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  • ‘Yo, robot’, Asimov en viñetas

    ‘Yo, robot’, Asimov en viñetas

    A los que les haya sorprendido encontrarse en sus librerías especializadas el volumen que hoy ocupa nuestro tiempo, quizás les interese saber que no es la primera vez que el cómic español se acerca a la figura de Isaac Asimov en términos generales y a su ‘Yo, robot’ en particular. Bien es cierto que para descubrir cuáles fueron esas otras ocasiones en las que algún autor patrio holló el vasto mar que suponen las obras del literato ruso, habría que viajar bastante atrás en el tiempo, a principios de los ochenta, para dar con dos álbumes de tapa blanda de 68 páginas publicados por Bruguera —con valor facial de 250 pesetas, por si a alguno le interesa el dato— dentro de la colección «Firmado por» que, con autoría de Luis Bermejo y Fernando Fernández, adaptaban ‘Yo, robot’ y ocho relatos cortos respectivamente.

    Siendo el de Fernández muy superior tanto en su capacidad de asimilar el estilo de Asimov al adaptarlo como en las formas gráficas —y mira que Bermejo era bueno, pero lo de Fernández no tiene parangón posible—, ahí están ambos para servir de referencia al que quiera buscarlas ya que lo que nos propone Raúl Cuadrado en el volumen que publicaba Dibbuks hace cosa de dos meses nada tiene que ver, al menos en su concreción visual, con lo que Bermejo ponía en pie en aquél lejano acercamiento a la novela que fue objeto de aquella muy libérrima adaptación cinematográfica firmada por Alex Proyas y protagonizada por Will Smith.

    Utilizados por Asimov para explorar las tres leyes de la robótica él mismo había enunciado en 1942 —y que tanta influencia tendrán en el género en las décadas posteriores—, de los nueve relatos que originalmente conformaban ‘Yo, Robot’ Cuadrado se queda con tres: ‘Robbie’, ‘Sentido giratorio’ (‘Runaround’) y ‘Mentiroso’ (‘Liar!’) y, de manera similar a como lo hacía el libro original, los une mediante un pequeño prólogo y un escuetísimo epílogo —de una sola viñeta— llamados a aportar un semblante de cohesión a lo fragmentado por naturaleza de los tres relatos. Caracterizado todo el conjunto por un estilo de dibujo caricaturesco y de marcada personalidad cartoon que se marida bastante bien con el tono juguetón de los relatos, es esta ‘Yo, robot’ una aproximación bastante recomendable para aquellos que nunca se hayan introducido en las complejidades de la bibliografía de Asimov y quieran averiguar si lo que éste llegó a desarrollar es algo que case con sus gustos.

    Yo, robot

    • Autores: Raúl Cuadrado
    • Editorial: Dibbuks
    • Encuadernación: Cartoné
    • Páginas: 64 páginas
    • Precio: 15,20 euros en
  • Firma invitada: Mario Amadas y las memorias de Asimov

    Firma invitada: Mario Amadas y las memorias de Asimov

    Lo primero que sorprende al leer las memorias de Isaac Asimov, si no se sabe ya, es que el hombre estaba enamorado de sí mismo. Una verdadera historia de amor, la de este tipo. Pongamos ejemplos del romance: en el primer capítulo nos dice que, 1), fue un niño prodigio; 2), que tiene una memoria privilegiada; y, 3), que tiene una “mentalidad superior”. Esto en el primero de 166 capítulos. Por desgracia, Isaac Asimov no es un gran escritor. Cosa que él sabía y, cosa rara, admitía. Descreía de la falsa modestia, y descreía de ella con militancia. Eso tiene una cualidad: cuando reconoce algún defecto, algún fallo de su personalidad, alguna mella en su talento, suena a verdad. Al lado de tanto y tan desmedido autoelogio, la autocrítica es balsámica y tiene la textura y la convicción de lo creíble. Resulta conmovedor ver la modestia con la que admite que en sus memorias, como en su vida, “no está pasando nada”.

