Etiqueta: Jean-Michel Charlier

  • ‘Blueberry. Integral 8’, madurez

    ‘Blueberry. Integral 8’, madurez

    Demasiado tiempo. Dos años, dos meses y diecinueve días son los que han pasado desde que habláramos en mayo de 2017 del segundo integral de ‘Blueberry’. Demasiado tiempo para haber estado alejados de lo que han ido ofreciendo, uno a uno, los cinco integrales que, en este ínterin, ha publicado Norma bajo la estricta consigna de repetir los patrones dictados por la edición francófona de Dargaud. Demasiado tiempo para no haber ido acercándonos al constante proceso de evolución al que Jean Giraud sometió a su arte hasta llevarlo, como veremos a continuación, a unas cotas que rebasan lo sublime, obliteran lo mayestático, dejan a millas de distancia lo supino y se asientan, solitarias y orgullosas, en una de las cimas más indicustibles del noveno arte a escala universal. Demasiado tiempo, sí, enmendemos tal afrenta.

    Como decía, si hay algo de lo que es obligado hablar cuando uno trata sobre ‘Blueberry’ eso es, sin duda alguna, el dibujo de Giraud, y esa forma de aproximar la narración de un artista que se nos fue demasiado pronto y que, aún así, nos dejó un legado tan irrepetible, tan inabarcable —y no por volumen, sino porque su extremo grado de grandeza— que no me extrañaría que los expertos del medio decidieran, en un momento de un futuro no muy lejano, que su aportación a esta disciplina bien sería merecedora, no de un simple tema en un hipotético libro de texto, sino de una asignatura completa en una hipotética carrera universitaria —bueno, no tan hipotética ahora gracias a los movimientos que están llevando a cabo en el Levante español— que pudiera ahondar como lo merece en toda la compleja panoplia que conforma el argumentario «Giraudiano».

    Siempre ha sido motivo de asombro por parte de este redactor el asistir, toda vez tuve conciencia de su doble identidad Giraud/Moebius, al proceso de evolución de cada una de las facetas de tan maravillosa dualidad y comprobar que el alumbramiento del segundo no se produjo hasta que el primero consideró que había alcanzado el nivel suficiente que requerían las locas, surrealistas e irrepetibles ideas de su alter ego: en constante y precisa perfusión, es inevitable —y por otra parte más que obvio, que a fin de cuentas no estamos hablando de entidades separadas, sino de una mismo cerebro que guiaba una misma mano— encontrar similitudes entre la forma de entender el noveno arte de una y otra persona del genio francés pero lo cierto es que, llegados al momento en que los cuatro álbumes que incluye este integral fueron concebidos, dichas diferencias son cada vez más tenues, acentuándose de una forma que sería muy difícil de describir con palabras, esa sensación de estar atendiendo, página tras página, a planchas concebidas para suponer un antes y un después en el devenir del arte secuencial.

    Deleitaos. Maravillaos. Gozad.

    De hecho, sólo hay que echar un breve vistazo a la que os hemos incluido más arriba a mayor tamaño de lo habitual —de nada— para apercibirse del total y completo dominio que Giraud ejerce sobre todos y cada uno de los aspectos que son necesarios para construir una página: desde la distribución de viñetas hasta la secuenciación de las mismas, pasando por cómo el tiempo discurre de una a otra y en cada una; cómo se suspende el mismo de un hilo invisible que se va alargando; cómo se caracterizan los personajes o, por supuesto, el grado de profusión en el detalle en el que se incide en cada rectángulo, la meticulosidad en la elección de los encuadres para generar el máximo dramatismo o la enfermiza planificación que conlleva dicha elección en lo que respecta a la construcción del escenario como un elemento vivo cuya relevancia es tan vital en la acción como el resto de sus compañeros. Y todo eso, TODO, en una única página; imaginad lo que cabe encontrarse en las más de 200 que colmarán de dicha al lector que a ellas se acerque.

    Crecer desde la tragedia

    Cuando ‘Arizona love’, el primer álbum de este integral, ve la luz, una trágica circunstancia ha envuelto el parto del vigésimotercer volumen de la cabecera, Jean-Michel Charlier, una de las dos cabezas de esta bicéfala criatura, fallece cuando sólo se ha completado una veintena de páginas de las cuarenta y ocho que deberán conformarlo. Ya es historia más que conocida que, abatido por la muerte de su compañero, pero al mismo tiempo alentado por la posibilidad de dar continuidad a su creación, Giraud se hace cargo de los guiones desde ese momento y en ellos se quedará hasta que crea que, con ‘Dust’, todo lo que había que decir acerca de Mike Donovan ya estará dicho.

