Cualquiera que no sea neófito en el campo del shojo sabe que en el mundo del manga el amor platónico es una cosa muy seria. Con una peligrosa tendencia en más de un personaje a la timidez crónica, rara es la ausencia en gran parte de los títulos de al menos un secundario enamorado hasta el tuétano de alguno de los protagonistas. Eso siempre que tal rol no corresponda al protagonista mismo, en cuyo caso el paso lógico suele ser el tránsito del amor más idealizado al más real. La cosa es que, en el caso de ‘En mi oficina hay unas vistas de infarto’, todo es un pelín más complicado.
Oto Todoroki es una contable enamorada de su profesión. En esa edad en la que las mujeres japonesas solteras y sin hijos se ven sobrepasadas por la presión social, Oto sin embargo también vive otro tipo de amor no exactamente correspondido. No, esto no se trata en absoluto de un drama romántico. Porque nuestra protagonista adora a sus compañeros de trabajo, y con ellos ha desarrollado una sana amistad. Pero en el caso de dos de ellos, el jefe Hongo y Daichi Ogawa, lo que siente Todoroki por ellos sobrepasa cualquier tipo de enamoramiento. Para ella son sus ídolos, aunque no en el sentido de modelos de conducta, sino más bien en el de lo que entendemos por un idol. Oto los idolatra, y no puede evitar fantasear sobre sus vidas fuera de la oficina o con que ellos hayan establecido una relación romántica secreta lejos de llamadas indiscretas. Para su suerte, ello hará que forme lazos con Shizuku Yamawaki, otra compañera más joven que comparte con ella esta pasión, y las dos crearán una suerte de club de fans secreto capaz de hacer de una simple foto su tesoro.
Conviene aclarar también que esta no es la historia de una obsesiva y siniestra stalker. ‘En mi oficina hay una vistas de infarto’ se mueve en los terrenos de la comedia ligera, de humor blanco y alguna chispa surrealista. Si bien no nos separamos mucho de la visión subjetiva de Oto, la trama se irá articulando en torno al día a día de una oficina, de sus ilusiones y actividades fuera de ella. Un enfoque, si se me permite, un tanto edulcorado. Aquí no hay horarios maratonianos, angustias por plazos ni jefes amenazantes. Todo el mundo es cordial y si en el círculo entra algún elemento extraño este pronto se convierte en uno más. Perfectamente podría calificarse de slice of life poco realista, pero eso poco importa en un título en el que la clave es la complicidad. No solo entre los personajes, sino que consigue hacer partícipe a un lector que se engancha no por un guión en el que en más de una ocasión pasa poco o nada, sino por el carisma de Oto y compañía.
Lejos de propuestas más románticas como ‘La brujita oficinista’ o la coreana ‘¿Qué le pasa a la secretaria Kim?’ este es un manga que nos presenta un grupo de adultos que en más de una ocasión se comporta como adolescentes. Con un buen diseño de personajes, aunque con esa habitual tendencia a la desaparición de escenarios, ‘En mi oficina hay unas vistas de infarto’ es un relato amable con chispa. Entre lo conocido y lo original una apuesta sugerente para los fans del BL (Boys’ Love) y el shojo con un enfoque atípico. Porque al final no importa el lugar, la fantasía puede salvarnos el día a día.
‘En mi oficina hay unas vistas de infarto’
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- Autor: ma2
- Editorial: Arechi Manga
- Contiene: Me no Doku Sugiru Shokuba no Futari 1 a 3 (Historia completa)
- Formato: 424 páginas. 128×182 mm. BN. Rústica con sobrecubierta
- Precio: 24,95 €