    Sus memorias -‘Yo, Asimov’-, se componen de pequeños capítulos, cada uno de los cuales representa un aspecto importante de su vida profesional o personal. Hay un orden cronológico más o menos estricto en sus memorias. A veces, en algunos capítulos, se ve obligado a retroceder unas décadas para aclarar un aspecto relevante de lo que narra en tiempo presente, pero en general sigue el orden de su vida tal como ha sido, desde su nacimiento en Rusia hasta su definitivo asentamiento en Manhattan. De todos modos, la estructura que da forma y sentido a las casi seiscientas páginas del libro es su propio ego. Ese es el tronco principal de su historia; de ahí se ramifica todo lo demás. Sin embargo, ello no le impide reconocer que Harlan Ellison o Alfred Bester son, en su opinión (que no en la mía), mejores escritores que él. O que nunca será considerado un gran escritor.

    En este sentido resulta un poco contradictorio que tenga un estilo tan prosaico y, como dice él, “coloquial”. Cuando algunos críticos le acusan de no tener estilo, responde: “Si alguien cree (…) que es fácil escribir con absoluta claridad y sin florituras, recomiendo que lo intenten”. Aunque no es la primera vez que se usa este argumento para desautorizar la voz del crítico en este sentido, estoy completamente de acuerdo con él. (De hecho, creo que es mucho más fácil ser difícil que fácil, complicado que sencillo). Un ego de esas dimensiones podría estar engarzando frases horribles, que resonaran como maracas, creyendo que son poesía absoluta, y no. En eso me gusta Asimov. La suya es una literatura ligera, entretenida y agradable de leer, superficial y cristalina. Porque así la quería.

    Al principio de sus memorias Asimov describe los primeros pasos del escritor novel, las tentativas y las opciones que tenía como escritor de ciencia ficción, enviando sus primeros cuentos a las revistas especializadas, con sus frustraciones y sus logros. De esta manera ofrece un buen retrato de la edad de oro de la ciencia ficción (años treinta y cuarenta). Y traza una línea cronológica del género, cuyo inicio sitúa en Julio Verne, que es ilustrativa de su concepción de la historia de la ciencia ficción: nace con Julio Verne, pasa por H. G. Wells, y luego vienen todos los demás. Aquí ofrece una interpretación interesante: estos autores alumbran el género con sus novelas, luego se consolida en forma de cuentos, para, después, volver a destacar en forma de novela. Y así es. Las revistas como Astounding dieron pie a una de las peculiaridades más sintomáticas del género: los lectores podían enviar sus cuentos y, en la sección de cartas del lector, entablar conversaciones y verdaderos debates sobre la calidad de los textos publicados. En ocasiones, dice Asimov, podían llegar a darse encuentros entre los lectores, dado que en la sección aparecían las señas personales de cada participante. (Prefigura la era de internet y las temibles secciones de comentarios de la blogosfera). Y es aquí, gracias a esa tendencia del género al microcosmos de afinidades y entusiasmos compartidos, al llamado fandom, donde se dan a conocer la mayoría de los escritores del género de los años cuarenta y cincuenta. En las revistas pulp de la época, con sus cuentos. Que cobraban, por cierto.

    He dicho que, pese a su megalomanía, era capaz de admitir que existían otros escritores mejores que él. En cambio, donde sí era incapaz de disimular su soberbia es en el desprecio intelectual que sentía por los críticos. Pero si hubiera escuchado lo que le decían, si, con un poquito de humildad, hubiera abierto las puertas a las opiniones ajenas, quizá habría sabido reconvertirse como escritor en lugar de escribir, como él mismo admite con la prepotencia del que anda un poco despistado, como en los años cuarenta en plena década de los noventa. La columna vertebral de toda su literatura es una técnica literaria la mar de simple: el diálogo. Y aquí no hay diálogos entrecruzados entre narradores omniscientes y personajes, ni interrupciones, ni segundas personas ni cualquier otra incursión en una narrativa que podríamos considerar de vanguardia. No. Son diálogos simples. Entre hombres. Página tras página.

    Dice Asimov que le gustan los espacios cerrados. Que padece “claustrofilia”. De ahí quizá le venga el entusiasmo por los modelos literarios reducidos, por las estructuras limitadas, por esos escenarios conocidos y acolchados por los que se movía con naturalidad. Adentrarse en la exploración literaria supondría un enfrentamiento directo con su claustrofilia. Eso explicaría, yo creo, su inamovible concepción de la escritura.
    Sorprende también ver que sus simpatías viraban siempre hacia la izquierda, hacia el ateísmo, hacia la solidaridad y la comunión entre humanos. Y que el dinero no era lo que más le importaba ni el principal objetivo de su vocación literaria (cosa que sería la mar de lícita), y que tenía un corazón generoso. Alguien tan ególatra podría enrocarse en una actitud más conservadora y elitista, pero no es el caso. Hablando del Estado de Israel, de por qué no ha ido nunca, pese a ser judío, y de por qué eso no le causa ningún problema, escribe: “!No hay naciones! Sólo existe la humanidad”. Este Asimov me gusta.

