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V. Kingdom Come

Salón del Cómic de Valencia. La vuelta al mundo en 80 cómics (y más)

Será puro romanticismo, pero un lugar en el que puedes encontrar a un niño que fusiona los disfraces de Spiderman y Super Mario y, por si fuera poco, les suma la capa de Superman, a una comitiva disfrazada de diversos personajes de ‘Parque Jurásico‘, John Hammond al frente, acompañados por la fanfarria correspondiente en un altavoz con ruedas o a un sosias de Thor empuñando un sable láser y a todos nos parece lo más normal del mundo…tiene algo de mágico. El Salón del cómic de Valencia, cuya última edición se ha celebrado del 1 al 3 de marzo, es así.

Un evento que ha sabido mantener unas constantes que han hecho de este una de las propuestas más interesantes para los aficionados con grandes escenarios dedicados a charlas, exhibiciones musicales (sobre todo de inspiración japonesa y coreana. El K-pop sigue pegando fuerte) y cosplayers, puestos de merchandising en los que la bolsa sorpresa y el Funko son los amos del cotarro y un gran área dedicada a los juegos de mesa (la sección Joc & rol), pero cediendo su mayor parte al cómic y la ilustración, algo que otros salones pese a su nombre parecen haber olvidado.

El salón del cómic de Valencia apuesta por el arte de los aficionados, sí. En su gigantesca artist alley se pueden encontrar amigurumis, dioramas y chapas, por mencionar una pequeña muestra. Pero los prints y publicaciones que dejan a la altura del betún lo que hace unos años entendíamos por fanzine, imperan y demuestran que además del amor por los superhéroes y el manga hay toda una cantera de autores con personalidad (así como prueban que la sombra de Toriyama sigue siendo muy, muy alargada). Algo a lo que hay que sumar la presencia de escuelas con cursos centrados en el cómic como el espacio Escola Joso,  mas que dispuesta a forjar la próxima generación de artistas.

Pero el noveno arte o, como se llama en México, país que también ha tenido su lugar aquí en forma de exposición, las historietas, han sido el plato fuerte. Desde el clásico Astérix cuyo último álbum, ‘El lirio blanco‘, tenía su propio stand hasta las autoras de manga patrio que han generado grandes colas, toda clase de títulos han paseado sus páginas por el salón. Librerías genéricas como la Fnac, editoriales que apuestan tanto por el cómic como por el libro como Blackie books y gigantes como Penguin estaban allí, así como clásicas de la viñeta como La cúpula, la ya habitual Fandogamia o de forja más reciente como Tengu. Pero lo que no ha faltado en ninguna de ellas son autores, algunos poco habituales en estas propuestas como el cineasta David Trueba, que junto a Javier Mariscal firmaban el álbum ‘Dispararon al pianista‘ (y para los que se queden con ganas de más, ahí está la película homónima que estuvo nominada al Goya en la categoría de animación).

Aunque si hay que señalar a la que ha sido la gran presencia del salón ese ha sido Paco Roca. Un autor que además de firmar y mucho fue objeto de la que ha sido la gran exposición del evento: La edad de piedra. Un nombre con cierto toque épico (las otras edades que más suenan son las de Snorri) que esconde un recorrido por toda su trayectoria, incluyendo páginas de su obra más reciente, ‘El abismo del olvido‘, pero que se centra sobre todo en ese Paco Roca desconocido que dibujaba homenajes a sus películas favoritas como ‘El imperio contraataca‘ en el colegio, que creó numerosas obras alimentarias y que antes de ese ‘Los surcos del azar‘ que lo puso en el punto de mira incluso de gente sin particular interés en el cómic ya tenía todo un corpus de trabajos de los mas diversos géneros. Un auténtico festival para los fans o simplemente lectores.

Pero por supuesto esta no ha sido la única exposición. Este año Valencia se ha centrado en el cómic como fenómeno global, dedicando exhibiciones a países cuya producción no es especialmente conocida por estos lares como México en Pásele, pásele un vistazo a la historieta mexicana (en la que por supuesto no faltaban los dedicados a luchadores, pero no sólo de Santo vive el hombre) o Guinea (Milang, centrada en el studio Hangart) o ya directamente un continente como África (Kubuni, en colaboración con ese grande que es el Salón de Angoulēme). Pero también se ha centrado en el trabajo de autores españoles en otros continentes como Marvel y DC se escriben con Ñ (con un gran número de originales de portadas de artista como Acuña, Cafu y un largo etcétera) o la conexión nipona de Fantasy Manga y Japan Internacional Manga award, incidiendo así en el valor como nexo cultural del cómic. Por no mencionar las dedicadas al proyecto Mazinger, un plan de creación para escuelas de formación profesional o a los trabajos de alumnos de diversos centros dedicados a Sorolla en forma, por supuesto, de cómic.

El salón del cómic de Valencia se postula una vez más como uno de los grandes tanto por su gran poder de convocatoria como por el entusiasmo de sus participantes, como la asociación Multiverso Valencia. Un espacio heterogéneo, abierto a gran multitud de disciplinas pero que exhibe el cómic como punta de lanza en castellano, valenciano, japonés, francés, inglés o cualquier idioma que contribuya a dar forma a un medio que es, simplemente, un lenguaje universal.

Peñuelas y Ozzky

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