    Quizás en esa primera toma de contacto con los guiones de la serie, la influencia de Giraud sea poco notable y, al recopilar toda la información que pudo de lo que Charlier había ideado para completar la citada continuación de ‘Chihuahua Pearl’, su trabajo sea más continuista que personal. Pero eso cambia por completo en el momento en que debe tomar las riendas completas de la obra y comenzar a volar en solitario sin el apoyo de quien había sido fundamental compañero de viaje durante veintitrés años. Y es en ‘Mister Blueberry’ cuando se puede afirmar, sin que nos vacile el pulso, que Giraud ha hecho por completo suyo al teniente sureño de nariz rota y comienza a explorar territorios que, vistos desde fuera, podrían haber sido tachados de descabellados. A fin de cuentas, tanto en ‘Mister Blueberry’ como en ‘Sombras sobre Tombstone’ y ‘Gerónimo’, el protagonismo del carismático personaje pasa de ser activo a pasivo, de un primer plano a uno completamente secundario y estático que, o bien ve la acción desfilar desde una mesa de póquer, o bien asiste a la misma postrado en una cama después de que atenten contra su vida.

    Inaudito recurso donde los haya —y no ya en la serie, sino en términos tan generales, que pocas cabeceras…¡o películas! podréis nombrar en las que su protagonista sea un mero secundario que está ahí como espectador de lo que va sucediendo a su alrededor—, lo que esta decisión permite a Giraud es darse el lujazo de ofrecer a los lectores toda una inmensa cohorte de caracteres cargados de carisma que sirven al artista para crear un vodevil dicharachero que ayuda sobremanera a que una lectura que siempre había sido ágil e interesante, trascienda con intensidad la frontera que marcan ambos epítetos.

    No contento con ello, Giraud imbrica este complejo entramado de personas con sus cuitas y sus pequeños intereses —y aquí hay de todo, desde el escritor que pretende hacer de la legendaria historia de Blueberry el próximo éxito editorial de su empresa, hasta el sobrino, modelo de rectitud y buen comportamiento al que el oeste terminará arrastrando a sus malos vicios, pasando por las dos mujeres que el artista coloca al lado del héroe…o más bien todo lo contrario— en un drama mucho mayor al situar la acción en la Tombstone que será escenario de uno de los capítulos más míticos de la historia del far west: el duelo en O.K.Corral entre los hermanos Earp, Doc Holliday y el clan Clanton; y al colocar, también como parte del telón de fondo, al no menos mítico Gerónimo y darle un pasado común con Blueberry.

    El resultado de tan variado cóctel es asombroso a la par que estimulante, manejando Giraud las diferentes acciones e incluso los diferentes tiempos —Blueberry rememora episodios de su pasado mientras que en Tombstone se va caldeando el ambiente que llevará al primero de los álbumes que formarán parte del noveno integral— con una maestría que bebe, y bebe con inteligente elocuencia, de las influencias ejercidas sobre el dibujante por los años y títulos compartidos con monstruos como Charlier o Alejandro Jodorowsky; y la manera en que todo queda preparado para ‘O.K.Corral’, a sabiendas de lo que vendrá a acaecer en él, nos remite a los grandes westerns, esos en los que la épica estaba servida gracias a nombres como John Ford, Raoul Walsh, Fred Zinemann o Howard Hawks y que siempre entendían que ésta pasaba, al margen de por secuencias de acción más o menos afortunadas, por personajes creíbles y tridimensionales, de los que ‘Blueberry’ en manos de Giraud, tiene, como tantísimas cosas más, a manos llenas.

    Era demasiado tiempo, pero creo que nos hemos resarcido, ¿no?