    Lo tercero que sorprende, o que me ha sorprendido a mí, es el involuntario retrato que hace de la vida de un joven en la Gran Depresión. Inquieta ver lo mucho que se parecen sus testimonios con los de cualquiera de nosotros, que hemos vivido, o estamos viviendo, la crisis económica y laboral que asola todas nuestras expectativas de encontrar un trabajo digno, un trabajo acorde a nuestras ilusiones. Asimov es consciente de ello y sus miedos de encontrar trabajo, a finales de los años treinta, es decir, diez años después del crack, son exactamente los mismos que los nuestros. Habla de gente “traumatizada de por vida” por la crisis económica. Su vida, que va de los años veinte a los noventa del siglo pasado, podría haber dado pie a describir el avance histórico y social del mundo, pero no lo hace. Apenas menciona la guerra fría o la guerra de Vietnam, su ambición literaria lo relega todo a un segundo o tercer plano. Pero el tejido social que sí se ciñó a su recuerdo es el de la Gran Depresión. Con su miedo a no encontrar trabajo. Con la angustia de la precariedad pendiendo sobre él.

    A estas alturas del relato no sé si uno se sorprenderá al ver que la nueva ola (cienciaficcionesca) de los años sesenta merece una sola mención, corta e insignificante, en 563 páginas de autobiografía. Una de las ambiciones de Asimov, una que le califica de Gran Lerdo, es que, consciente de que nunca sería una gran luminaria literaria, sí destacaría, al menos, como el escritor más prolífico de Estados Unidos, tal vez de todo el mundo. Errando el tiro por completo. Como si ser el autor de 451 libros fuera un mérito literario, si ni uno sólo de esos libros es realmente bueno. Asimov es autor de grandes páginas, de excelentes fragmentos de novelas, de notables cuentos. Y ya. Pero él, desde pequeño, tenía que destacar. Así que al final optó por destacar como escritor prolífico. Qué inteligencia podría valorar eso como mérito artístico es una pregunta que no se planteó nunca, deduzco, Isaac Asimov.

    En cambio, sí plantea y nos deja claro que uno de los retos del escritor de ciencia ficción es el duro trabajo de carpintería que requiere la creación de esos mundos futuros. Lo reconoce: le cuesta más escribir ciencia ficción que ensayo o misterios porque, dice, crear mundos cienciaficciones es mucho más exigente. Es una buena foto del laboratorio de un escritor de ciencia ficción. Una defensa del rigor creativo e intelectual que requiere el género.

    De Isaac Asimov habré leído algo más de mil páginas, cerca de mil quinientas, que es nada, en realidad. No he parado de pegarle palos, lo que podríamos considerar palos, al Buen Doctor, pero no todo es así. Si me encontrara ante una multitud de sonoros detractores asimovianos, les diría que la segunda parte de Fundación e imperio es una absoluta maravilla, algo que prefigura alguno de los mejores hallazgos de ‘Futurama’. Y que su personaje de El Mulo, también de esa segunda parte, es de lo mejor de la ciencia ficción pre años sesenta. Estuve meses, muchos meses después de leerla, con todo el imaginario de la novela presente en mi recuerdo. Aparte, introduce una cuña en el mundo cerrado de la Fundación. En un sistema cerrado de valores absolutos, de certezas objetivas e inmutables, de conocimientos incuestionables y definitivos, introduce una cuña que oxigena todo ese cuadro de comportamientos teledirigidos por una fe irracional (como todas las fes, por otra parte). Cuando peor me caía Asimov leyendo sus memorias, me repetía estos méritos para darme algo de consuelo. Repito que no es un gran escritor, porque no lo es, pero sí es autor de algunas páginas brillantes, de algunas visiones llenas de humanidad.

