Confieso sin mucha vergüenza que durante mi infancia fui bastante aficionado a las películas de Bud Spencer y Terence Hill. Una de mis favoritas era “Le llamaban Trinidad”, que quizá era la menos infantil de todo su repertorio. En mi cabeza, la imagen del zarrapastroso Trinidad, vestido con unos calzoncillos largos desconchados y polvorientos, pero siendo el terror del Oeste siempre me pareció única y genial. No es de extrañar que al leer este cómic, uno no pueda evitar notar nada casual parecido de sus protagonistas. Junior y Senior son Trinidad y “El Niño”. Tanto su físico como su personalidad, han sido calcados del duo que dieron vida Bud Spencer y Terence Hill, desde el afán seductor de Hill, pasando por el carácter gruñón de Spencer y el amor por las alubias con tocino que dio nombre al videojuego basado en ellos («Slaps and Beans», Guantazos y Judías)
Los llamaban Junior y Senior, desde el título, no pretende ocultar el sincero homenaje al género del Spaghetti Western. No el Western, sino el VERDADERO Western, el italiano —lucharé a guantazos hasta caer sobre un plato de alubias contra quien quiera para defender esta afirmación—.
Desde el comienzo el cómic nos presenta a los hermanos Trinidad como un par de bandidos, pero ojo, bandidos “buenos”. Imitando quizá la lista de delitos que narraban en “El Bueno, el Feo y el Malo”, el alcaide enumera sus crímenes y ninguno es horrible, todo son robos y asaltos a la autoridad. Muy diferente del historial delictivo de Tuco Benedicto Pacífico Juan María Ramírez, alias el Puerco (el Feo), que era para ahorcarlo de verdad.
Los hermanos son bandidos de tebeo, canallas pero con buen corazón (como Trinidad y El Niño) y un repugnante político que quiere hacer el Oeste Grande Otra Vez —¿Cuándo había sido el Oeste grande antes? Pero le vamos a permitir la licencia…— les libera a cambio de secuestrar una niña, hija bastarda de su rival de las elecciones.
Como es de esperar, la cosa se tuerce y los hermanos acaban cargando con una recua de niñas de orfanato, en una aventura llena de humor físico y sencillote, pero entrañable.
El desfile de homenajes y guiños que tiene el cómic no lo voy a enumerar, porque creo que es algo que quien lo lea va a disfrutar haciendo. Solo hay que fijarse en los nombres y situaciones y si se es un poco fan del género, saltan a la vista.
En el apartado visual, el cómic es soberbio. No es quizá el dibujo más bonito, pero es el que esta historia pide. Estamos ante un trazo sencillo, colores bien escogidos y un estilo que recuerda a Blueberry, Lucky Luke y otros clásicos del cómic europeo.
En definitiva, he tenido la sensación de estar leyendo una película de Bud Spencer y Terence Hill, bastante mejorada en cuanto a guion, hecha con mucho cariño y ternura.
A mi hija le han encantado las niñas traviesas, como apunte generacional.
Un cómic divertido, tierno y simpático, recomendado para los amantes de los guantazos y las judías, o de la música de Morricone y los duelos de miradas.
Los llamaban Junior & Senior
- Autores: Jean-Baptiste Hostache, Robin Recht
- Editorial: Nuevo Nueve
- Formato: 22 x 30cm | 104 pags. | Cartoné
- Precio: 25€






