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I. Daredevil: Born Again

‘Excalibur Omnigold 1’, la espada mutante

Hablar de ‘Excalibur‘ y no hacerlo en términos muy personales resulta, al menos para el que esto suscribe, de todo punto imposible. A fin de cuentas, estamos hablando de una de las primeras series del Universo Marvel en la que servidor invirtió horas y horas de lecturas y relecturas, llegando a saberse de memoria diálogos y situaciones que hoy, treinta años después, aún continuan resonando intensos en mi memoria. Y si ‘Excalibur’ llegó a calar tan temprano y tan fuerte en el incipiente coleccionista que era hace tres décadas fue porque —y supongo que será algo que habréis imaginado ya si, después de tantos años aguantando mis comentarios, ya conocéis mis filias incluso mejor que yo— Alan Davis caló, y caló de manera instantánea en mis gustos, tan pronto lo descubrí poco después de decidir que los cómics iban a ser el hobby en el que mayores esfuerzos de tiempo y dinero iba a invertir. Dicho descubrimiento, por cierto, no llegó de mano de los personajes co-creados por el artista británico y el prolífico Chris Claremont, sino de mano de un prestigio publicado por DC que, creo, es el cómic que más veces he leído a lo largo de mi vida: el ‘Batman. Círculo cerrado‘ con el que Davis daba por concluida, de manera maravillosa, su larga relación con el caballero oscuro.

Por aquél entonces, cuando el prestigio publicado por Zinco cayó en mis manos, mi yo lector de entonces no tenía ni pajolera idea de quiénes eran la mitad de los personajes que aparecían en la aventura que servía para cerrar el Año Dos del protector de Gotham, pero poco importaba ese ridículo detalle cuando lo que se podía ver en aquellas maravillosas páginas era de un calado que, insisto, me empujaría a releer una y otra vez tan portentosas planchas. Y, claro, embelesado como quedé por lo que Davis ponía en juego, y con las limitaciones propias que imponían esas circunstancias de las que ya he hablado alguna vez —la inexistencia de una tienda especializada en mi ciudad natal y el tener que recurrir a un trapero que compraba y vendía los tebeos al peso—, empezó el lento pero determinado rastreo de lo que fuera que ya se hubiera publicado del artista en nuestra tierra hasta que, un buen día, el especial que daba pistoletazo de salida a ‘Excalibur’, se cruzó en mi camino.

Publicado por Fórum, claro está, el ‘Excalibur. Special Edition‘ que abre ahora este tan esperado primer Omnigold de la serie sigue siendo, a día de hoy, uno de los mejores cómics de superhéroes —vistos a través del prisma de Marvel, por supuesto— que he tenido el gustazo de leer en mis muchos años de trayectoria con los tebeos: aunque cargado de esa necesidad de Claremont por meter diálogos en todo instante —algo que, en última instancia, sería uno de los motivos que me llevaría a alejarme de forma drástica de cualquier cosa firmada por él—, la elegancia del dibujo y la narrativa de Davis, la sutileza del entintado de Paul Neary, lo mágico del color aplicado por Glynnis Oliver, páginas como esa doble en la que se rueda una película o las cuatro que dan cierre al especial y apertura a la colección y la maravillosa expresividad facial y corporal que Davis da al Capitán Britania, Fénix, Meggan, Kitty y Rondador Nocturno son motivos más que suficientes para colocar a tan fantásticas 48 planchas bajo un único apelativo, el de míticas.

Establecidos los parámetros por los que se empezaría a mover la serie regular que vería la luz al año siguiente —el especial se publicó en 1987, la serie regular comenzaría a hacerlo en 1988—, los once primeros números de la misma que quedan contenidos en este primer Omnigold dejan ya ver de manera evidente una tónica que será denominador común, lamentablemente, a todo el desarrollo de la cabecera hasta el regreso de Alan Davis en el número 42: el baile de dibujantes y, sobre todo, las paupérrimas elecciones que se harán desde La Casa de las Ideas para que no echemos en falta al artífice de ‘Clandestine‘. Pero no nos adelantemos, antes de que Marvel tenga que recurrir al primer filler por la incapacidad de Davis de llevar a cuestas el esclavo ritmo de publicación mensual, tendremos siete ejemplares en los que queda bien claro, no ya el talento del inglés para dar veracidad a las locas ideas de Claremont para con la colección, sino el tono de humor que, de controlado a desmedido, va moviéndose en una cabecera que siempre buscará alternar la acción y el desarrollo de personajes con situaciones cómicas en ocasiones de marcado talante surrealista —como ya veremos, llegado el momento, con el demasiado prolongado ‘Cross-time Caper‘.

Con dos de esos siete números dedicados por narices a ‘Inferno‘, el evento mutante que tanta época marcó y que, en cierto modo, significó el final de los fértiles ochenta, hay en esas páginas iniciales de ‘Excalibur’, sitio para que Claremont y Davis introduzcan constantes muy claras asociadas a la cabecera como la Crazy Gang, los lobos de guerra, el recurrente protagonismo de Saturnina —traída de las páginas del ‘Capitán Britania‘— o lo mucho que se llegará a jugar con realidades alternativas en una serie que, ante todo, siempre resulta de todo punto imprevisible. Pero, ay, como decimos, la ilusión que es tener al inconmensurable dibujante en una cabecera regular, se rompe tan pronto como en el número 8, que dibujará el siempre ubicuo Ron Lim, en una aventura en Nueva York que nada aporta al devenir de la serie.

Tras la incursión del artista que más ha hecho por la vertiente cósmica del Universo Marvel, Davis volverá para un número en el que tendremos a versiones de la agrupación pasadas por cierto filtro teutón y en la que Claremont, como es costumbre, seguirá haciendo lo que llevaba haciendo desde el comienzo de la serie y aquello que tanto llegaría a caracterizar su estilo: abrir sub-tramas como si no hubiera un mañana para después olvidarse de ellas y dejarlas sin cerrar. Llegará entonces Marshall Rogers para aportar su granito de arena en los ejemplares 10 y 11 antes de que el insigne Arthur Adams cuaje otro hito de la colección, el especial ‘Mojo Mayhem‘ que, con su trama inserta entre un par de páginas del número 11 de la cabecera regular, tiene como protagonista fundamental a Kitty Pride y a unas versiones infantiles de algunos de sus compañeros mutantes. Vamos, puro Mojo.

Se cierra así un primer año de una colección que, de cara al siguiente Omnigold, albergará el citado ‘Cross-Time Caper’, un mega evento inicialmente previsto para nueve meses que, oh sorpresa, se le irá de las manos a Claremont hasta ocupar algo más de un año y supondrá la ruptura completa entre el guionista y un dibujante que, hastiado del descontrol de sub-tramas que arrastra la colección, la abandonará de puro aburrimiento en el ejemplar 24, dando apertura a año y medio en el que ‘Excalibur’ perderá por completo la brújula de lo qué hacer con la historia. Pero me estoy adelantando, que eso será objeto de la próxima reseña…‘Nuff said!!!!

Excalibur Omnigold 1

  • Autores: Chris Claremont, Alan Davis et al.
  • Editorial: Panini
  • Encuadernación:Cartoné
  • Páginas: 464 páginas
  • Precio: 45 euros
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