    Pero volvamos a sus memorias. Prescindiendo, por un momento, de su personalidad, el libro consigue cautivarte. De escritura velocísima, encuentra el matiz sorprendente en los más nimios detalles, y la gente a la que retrata está siempre descrita con afecto, con calidez y cariño, sentimientos que sorprenden en alguien tan obcecado con sus propias hazañas. Presenta a sus amigos con una breve pero gráfica descripción física y personal, para luego ahondar en la relación que les une. Su fobia a volar, su nulo interés por los viajes, su pánico a las alturas y su aversión a los niños (pese a tener dos hijos), ayudan a crearse una idea algo más íntima de un escritor que se pierde entre la cantidad inabarcable de sus libros. Su imagen acaba por diluirse entre tanto y tan diverso libro, y ese autorretrato literario te lo acerca más, para que lo ames o lo odies.

    A Mario Amadas lo podéis encontrar con cierta regularidad en Queridos Amigos, un blog tremendamente recomendable sobre literatura y cine.

  • Emmerich dirigirá la adaptación de La Fundación de Asimov

    Emmerich dirigirá la adaptación de La Fundación de Asimov

    Fundación

    Columbia Pictures anunció el pasado jueves que se había hecho con los derechos de una de las sagas más interesantes de ciencia ficción, La Fundación, una de las obras más importantes de Isaac Asimov. Parece ser que la major aprovechó que Fox y Warner estaban ocupados resolviendo lo de Watchmen para hacerse con estos derechos en los que ambas estaban interesados.

    Ayer confirmó que será el alemán Roland Emmerich quien se encargue de adaptar a la gran pantalla esta gran epopeya sobre Hari Sheldon, quien profetizando la caída del Imperio Galactico y una época oscura de 30.000 años hasta que surja uno nuevo, crea dos Fundaciones para preservar todo el conocimiento humano.

    A mí me gustaría ver una adaptación al cine de La Fundación, pero veo bastante difícil que estando en manos de Roland Emmerich lo que salga sea una película digna. Y a los antecedentes me remito ya que este señor es el responsable de, entre otras, Godzilla, El Día del Mañana, 10.000 BC, la próxima 2012… vamos, auténticas perlas… de hecho, revisando la filmografía me doy cuenta de que Stargate es su mejor cinta seguida de Independence Day.

    Bueno, así que mi primera impresión es de escepticismo total ante este proyecto, y unos terrores ante el más que posible destroce de esta obra magna de Asimov. Encima dicen que si sale bien la primera película adaptará tanto Fundación e Imperio y Segunda Fundación. Miedo me da.

    Vía | Europa Press
    En Zona Fandom | La Fundación tendrá su adaptación

  • Fundación, la novela de Isaac Asimov tendrá su adaptación a la gran pantalla

    Fundación, la novela de Isaac Asimov tendrá su adaptación a la gran pantalla

    FundaciónNo es la primera obra de este genial autor de ciencia ficción que se ve reflejada en el cine, ya lo fue una de sus principales obras Yo Robot. Lo cierto es que la adaptación era una obra que se hacía bastante entretenida y fácil de ver, pero dejaba bastante que desear como adaptación del libro, se perdía mucha de su esencia. Pero bueno, en realidad creo que esto sucede en la gran mayoría de las adaptaciones de libros, salvo honrosas excepciones, esperemos que esta sea una de ellas.

    La obra desde luego merece un trato especial, es el más reconocido de sus libros, justo con el resto de la trilogía que conforman la saga. En la historia nos cuentan la civilización del futuro que ya ha descubierto los viajes espaciales y tiene colonias a lo largo de todo el universo. En este contexto el Doctor Sheldon desarrolla una nueva ciencia, la psicohistoria. Gracias a ésta mediante valores macro estadísticos se puede predecir con bastante exactitud la historia. El investigador gracias a esta ciencia descubre que una inevitable guerra se cierne sobre la humanidad y que lo único que se puede hacer es minimizar sus consecuencias.

    El libro se lee bastante rápido y cuando lo terminas te sabe a poco ya que se disfruta muchísimo, en ese momento es cuando agradeces que sea una trilogía. En el aspecto cinematográfico el proyecto será llevado a cabo por los estudios: Unique Feature. De momento no se sabe mucho más al respecto, desde luego esta será una de esas películas que seguiremos muy de cerca, esperemos no nos decepcione (demasiado).

    Via | Geektes