Es la tercera vez que leo ‘Echolands‘ —primero en números sueltos en formato digital, luego en números sueltos en la versión digital sin color que dejaba ver el alucinante trabajo de dibujo y ahora en tapa dura— y, para ser honesto, sigo sin saber de qué va realmente la historia ni quiénes son los personajes más allá de un pequeño grupo. La construcción del mundo tira mucho hacia una suerte de iteración sobre el fan service y los personajes parecen tropos, lo que entorpece por momentos el que es uno de los cómics más hermosos que me haya echado encima en toda mi vida de lector. De hecho, ya sabéis que no suelo ser magnánimo o indulgente con un tebeo en el que la historia se muestra tan esquiva y huidiza como este, pero el dibujo de J.H. Williams III y la miríada de técnicas que en él se dan cita, unido al coloreado de Dave Stewart, de los mejores que hayáis visto nunca, palabra, hacen de ‘Echolands’ una lectura obligada.
Aún contando con ese carácter huidizo que atesora el guión —que lo hace por momentos ininteligible hasta el punto de afirmar «¡¡a tomar viento, sigamos leyendo por el dibujo!!»— este proyecto parece una idea de la que Williams III y W. Haden Blackman estaban completamente enamorados y tenían que poner sobre el papel, algo que se desprende de la inmensa cantidad de personajes, géneros e ideas locas que el volumen acumula. Si sois de los que leéis las sinopsis que preparan desde las editoriales, es incuestionable, a la luz de lo que Image redactó cuando la cabecera comenzó a publicarse, que Williams y Blackman no han «reparado en gastos». Traduciendo la descripción en inglés: «Echolands es una epopeya de ficción mítica en formato apaisado en la que todo es posible: una trepidante aventura de mezcla de géneros que combina de todo, desde vampiros de películas de terror hasta mafiosos clásicos y elfos cyborg, pasando por semidioses romanos y cohetes retro». Ahí es nada. Pero, por raro que parezca, no es que Image diera en el clavo con esa descripción, es que ‘Echolands’ es todo eso y un poco más. Sabéis de mi aprecio por los proyectos que intentan algo diferente y ya el hecho de que este libro esté en formato apaisado es sin duda el primer indicio de que se aparta del 90% de lo que hayáis podido leer a lo largo de vuestra vida —eso sí, la lectura en papel, no podéis imaginar lo costoso que fue dar cuenta de la serie en formato digital…y eso que tengo un iPad de 12».
‘Echolands’ comienza con la precoz ladrona Hope Redhood explicando de dónde viene —más o menos— y por qué está huyendo —más o menos. El mundo en el que se encuentra ahora está gobernado por Teros Demond, un poderoso mago y déspota a tiempo parcial. Su hija es la principal ejecutora de su gobierno y no se puede jugar con ella, como Hope y sus amigos aprenden inmediatamente. El libro arranca con fuerza y el ritmo no decae desde que Hope se pone a sí misma y a sus amigos en peligro al robar a Demond. La totalidad de este volumen de 6 números se centra de manera casi exclusiva en las fuerzas de Demond persiguiendo a Hope y compañía, pero la complejidad del mundo y sus muchas capas evitan tan «reducido» alcance nos resulte aburrido. Hay muchos tipos diferentes de personajes de mundos distintos y todos están ilustrados de formas únicas y variadas. Ahora que el concepto de «multiverso» está en boca de todos por ‘Todo a la vez en todas partes’, ‘Spiderman: A través del multiverso’ o la muy decepcionante ‘The Flash’, no duele en prenda asumir que es precisamente una construcción multiversal lo que plantean aquí los autores…llevándolo a las últimas consecuencias tanto en el guión como, sobre todo, en el dibujo: hay muchos detalles que apuntan en esa dirección, pero uno muy evidente es que Hope esté ilustrada de forma totalmente diferente a su compañero Cor, que es totalmente diferente a su amigo Castrum, y así sucesivamente. Este es el verdadero truco de magia que consigue ‘Echolands’, mezclar de forma convincente tantos mundos superpuestos en una historia —más o menos— cohesionada.
El héroe anónimo de todo este proyecto no es J.H. Williams III por lo absolutamente fascinante del tratamiento visual del volumen, sino Todd Klein, afamado y reputado rotulista. Cada personaje, que procede de una época y un lugar distintos, tiene su propio estilo de diálogo, fuente y color. Se puede leer este libro y saber quién está hablando en cada momento basándose únicamente en la atención prestada a los detalles de los juegos de fuentes utilizados. Volviendo a Williams III, decir que sus ilustraciones son increíbles y que los matices a los que accede el dibujante hacen que este libro funcione de verdad es quedarse muy, pero que muy cortos. Hay tanta trama y construcción de lore en la historia que este libro no se sostendría si lo que el estadounidense pone en jaque no fuera tan bueno. Los que hayan leído la serie de Williams y Blackman sobre Batwoman, y estén familiarizados con lo que Williams III pone sobre el papel, podrán pensar que ya han asistido a toda la amplitud de despliegue visual de que es capaz, y no podrían estar más equivocados: a lo que aquí asistimos cada doble página apaisada es de tal calado, que de verdad insistimos en que pocas veces en vuestra vida lectora os habréis asomado a algo tan fastuoso y contenidamente bello como este volumen —y, por cierto, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, no estaría mal que le echarais un ojo a ‘Batwoman‘, de lo mejor que salió de las infames Nuevas 52—.
Volviendo a lo enrevesada que puede parecer la sinopsis desde fuera, volvemos a apuntar a la masiva cita de muchos géneros diferentes que aquí confluyen, pero en descargo de los autores diremos que todos ellos resultan únicos y fáciles de identificar. Lo que no quita para que en más de un instante, como decíamos al comienzo, tengamos la sensación de no tener ni pajolera idea de hacia dónde diantres estamos navegando. Es ‘Echolands’, además, un cómic claramente orientado a un público adulto y muy formado que sea capaz de apreciar las mil y una referencias visuales que aquí se dan cita —lo de Jack Kirby sólo es la punta de un iceberg de proporciones megalíticas. Hay tanto que asimilar en la mayoría de las páginas que cuanto mayor sea el marco de referencia que se tenga, más se disfrutará de este libro. Sí, insistimos, el guión deja muchas preguntas sin respuesta en su recorrido y en ese final que, esperamos, tenga continuación, pero el viaje es de tan apabullante magnificencia, que no nos cabe duda alguna a la hora de recomendaros fervientemente la adquisición de la edición en castellano que ofrece Panini —considerablemente mejor en la calidad del papel usado que la yanqui. Creednos cuando os decimos que no estáis preparados para lo que os vais a encontrar.
Echolands
- Autores: W. Haden Blackman y J.H. Williams III
- Editorial: Panini Cómics
- Encuadernación: Cartoné
- Páginas: 272 páginas
- Precio: 40 euros