    Blueberry. Integral 8

    • Autores: Jean-Michel Charlier y Jean Giraud
    • Editorial: Norma Editorial
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 232 páginas
    • Precio: 32,30 euros en
  • ‘Blueberry. Integral 2’, forjando una leyenda

    ‘Blueberry. Integral 2’, forjando una leyenda

    Mucho fue lo que llegué a comentar hace cosa de un año cuando nos acercábamos en estas mismas líneas virtuales al primer integral de ‘Blueberry’ con el que Norma, calcando la edición francesa —excepto en la rotulación, nimia y única falla que servidor le interponía a la edición— comenzaba a recuperar de tres en tres los álbumes de tan legendario título del noveno arte. Tanto que, sinceramente, no sé muy bien qué de novedoso voy a poder ofrecer en esta entrada más allá de volver a constatar obviedades que ensalcen una vez más el espectacular trabajo de Jean-Michel Charlier en los guiones de ‘El jinete perdido’, ‘La pista de los navajos’ y ‘El hombre de la estrella de plata’, que apunten a lo muy acertado de la recuperación del coloreado original de las páginas tal y cómo apareció hace cincuenta años en la mítica revista ‘Pilote’ o, por supuesto, que se deshagan en elogios mil sobre lo soberbio del arte de Jean Giraud.

    Con respecto a éste, y siempre con el perpetuo asombro que será para este redactor asomarse a una de las dos partes de la dualidad en la que terminaría escindiéndose la personalidad gráfica del maestro francés, cabe destacar la ostensible evolución que se observa entre las primeras páginas de ‘El jinete perdido’ y las últimas de ‘El hombre de la estrella de plata’: en pleno proceso de cambio y experimentación, la ya considerable solidez que el arranque de este segundo integral nos ofrece va ganando cuerpo conforme se avanza en una serie que ignora como si no fuera con ella el paso del tiempo. Tan ricas en matices narrativos como aquella primera lectura que les hiciera hace más de veinte años, las planchas de Giraud para la citada terna de volúmenes sirven de juego al lector para ir descubriendo, desde la perspectiva que da el saber a dónde llegará el artista, detalles y soluciones que son cimiento claro de lo que le veremos desarrollar en el futuro.

    En lo que a Charlier respecta, que leer ‘Blueberry’ es trasladarse de forma inequívoca más de un siglo al pasado es tan obligado como afirmar que el romanticismo con el que el escritor mira hacia el far west, aún sabiéndose heredero de incontables fuentes cinematográficas, logra crear un paradigma novedoso dentro del western, y la voz del guionista es tan única como aquellas que en el ámbito cinematográfico nos regalaron esas cumbres del género que hay que revisitar de cuando en cuando. Necesitando de mucho más tiempo para hacerlo que las dos horas de metraje que pueda tener una producción del séptimo arte, creedme cuando os digo que, por muy incontables que sean las horas necesarias para llevar a cabo tal empresa, valen la pena todos y cada uno de los minutos invertidos en la lectura —o re-lectura— del que, sin reservas, es el mejor tebeo de «cowboys» de la historia del cómic.

    Blueberry. Integral 2

    • Autores: Jean Michel Charlier & Jean Giraud
    • Editorial: Norma
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 160 páginas
    • Precio: 28,50 euros en
  • ‘Blueberry. Integral 1’, el WESTERN

    ‘Blueberry. Integral 1’, el WESTERN

    Blueberry portada

    Decíamos la semana pasada en la entrada de ‘Lydie’ que el ritmo de publicación diaria de la página y el tener que cubrir tanto terreno de novedades —y si mucho es el que intentamos cubrir, más es el que se queda sin hacerlo, lamentablemente— era el impedimento principal para que Fancueva pudiera dedicar parte de sus esfuerzos mensuales a mirar hacia atrás y dar cuenta de títulos esenciales del noveno arte. Agradecíamos entonces a Norma la oportunidad que nos facilitaba el poder verter nuestras opiniones sobre el magistral trabajo de Zidrou y Jordi Lafebre y tenemos que repetir agradecimientos hoy por cuanto tener la opción de, si quiera, aportar nuestro granito de arena a la inmensa montaña de lo que ya se ha escrito a lo largo de los años sobre ‘Blueberry’ es generador de tanta responsabilidad como expectación personal.

