontramos juega en otra liga, que la huella que la influencia de Miyazaki —y de Katsuhiro Otomo, que también se deja sentir— hace que soñemos despiertos con lo que podría haber sido una adaptación por parte del nipón de una historia que habría llevado a cotas inimaginables y que, por supuesto, no será la última vez que hablemos de ‘El castillo de las estrellas’ antes de que termine el año.

    El castillo de las estrellas 2. Los caballeros del éter

    • Autores: Alex Alice
    • Editorial: Norma
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 68 páginas
    • Precio: 17,10 euros en
  • ‘El castillo de las estrellas 1. 1869: La conquista del espacio’, una maravilla

    ‘El castillo de las estrellas 1. 1869: La conquista del espacio’, una maravilla

    El castillo de la estrellas portada

    Con tan sólo tres obras en cartera —y una de ellas es la que hoy revisamos en estas líneas— Alex Alice se ha convertido en uno de esos nombres del tebeo francobelga de los que hay que estar pendiente ya que, de no hacerlo, estaríamos probablemente dejando pasar la oportunidad de asomarnos a algunas de las más bellas planchas que se editan al otro lado de los Pirineos. Una belleza ésta que descubrimos en primer lugar hace ya unos cuantos años de mano de la extinta Glénat España y esos cuatro álbumes que conformaban ‘El tercer testamento’, una historia algo irregular con Xavier Dorison a los guiones que partía de una premisa enormemente atractiva para deshacerse en un final poco agraciado.

    Afortunadamente, no se podía decir lo mismo de las páginas de un Alice que ya daba muestras, aunque a su trazo aún le faltaba algo de definición, del genio que le conoceríamos tiempo después, en esta ocasión de mano de Norma en los tres volúmenes de ‘Siegfried’. Unos álbumes en los que Alice adaptada las leyendas nórdicas a las que Richard Wagner había puesto música y voz en la tetralogía de ‘El Anillo de los Nibelungos’ y que encontraba en las páginas del artista una visión de arrebatador poética visual, soberbia narrativa y espectacular épica.

    ‘Siegfried’ ya evidenciaba —y lo hacía con una autoridad categórica— que estábamos ante un autor fuera de lo normal, con una sensibilidad asombrosa que se desplegaba por igual en un alucinante uso del color y un diseño de personajes sin par que quedaban definidos en términos que acercaban los postulados gráficos del artista a los del mundo de la animación…de la mejor animación, cabría apostillar. A ambas cualidades imprescindibles para poder llegar a calificar a un cómic en términos sobresalientes, se unía un guión que extraía lo mejor tanto del arraigo de la mitología nórdica per se como de aquello que Wagner plasmaba en su compleja obra operística. No es de extrañar pues que la precisa fusión de ambos diera como resultado una lectura de tal cariz que hasta se hayan organizado conciertos en el país vecino que, con la música del compositor austríaco de fondo, hayan contado con proyecciones de los álbumes de Alice preparadas ex-profeso para la ocasión.

    El castillo de las estrellas interior

    Con tales antecedentes, la expectación ante cuál sería la próxima obra del artista era máxima por parte del que esto suscribe, pero nada podía prepararme para lo que iba a encontrarme con este primer volumen de los dos que terminarán siendo ‘El castillo de las estrellas’. Y ello es debido a que, a falta de saber si la conclusión de la historia terminará rubricando lo que servidor cree, estamos sin duda ante una obra que exuda cariño por los cuatro costados, mimando Alice hasta tal punto cada página que es difícil —sino completamente imposible— caer rendido a los pies de las bellísimas y evocadoras acuarelas de tonalidades apasteladas con las que se caracteriza este relato de ciencia-ficción situado de forma precisa, y no es casualidad dada la temática, 100 años antes de que el hombre pisara por primera vez la Luna.

    Mezclando influencias admitidas que van desde el sentido de la maravilla por lo desconocido que se podía encontrar en las novelas de Julio Verne hasta esa especial y singular magia que desprenden las mejores películas de Ghibli, ‘El castillo de las estrellas’ se acerca de forma íntima a éstas últimas ya desde el dibujo de Alice, que suelta aquí sobremanera su trazo para regalarnos una narrativa de gran dinamismo que bien en los diversos personajes bien en esa pasión desaforada por el diseño de aparatos, trae constantemente a la memoria lo que Hayao Miyazaki elaborara a principios de los ochenta para ‘Nausicaa’, tanto en su vertiente cinematográfica como, por supuesto, en lo que quedo plasmado en esa obra maestra del manga que es el único cómic dibujado por el legendario artista nipón.

    Apuntando también al imaginario de Miyazaki en su particular sentido del humor, ‘El castillo de las estrellas’ es una lectura que lleva de la mano a quien a ella se aproxime a esa niñez en dónde todo era posible. Sólo por eso, ya entra a formar parte de mis títulos favoritos del género y de esta disciplina artística que tanto nos apasiona. Pero hay en las páginas del álbum mucho más en la forma de un mundo por descubrir que se despliega ante nuestros ojos con suma elegancia, con una sensibilidad y gracilidad que no conocen límites y con un manejo de los mecanismos del arte secuencial que no dejan lugar para cuestionar la maestría que Alice ha alcanzado con el paso de los años. Ya sólo resta esperar a ver de qué manera cierra el artista una obra sobre la que pocas dudas acerca de su talante sobresaliente pueden albergarse.

    El castillo de las estrellas 1. 1869: La conquista del espacio

    • Autores: Alex Alice
    • Editorial: Norma
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 64 páginas
    • Precio: 17,10 euros en