    De hecho, las pocas líneas que conformarán esta entrada no empezarán a rascar en la grandeza del que podríamos considerar epítome del western en viñetas, y es por ello que a aquellos que queráis saber mucho más del personaje y de su calado que lo que aquí váis a leer, os recomendaría dos artículos que, en su combinación, cubren casi la totalidad de lo que habría que decir de ‘Blueberry’…salvo la experiencia personal de leerlo, claro. Uno, firmado por Jordi Canyissa y centrado de forma exclusiva en el personaje, el que aparecía en el número cinco de ese breve experimento que fue ‘Dolmen Europa’. El otro, el que Antoni Guiral escribía para la aún más breve vida que tuvo ‘NinthComic’, la revista sobre tebeo del viejo mundo que la editorial Ninth Comics lanzó en el corto espacio de tiempo que se mantuvo activa.

    Lo que las páginas de ambos estudios dejan claro, y lo hacen de forma categórica, es que, para empezar, sin su implicación en ‘Blueberry’, el estilo de Jean Giraud es probable que no hubiera evolucionado de la manera que lo hizo hasta el punto de escisión que provocó el nacimiento de Moebius: sólo hay que asomarse a las páginas del integral que hoy ocupa nuestro tiempo —que, entre otras cosas, reproducen los colores originales del cómic tal y como apareció en la revista ‘Pilote’— para, en el breve espacio de tiempo que transcurre entre los primerizos titubeos de ‘Fort Navajo’ y las más asentadas formas de ‘Águila solitaria‘ —primer y tercero de los álbumes que aquí se incluyen— pueda observarse un cambio radical de estilo que, en las planchas de la última aventura, ya prefigura de forma evidente los derroteros por los que discurrirá Giraud en el futuro de la cabecera al tiempo que, de alguna forma, sirve de intuitiva y tímida mirada a lo que su alter-ego desarrollará en un futuro.

    Blueberry interior

    Centrándonos de forma exclusiva en ‘Blueberry’, hay que reconocer antes de nada, y hacerlo con la mayor de las diligencias, a la otra mitad de tan fundamental creación. Nos referimos, cómo no, a Jean-Michel Charlier, el guionista que insufló vida a las aventuras del teniente Mike Steve Donovan, el hijo de un sudista que terminará formando parte del ejército del norte durante la Guerra de Secesión estadounidense y que, entre otros, cruzará su destino con los de Gerónimo o Wyatt Earp. La voz de Charlier, responsable de veintitrés de los veintinueve álbumes de que consta ‘Blueberry’ —lo que, si las cuentas no nos fallan, se traducirá en un total de diez integrales—, es en estas primeras aventuras del personaje, determinante en lo que a la definición del antihéroe pendenciero, amante del juego, las mujeres y el alcohol que es Blueberry.

    Ahora bien, alabando todo lo que podríamos alabar el trabajo de Charlier a los guiones, y como bien demuestran los dos títulos anejos del personaje a los que éste y Giraud apadrinaron, ‘Blueberry’ no sería nada sin la determinante presencia del dibujante. Un artista que, como comentábamos más arriba evoluciona al mismo ritmo que las páginas de la serie, dando saltos aquí y allí que conforman rápidamente su reconocible trazo tan temprano como en el 1967 en el que se publica ‘Águila solitaria’; un álbum éste en el que todo, desde los escenarios hasta la planificación de la página pasando por la definición de los personajes o las decisiones narrativas, habla de una madurez tremenda en un autor que, como cualquiera que se haya asomado alguna vez a ‘Blueberry’ sabe, llegará a alcanzar cotas de un nivel asombroso en la colección.

    Pero de ellas, y de lo que la serie irá ofreciendo conforme vaya avanzando, os hablaremos conforme Norma vaya dando salida tanto a los tres integrales que ya hay publicados al otro lado de los Pirineos como a los otros seis que completaran tan espectacular edición: mayor en tamaño que los álbumes editados previamente por la casa catalana, con ese color que respeta el de las planchas originarias, un papel mate que da un punto vetusto que le viene como anillo al dedo a la lectura y jugosos extras iniciales, quizás el único pero que se le podría interponer a la edición es no haber hecho el esfuerzo de rotular de nuevo los bocadillos para acercarlos a la tipografía de su contrapartida francesa. Un detalle de nimia importancia que no empaña una edición que, al menos en lo que a este redactor respecta, esta llamada a sustituir a las tres decenas de los volúmenes que hasta ahora ocupaban mi tebeoteca.

    Blueberry. Integral 1

    • Autores: Jean-Michel Charlier y Jean Giraud
    • Editorial: Norma
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 168 páginas
    • Precio: 28,50 euros en